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Etiquetas:   Libros / Entrevista   Autores   -   Sección:   Entrevistas

“Como personaje real, Jesucristo fue un político, otra cosa es lo que ha trascendido de él en los textos sagrados”

José Luis Corral, catedrático de Historia Medieval y escritor
Herme Cerezo
lunes, 29 de diciembre de 2014, 08:22 h (CET)



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José Luis Corral (Daroca, 1957), escritor, arqueólogo y catedrático de Historia Medieval, es profesor invitado en medio centenar de universidades españolas y extranjeras. Como historiador ha publicado ‘Historia universal de la pena de muerte’, ‘Breve Historia de la Orden del Temple’, ‘Una historia de España’, ‘El enigma de las catedrales’ o ‘La Corona de Aragón’. Está considerado “el maestro de la novela histórica española contemporánea”, por obras como ‘El salón dorado’, ‘El Cid’, ‘Trafalgar’, ‘Numancia’, ‘El número de Dios’, ‘La prisionera de Roma’, y ‘El médico hereje’. Ha publicado también novelas de intriga como ‘El códice del peregrino’.
Antonio Piñero (Chipiona, 1941), catedrático emérito de Filología Griega, especializado en literatura e historia del cristianismo primitivo. Ha editado, con introducciones, traducción y notas, colecciones de textos nunca publicados en español, como ‘Apócrifo del Antiguo Testamento’, ‘Textos Gnósticos’ o ‘Hechos Apócrifos de los Apóstoles’. Es autor también de cerca de treinta libros sobre el Nuevo Testamento y el cristianismo primitivo, como ‘Jesús de Nazaret, el hombre de las cien caras’, o ‘Los cristianismos derrotados’; de un centenar de artículos científicos en revistas nacionales e internacionales y de la novela histórica ‘Herodes el Grande’.

José Luis Corral no para. Ahora, en colaboración con Antonio Piñero, acaba de publicar ‘El trono maldito’, editado por Planeta, una novela centrada en el momento de la muerte del tirano Herodes el Grande, año 4 antes de Cristo, que deja vacante el trono de Israel. En medio de intrigas y luchas por hacerse con el poder, surge la figura de Jesús de Nazaret, un hombre que, mediante sus prédicas, revoluciona al pueblo judío y cuestiona el statu quo existente. José Luis anduvo por Valencia. Visitó, como ya hiciera en ocasiones anteriores, L’Íber el Museo de los soldaditos de plomo. Allí, en el salón de charlas y conferencias, rodeados por tapices y una gran pantalla para proyecciones, compartimos unos minutos conversando sobre este trono maldito.

José Luis, ‘El trono maldito’ es una novela escrita a cuatro manos y dos cerebros, ¿cómo habéis enfocado este trabajo Antonio y tú?
Yo ya había escrito artículos y libros de historia con colegas, pero una novela no. Con Antonio Piñero ha sido muy fácil. Todo ha partido de un guión de unas trescientas páginas que él ya tenía elaborado. Me lo envió, lo leí y le di un tratamiento literario que lo elevó hasta las ochocientas. A partir de ahí comenzamos a podarlo y a pulirlo, compartiéndolo todo a través de correo electrónico. Nunca, cuando nos hemos visto en persona, hemos hablado del libro. Todo lo hemos hecho a través de internet.

Un lector que conozca bien vuestra trayectoria literaria, ¿sería capaz de distinguir qué parte ha escrito cada uno de vosotros?
Creo que no, aunque lo intentaran. Ni yo mismo podría saberlo porque hemos introducido muchas correcciones entre los dos y las hemos compartido. Hemos discutido palabras y giros hasta llegar a puntos de acuerdo. Quizá el estilo literario del libro sea más mío que suyo, porque él solamente había escrito una novela antes de esta, pero no se nos puede identificar bien.

Al escribirla en compañía, ¿sientes que la novela es menos tuya que otras anteriores?
Todo lo contrario, he puesto en esta novela mucha más pasión si cabe. Y todo se debe a que el guión de Antonio me apasionó muchísimo, ya que si a mí algo no me ilusiona, lo abandono. En España no existe el título de escritor profesional, no lo expide nadie, cosa que sí ocurre con las titulaciones de médico, de físico o de ingeniero, por lo tanto escribo ficción porque me entusiasma, porque me gusta introducirme en la trama y en los personajes. Además, por otro lado, he tenido la suerte de mantener larguísimas conversaciones con Antonio y eso ha sido todo un privilegio.

Sigues compatibilizando la enseñanza con la escritura de ficción, ¿estas dos parcelas tuyas se retroalimentan?
En la universidad lo que hago es aplicar mis conocimientos retóricos y literarios en las clases, aunque a mis alumnos no les hablo de ficción. Pero todo sirve, porque el novelista ha de tener una gran imaginación y precisamente ésa es una cualidad de la que carecemos los historiadores, a pesar de que el francés Marc Bloch, fundador de la Escuela de los Annales, recomendaba utilizarla, algo que nosotros no hacemos. Para mí la Historia no es una ciencia, pero hay que estudiarla con metodología científica.

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Has escrito novela histórica con los romanos, con la Edad Media, con la Contemporánea y también con la Moderna, ¿en cuál de todos estos periodos cronológicos te desenvuelves más a gusto?
Quizá el hecho de ser especialista en la Edad Media hace que este sea el tiempo que más conozco, pero cuando hago ficción, como ahora mismo con ‘El trono maldito’ o en su momento con ‘Trafalgar’, me siento algo más libre, porque puedo utilizar con mayor libertad la imaginación, sin atenerme tanto a las normas del medievalista que llevo dentro. De todos modos a mí me interesan todas las épocas históricas.

A la hora de componer la fisonomía de los personajes, ¿qué técnica sigues para asignarles un rostro?
Necesito ponerles cara a los personajes para no olvidarme de cómo son. Tanto si son reales como imaginarios, yo utilizo la técnica de atribuirles el rostro de personas que tengo en mi entorno. De esta manera evito incongruencias. Por supuesto, previamente los evalúo para ver cómo podrían ser y para buscarles su equivalente real.

Una dificultad que siempre surge en las novelas históricas son las conversaciones. ¿Prefieres construirlas con lenguaje actual o de la época en que discurre la trama?
El buen novelista ha de saber captar el espíritu del momento histórico y, cuando digo esto, me refiero a la reconstrucción arqueológica de la novela, porque no puedes cometer anacronismos y colocar objetos pertenecientes a una época determinada en otra. Esto en las conversaciones es un aspecto fundamental, pero eso no quiere decir que haya que utilizar lenguaje antiguo, es mejor usar el habla moderna, pero sin caer en el uso de giros excesivamente actuales para tiempos pasados.

Volvemos a ‘El trono maldito’, ¿por qué remontarse ahora a la época de Jesús de Nazaret, cuando es un personaje ya muy explorado por otros escritores, sin ir más lejos se me ocurren Robert Graves (‘Rey Jesús’) o Anthony Burgess (‘El Reino de los réprobos’)?
Bueno, Jesucristo es un personaje de ‘El trono maldito’, pero no su protagonista. Aparece en la novela porque hablamos de los primeros cuarenta y cinco años de la era cristiana y, en consecuencia, en ese tiempo él desempeñó un papel muy importante. El problema radica en que los novelistas que han tratado su figura lo han hecho siempre desde el punto de vista de la grandiosidad. Sin embargo, si lo contemplamos desde la óptica de esos cuarenta y cinco años, no encontramos esa misma imagen, porque entonces era un completo desconocido. Lo que ha sucedido es que su figura se ha agrandado enormemente y nos han hecho creer que ya en su tiempo era un ser descomunal, famoso y universal cuando no fue así. Precisamente por este motivo, la novela la hemos escrito en tiempo presente.

Y en tercera persona.
Sí, es una tercera persona pero, como te digo, narra en tiempo presente. Todo ocurre ahora: Jesús habla, come, bebe; Augusto manda, decide… Nos parecía una buena fórmula mezclar la voz omnisciente, que lo sabe todo, con el tiempo presente para que el lector tenga la sensación de que está leyendo lo que ocurre en ese instante, como si el narrador desconociera lo que va a suceder a continuación.

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¿En la novela presentáis un Jesús más religioso o más líder político?
Como personaje real, Jesucristo fue un político. Otra cosa es lo que ha trascendido en los textos sagrados. Él fue un judío que interactuó con los políticos de su tiempo y que hablaba de política. Es cierto que también se refería al Reino de Dios, pero para el universo judío, y también para los musulmanes, el mundo de la divinidad y el de la política son inseparables. Cuando fue a Jerusalén en el momento de la procesión de los ramos, su comportamiento con relación a Roma y a los sacerdotes judíos fue absolutamente político.

¿Por eso, al crucificarle, inscribieron INRI sobre su cabeza?
La gran pregunta es ¿por qué a un delincuente común le pusieron esa inscripción en la cruz, que estaba además escrita en tres idiomas, arameo, latín y griego? Desde luego es un asunto muy controvertido. ¿Qué había hecho Jesús para ser crucificado de una forma tan burlesca? Yo tengo mi teoría particular, que no coincide con la de Antonio Piñero. Según ella, Jesucristo podría descender de un rey judío. Los propios Evangelios y las Cartas de los Apóstoles cuentan que María fue su madre carnal, pero que José no era su padre. Probablemente, lo que hubo fue una mujer soltera embarazada, lo que para la época era una desgracia y alguien debió pensar que la solución era localizar a un varón que se casara con ella para evitar el escándalo. Por eso buscaron a José, que era un hombre mayor y viudo. Ambos, María y José, eran de estirpe real. El rey Herodes fue un hombre que viajaba mucho, era muy mujeriego y, sin duda, abusó de muchas mujeres, especialmente jóvenes, en sus viajes. ¿Una de ellas pudo ser María? Es muy probable. De este modo se explicaría su ascendencia real.

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Algo que nunca he tenido claro es cómo los judíos, sometidos y dominados por los romanos, conservaban sus propios reyes, ¿qué misión desempeñaban estos monarcas?
El imperio romano no era todo igual, aunque a nosotros nos parece que sí. Había provincias senatoriales, gobernadas por el senado, y provincias imperiales, gobernadas directamente por el emperador. Dentro de las provincias, además, existía una especie de organización con relaciones de vasallaje, a través de las cuales los romanos protegían a estos países. A Roma, Herodes el Grande le venía muy bien. Era un tipo medio judío y medio idumeo, muy influenciado por la cultura griega, y su reino aseguraba la estabilidad de las fronteras, ya que los romanos necesitaban esta seguridad de cara a alcanzar su siguiente objetivo que era Mesopotamia. Todos los imperios han contado siempre con estos estados-tapón, que garantizan sus retaguardias.

Acabamos por hoy, los profetas también deambulan por ‘El trono maldito’, ¿se sentían como enviados de Dios o también eran políticos?
El papel de los profetas era muy diverso. Juan el Bautista fue también muy político y amonestaba continuamente a Herodes Antipas, uno de los hijos de Herodes el Grande, al que interpelaba porque se había ido con la mujer de su hermano, algo que estaba prohibido por la ley. De este modo intervenía en política. Pero los profetas se consideraban hombres mesiánicos y, lo que era más importante, la gente también los veía de este mismo modo.
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