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Sociedad

Los jóvenes que no usan las redes sociales sienten que están en riesgo de exclusión

Agencias
@DiarioSigloXXI
miércoles, 9 de abril de 2014, 17:12 h (CET)
- Según el estudio 'Jóvenes y comunicación. La impronta de lo virtual'

MADRID, 09 (SERVIMEDIA)



Los jóvenes que no usan o no frecuentan las redes sociales sienten que están en riesgo claro de exclusión y marginación por parte de su grupo de iguales, ya que, o todo pasa en las redes sociales, o las cosas que pasan fuera se gestionan y preparan en ellas. Quien no participa de esta dinámica relacional es considerado ‘raro’ o ‘independiente’.

Es una de las conclusiones del estudio 'Jóvenes y comunicación. La impronta de lo virtual' realizado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud para analizar la manera en que las nuevas tecnologías, especialmente las redes sociales, influyen en la comunicación y en la socialización entre la población joven de 16 a 26 años.

La investigación de este Centro, creado por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción gracias al apoyo de Banco Santander y Telefónica, indica que estar en redes sociales exige de los adolescentes y jóvenes un gran esfuerzo de aprendizaje continuo, una constante alfabetización digital, por la necesidad de compatibilizar su ‘yo real’ con su ‘yo virtual’; por mantener gran número de relaciones sociales de forma simultánea, o por la rapidez con la que evoluciona la tecnología, entre otros aspectos.

Según el discurso de los propios jóvenes, aprender a compatibilizar el ‘yo online’ (dentro de la red) y el ‘yo offline’ (fuera de la red, en la interacción presencial) es fundamental, ya que se trata de dos caras de una misma moneda, elementos complementarios que deben ser coherentes y equilibrados, en ningún caso contradictorios.

Aprender a compatibilizar y gestionar ambas realidades supone un esfuerzo continuo para los jóvenes, teniendo en cuenta, además, las cambiantes normas de ‘netiqueta’, la rápida evolución de la tecnología y la presión por no sentirse marginados.

Tampoco contemplan ambas realidades –su ‘yo online’ y ‘offline’- como sustitutivos. Los jóvenes no se relacionan menos por pasar más tiempo en las redes sociales, sino que se relacionan de otra manera. Con las redes sociales sus relaciones se hacen más complejas y numerosas. Lo que en cierta medida supone también un doble riesgo.

Por una parte, condicionar hábitos y rutinas en torno a las redes sociales puede aislar del entorno más cercano (familia fundamentalmente). Y, por otra, el ruido comunicacional (charlas simultáneas, chats grupales, conversaciones abiertas, etc.) genera en ocasiones relaciones de baja intensidad, superfluas, volubles, despersonalizadas.

VENTAJAS Y RIESGOS

Con las redes sociales, las relaciones se hacen más complejas y los jóvenes deben encontrar el equilibrio entre el estar siempre presente (consideran fundamental estar siempre localizables, siempre disponibles por ‘si ocurre algo’), y que esa exposición no traspase los límites deseables de uso normalizado.

Pese a todo ello, el discurso mayoritario de adolescentes y jóvenes es positivo: disfrutan de las ventajas y las comodidades que les ofrecen las redes sociales y pagan con aparente gusto lo que interpretan como contrapartidas menores.

En definitiva, aceptan las ventajas de las redes sociales (eliminan la vergüenza o la timidez, democratizan el flirteo, posibilitan mantener mayor número de relaciones incluso con personas muy alejadas físicamente) y también los posibles inconvenientes.

Entre ellos, la pérdida de parte de su intimidad, que asumen como normal, ya que todos lo hacen, la dificultad de rechazar o ignorar peticiones de comunicación o de amistad, obligando a una exposición pública continua, quizás no deseada. O incluso sentir una cierta dependencia.

Ellos mismos confiesan que sin las TICS se sentirían aislados, incomunicados, incompletos y que no sabrían cómo rellenar rutinas, cómo integrarse o cómo socializar. Aceptan que las redes pueden hacer que uno se sienta más dependiente; pero es una dependencia que no les preocupa excesivamente porque la consideran propia del tiempo en el que se vive.

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