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Etiquetas:   Autores   Novela   Cultura   Libros   -   Sección:   Entrevistas

“Conocer la existencia de nuestros antepasados nos ayuda a entender mejor de dónde venimos y cómo somos”

Entrevista a Rosa Ribás
Herme Cerezo
lunes, 15 de junio de 2015, 23:50 h (CET)



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Rosa Ribas (Prat del Llobregat, Barcelona, 1963) estudió Filología Hispánica en la Universidad de Barcelona, y desde 1991 reside en Alemania, en Francfort. Ha escrito las novelas: ‘El pintor de Flandes’, ‘La detective miope’, ‘Miss Fifty’, así como la serie protagonizada por la comisaria hispano-alemana Cornelia Weber-Tejedor. Junto con Sabine Hofmann, ha publicado dos novelas más, también de corte policial: ‘Don de lenguas’ y ‘El gran frío’, que han sido traducidas con éxito a varios idiomas.

Rosa Ribas pasó por Valencia para participar en la III Edición de Valencia Negra. Aprovechando su estancia en la capital del Turia pude compartir unos minutos con ella para charlar de su nueva novela, ‘Pensión Leonardo’, publicada por Ediciones Siruela. En ‘Pensión Leonardo’ la autora barcelonesa afincada en Alemania, abandona el género negro para adentrarse en la mirada de Lali, una niña de doce años, perspicaz y sensible, que habita en la pensión que da título al libro, ubicada en un barrio barcelonés a mediados de los años sesenta del siglo pasado. Estamos ante un texto de iniciación, en la que Lali aprenderá que hacerse adulta significa convertirse en protagonista y autora de su propia vida.

Rosa, en algún lugar he leído que emigraste a Alemania porque querías sentirte extranjera.
Es cierto. El año que viene cumplo ya mis bodas de plata en Alemania y con el paso del tiempo he perdido ese optimismo inicial, que me llevó a pensar que algún día me sentiría alemana. Me encuentro y me muevo bien, con comodidad, pero por el acento y por cómo hablas el idioma, ellos te hacen sentir que eres extranjera. Por otro lado, cuando regreso a España, cosa que hago con frecuencia, también veo la situación de nuestro país con distancia, es decir, me siento fuera de lugar en ambos casos.

¿Cómo nace ‘Pensión Leonardo’?
El disparador para escribirla me llegó mientras trabajaba en ‘Don de lenguas’. Mi padre me había contado muchas cosas de su pasado y a fuerza de escucharle fui poniendo en orden todo lo que decía. Para entenderlo bien tuve que elaborar un cuadro familiar y así conseguí enraizarme con mi propia familia. A Lali, la protagonista de la novela, le ocurre algo parecido. Ella desconoce la vida de su padre, que regresa a la pensión tras pasar un tiempo en la cárcel. Como su madre tampoco habla, decide hurgar en el pasado para conocerlos mejor.

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¿Debemos entender entonces que Lali existe, que eres tú?
Lali es la suma de muchas situaciones. Como ocurre en otras de mis novelas, la niña es el resultado de unir un poco de muchas personas. Aunque mi abuelo realmente regentó una pensión en el Prat del Llobregat, ‘Pensión Leonardo’ no es una novela autobiográfica, ni tampoco es mi vida que pertenece a otra generación.

¿Con esta novela pretendías narrar el paso de una niña a mujer o describir una época histórica?
Lo que más me importaba era narrar la evolución de Lali, lo que le hace perder la inocencia y le lleva a dar sus primeros pasos en la edad adulta. Me interesaba explicar las raíces familiares de la niña y a la vez ubicar la acción en los años sesenta, porque quería reflejar la época de la gran emigración que sufrió Barcelona cuando se convirtió en una ciudad industrializada, en la que la gente llegaba y se iba sin cesar, exactamente igual que ocurre en la pensión donde ella vive.

Y una vez más en tu obra, la protagonista es una mujer.
Salvo la primera novela, ‘El pintor de Flandes’, las demás están protagonizadas por mujeres, aunque en la que acabo de comenzar ahora el protagonista es un hombre. La verdad es que me siento más cómoda al escribir así y, por el mero hecho de ser mujer, el personaje ha de vencer más dificultades que si fuera un hombre. De todos modos, lo más difícil es no presentar un personaje anacrónico con la época en la que se desenvuelve.

Igual que ‘Pensión Leonardo’, ‘Don de lenguas’ también transcurría en la posguerra, ¿qué te atrae de este periodo?
En el fondo ambas novelas tienen una base común, que no es otra que entender cómo fue la vida de las dos generaciones anteriores a la mía. De los años cincuenta se habla poco y yo traté de imaginarlos y darles forma a través de alusiones familiares. Lali vive diez años más cerca de nosotros y habita un periodo un poco menos negro que la década anterior. Los sesenta son años más luminosos en los que, por ejemplo, se habla, aunque con cuentagotas, de la música pop. De todas formas, el franquismo todavía estaba muy presente y por eso doy algunas pinceladas para recordarlo.

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El interés por la vida de nuestros antepasados, ¿es fundamental para conocernos a nosotros mismos o tiene un carácter más nostálgico?
No lo veo como un ejercicio de nostalgia sino como algo que nos ayuda a entender de dónde venimos y cómo somos. Cada uno se ha criado en una familia bajo unas circunstancias concretas y eso nos conforma de una forma determinada. Si, además, conoces la vida de tus padres, comprendes mucho mejor cómo te han educado.

En la novela nos tropezamos con una serie de referentes clásicos de los años sesenta: el jabón Lagarto, Radio Juventud, los refrescos de Trinaranjus o El Ponche Caballero.
Cuando escribo novelas en otras épocas me gusta que el momento histórico se construya no a partir de un narrador, que explica detalladamente todos los pormenores, sino a partir de lo que dice la gente y de los objetos que maneja. Pretendo que la época se cree a sí mismo a través de lo que ocurre en la trama. Quizá a las generaciones nuevas esto no les diga nada, pero a otras sí que las sitúa enseguida. De todos modos, el hecho de que aparezcan aspectos que resulten extraños a los jóvenes, les lleva a comprender que hablamos de una época distinta de la actual.

Como escenario has escogido el Poble Sec, ¿cómo era el Poble Sec en los años sesenta?
El Poble Sec tenía un carácter propio. Se trataba de un barrio pequeño, encajonado entre la montaña y el Paralelo, muy tradicional y con mucho sabor popular. Estas características me permitían crear el universo particular en el que se desenvuelve Lali. Al otro lado del Paralelo se encontraba el Raval, un espacio mucho más barriobajero. La gente no quería que sus hijos cruzasen el Paralelo, prefería que se quedaran en la zona, que además fue un territorio muy frecuentado por gente venida de fuera de Barcelona.

El Poble Sec es el lugar donde nació Serrat.
Sí, Serrat nació en la calle Poeta Cabañas y sus letras reflejan muy bien lo que era aquello, el sabor del barrio. Él habla de las personas que procedían de La Mancha y se expresaban en un castellano plagado de catalanismos. También describe las verbenas, las fiestas, los cines de barrio… La verdad es que si el lector descubre que el espíritu de Serrat vive dentro de la novela, le sacará más partido a su lectura, sobre todo si la asocia con determinadas canciones suyas, y si no se da cuenta pues la leerá sin más. En el fondo sería como la banda sonora del libro.

Al visualizar las escenas del libro, ¿las percibes en color o en blanco y negro?
Pues mira, en ‘Don de lenguas’ trabajé con mucho material visual en blanco y negro, que procedía del No-Do, e imaginaba las imágenes de esta manera. Sin embargo, los sesenta los veo ya en color.

La última por hoy: ¿’Pensión Leonardo’ conserva también algo del espíritu de ’13 rue del percebe’, aquellas historietas que se publicaban en España durante los años sesenta?
Sí, claro que tiene algo. Cuando ahora veo series españolas no noto muchos cambios con respecto a las películas de entonces, que llamábamos españoladas, porque siguen siendo tan gritonas como siempre. Sin embargo, percibo un lenguaje mucho más ordinario que el de ’13 rue del Percebe’ que era mucho más inteligente. Con unos cuantos trazos, en cada viñeta el autor explicaba un montón de cosas. Los personajes que por allí aparecían constituyen todo un tratado de sociología: el caco, los viajantes, el dependiente de abajo que era un estafador… A pesar del tiempo transcurrido conservo tres o cuatro volúmenes con esas historietas y las releo con frecuencia.
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