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"Black es un artesano; Banville intenta ser un artista, cuando ni siquiera sabe lo que significa eso"

Entrevista al escritor John Banville-Benjamin Black
Herme Cerezo
lunes, 7 de mayo de 2018, 06:39 h (CET)



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John Banville (Wexford, Irlanda, 1945) ha trabajado como editor de The Irish Times y es habitual colaborador de The New York Review of Books. Con ‘El libro de las pruebas’ fue finalista del Premio Booker, que obtuvo en 2005 con ‘El mar’, consagrada además por el Irish Book Award como mejor novela del año. Destacan también sus obras ‘El intocable’, ‘Los infinitos’ y la ‘Trilogía «Cleave»’, ciclo de novelas que incluye ‘Eclipse’, ‘Imposturas’, ‘Antigua luz’, uno de los mejores libros del año según la crítica y ‘La guitarra azul’. Bajo el seudónimo de Benjamin Black ha publicado con gran éxito de público y crítica ‘El lémur’, la serie de novela negra protagonizada por el doctor Quirke –‘El secreto de Christine’, ‘El otro nombre de Laura’, ‘En busca de April’, ‘Muerte en verano’, ‘Venganza’, ‘Órdenes sagradas’ y ‘Las sombras de Quirke’–, ‘La rubia de ojos negros’, en la que, por invitación de los herederos de Raymond Chandler, resucitó al mítico detective Philip Marlowe, y ‘Pecado’. En 2011 recibió el prestigioso Premio Franz Kafka, considerado por muchos como la antesala del Premio Nobel, y en 2013 fue galardonado con el Premio Austriaco de Literatura Europea, y, en España, con el Premio Leteo y el Premio Liber. En 2014 le fue otorgado el Premio Princesa de Asturias de las Letras, por «su inteligente, honda y original creación novelesca» y por «su otro yo, Benjamin Black, autor de turbadoras y críticas novelas policiacas». En 2017 fue galardonado en Barcelona con el Premio RBA de Novela Policiaca por su obra ‘Pecado’ y ese mismo año los lectores le adjudicaron el Premio València Negra 2017. Un año tras otro, John Banville es considerado por los críticos y prensa especializada como candidato al Premio Nobel de Literatura.

Llegó con puntualidad irlandesa, es decir, anticipadamente, a la cita con la prensa valenciana. Los organizadores de València Negra lo tenían todo dispuesto y previsto. Benjamin Black, o John Banville, tanto monta, Premio València Negra 2017, apareció por el fórum de la Fnac Sant Agustí con chaqueta y camisa azul oscuro, indefinido, un pantalón gris y el acostumbrado pañuelo granate asomado al bolsillo superior de su americana. Él éxito de sus novelas, bajo cualquiera de sus dos firmas, Banville o Black, es enorme, aunque bien es cierto que su masiva popularidad la ha alcanzado merced a la serie de novelas protagonizadas por el patólogo forense Quirke. Tranquilo, con rictus expectante, amable, el escritor atendió a los fotógrafos y posó de todas las maneras imaginables: de pie, sentado, pensativo, risueño, con un libro, con dos…


A continuación dio comienzo la rueda de prensa. En la mesa Jordi Llobregat, director del festival; los representantes de Bromera y Alfaguara, Gonçal López Pampló y María Fasce, respectivamente; la traductora, María Jesús Plasencia, y el propio autor. Como preámbulo, Banville quiso dejar claro que no le gusta la catalogación y que no establece diferenciaciones entre sus novelas, policiacas o no, porque «no existe un género mayor o menor, sólo hay buena o mala literatura. Lo demás no importa. Daría todas las novelas de Camus o de Sartre a cambio de una sola de Simenon». Después de una hora exacta de preguntas y respuestas, Black propuso concluir el acto: «Como diría Jane Austen: “ustedes ya han disfrutado bastante”. Si les parece bien lo dejamos aquí». Se levantó la sesión y llegó el turno para las entrevistas.


¿Por qué escribe Benjamin Black o qué significa la escritura para usted?

Respirar… Para mí escribir es respirar. La escritura me ayuda a entender la realidad, a interpretarla. A veces mi mujer me pregunta a qué me dedicaría si dejase de hacerlo: ¿a la política, a ayudarnos a todos…?


¿Siempre tiene claro cuándo va a escribir una novela como Banville y cuándo como Black?

Al comenzar con Quirke, intenté ser Benjamin Black por la mañana y John Banville por la tarde, pero no funcionó. He ser uno u otro. La idea de que somos siempre la misma persona, que tenemos una sola alma, procede de la religión. No somos la misma persona por la mañana que por la noche o al mediodía. Todos somos muchas personas. En un programa de la televisión que rodaron sobre mí, la gente sacó la conclusión de que yo era un tipo muy simpático. Cuando lo vio mi mujer me dijo: «los has engañado a todos».


En una entrevista del año 2016, declaró que Banville y Black, no se llevaban demasiado bien, ¿estamos ante un caso de envidia porque Black vende más que Banville?

No, es porque a Black la resulta más fácil escribir que a Banville. Black es un artesano, acaba las cosas lo más bonitas y pulidas que puede y yo me siento orgulloso de sus libros porque están bien hechos. Cada año, al finalizar el verano Black dice: «mira qué bien, ya he terminado otra novela». Y el otro lo mira. Banville intenta ser un artista, cuando ni siquiera sabe lo que significa eso, y el pobre hombre se encuentra sumido en un tormento constante


Aunque usted diga que los libros de Black sólo están «bien hechos», lo cierto es que le han aportado un soplo de calidad literaria al género negro.

Cuando publiqué la primera novela y me reuní con el editor para entregársela, me preguntó que cómo era que me había metido en la novela negra. Y yo le respondí: “¿Esto es novela negra? Si lo que yo pretendía era escribir algo comercial para ganar dinero”. Desde luego, si empezase de nuevo con la serie, haría que Black matase a muchas mujeres jóvenes del modo más cruel y rebuscado posible, porque parece que ahora es la única manera de vender novela negra. He tratado de narrar historias que fueran como la vida real, plausibles. Los asesinatos de Black son tapados, casi desapercibidos. Si Henning Mankell hubiese asesinado a tanta gente en el Dublín de los años cincuenta como en sus libros, la capital irlandesa ahora sería una ciudad despoblada. Cualquier asesinato de los suyos cometido en aquel entonces sería portada de los periódicos durante seis meses.


Acaba de hablar del Dublín de los años cincuenta del pasado siglo, ¿qué le llevó a ubicar las novelas de Quirke en ese entorno?

Es un escenario perfecto para la novela negra. Una sociedad con muchos secretos, crímenes ocultos, crímenes que empezamos a descubrir ahora, de niños pequeños, de mujeres jóvenes… En los años cincuenta se suponía que Irlanda era un país santo y estamos viendo que era un lugar extraordinariamente perverso, donde se fumaba y bebía demasiado y donde el sexo se practicaba a escondidas, siempre oculto. Insisto, es el territorio y el momento ideal para la novela negra.


Al día de hoy, ¿la influencia de la Iglesia Católica en la vida irlandesa es tan patente como entonces?

No, no [taxativo]. Ninguna, nada. Ya no ves ningún cura vestido así por la calle y a los que vemos los reconocemos porque llevan calcetines blancos [sonrisa]. El resto de su indumentaria es normal, como la de cualquier otra persona.


Al leer sus novelas imagino las imágenes en blanco y negro, ¿le sucede a usted lo mismo?

Sí. Bueno, blanco, negro y también gris… Muy gris.


Con un personaje tan potente como Quirke entre las manos, ¿por qué decidió escoger la tercera persona para narrar? ¿No cree que hacerlo en primera persona también hubiera resultado enormemente atractivo?

No, Quirke no es suficientemente autoconsciente para hablar en primera persona, no se entiende a sí mismo... Bueno, nadie nos entendemos a nosotros mismos, pero él está agobiado con su forma de ser. De todos modos, podría ser interesante y algún día podría hacerlo. [Me pide mi lápiz y el cuestionario de preguntas, se coloca como si estuviera en su escritorio] Me imagino sentado así y escribo: My name is Quirke… [Se detiene en silencio, me mira] Y ya no se me ocurre nada más [Sonríe y me devuelve los bártulos].

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En una ocasión dijo que la trama no le interesaba mucho y que en algún libro descubrió al culpable casi al final. Raymond Chandler opinaba lo mismo que usted, sin embargo, ¿no cree que en la novela negra un buen desarrollo, un buen esquema, son importantes?

Bueno, esto es algo parecido al juego del Cluedo. En la novela ‘El sueño eterno’ matan al chófer y le preguntaron por el asesino a Chandler, que respondió que no se acordaba de quién era. Chandler también escribió en revistas tipo pulp y los editores le decían que los lectores querían eso y no novelas negras, serias y bien escritas, y él les respondió que los lectores leían lo que ellos les vendían y que si publicaban buena literatura la leerían igual. Chandler luchó por ello. Si observamos el primer párrafo de ‘El sueño eterno’, podemos ver que es precioso y que nos encontramos ante una obra completamente literaria. De alguna manera toda novela contiene un misterio, de hecho el propio Beckett, en un texto muy complejo, introdujo un giro que es uno de los finales más increíbles de sus relatos y no se trataba de una novela negra, un género que él frecuentaba como lector.


De las novelas de Quirke se hizo una miniserie de 3 episodios para la BBC. Dos cuestiones al respecto: primera, ¿le gustó la adaptación televisiva?; y segunda: ¿se rodarán nuevos episodios?

Quirke surgió de un guión que me encargaron para la televisión, para una serie que nunca se rodó. Y yo lo aproveché para escribir ‘El secreto de Christine’. Por una ironía extraña, esa novela se reconvirtió después en una serie televisiva de tres capítulos. Cuando creé a Quirke lo hice como un tipo alto y rubio, lo opuesto a lo que soy yo, un hombre al que ninguna mujer se le podría resistir. En la pequeña pantalla no era así y una lectora me envió una carta para decirme que dejase de escribir que Quirke era rubio, porque era moreno. Le respondí que tenía razón y, desde entonces, le he ido oscureciendo el pelo una novela tras otra. También tuve que reducirle el volumen de su cabello, hasta que resultase como el Gabriel Byrne, el actor que interpretaba al forense en la serie… Bueno, este es el caso típico de un irlandés eludiendo una pregunta [sonrisa irónica]. Ahora en serio. La serie es maravillosa, aunque no me consultaron mientras la rodaron. No escribí el guión, no colaboré en nada. El ambiente que recrearon era exactamente el mismo que había en Irlanda durante los años cincuenta, tanto es así que un amigo me dijo que no le había gustado porque el escenario era tan perfecto que le había obligado a regresar a aquel tiempo, un tiempo del que no guardaba muy buen recuerdo.


Quirke bebe vino y whisky, ¿alguna vez le permitirá tomarse una Guinness?

No, no me gusta la Guiness, en realidad no me gusta la cerveza. Prefiero el vino blanco.


En un momento determinado, usted aceptó el encargo de escribir una novela protagonizada por Philip Marlowe, la criatura creada por Chandler. Ahora ha continuado una novela de Henry James, ¿qué cree que pensaría James si viera el resultado de su trabajo?

Parece ser que, sin saber muy bien cómo, soy capaz de hacer estas cosas. Aunque hay que tener claro que sólo se puede escribir una secuela si el personaje es suficientemente potente, como el caso de Marlowe. Sobre James, ignoro lo que él pensaría. Soy irlandés y para saberlo tal vez haya que ser inglés. No soy místico, no creo en fantasmas ni en espíritus del más allá. Quizá James se esté revolviendo en su tumba o tal vez, si viviera me preguntaría: «tú, pequeño cerdo irlandés, ¿qué estás haciendo?» Lo cierto es que he tratado de ser respetuoso y de rendirle un homenaje.


No hace mucho ganó un premio con su novela ‘Pecado’, donde hizo debutar a un nuevo personaje: el inspector St John Stratfford, ¿Stratfford tendrá continuidad?

La idea es que sí, aunque yo siempre pienso que la novela que estoy escribiendo va a ser la última. Quizá Stratfford sea demasiado parecido a Quirke, exceptuando el hecho de es policía.


Aunque de pasada, en ‘Pecado’ cita a Hackett y también al propio Quirke, ¿le gusta que sus novelas dialoguen entre sí?

Sí, claro, eso es parte de la diversión, del juego. En esta novela me sorprendí a mí mi mismo cuando descubrí que Quirke estaba de luna de miel, que se había casado, y eso me pareció algo extraño.


Estos días es noticia el escándalo surgido en el Premio Nobel de Literatura, usted, un eterno candidato al galardón, ¿qué opina de eso?

Es un desastre lo que ha ocurrido y es una pena que no se entregue el premio, porque la misión del Nobel es difundir la literatura. Deberían dárselo a alguien y no permitir que transcurriese una edición en blanco.


Después de casi cincuenta años publicando novelas, si echa la vista atrás, ¿cambiaría algo de su trayectoria literaria?

Sí, lo reescribiría todo de un modo distinto, absolutamente.


Acabamos: ¿lleva ya entre manos algún proyecto nuevo?

Estoy escribiendo una novela ambientada en el año mil novecientos en Venecia. Es una novela oscura, erótica y un poco enfermiza, pero le he puesto un título precioso: ‘Vísperas venecianas’. Ya me imagino a mis editores exclamando «¡Vísperas venecianas, Dios mío!».

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