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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

Crónicas marcianas, crónicas humanas

Herme Cerezo
Herme Cerezo
martes, 1 de agosto de 2006, 23:01 h (CET)
Uno descubre algunos aniversarios por puro azar; otros, porque los heraldos mediáticos pregonan su inminencia. 2006 se promete muy rico en efemérides (¡qué horrible palabra!, pero miren por donde, inevitable) y, oigan, no voy a dejar escapar ni uno. El aniversario del que hablaré hoy pertenece al primer grupo, al del puro azar.

Hace sesenta años justos, en 1945, el escritor Ray Bradbury (Waukegan, Illinois, 1920) escribió una de sus mejores obras: “Crónicas marcianas”. Algún avispado, tras leer esto, se llevará las manos a la cabeza y dirá “este tío se quiere quedar con nosotros. Eso no es un libro sino un programa de televisión”. Y ese listillo ya puede envainársela, porque el programa de televisión tomó prestado su nombre, ignoro si pagando intereses o no, de la novela de Bradbury

Cuando nos referimos a “Crónicas marcianas” no podemos hablar de una novela sino de veinticinco relatos, ubicados temporalmente entre 1999 y 2026, con títulos diferentes y longitud dispar, que guardan un hilo conductor entre ellos. A priori tenemos la sensación, sensación provocada por las series de televisión y las historias de ovnis que hemos oído contar, de que trata de invasiones marcianas. Pero no es así. Las “Crónicas...” narran la llegada del ser humano al planeta Marte, el rechazo inicial por parte de los indígenas, el asentamiento humano y el exterminio de la raza marciana, la colonización del planeta y, por último, el regreso a la Tierra. En este sentido, pues, el libro bien podría haberse titulado “Crónicas terrestres”.

Los primeros cohetes que se posan en la superficie de Marte y sus tripulantes son fácilmente destruidos por los marcianos, que manejan un lenguaje telepático que les permite entenderse con sus visitantes a la perfección. Pero el Hombre (con mayúsculas) poco a poco se posesiona de Marte y construye una auténtica réplica de la organización social terrestre. “Llegaron a las extrañas tierras azules y les pusieron sus nombres: ensenada Hinkson, cantera Lustig, río Black, bosque Driscoll, montaña de los Peregrinos, ciudad Wilder, nombres todos de gente y de las hazañas de gente”. El Hombre de Bradbury se comporta con los marcianos como los norteamericanos lo hicieron con sus antepasados (esos parientes pobres llamados indios): exterminándolos. Marte, en este sentido, se presenta como una auténtica tierra de promisión (algo parecido a la conquista del salvaje Oeste) y es lugar idóneo para familias acomodadas, buscadores de fortuna y aventureros de diversa catadura. Pero Bradbury no olvida el punto de partida e intercala retazos simultáneos de la vida terrestre. “Un camino a través del aire” es una auténtica joya, una obra maestra, el retrato de la lucha de los negros por emanciparse de la opresión blanca. Así todos ellos, en bloque, parten hacia el nuevo planeta ante la estupefacción, teñida de ira, del hombre blanco, cuya reacción ante la pérdida de su estatus dominador alcanza cotas increíbles. “No pueden irse, no pueden hacerlo”, llegará a decir uno de los personajes. Toda una denuncia.

Hay también en “Crónicas marcianas” un anticipo del argumento de otra novela de Bradbury, “Farenheit 451”. El capítulo “Usher II”, además de un homenaje a Edgar Allan Poe, narra la venganza que el terrícola William Stendahl dirige contra los inspectores de la administración, auténticos inquisidores encargados de descubrir y destruir bibliotecas, en un momento en el que la literatura ha sido proscrita en la Tierra.

El fin del libro coincide con la llegada de los ancianos, “las pasas de uva, las momias”, al planeta rojo (“Los viejos”) y con el estallido de una guerra nuclear en la Tierra (“Los pueblos silenciosos”), que provocará el regreso de los terrícolas, salvo alguna excepción, a su planeta madre. Cuando el Hombre abandona Marte deja tras de sí un triste y desolador recuerdo de su paso por allí.

Sé muy bien que con la reseña de este libro no descubro nada nuevo. La Ciencia Ficción es un género consolidado en la Literatura. Pero es que “Crónicas marcianas”, sesenta años después de su publicación en EE.UU., continúa mostrándose irresistible, sin perder un ápice de actualidad ni de realismo. Todo lo contrario, se revela como un análisis duro, pesimista, implacable y certero del comportamiento humano y, tal y como ya dije cuando les hablé de “Blade Runner”, tiende otra invitación para reflexionar sobre nuestro presente, nuestro pasado y nuestro futuro como especie.

“Crónicas marcianas” es un fresco del hombre del siglo XXI tal y como lo veía – supongo que seguirá viéndolo igual en su retiro de Los Ángeles – Ray Bradbury en 1945. En realidad, es un fresco intemporal sobre la naturaleza humana y su modo de ser. Ese mismo fresco que llevó a Jorge Luis Borges a exclamar en el prólogo: “¿Qué ha hecho este hombre de Illinois, me pregunto, al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me llenen de terror y soledad”.

Bradbury puede sentirse orgulloso de sus “Crónicas”, puede estar tranquilo. Su paso por la Tierra, el día que la abandone, tal y como hicieron los colonos de Marte en su novela, no será olvidado con facilidad. Seguro que no.

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'Crónicas marcianas', de Ray Bradbury. octubre de 2005. Ediciones Minotauro. 7,95 euros.

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