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Fútbol

Etiquetas:   Champions League / Octavos de final   -   Sección:   Fútbol

Diego Costa borra al Milan del mapa (4-1)

Doblete del delantero brasileño
Daniel Sanabria
martes, 11 de marzo de 2014, 23:09 h (CET)
Ficha técnica
4-Atlético de Madrid: Courtois (3); Juanfran (3), Miranda (3), Godín (3), Filipe Luis (2); Gabi (3), Mario Suárez (2); Koke (3), Arda Turan (2), Raúl García (3); Diego Costa (3).

1-Milan: Abbiati (1); Abate (1), Rami (1), Bonera (1), Emanuelson (1); De Jong (1), Essien (1); Taarabt (2), Poli (1), Kaká (2); Balotelli (1).

Cambios: En el Atlético de Madrid Sosa (2) por Raúl García (min.71), Cebolla (1) por Arda Turan (min.80) y Diego Ribas (1) por Koke (min.81); y en el Milan Robinho (2) por Taarabt (min.60), Pazzini (1) por Essien (min.70) y Muntari (1) por De Jong (min.76).

Goles: 1-0 Diego Costa (min.3); 1-1 Kaká (min.24); 2-1 Arda Turan (min.40); 3-1 Raúl García (min.70); 4-1 Diego Costa (min.84).

Árbitro: Mark Clattenburg (inglés) (3). En los locales amonestó a Raúl García (4’) y en los visitantes a Rami (6’), Balotelli (45’) y Bonera (67').

Incidencias: 55.000 espectadores en el estadio Vicente Calderón. Terreno de juego en buenas condiciones. Partido de Champions League. Octavos de Final. Vuelta.

Datos destacables
Lo mejor: Sin sufrir
El Atlético cerró un global de 5-1 ante un grande de Europa, pasó sin sufrir y ya está en el bombo de cuartos.

Lo peor: Milan
El conjunto italiano no dio ninguna muestra de reacción tras el segundo tanto rojiblanco. Entregó la eliminatoria.

El dato: siete goles
Siete goles ha marcado Diego Costa en los cinco partidos de Champions que ha jugado esta temporada.
Daniel Sanabria / Enviado al Vicente Calderón 

No fue tan agónico como se esperaba, aunque hubo momentos para mayores de 18, incluso de 30. Como el ratito posterior al empate del Milán. Pero el Atleti venció, y lo hizo sin sufrir, escribiendo una página de oro en su historia europea goleando al Milan por cuatro a uno. Cinco en el global de la eliminatoria. Una manita que otorga al Atlético una pizca más de credibilidad de cara a los cuartos de final de la Champions. Europa ha tomado nota: los rojiblancos no son ninguna Cenicienta. Más bien es otro verdugo. 

El encuentro empezó como si fuera una partida al Risk sobre un tablero verde de 120 metros de largo. Y claro, ganó el Cholo. Como siempre. Un decidido Atlético salió como si enfrente estuviera el Albacete (primer acierto), y a los tres minutos ya iba ganando. El escenario soñado. Koke sacó un centro al corazón del área y Diego Costa, en escorzo, batió a un despistado Abbiati. El gol fue una descarga de tensión acumulada durante días, pero también se convirtió en un arma de doble filo. Con el global de 2-0 los rojiblancos dieron un paso atrás. Bueno, dos. Quizá, tres. Y el Milán lo aprovechó. No había hecho nada el equipo italiano cuando Kaká se encontró un balón colgado al segundo palo y remató de cabeza sin oposición. El Milán no merecía el gol, pero tuvo la suerte que no encontró en San Siro. 

El empate fue mucho más que un gol. Fue la aparición de viejos fantasmas. Al Atlético le entraron las dudas y al conjunto rossonero se le quitaron de golpe. Iban a por el segundo. Y a punto estuvo otra vez Kaká de poner las cosas feas de verdad. Un nuevo centro de Taarabt por la banda encontraba la cabeza del brasileño, que remató a escaso medio metro de la portería de Courtois. Susto de los buenos para la parroquia rojiblanca. El Atlético necesitaba cambiar de vida, y lo entendió. 

Una vez recuperada la respiración, el Atleti reseteó su mente y empezó de cero. De nuevo adelantó las líneas y presionó al Milan en su propio campo, sin darle opción a construir jugadas. Hacerle eso al Milán es dejarle sin recursos para crearte peligro, especialmente si sales con De Jong y Essien en el centro del campo. Hasta el final del segundo tiempo ése fue el juego rojiblanco, en campo rival permanentemente. 

El Atlético se apoyaba una y otra vez en Diego Costa, pero sobre todo en Koke, que lideró al equipo en la mediapunta ante la no comparecencia de Arda Turan. Momentánea, por supuesto. El turco tenía guardado un as en la manga y lo sacó en el momento adecuado. Poco antes del descanso Raúl García la cedía con el pecho y Turan, no se sabe si con suerte o picardía, remataba contra un zaguero milanista que despistó a Abbiati. El segundo gol desató la euforia en la grada, y el Atlético se contagió en el campo. Incluso pudo haber matado la eliminatoria en la siguiente jugada, cuando Raúl García remató de chilena como si fuera Van Basten. Se marchó a centímetros del palo. 

Con la lección del primer tiempo aprendida, el Atlético salió en el segundo acto sin pensar en el resultado. Así es como mejor juega. Desinhibido, divirtiéndose, con valentía. Mientras, el Milán, contra su voluntad, debía controlar la pelota e intentar jugar al fútbol. El marcador se lo pedía. Pero ni supieron ni el Atleti les dejó. Acomodado atrás, agazapado, el Atlético esperaba a que los italianos adelantaran líneas y se abrieran los espacios. Al contragolpe caerían unas cuantas ocasiones. No tardó en llegar la primera, dirigida por Diego Costa y culminada con infortunio por Gabi, que la estrelló contra el palo. 

El partido estaba justo como le gusta al Cholo, con un rival obligado a atacar y, por ende, a dejar espacios atrás. Plan perfecto para pasar el segundo tiempo. Pero el tercer tanto rojiblanco llegó a balón parado, otra asignatura en la que el Atlético tiene matrícula de honor. Sobre todo un hombre, Raúl García. Fue una noche mágica para él, anotó de cabeza el tercero y salió ovacionado segundos después. Había cortado las dos orejas y el rabo. 

El global de 4-1 dejaba la eliminatoria sentenciada. Ni el Milán creía en el milagro ni el Atlético pensaba en la tragedia. Eso hubiera sucedido en otros tiempos, no en los del Cholo. Y eso que Robinho envió un balón al travesaño cuando aun quedaba un buen puñado de minutos por jugarse. Pero está visto que incluso los duendes están este año a favor del Atleti. 

Con el Calderón desbocado y el Milán agonizando, el Atlético apretó aún más. Y así llegó el cuarto, obra de Diego Costa tras un disparo raso y cruzado. Su gol cerraba una noche para el recuerdo, una noche que no se vivía desde hacía 36 años, la última vez que el Atlético superaba una eliminatoria de Copa de Europa. Aquella vez cayó en cuartos. En esta ocasión tiene argumentos para pensar en llegar más allá. Dicen los viejos del lugar que el fútbol le debe una Champions al Atlético. Quizá sea esta.
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