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«Me importa mucho la profundidad y la hondura de mis personajes, quiero hacerlos creíbles»

Entrevista a la escritora Inés Plana
Herme Cerezo
domingo, 3 de noviembre de 2019, 09:37 h (CET)

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Inés Plana Giné (Barbastro, 1958) es licenciada en periodismo. Ha desarrollado su carrera profesional en Madrid donde reside. Asaltada por una capacidad fabuladora desbordante, desde pequeña su vocación siempre fue la escritura. Devoradora contumaz de novelas policíacas y también decimonónicas, en el año 2018 dio el salto a la República de las Letras con su primera novela, ‘Morir no es lo que más duele’, protagonizada por Julián Tresser, teniente de la Policía Judicial de la Guardia Civil, galardonada con los Premis Continuará 2018 de TVE en Catalunya y finalista de los certámenes literarios València Negra y Morella Negra. Ahora presenta ‘Antes mueren los que no aman’, editado por Espasa, en el que este singular benemérito ha de enfrentarse al asesinato de una funcionaria de la Seguridad Social y a la búsqueda de Luba, una cría de doce años que desapareció misteriosamente veinticuatro meses antes y cuya pista se recupera ahora. La peripecia de la novela es atractiva e interesante, pero sin duda lo que más llama la atención de la voz de Inés Plana es su capacidad para construir personajes verosímiles, tanto secundarios como principales, y ofrecer al lector una completa radiografía de sus reflexiones, actuaciones y temperamento. Fue un lunes de octubre, pasado el mediodía, cuando Inés Plana y quien suscribe nos sentamos a una mesa del hotel Vincci Lys de València para conversar sobre su nuevo título. La grabadora, piloto rojo encendido, comenzó a registrar preguntas y respuestas. Por este orden. Sin más dilación. Sin cortes.


Inés, ¿qué significa escribir para ti?

Escribir es una necesidad, es alimento, es algo con lo que convivo toda la vida porque siempre quise hacerlo. Nací con ese aliento, con ese impulso. Al principio escribía poemas, relatos y cuentos sin parar. Es algo superior a mí.



Como muchos otros escritores provienes del periodismo, ¿por qué decidiste dar el salto a la ficción, quizá para compensar la dura realidad de la prensa diaria?

No, no, la escritura no es una compensación para mí. Vivo pegada a la realidad, bien cuando trabajo en un periódico o cuando escribo una novela. Pero el tratamiento es diferente. En la prensa, la verdad es obligatoria y en la literatura escribo desde mi propia verdad. De alguna manera en ambos medios siempre revoloteo en torno a la verdad, objetiva o subjetiva.



En tu caso, al sentarte a escribir ‘Antes mueren los que no aman’, tu segunda novela ¿ha existido miedo al papel en blanco?

No, la verdad es que no. Empalmé la escritura de la segunda novela con la primera y, cuando se publicó ‘Morir no es lo que más duele’, ya llevaba escritas más de ciento cincuenta páginas de ‘Antes mueren los que no aman’. Me puse a escribirla sin conocer si la primera tendría éxito o no. Lo que sí he percibido ha sido responsabilidad conmigo misma por hacer las cosas bien. Nada más. Sabía que la segunda novela se mira con lupa, porque es el comienzo de la consolidación de la carrera de una escritora.



¿De tu primera novela aprendiste algo que has aplicado aquí?

Todo, he aplicado todo lo que aprendí en la primera, que me proporcionó más soltura y osadía a la hora de concebir las tramas. Las de esta segunda novela son más complejas. La experiencia de que te publiquen es maravillosa, igual que la promoción, el contacto con los medios, con los lectores… Todo es estupendo, es un mundo de sensaciones muy gozoso y me considero una privilegiada al verme premiada por mi esfuerzo. Tengo muchas ganas de continuar escribiendo, porque eso es lo que me hace feliz.



Hace unas semanas, la periodista Marina Sanmartín, en un artículo publicado en ABC Cultural, te incluía dentro de las grandes promesas del género negro de este país, ¿cómo se lleva eso con tan solo dos novelas publicadas?

Me colma de alegría que me incluyera dentro del grupo de escritoras de novela negra, que cita en su artículo. Ignoraba que iba a publicarlo y, cuando me encontré al lado de otras autoras y leí que decía que la proporcionalidad existente entre la intriga y el delirio en mi novela resultaba impecable, pues pensé que era lo más bonito que se podía decir sobre mi escritura.


¿Por qué elegiste el género negro para comenzar a escribir?

Desde pequeña me atrae mucho la truculencia, lo escabroso, lo mórbido y, de alguna manera, el argumento que elegí para mi primera novela era una historia criminal. No me gusta el gore, pero sí me interesan ciertas atmósferas que se crean a su alrededor. Me apasiona el cine negro de los 40 y las novelas negras. Considero a Patricia Higsmith mi maestra. Me encanta esa extraña sensación que percibo de que, a sus personajes, gente normal y corriente, de repente, les sucede algo extraordinario o doloroso. Creo que nadie es absolutamente bueno, nunca. Todos tenemos una parte oculta, que me seduce explorar. Me interesa descubrir cómo una persona pasa al otro lado y qué es lo que le impulsa a ello.



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Que te seducen estos temas se nota en los títulos de tus dos novelas publicadas, ‘Antes mueren los que no aman’ y ‘Morir no es lo que más duele’, en ambos la muerte está presente.

Sí, en la primera novela aparece porque forma parte de un verso muy importante de la escritora Emily Dickinson; y, en la segunda, porque, de los títulos que presenté a la editorial, que fueron varios, ése les gustó mucho. Me dijeron que se parecía al de mi anterior novela, que tenía cierto aliento poético y reflejaba bien su espíritu, ya que los primeros que mueren son los que no aman.



¿Tenías claro el final de la novela desde el primer momento o te has dejado llevar por la historia?

Sí, tenía claro el principio y el desenlace desde el primer momento. Si ahora me pusiera a escribir una tercera novela también ocurriría lo mismo, porque todo ha de confluir hacia el final. Ahora bien, tú escribes y, a medida que lo haces, te van surgiendo historias que decides incluir o no.



‘Antes mueren los que no aman’ está escrita en tercera persona, ¿por qué?

Me siento más cómoda así, quiero ser la narradora que está por encima de todo. Además, me gusta mucho leer novela decimonónica en tercera persona y tal vez sea por eso. No me siento bien con la primera y la segunda personas, son muy arriesgadas y no siempre ofrecen buenos resultados.



Te introduces mucho en la mente de los personajes, tanto masculinos como femeninos, ¿esos perfiles psicológicos están basados en personas reales?

No, me lo invento todo. Puedo usar un referente físico, pero un perfil psicológico no. Me gusta crear vidas, observarlas y estudiarlas. Me importa mucho la profundidad de los personajes, su hondura, hacerlos creíbles. Quiero que la gente piense que lo de menos es el crimen, que lo más importante son los personajes y el modo en que ellos interactúan. Dicen que ésa es mi mejor aportación a este tipo de novelas y me siento muy orgullosa por ello.



Cuéntanos algo de tu protagonista, ¿cómo es Julián Tresser?

Tresser es un teniente de la Guardia Civil, solitario, taciturno, estricto, también un poco cuadriculado y con escasas habilidades sociales fuera del Cuerpo. En la primera novela, investigó un caso en el que se implicó mucho, tanto que le llevó a descubrir cosas que ignoraba de su propia vida. En ‘Antes mueren los que no aman’, él ha evolucionado. Ahora busca a una niña, Luba, atrapada en una red de prostitución, con el propósito de encontrarla y adoptarla para darle una segunda oportunidad. Esta actitud supone un paso grande en su relación con los demás y el mundo de los afectos. Ahora vive también una relación sentimental, con sus contradicciones, y observa lo dificultoso que le resulta sacarla adelante. A veces, en su oficio se enfrenta a dilemas entre lo que ha de hacer y lo que él haría. Sin embargo, tiene un alto sentido del deber y cumple con su obligación.


En plena Nochebuena, delante de la mujer que cree amar, ha de intervenir para detener a dos vándalos que iban por la calle rompiendo los cristales de algunos coches, ¿un guardia civil siempre está de servicio?

Sí, es una escena situada en Nochebuena como dices. Él ha terminado de cenar con su capitán y está con Adelaida, la mujer de su vida o, al menos, eso cree él. De repente ve lo que ocurre, se transforma en guardia civil y reduce a los gamberros. Después se avergonzará de haber empleado no la violencia, pero sí la fuerza, para detenerlos. Y eso le muestra que se siente un poco acomplejado ante ella por su oficio.



A Tresser no le gusta mucho trabajar con mujeres guardias civiles, ¿no?

Sí, en la primera novela no lo soportaba y, de hecho, fue acusado por los lectores de machista y homófobo. Sin embargo, en ‘Antes mueren los que no aman’, la comandante del puesto es una mujer y Tresser percibe que los tiempos están cambiando y que, de alguna manera, tendrá que adaptarse, si no quiere convertirse en un ser decimonónico. En 2019 se han cumplido treinta años de la primera promoción de mujeres guardias civiles y ahora su presencia en los cuarteles está más asumida, pero, como todos los cuerpos militares, la Guardia Civil era un mundo machista y, por supuesto, aquellas primeras guardias no debieron de pasarlo demasiado bien.



Coira, el guardia civil que colabora con Tresser, es gallego y cuando regresa a Galicia no se siente cómodo, percibe un rechazo por parte de su familia. ¿Pertenecer a la Guardia Civil no está muy bien visto en según qué ambientes o solo es una percepción de Coira

Hay un poco de ambas cosas. En Galicia, con el asunto del narcotráfico, es posible que no se vea bien a la Guardia Civil, que detiene a los narcos que «ayudaban» a la gente con su dinero para comprar voluntades y adhesiones. Particularmente, en la familia de Coira son pescadores desde siempre y él ha roto la tradición. Por eso ha tardado cuatro años en regresar a su tierra y se siente fuera del clan, entre otras cosas, porque no le hablan en gallego sino en castellano. El propio Coria dice que se fue de Galicia para no sufrir el problema de hacer la vista gorda con los narcos. El narcotráfico ha sobrevivido gracias a la complicidad de muchos gallegos y, de esta manera, resulta muy difícil poner la cara al malo, cuando el malo es malo ante la ley, pero bueno contigo.



En ocasiones, los jueces, con sus decisiones estrictas y legales, entorpecen el trabajo de los guardias civiles, ¿cómo es la relación entre la Benemérita y la judicatura en general?

Por lo que me he podido documentar no es mala, pero tampoco buena. Hay mucho papeleo, burocracia, vivimos en un estado garantista y eso obstaculiza mucho las investigaciones. Es inevitable que esto ocurra. Para cualquier intervención hay que pasar por un juez y cada uno de ellos lo ve de una manera distinta. Hay jueces que encajan mejor que otros en un caso. Algunos son más rápidos, mientras que otros dilatan las acciones por cualquier motivo.



Tus dos novelas están ubicadas en plena crisis de 2008, ¿por qué ese interés? ¿Qué le aporta la crisis a la trama?

En una situación así, los personajes actúan de un modo más extrapolado. Para escribir, necesito tomar distancia y a mí la crisis de 2008, siendo periodista, me afectó enormemente. La viví con mucha frustración y desesperanza. Nos cambió a todos y después ya no volvimos a ser los mismos. Antes hubo otras, pero ninguna tan importante y con tantas repercusiones como aquella. Al final. hubo que rescatar a los bancos con nuestro dinero y eso me parece muy cruel. Sin embargo, creo que no hemos reflexionado suficiente sobre este asunto, especialmente ahora que parece que se nos viene encima una nueva crisis.



‘Antes mueren los que no aman’ aborda también el tema de la trata de blancas y de la prostitución en España, ¿la crisis acentuó las ganancias de este lucrativo negocio?

Creo que sí. Los hombres son machistas y, de alguna manera, la prostitución significa dominación y, cuando a uno le han dejado sin nada, se puede ir con una prostituta a la que puede depravar, degradar y humillar. Cada vez que un hombre visita un prostíbulo debería saber el daño que está causando con su actitud. Soy abolicionista. En España, este negocio obtiene unos beneficios de seis millones de euros al día, sin diferenciar entre mujeres y niños. Me parece incomprensible que esto siga sucediendo en pleno XXI. Cada vez, la trata de blancas parece más descarnada y hay que tener claro que la prostitución, el narcotráfico y la corrupción no pueden seguir adelante sin la complicidad del sistema. Eso es muy peligroso e inquietante, porque en todo esto hay políticos implicados, policías corruptos, fondos de inversión opacos… y todo eso una sola persona no lo puede hacer.



Acudiste a València Negra en el año 2018, ¿te resulta beneficioso participar en este tipo de festivales literarios?

Asistir a estos eventos es una de las mejores experiencias que puedo tener, porque me permite conocer otros escritores. En concreto, en València Negra me fui con dos nuevos amigos, María Frisa y Enrique Llamas, y pude estar más tiempo con un autor que adoro, como es Carlos Zanón, una persona encantadora y muy generosa, con mucho talento, cuya escritura me parece un festín literario. Volviendo a València Negra, fue el primer festival al que acudí y disfruté mucho. En las mesas redondas puedes aprender cómo piensan otros escritores, cómo abordan sus novelas y qué temas les preocupan. Y todo eso es enormemente enriquecedor.



Hemos hablado de literatura, de la Guardia Civil, de los narcos, de la prostitución, de los jueces, del género negro y de la psicología de los personajes, pero nos falta una cuestión para concluir: ¿dónde queda Inés Plana en la novela?

Puede que esté en todos los personajes y en ninguno. También puedo estar en Adelaida y sus sueños de mujer independiente, pero me he dado cuenta de que, con quien tengo muchas cosas en común, es con Julián Tresser. Aunque no soy guardia civil, ni tan solitaria como él, me he visto reflejada en lo borde que resulta en algunos momentos −me ha fastidiado reconocer que también yo puedo llegar a serlo− y he observado que es tan metódico como yo. Por lo tanto, mentiría si dijera que no tengo nada que ver con él. También Luba tiene algún detalle mío, sobre todo su inocencia, a pesar de lo mal que lo ha pasado en la vida.

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