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Querida España

Nazareth Heredia
Nazareth Heredia
jueves, 29 de junio de 2006, 22:06 h (CET)
El día 14 de junio me enamoré. Tú intentabas conquistarme desde hacía mucho tiempo, pero siempre metías la pata y acababas demostrándome que no eras digno de mi amor. Sí de mi simpatía y cariño, pero no podías llegar a ser algo más. No terminabas de llenarme, de realizarme por completo como persona. Pero a base de sacrificio y lucha me conquistaste.

El día 14 de junio sentí el cosquilleo de felicidad más grande de mi vida. Me demostraste que valía la pena estar contigo, que todos los esfuerzos por convencerme estaban dando su fruto. No podía rechazarte ahora. Me tenías encandilada, maravillada. Tras encontrarme contigo tuve la sensación de que era el momento de acercarme y poner todas mis ilusiones y mi entrega en ti. Llegó el momento de enamorarme.

Parecía no equivocarme. Apenas unos días más tarde, volviste a demostrarme de lo que eras capaz por mí. Me ilusionó como nunca lo que habías hecho. Me diste a entender que esta vez sí lo darías todo y que me harías la mujer más feliz de la tierra. Hubo una tercera entrega, menos emotiva que las demás, pero grande para mí. Estar contigo era como estar en una nube, soñando. No me fuiste infiel con la ucraniana ni con la tunecina; tampoco con la árabe. Me querías sólo a mí. Me dije: “esta vez no vas a defraudarme”.

Pero volviste a hacerlo. No fue a conciencia, lo sé. Luchaste como siempre, aunque algo más despistado. Te fuiste con la francesa. El corazón me dio el vuelco más grande que me podría haber dado nunca. Sentí rabia, impotencia y coraje. Se me partió el corazón. Estuve a punto de mantenerte a mi lado, pero el “voulez vous coucher avec moi ce soir” pudo más que mis ganas de tenerte.

Ahora estás triste y apenado. Con la cabeza baja intentas mirarme a los ojos, pero no puedes. Querías hacerme feliz, ilusionarme hasta no poder más, pero no fuiste capaz. Te pudieron los nervios y la seducción de la francesa, mucho más vieja que tú incluso. Yo ahora intento mirar para otro lado, pero no puedo. Sé que me necesitas. Y yo, aunque me hayas quitado la ilusión, también te necesito a ti. Somos uno.

Ahora no puedo abandonarte. No me lo podría perdonar. Me hiciste daño, pero tengo que saber estar, olvidar y apoyarte como si no hubiese pasado nada. Lo necesitas más que nunca y yo no puedo fallarte. Lo pusiste todo por mí y yo no voy a darte la espalda. La herida sanará y sé que volverás a intentarlo y que algún día me demostrarás que eres capaz de todo por mí. Y cuando lo consigas, me lo dedicarás y me darás el regalo más grande que un enamorado puede hacer: tu alma. Hasta entonces, quiero que sepas que siempre estaré contigo, que siempre te querré, pase lo que pase. Siempre a tu lado España.

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