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sábado, 2 de enero de 2010, 10:15 h (CET)


CHAUMONT-SUR-LOIRE
Los castillos del Loira son el reflejo del esplendor que vivió esta región francesa entre los siglos XV y XVI. El Valle del Loira se extiende por el noroeste de Francia, repartido entre las regiones de Pays de la Loire y Centre.
El Loira es el río francés más largo, con 1.012 km de longitud, 280 km de los cuales fueron declarados Patrimonio de la Humanidad, por su belleza paisajística y por el interés de sus edificios.
Estas regiones fueron habitadas en el pasado por galos, romanos, bárbaros, merovingios y carolingios.
Los romanos fundaron la ciudad de Tours en el siglo I, ocupando la región de Galia. Después, en el siglo III, la ciudad fue destruida por los godos y no se conserva casi nada de esta época.
En el siglo IV, el Obispo de Tours cristianizó el territorio recuperando la ciudad y, por primera vez, consiguió que todo el Valle se uniera frente a los invasores. Según la tradición, al morir éste en el año 397, los fieles se llevaron su cuerpo y al bajar en barca, por el río, los árboles florecieron (a pesar de estar en el mes de noviembre) y desde entonces, en esos días del año, se celebra la fiesta tradicional del “Veranillo de San Martín”.

El enfrentamiento continuo entre las familias condales provocó sin remedio la Guerra de los Cien Años. Mientras duró, París fue ocupada por ingleses y borgoñeses, quedando en un segundo plano.
Cuando la guerra concluyó, Francia logró la reunificación, los ingleses regresaron a Gran Bretaña y París volvió a ejercer su centralismo. Tours mantuvo su riqueza gracias a la industria de la seda, el comercio y la artesanía.
Desde ese momento y hasta bien entrado el siglo XVIII, los grandes señores feudales, altos cargos, ministros y aristocracia de la Corte de Versalles se construyó un castillo dentro del Valle del Loira como símbolo de poder y riqueza.

El Castillo de Chaumont
La región de Chaumont debe su celebridad al castillo de Chaumont-sur-Loire y a su situación privilegiada en las terrazas que dominan la cuenca del Loira y el pueblo. Su nombre procede de Calvus Mons (el monte calvo), que hace referencia al espolón abrupto que domina los valles del Marne y el Suize.

He de decir que este no es precisamente el castillo más famoso, pero sí que creo que es, sin duda, el de mayor encanto. Además de poseer una historia a su alrededor y ambiente muy especiales. Es por estas razones que lo he escogido para comentároslo en profundidad.

En el siglo X, la preocupación por protegerse de las incursiones angevinas (en el año 1044 el control de Turena les fue otorgado a los angevinos que, en 1154 se convirtieron en reyes de Inglaterra) forzó a los condes de Blois a construir este castillo, a modo de fortaleza feudal, en los límites de sus dominios, al borde de una gran colina sobre el Loira.
Esta primera fortaleza, fue obra de Eudes I, el primer conde de Blois. Su función era la vigilancia y defensa de Amboise.
Poco tiempo después, Eudes II de Blois, confíó el castillo a su vasallo Guelduin. La hija pequeña de éste, Denise de Fougeres contraerá matrimonio con Sulpice I de Amboise. De esta forma, el edificio, se convirtió por alianza, en propiedad de los Amboise.
La familia lo conservó durante casi cinco siglos y sufrió muchísimas vicisitudes durante ese tiempo.
En 1465, Luis XI ordenó destruirlo como castigo a los propietarios por el hecho de haberse unido a la Liga del Bien Público, una rebelión de los príncipes y nobles del reino contra su rey.
El edificio quedó arrasado.
La reconstrucción de esta antigua fortaleza fue, probablemente, decidida en 1466 por el obispo Pierre de Amboise, el hermano del célebre cardenal George de Amboise.
A partir de 1473, Charles I de Amboise prosiguió los trabajos que quedaron paralizados con su muerte en 1481. Su heredero, Charles II, sólo contaba con ocho años. Únicamente había dado tiempo a levantar las alas norte y oeste que fueron edificadas en ese período entre 1469 y 1481.
La construcción conservaba el aspecto de fortaleza y edificio de defensa. Presentaba gran cantidad de torres dotadas de pináculo y caminos de ronda a su alrededor.

La puerta de entrada se precedía de un puente levadizo flanqueado por dos enormes torres redondas, la suroeste acabada en saliente.

Imagen del puente levadizo.
Se dotó de anchos muros y cañoneras que sirvieran de defensa en caso de peligro. Se adoptó un sistema idéntico al de Plesis-Bourré, fortificando un lugar aislado del castillo que contaba con muros más anchos y fuertes para refugiarse en caso de peligro.
Alrededor de 1501, continúa las obras Charles II de Amboise. Retomó los trabajos por el ala noreste donde levantó una capilla y un châtelet (o castillete) de entrada por donde comienza el ala sur.
Proyectó una gran escalera que se situase dentro del châtelet de entrada pero las obras quedaron inacabadas.

Su muerte en 1511 le impidió continuar con la construcción.
Adoptó las mismas formas arquitectónicas que sus predecesores conservando el aspecto de fortaleza medieval que tenía el castillo pero introduciendo elementos nuevos, como la coronación de las partes altas con caminos de ronda descubiertos. Con estos detalles el edificio queda inscrito en el tipo de arquitectura que muestran las estampas de la obra Tres Riches Heures du duc Berry.

“Las muy ricas horas del duque de Berry” es una de las más famosas obras iluminadas, de 416 páginas (entre ellas un calendario medieval) que contiene bellas representaciones de la arquitectura de principios del siglo XV.

Imagen del mes de Septiembre.
Como detalle personal, introdujo en la decoración almenada de las partes altas un friso que alterna la “C” de Charles y su esposa Catherine de Chavigny junto a la pira ardiente, imagen que identifica a Chaumont.

Detalle del friso exterior.
Prosiguió con la dirección de la obra su tío, el gran mecenas y poderoso ministro del rey de Francia Luis XII, George I de Amboise. Había participado en Gaillon de Normandía, el más fastuoso ejemplo del Renacimiento Francés.
En este momento es muy perceptible la influencia del Renacimiento.
Se construyeron grandes ventanales decorados en las salas sur y este, también se redecoraron las salas del interior con los nuevos repertorios llegados de Italia.

Además se construyó una galería (proyectada por Carlos II) que uniese las partes este y oeste del castillo.

Detalle de la galería.
Se puede decir que el estilo arquitectónico del castillo data de dos épocas diferentes, combinando el gótico tardío, en una primera fase de los edificios, con la influencia del primer Renacimiento en todo el conjunto arquitectónico.

En 1525, hereda el castillo Catherine de Amboise que se casó tres veces sin llegar a tener hijos por lo que el castillo pasa a manos de su sobrina Antoinette de Amboise en 1550.
Poco después, es comprado por Catalina de Médicis. Tras la muerte de su esposo Enrique II, ésta obligó a Diana de Poitiers (ex favorita de su esposo) a abandonar el castillo de Chenonceau e intercambiarlo por Chaumont.
La antigua amante de su esposo tuvo que abandonar el entorno encantador de Chenonceau y su proyectos para el edificio e instalarse en un castillo mucho más austero. Además, Catalina tergiversó sus obligaciones con la Cámara de Cuentas de Blois, de tal forma que Diana no pudo tomar en posesión su nueva propiedad hasta el año 1562.

Diana de Poitiers retomó los trabajos de Carlos II finalizando el châtelet de la entrada con un camino de ronda cubierto y rehaciendo el de la torre noreste.
Refuerza el carácter militar del castillo siguiendo con la idea adoptada por Pierre de Amboise un siglo antes.
En el año 1566, muere sin llegar a finalizar el ala sur (ya había sido interrumpida con la muerte de Carlos II) y su hija mayor François, lo toma como herencia.
Tras diversas vicisitudes, pasa a ser propiedad de Jacques-Donatien Le Ray, conocido por sus intercambios con el Nuevo Mundo y sus transacciones comerciales con Benjamin Franklin. Ordenó derribar el ala norte para abrir el castillo y despejar la vista desde el patio hacia el Valle del Loira.

El Castillo abre la vista hacia el Loira.

Enrasó la gran escalera construida por Charles II que estaba en muy mal estado, para ponerla al nivel del ala sur, completándola con un pórtico y otra planta (que faltaba desde el siglo XVI), realizó la bóveda de la capilla y redecoró los interiores encargando esta tarea al gran escultor y medallista italiano Juan Bautista Nini.
Los medallones de terracota que realizó este artista, aún pueden verse en el castillo, tienen las efigies de personalidades de la época.
Las fachadas fueron revestidas con balaustrada y otros elementos decorativos.

Durante la Revolución el edificio se vio ligeramente afectado y se mutilaron algunos de sus escudos pero pronto volvió a la normalidad.

En 1739 se destruyó el ala norte lo que le hizo perder valor militar y consolidar el residencial. Fue alojamiento de Madame Da Stael, Benjamín Constant y Madame Recamier (junto a otros conspiradores anti-napoleónicos).

En el siglo XIX, se realizaron diversas restauraciones. El vizconde de Wals contrata al arquitecto La Morandière en el año 1833. Éste consiguió levantar la gran escalera y modifica el ala oeste en estilo troubadour.
Fue, de nuevo, reformado en 1875 tras la compra del castillo por Marie-Charlotte Say, heredera de una gran fortuna azucarera y esposa del príncipe Amadeo de Broglie. Éste lo convirtió en una residencia de lujo.
Contrató a uno de los arquitectos más famosos de la época, Paul-Ernst Sansón que reestableció la construcción en un estilo neorrenacentista.
En 1877 se restauró completamente el edificio, se ampliaron los jardines “a la inglesa” y se crearon los suntuosos establos de lujo para la caballería.
Estos establos pueden albergar cincuenta caballos en diferentes dependencias alrededor del patio principal y en la primera planta estaban las dependencias donde vivían los encargados de los caballos.

Imágenes del interior y exterior de los lujosos establos. Placas de brillante latón lucen con el nombre de los caballos.

En este momento se convirtió en el escenario de numerosas fiestas, reuniones y actos públicos de gran pomposidad.
Las crisis y una mala gestión económica tras la muerte del príncipe, barrieron esta prosperidad.

El estado compró el edificio alrededor de 1938.
De las dos mil quinientas hectáreas de terreno sólo quedaron diecisiete y parte del mobiliario ya había sido dispersado, las salas habían quedado privadas de casi toda su decoración.
El aspecto exterior del edificio es finalmente el de un castillo fortificado con gran cantidad de torres y un puente levadizo característico del Renacimiento.

En 1997 se emprendió la restauración completa, tanto de su alzado exterior como del interior del castillo, buscando como referencia su aspecto anterior conservando, hoy día, un bello mobiliario de estilo renacentista y profusa decoración.

Interior y mobiliario
La mayoría de las salas del castillo están profusamente decoradas.
Las habitaciones cuentan con un bello mobiliario de estilo renacentista y tapicerías flamencas.
La Sala de Guardia, la habitación de Diana de Poitiers y la de Catalina de Médicis cuentan con mobiliario de la época.

Detalle del interior del castillo:
Cama de la habitación de Catalina de Médicis.

La Sala de los Guardias posee una gran colección de armas datadas de los siglos XVI y XII.
La Sala del Consejo tiene un importante embaldosado del siglo XVII que proviene de un Palacio de Palermo y está decorada con tapicerías de Bruselas realizadas a finales del siglo XVI en el taller de Martín Reymbouts.

Detalles del interior de la habitación del castillo: Enlosado y tapices.
La capilla cuenta con un relicario de antigüedades de gran valor y en ella se pueden oficiar misas actualmente.

Otra habitación de gran valor es la del astrólogo Cosimo Ruggieri que estuvo al servicio de Catalina de Médicis.
La reina era aficionada a la magia, sus prácticas y aplicaciones. Se dice que pudo practicar, incluso, la brujería.
Una leyenda cuenta que en esa misma habitación el astrólogo realizó una catoptromancia, una práctica mágica que permite ver el futuro en un espejo y predijo la muerte de sus cuatro hijos. La profecía se cumplió y finalmente, los Borbones (a los que Catalina odiaba) subieron al trono de Francia y reinaron más de veinte años.
Francisco II murió de otitis degenerada en una fuerte infección, Carlos IX moría atormentado por los fantasmas que le produjo el ordenar la matanza protestante de la “Noche de San Bartolomé” presionado por su madre, Enrique III fue tachado de homosexual y extravagante, fue el último en reinar antes de morir apuñalado por un monje. Por último, su cuarto hijo Francisco-Hércules murió de una tisis sin llegar a reinar, siendo sustituido por Enrique IV de Borbón, lo que supuso el final de la Casa de Valois.
Este supuesto hecho se producía en 1559 y nadie podía pensar que, habiendo tenido cuatro hijos varones y con la sucesión del trono asegurada, sería posible que la familia perdiera la corona de Francia.

Catalina de Médicis junto a Carlos IX, la princesa Margarita, Enrique III y Francisco-Hércules que nunca llegó a reinar.

El castillo en la actualidad
Los jardines como se muestran hoy día fueron obra del paisajista Henry Duchene, contratado en 1884 y encargado de realizarlos inspirándose en el estilo inglés.
Ocupan una extensión de casi veinte hectáreas.
Desde el año 1992 se celebra el llamado “Festival de los Jardines”.
En este acto se realizan diversas actividades y eventos en torno a los jardines y el paisaje.
Un gran número de paisajistas internacionales realizan sus mejores jardines basándose en un tema que se elige anualmente. La creación de los mejores artistas en esta disciplina se caracteriza por sus originales presentaciones que compiten por ser las más aplaudidas.
Al año siguiente los jardines son destruidos para dejar sitio a las nuevas creaciones, siendo indultado uno de ellos, elegido por el público.

Posee una gran colección de plantas del mundo entero y acoge la sede del “Conservatoire International dels Parcs et Jardins et du Paysage”.

Desde su inicio han sido creados más de 200 jardines.

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