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Sociedad

Unas 8.000 ballenas viajan cada verano al Antártico para alimentarsae de krill

Agencias
@DiarioSigloXXI
domingo, 15 de mayo de 2016, 12:33 h (CET)
MADRID, 15 (SERVIMEDIA)



Alrededor de 5.000 rorcuales comunes y unas 3.000 ballenas jorobadas migran cada verano a aguas libres de hielo en el océano Antártico occidental para alimentarse de krill, esto es, pequeños crustáceos que se nutren de plancton y constituyen la principal presa de las ballenas con barbas.

Un equipo de científicos dirigido por Helena Herr, de la Universidad de Medicina Veterinaria de Hannover (Alemania), ha llegado a esta conclusión tras realizar un sondeo sobre el terreno en aguas antárticas, cuyos resultados publica la revista ‘Polar Biology’.

Los investigadores realizaron mapas de distribución que muestran que las principales densidades de población de la ballena jorobada (‘Megaptera novaeangliae’) y el rorcual común (‘Balaenoptera physalus’) se producen en el estrecho de Bransfield y el pasaje de Drake.

Sin embargo, esas dos especies de cetáceos no comparten el mismo hábitat o área de distribución en el oeste de la Península Antártica, puesto que se calcula que 3.024 ballenas jorobadas frecuentaron las zonas costeras del estrecho de Bransfield en el verano de 2013 y al menos 4.898 rorcuales comunes nadaron ese año a lo largo del pasaje de Drake.

El estudio indica que el krill antártico (‘Euphausia superba’) es la fuente más ampliamente distribuida y abundante de alimento disponible para las ballenas en la zona, mientras que el krill ‘Euphausia crystallorophias’ aparece esporádicamente con menos abundancia cerca de la costa y el ‘Thysanoessa macrura’, fuera del pasaje de Drake.

En el momento de realizarse la investigación, los rorcuales comunes se alimentaban en una zona dominada por ‘Thysanoessa macrura’, aunque también de krill antártico, mientras que las ballenas jorobadas parecían estar ubicadas en todas las áreas del estrecho de Bransfield, independientemente de la cantidad de alimento.

“En vista del aumento de la pesca comercial de krill y de los efectos relacionados con el cambio climático en la biomasa del krill, deben llevarse a cabo al mismo tiempo sondeos específicos sobre el krill y sus principales depredadores, así como las ballenas con barbas. Esto es para monitorizar y garantizar que los hábitats en el océano Antártico continúen manteniendo una población de ballena jorobada que acaba de tener números anteriores a la explotación”, apunta Herr, en alusión a que esta especie se halla en peligro de extinción.

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