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Etiquetas:   Entrevista   Autores   -   Sección:   Libros

"Nos levantamos por la mañana pensando que los días felices están por venir"

Entrevista a la periodista Mara Torres
Herme Cerezo
lunes, 6 de noviembre de 2017, 11:40 h (CET)



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Mara Torres (Madrid, 1974) es periodista y escritora. Completó su formación de posgrado y doctorado en el departamento de Lengua y Literatura. En 2008 comenzó estudios de Literatura Comparada en la Facultad de Filología de la UCM. Ha desarrollado su trayectoria profesional en la Cadena SER, donde dirigió el programa ‘Hablar por hablar’ entre 2001 y 2006, convirtiéndose en líder de las noches radiofónicas. De ahí pasó a TVE para presentar La ‘2 Noticias’, que acumula más de ciento cincuenta galardones y se ha convertido en el informativo más premiado de España. Entre otros reconocimientos, Mara Torres ha obtenido la Antena de Oro y el Micrófono de Plata. En 2004 publicó el libro ‘Hablar por hablar. Historias de madrugada’, y en 2006, ‘Sin ti. Cuatro miradas desde la ausencia’ (Finalista al IV Premio Setenil al Mejor Libro de Relatos), ambos de no ficción. Con su primera novela, ‘La vida imaginaria’, fue finalista del Premio Planeta en el año 2012.

Tras proclamarse finalista del Premio Planeta en 2012 con ‘La vida imaginaria’, Mara Torres ha roto su silencio literario con una nueva y trabajada novela, ‘Los días felices’, también editada por Planeta, donde a través de la relación entre Miguel y Claudia nos invita a observar la evolución de las personas y sus circunstancias a lo largo de cuatro lustros. El amor, la amistad, la cotidianidad y los sueños desfilan por esta compleja y divertida historia, que no va a dejar indiferente a ninguno de sus lectores, a los que la escritora madrileña tiene siempre presente en sus obras. Con Mara tuve la oportunidad de compartir un café en la sobremesa del último viernes de octubre, mientras el poniente dibujaba una escenografía impropia del otoño en las calles de València y obligaba a los termómetros a sobrepasar la línea de los treinta grados centígrados.

Mara, has tardado cinco años en volver a publicar, ¿te ha resultado sencillo sentarte de nuevo a escribir?
Mira, una de las cosas que tuve claras en mi primera novela es que el éxito alcanzado no me iba a condicionar en absoluto. Escribí ‘La vida imaginaria’ con total libertad y Planeta decidió darme el premio porque un jurado así lo propuso. En aquella ocasión dejé claro a los editores que no podía comprometerme a nada, pero que si volvía a escribir los primeros que verían la novela serían ellos. Necesitaba escribir igual que antes, a mi aire y sin levantar expectativas. De hecho no dije ni una sola palabra a nadie hasta haberla terminado. Y en todo el tiempo de escritura sólo tuve en cuenta a los lectores de mi anterior novela. A nadie más.

Muchos autores necesitan el silencio y la soledad nocturna para concentrarse, sin embargo, por tu trabajo escribes de día con los ruidos de la ciudad como telón de fondo.
Siempre he sido muy disciplinada y, como trabajo de noche, cada vez que he escrito lo he hecho por la mañana. Me ocurría igual cuando estudiaba o me ocupaba en cosas ajenas al periodismo. De ocho a diez pongo la radio para conocer la realidad y luego escribo hasta las tres. Los fines de semana libres. Hubo un jueves que al regresar a casa de madrugada, me sentía despabilada. Abrí una botella de vino, me la bebí y escribí mucho. Cuando me levanté, comprobé que lo que había escrito era una birria y lo deseché. Tengo claro que para escribir he de estar muy centrada y despejada y para eso necesito dormir.

¿Cuál fue la primera frase que te vino a la cabeza para comenzar ‘Los días felices’?
El chispazo procede de las dos primeras frases de la novela: «Soy un desastre sentimental» y «Me canso de todo», que podrían constituir un cuento de Monterroso. Ahí está el germen de todo el contenido. Había un tema que quería abordar y que necesitaba sacar afuera: mi relación con el amor platónico, entendiendo por platónico ese amor interrumpido que se queda suspendido en el tiempo, no el inalcanzable que se siente por un artista de cine o cosas similares.

He sabido que existe un diario donde cuentas cómo has escrito la novela, ¿no tuviste la tentación de incluirlo en el texto?
Escribo diarios a mano desde que tengo 9 años, pero en este caso se trataba de un fichero de ordenador. Lo que escribí no tiene ningún interés complementario, no está pensado para ser leído. Aunque hay una parte que sí es buena, ya que al principio de la escritura se me aparecía Fortunata Fortuna para exigirme que le diera un espacio en la novela. Me recriminaba que hubiera sido capaz de sustituirla por un personaje como Miguel Martín, que tenía un nombre tan vulgar. A pesar de todo decidí no incluirla.

Como acabas de decir, en tu anterior novela la protagonista era una mujer. En ‘Los días felices’ es un hombre, ¿qué tal la experiencia de meterse en la piel masculina?
Colocarme en la piel de un hombre no me ha resultado difícil ni fácil. La anterior novela la escribí en primera persona, porque Fortunata era un personaje de mucho peso con el que se identificaban tanto hombres como mujeres, independientemente de su edad. En esta ocasión, preparé tres borradores con tres personajes principales y el que más tiraba de mí era Miguel Martín. Elegirlo a él fue una casualidad, no fue hecho a conciencia. Creo que en las emociones y sentimientos nos parecemos todos mucho y esta novela es el retrato sentimental de una persona. A diferencia de ‘La vida imaginaria’, la he escrito en tercera, pero los límites de esta tercera persona están muy diluidos, no existe un narrador omnisciente y todo pasa a través del filtro de la mirada de Miguel, que es el protagonista absoluto.

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Aunque no es este el caso, si te dijera que el tema de ‘Los días felices’ no me interesa, pero que no puedo dejar de leerla por cómo está escrita, ¿lo tomarías como un elogio o un desprecio?
Un elogio, sin duda. Y me lo parece porque lo que cuento no es nada original, así que el hecho de que destaques cómo lo cuento lo considero un elogio por completo.

Sigamos con la forma, ¿cómo has conseguido un estilo tan depurado y tan ágil?
El primer año me dediqué a trabajar la estructura y el segundo a construir los veinte años de la vida de Miguel, un borrador de ochocientas páginas escritas de forma compulsiva, que no incorporo a la novela porque el lector sólo va a encontrar cuatro días de la vida del protagonista en el texto. Pero para conseguir eso, había de tener claro todo lo que ocurre en su vida. El tercer año lo destiné a depurar y depurar, para que no sobrase nada y se pudiera leer entre líneas. Desde luego ha sido un trabajo intenso, porque quería condensar el contenido de tantas páginas en unas pocas, en una proporción de cinco a una.

Has comentado en algún sitio que tu intención al escribir simplemente es entretener, ¿en los tiempos que corren la literatura, la lectura, la ficción en suma, es más importante que nunca para tomarse respiros?
No sé qué responderte a esta pregunta, porque se está publicando, escribiendo y leyendo más que nunca sobre la realidad. Procesos como el que vivimos estos días en torno a Cataluña hacen que estemos interesados de verdad en lo que ocurre. Si, además de todo eso, uno llega a casa y necesita encontrar un mundo que no tenga nada que ver con la actualidad política, es probable que lo encuentre en ‘Los días felices’. Me parece que conseguirá conectar con alguna parte íntima suya, la de los sentimientos. Esta novela no es el retrato de veinte años de la vida de un país, sino el de un personaje, Miguel Martín, que cumple años el quince de diciembre.

Como dices que no es un retrato de los últimos veinte años de un país y no puede serlo porque en el texto no mencionas la política, ni tampoco un lugar ni un tiempo concreto, ¿qué le aportan esas indefiniciones a la narración?
Yo sí tengo claro a qué periodo corresponde, porque lo necesitaba para escribir la novela. Conscientemente he omitido cuestiones políticas porque no quería mencionar ninguna de ellas. Renunciar al año ha sido para que no echemos de menos ningún reflejo de la política y para que cada lector encontrase su propio espacio. Sólo cito un lugar, Cambria, que creía haberme inventado pero que resulta que corresponde al nombre de un tipo de letra del procesador de textos, una jugarreta del inconsciente, y si he mencionado la palabra pesetas ha sido para que sepamos que la acción discurre en España. Mi pretensión es que todo el mundo pueda identificarse con lo que yo le cuento.

‘Los días felices’ está llena de diálogos, que ayudan a dinamizar la narración.
Sí, este detalle ha llamado mucho la atención a los lectores. A escribir diálogos me enseñaron los oyentes de un programa que yo presentaba, titulado ‘Hablar por hablar’. Son diálogos coherentes, de verdad, que salen de dentro, escritos no como se habla, sino como hablan los personajes.

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¿Es cierto, como afirma Leopoldo, que cada cinco años cambiamos?
[Sonrisa] La verdad es que eso me lo inventé, no lo había oído nunca, pero luego me he dado cuenta de que efectivamente cinco años es un lapso de tiempo suficiente para que los cambios se perciban y sean notables, porque varían los escenarios y las vicisitudes familiares y de pareja. Por supuesto, he tenido en cuenta cómo vivíamos en el periodo que abarca la historia para no incurrir en incoherencias.

¿Dónde queda Mara Torres en la novela?
[Pausa. Mira por la ventana durante unos instantes] Creo que no estoy en la novela o que estoy en todos los personajes, porque no me siento plenamente identificada con ninguno de ellos. Igual podría haber sido Magda, la madre de Miguel, con la que resulta fácil identificarse. Miguel no es ni un antihéroe, ni un valiente, ni un cobarde, es un tipo normal y corriente. Me quedaría con un poco de cada uno de ellos: el pensamiento de Pecu, el realismo y, a la vez, idealismo de Claudia; lo concienzudo que es Miguel… Desde luego a través de la novela no se puede saber cómo pienso, ni lo que leo, ni la música que oigo.

¿Qué poso te ha dejado la escritura de ‘Los días felices’?
Creo que he ido creciendo con el personaje, que a los veinte años es más ingenuo y a los cuarenta más maduro.

Parafraseando el título, ¿cada uno tiene sus años felices o es una época común en la que todos nos sentimos mejor?
Yo te diría que la felicidad no forma parte del pasado. Valoramos la felicidad a posteriori, cuando ya ha ocurrido, porque cuando la estamos viviendo sólo nos dedicamos a eso.

¿De ahí procede la nostalgia?
Puede ser, pero también es verdad que nos levantamos por la mañana pensando que los días felices están por venir.
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