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Sociedad

Hallan un lagarto que huye de los depredadores dejándoles su piel en la boca

Agencias
@DiarioSigloXXI
martes, 7 de febrero de 2017, 18:10 h (CET)
MADRID, 07 (SERVIMEDIA)



Un equipo internacional formado por cinco científicos de Alemania, Colombia y Estados Unidos ha descubierto un lagarto que tiene grandes escamas de pez que se desgarran con facilidad y que les permite escaparse de los depredadores mientras estos se quedan con las escamas en la boca.

Así lo afirman en un estudio publicado en la revista ‘PeerJ’, en la que señalan que esta nueva especie de lagarto (‘Geckolepis megalepis’) es un maestro en el arte de escapar de sus depredadores y tiene las escamas más grandes de cualquier geco. Además, va más allá de lo habitual en muchos lagartos, que se desprenden de sus colas cuando se les agarra.

Los investigadores plantean la hipótesis de que las escamas más grandes se desgarran más fácilmente que las más pequeñas debido a su mayor área de superficie en relación con el área de fijación y su mayor superficie de fricción.

"Lo que es realmente notable, sin embargo, es que estas escamas, que son realmente densas, pueden incluso ser óseas y deben ser bastante costosas energéticamente de producir, y la piel debajo de ellas se arrancan con facilidad y pueden regenerarse rápidamente y sin una cicatriz", dice Mark D. Scherz, autor principal del estudio y estudiante de doctorado en la Universidad de Munich (Alemania).

La piel de estos gecos con escama de pez está especialmente adaptada al desgarro. Las grandes escamas están unidas sólo por una región relativamente estrecha que se desgarra con facilidad y debajo de ellas tienen una zona de divisón preformada dentro de la propia piel, lo que les facilita la huida ante el peligro.

Aunque otros gecos son capaces de perder su piel si se les agarra con firmeza, este ‘Geckopepis’ es aparantemente capaz de hacerlo activamente y al menor toque. Y mientras otros necesitan mucho tiempo en regenerar sus escamas, las de estos gecos pueden volver a crecer sin cicatrifes en cuestión de semanas.

EL DESAFÍO DEL NOMBRE

Esta capacidad ha hecho de estos gecos un serio desafío para los científicos que quieren estudiarlos. Los primeros investigadores describieron que era necesario cogerlos en paquetes de algodón para evitar que perdieran casi toda su piel. Hoy en día poco ha cambiado y los científicos intentan atraparlos sin tocarlos si es posible atrayéndolos en bolsas de plástico. Una vez capturados, el reto no ha remitnado porque identificarlos y describirlos es aún más difícil.

Scherz indica que “un estudio de hace unos años demostró que nuestra comprensión de la diversidad de los gecos con esapas de pez era totalmente inadecuada”. “Nos mostró que en realidad había 13 linajes genéticos muy distintos en este género y no sólo las tres o cuatro especies que pensábamos que existían. Uno de los linajes divergentes que identificaron fue inmediatamente evidente como una nueva especie porque tenía grandes escamas, pero para nombrarla tuvimos que encontrar características fiables adicionales que la distinguieran de las otras especies", añade.

Esta tarea fue difícil porque una de las maneras en que pueden distinguirse las especies de reptiles es por sus patrones de escamas, pero estos gecos pierden sus escamas con tal facilidad que los patrones se pierden a menudo cuando llegan a la edad adulta.

"Tienes que pensar con un poco de originalidad con los ‘Geckolepis’. Son una pesadilla para identificar, así que nos dirigimos a la micro-TC (microtomografía computarizada) para buscar sus esqueletos y buscar allí para identificar características", recalca Scherz.

La micro T-C es esencialmente una radiografía 3D de un objeto y permite examinar los esqueletos de los animales sin tener que diseccionarlos, abriendo nuevos enfoques para estudiar rápidamente la morfología interna.

Al mirar los esqueletos de los gecos, el equipo fue capaz de identificar algunas características del cráneo que distingue a la nueva especie de todas los demás, pero también encontraron algunas sorpresas porque se confirmó que una especie llamada hace 150 años ‘Geckolepis maculata’ era diferente del linaje genético que se había pensado que era. "Esto es típico de ‘Geckolepis’. Crees que los has puesto en orden, pero luego obtienes un resultado que vuelve tu hipótesis a la cabeza. Todavía no tenemos ni idea de lo que ‘Geckolepis maculata’ realmente es, pero estamos cada vez más seguros de lo que no es", agrega.

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