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Música
Etiquetas:   Crítica concierto  

Calamaro cumple con un concierto completo y entregado en Bilbao

Patxo Palacios
Patxo Palacios
miércoles, 29 de octubre de 2008, 11:13 h (CET)
Y que conste que empezó a llover en la villa bastante antes de que el gaucho comenzara el concierto, a eso de las 11 menos 10, con casi dos horas de retraso sobre el horario inicialmente previsto. Se sigue llevando lo de hacer esperar al vulgo. Si en Granada las malas lenguas dicen que fue porque Calamaro había ido a los toros, aquí no ha lugar… todavía no es temporada.



Andrés Calamaro.


El vetusto pabellón de La Casilla sustituía al inicialmente previsto - la plaza de toros de Vistalegre - y menos mal, con la que cayó. Uno le tiene cariño a este recinto, emblemático y familiar. El sonido no fue bueno, pero mejoró a medida que el concierto avanzaba. El artista desplegó por espacio de casi dos horas y media, sin interrupciones, una interesante selección de su prolífica carrera musical, con preeminencia rockandrollera. En el escenario llegó a haber cinco guitarras y batería en amplias fases del concierto.

El auditorio estaba, todo sea dicho, rendido en su mayoría antes de empezar; hay mucho calamariano por estos lares, de variado pelaje y condición. Con un aforo de aproximadamente 4.000 personas, el público conocía de la presencia de Jaime Urrutia junto a Andrés, si bien no exactamente cuándo ni cuánto aparecería. Pues bien, fue un artista local el que se adelantó, ante sorpresa de todos. Kepa Junquera apareció con su trikitrixa y versionó un tema de la ‘lengua popular’ con un resultado más que digno… buen feeling en el escenario. El ritmo céltico del vizcaíno volvió al escenario hacia el final. El ex lider de Gabinete Caligari apareció algo más tarde, gorra en ristre, como el argentino y eligió Te quiero igual para homenajearse luego con su celebérrima Cuatro rosas.

Conocíamos la devoción que Calamaro siente por Urrutia, cuyo Gabinete no ha tenido en España posiblemente todo el éxito del que otros grupos menores sí han disfrutado. Poco que objetar al repertorio escogido, una banda profesional, guiños bien medidos al público local y un líder que vuelve reivindicándose en su papel de rock and roll star.

Su ‘Gabon Bilbo’ y ‘eskerrik asko’, o algo parecido, hizo vibrar al personal ya desde el inicio. En su debe el sonido y su propia voz en algunos temas, que no fue excelente, pero no parece que eso fuera lo más importante de la noche. Tres años después de volver a los escenarios, nueve desde su última gira de verdad (la que siguió a la publicación de Honestidad brutal), ha decidido coger de nuevo las riendas y ya no se esconde tras el teclado, como hacía con la Bersuit. El músico atormentado y genuino regresa en una buena versión de sí mismo, más feliz y más libre; atrás quedan también giras compartidas con Ariel Rot o Fito & Fitipaldis. Calamaro regresa como Calamaro, un showman rockero, músico, poeta y hasta divertido a ratos... Es otra fase, en la que quizá no vuelva a llenar estadios y busque complicidades con artistas locales, como en Bilbao, pero… ¿qué hay de malo en ello? Seguro que nadie critica sus guiños a Lou Reed o a Gardel.

Y qué decir de sus excentricidades, como momentos de amnesia, pérdida de voz o desajustes momentáneos con la banda… ahora entro yo, no… todos; si no, no sería el personaje o proyecto de mito del rock latinoamericano en que se ha convertido.

Lo dicho, cómodo, con gafas de sol (que solo se quitó para secarse el sudor), gorra y de negro riguroso, Calamaro arrancó -viéndosele a gusto- con esa declaración de principios que se llama El Salmón’ y fue interpretando los temas más conocidos de su repertorio, sobre todo de sus dos mejores cds (Alta Suciedad y Honestidad Brutal): El día de la mujer mundial (sonó especialmente bien), Jugar con fuego, Tuyo siempre, A los ojos, Todavía una canción de amor, Clonazepán y circo, Socio de la soledad, La libertad, Jugar con fuego (grande el “para vos, reina” final), Estadio Azteca, Te quiero igual, Cuatro rosas (estas dos con Jaime Urrutia), Crucifícame, Crímenes perfectos, Me arde, Flaca, Alta Suciedad, El calor del Canal 69, Paloma… con un único, pero generoso bis.

Sonaron pues temas de Los Rodríguez, Alta suciedad, Honestidad brutal, El salmón, El cantante y La lengua popular, quedando en un segundo plano Tinta Roja y El palacio de las flores. Noche de guitarras afiladas, poco tango arrabalero y mucha poesía urbana vestida de rock.

Ciertamente, viendo alguna aparición televisiva subidita de tono del divo sudamericano los días previos, cabían dudas sobre lo que se vería sobre el escenario… disipadas, en positivo.

Próxima cita para los calamaro-adictos: Pontevedra, este sábado. Ahora que los gallegos han perdido el tren que pasa (por Segunda División) esperemos que Andrés les alegre la noche… seguro que sí.

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