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"Carlos I quería conservar el estilo de gobierno antiguo y ser un garante de las tradiciones"

​José Luis Corral, historiador y escritor
Herme Cerezo
miércoles, 10 de julio de 2019, 14:25 h (CET)

José Luis Corral


Con su novela 'Los Austrias. El dueño del mundo' José Luis Corral cierra su trilogía sobre el Emperador Carlos I.

En el año 1539, abatido por la muerte de su esposa Isabel de Portugal, el emperador Carlos de Austria se encerró en un convento y se aisló del mundo. Sus enemigos, no obstante, no descansaban y amenazaban sus dominios: la ciudad de Gante se rebeló, los turcos avanzaban hacia Europa, los protestantes cuestionaron su autoridad y Francia y el papa le fueron hostiles. Carlos V reaccionó y, con los tercios viejos como fuerza de choque, consiguió importantes victorias que lo encumbraron como dueño de medio mundo. En los últimos días de su vida, se retiró al monasterio de Yuste, donde moriría sumido en la melancolía y sus recuerdos. Con ‘Los Austrias. El dueño del mundo’, editado por Planeta, tercer y último volumen dedicado al soberano habsburgués, José Luis Corral (Daroca, 1957) pone punto final a este trabajo que le ha ocupado los últimos cuatro años de su carrera como novelista. En una reciente visita a València, resguardados del calor reinante por los muros de uno de los salones del Museo L’Iber de Soldaditos de Plomo, pudimos conversar durante un rato, que supo a muy poco la verdad, sobre esta nueva novela suya. Escuchar a José Luis Corral es asistir a una clase de Historia, esa materia que tanto le apasiona como docente y como novelista.

Portada de "Los Austrias. El dueño del mundo"

José Luis, con ‘Los Austrias. El dueño del mundo’ cierras tu trilogía sobre Carlos I, ¿esta obra molesta o puede molestar a alguien?

Desde luego, no creo que moleste a quienes hace quinientos años protagonizaron los episodios que relato en los libros [risas], pero lo que tengo claro es que yo, por ser políticamente correcto, no me voy a cortar nada con gente que tiene una idea errónea sobre la Historia. Lo que he contado son acontecimientos debidamente documentados a los que les he añadido el toque literario que toda novela histórica ha de tener. Sé que a algunos, sobre todo a ese ultranacionalismo españolista que nos empieza a invadir, protagonizado por Vox y algunas derivas del PP y Ciudadanos, les puede molestar, pero no me importa. En la primera novela de esta trilogía ya desmonté ese pannacionalismo españolista, que pretende llevar el origen de España hasta los Reyes Católicos.

A comienzos de 2019, Geoffrey Parker publicó una monumental biografía sobre Carlos I y pocos meses después has concluido tu trilogía sobre su persona, ¿es 2019 el año de Carlos I?

[Risas] No me he puesto de acuerdo con él, ha sido pura coincidencia. Imagino que lo ha hecho, porque se trata de su personaje favorito. Parker se ha pasado media vida trabajando sobre él y ha publicado su biografía en el momento en que se cumple el centenario de su proclamación como emperador. Una conmemoración, por cierto, que está pasando muy desapercibida.

Carlos I inauguró la dinastía de los Habsburgo en nuestro país y Carlos II la cerró, ¿cuál fue su gran aportación a la monarquía hispana?

En realidad, la saga empezó con su padre, con Felipe El Hermoso, pero estuvo muy poco tiempo. Los Habsburgo tenían muy claro un concepto fundamental en política: el linaje es lo más importante. Todas las mujeres de la familia estaban perfectamente educadas para servir a su familia. Cuando Carlos I envió a sus hijas, a sus hermanas o a sus tías para casarse con príncipes de otros países las estaba utilizando. Sin ir más lejos, a su hermana mayor la casó con Francisco I, que además de ser su enemigo, era un canalla, un mentiroso y un traidor. Es verdad que esto puede sonar un poco a mafia y que a ojos de hoy es una barbaridad, pero fue así. También tenían muy claro que ellos formaban parte de un linaje destinado a construir un gran imperio y, por tanto, tenían que convertirse en la primera familia del mundo. Y por supuesto lo consiguieron porque construyeron un imperio enorme.


¿Qué tipo de gobernante fue Carlos I?


Carlos I fue el último caballero medieval. Él es el rey, el emperador, el propietario natural del territorio y hasta la llegada de los Borbones mantuvo una estructura política absolutamente medieval. De hecho, él se autodenominaba rey de Castilla, de Aragón, Conde de Barcelona, etcétera. Cada territorio disponía de sus propias cortes, fueros, leyes y monedas. Conforme avanzó el centralismo durante los siglos XVI y XVII se recortaron un poco estos derechos, pero los territorios mantuvieron su autonomía.


Y ¿qué modelo de gobierno llevaron al Nuevo Mundo?


Especialmente con Cortés, que era una persona culta que ya participó como soldado en la toma de Granada, y con Pizarro, los españoles llevaron a los territorios americanos los mismos preceptos que animaron la Reconquista. Las cartas de Hernán Cortés al Emperador, en las que le informa de sus progresos, reflejan esa idea de continuidad. Buscaban cristianizar, pero al mismo tiempo querían que se mantuviera la idiosincrasia de los pueblos indígenas. Y creo que lo consiguieron porque, cuando los españoles abandonaron las colonias a lo largo de toda Sudamérica habían fundado 47 universidades, a las que podían acudir los indígenas. Si lo comparamos con los ingleses, ellos no fundaron ni una sola universidad sus colonias, sin embargo, la Leyenda Negra recayó sobre los españoles.


Acabas de citar la Leyenda Negra de la conquista de América, algo sobre lo que se ha escrito mucho, ¿la Leyenda es cierta o estamos ante una mentira?

Bueno, las noticias falsas, las «fake news» que ahora están tan de moda, siempre han existido. Los faraones egipcios ya las usaban en su beneficio. Cuando Ramsés II volvió a su país, tras haber sido derrotado por los hititas en la batalla de Qadesh, hizo que sus escribas tallasen en Karnak y Luxor imágenes de la batalla, pero todo lo que allí se ve es falso. Esto, como digo, es algo que se ha hecho siempre. Los españoles nos hemos tirado piedras sobre nosotros mismos. No disponemos de textos de los indígenas americanos sobre nuestra conquista, porque lo que tenemos son atavismos escritos cincuenta años después por personas que transcriben en español lo que les contaron sus abuelos y, aunque es un documento histórico, no sé si se puede utilizar como prueba documental.


Después de impartir clases de Historia en la Universidad de Zaragoza durante más de cuarenta años, tras escribir esta trilogía ¿ha variado tu opinión sobre Carlos I?


Sin duda que sí. El historiador no quiere entender demasiado el perfil humano de los personajes. Existe una idea clara del imperio, de la figura y de la trascendencia política de Carlos I, pero el aspecto humano es casi anecdótico y se centra en unos pocos detalles: que tenía gota, que estaba muy enamorado de su esposa y poco más… En la novela, respetando la documentación, lo que he intentado es comprender qué había detrás de todo eso: sus enfrentamientos, sus miedos, sus venganzas, su inocencia, digo inocencia porque su gran enemigo Francisco I lo engañó en más de una ocasión. Tengo la impresión de que humanamente Carlos I no estaba preparado para atender el peso de la tarea que recayó sobre sus hombros: cuidar sus reinos, conquistar América, lidiar con Enrique VIII, combatir la herejía protestante de Lutero y frenar a los turcos en el Mediterráneo. A pesar de todo, logró soportarlo. Físicamente, sus últimos cuatro o cinco años de vida fueron un completo calvario.


Supongo que los consejeros que tuvo a su lado le ayudarían en su cometido, ¿no?


El desdeñó las recomendaciones de algunos de ellos, pero Granvela y Quintana fueron extraordinarios consejeros y le advirtieron de que los tiempos de la monarquía absoluta estaban cerca. Para ello se fijaban en el concepto de la «auctoritas» del Imperio Romano. Como emperador, Carlos I era soberano por la gracia de Dios y, en consecuencia, si atentaban contra él no sólo se trataba de un golpe de estado, sino también de un pecado. No hay que olvidar que a los reyes y emperadores los ungían los prelados eclesiásticos. Sin embargo, Carlos quería conservar el estilo de gobierno antiguo y ser un garante de las tradiciones. Por eso tuvo que viajar a Aragón y Catalunya para jurar sus fueros. A València no acudió y los valencianos protestaron, estallando la revuelta de las Germanías. El emperador vivió siempre en un estado de permanente contradicción.


¿El gran fracaso del reinado de Carlos I fue que no pudo evitar el triunfo del protestantismo en Europa?


Carlos I no pudo frenar la expansión del protestantismo y, desde el punto de vista de la ortodoxia católica, sí puede considerarse como un fracaso. Tras la batalla de Mühlberg en 1547, parecía que los príncipes alemanes se daban por vencidos, pero surgieron otros problemas protagonizados por Inglaterra, Suiza y por los turcos, que llegaron a plantarse ante las puertas de Viena, tras ocupar Hungría, Grecia y los Balcanes. Al final de sus días, fue consciente de ese fracaso, porque no había conseguido convertirse en rey del mundo, tal y como le decían algunos tiralevitas que tenía a su lado. Sin embargo, aunque su objetivo de un solo dios, una sola religión y un solo imperio no fue posible, no podemos considerar su reinado como un fracaso en general, porque sí consiguió muchas otras cosas.


Has comentado antes que Carlos I fue el último monarca medieval, ¿eso implica que se le pueda considerar también como el primer rey de la modernidad?


A pesar de que él continuaba vistiéndose al modo medieval para las batallas y que participó en justas y torneos, el arte de la guerra fue cambiando. Con la aparición de la pólvora, los cañones y los mosquetes las cargas de la caballería perdieron importancia, porque los mosquetes podían frenar sus ímpetus con disparos certeros desde una distancia de quinientos metros. Y sí, Carlos fue el primer monarca de la modernidad en el sentido de que sus consejeros le fueron infundiendo la nueva forma de entender el mundo a través del Derecho. En este sentido, fue fundamental la figura de Francisco de Vitoria, profesor de Salamanca, que rompió el esquema del Derecho Feudal establecido por estamentos, nobles, burgueses, siervos, a través del Derecho de Gentes, aplicándolo incluso para los indígenas americanos. De Vitoria fue un avanzado a su época y explicaba cosas que en otros países se conocieron en el siglo XVIII.


Terminamos por hoy, ¿tienes ya algún futuro proyecto literario en ciernes?


Estoy trabajando en un par de proyectos, recopilando notas y datos. Ambos se desarrollan en la Edad media, pero todavía no sé por cuál de los dos me voy a decidir para seguir hasta el final.

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