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Víctor Corcoba
Algo más que palabras
Víctor Corcoba
“Hay ciudadanos cuyo credo es una mentira detrás de otra”

Reconozco que me emocionan aquellas gentes amables, con capacidad de aguante, que continuamente avivan encuentros en paz y por la paz. Suelen activar lo armónico en su lenguaje e impulsar el dialogo como una forma de trabajar unidos en la construcción de un ambiente tolerante y de respeto entre unos y otros. En efecto, los moradores del mundo presente, han de aprender a apreciarse y a entenderse más y mejor. Luego, si importante es desarrollar puntos de convergencia, también es fundamental promover un mayor grado de cooperación entre culturas, al menos para la mitigación del cambio climático, pues ha de darse la transformación de una economía gris a una economía verde, de una finanzas de intereses para algunos, a una riqueza que ayuda a vivir, porque realmente se comparten los beneficios, contribuyendo de este modo a fraternizar, en lugar de rivalizar y desunir. Al fin y al cabo, una buena dosis de coraje, sobre todo a la hora de aceptar las diferencias, también socorrerá a propiciar sociedades más equitativas, a través de esa innata tranquilidad que injertan, por sí mismo, las medidas conciliadoras y servicios altruistas. Por tanto, lo objetivamente significativo es alentar al perdón y a la compasión entre las personas.

En la otra orilla existencial, también observo gentes depravadas, envilecidas como jamás, tan insaciables como insociables, que me entristecen a más no poder. Son esos gentíos de intransigentes que todo lo aíslan y envenenan. Solo hay que adentrarse en las redes sociales para ver las riadas de insultos o de hablar mal del semejante. Realmente somos una generación de charlatanes asesinos. Las habladurías, las calumnias, la difamación, es otra manera de matar que está ahí, y que tiene su raíz en el odio. Por eso, es substancial eliminar rencores. Es cierto, que ya en otras épocas, la humanidad ha transitado por este calvario; no en vano, la Asamblea General de Naciones Unidas, reconociendo la necesidad de eliminar todas las formas de discriminación e intolerancia, en su resolución 72/130, declaró el 16 de mayo como el Día Internacional de la Convivencia en Paz, enfatizando la importante función de la sociedad civil, incluidos el mundo académico y los grupos de voluntarios, en el fomento del diálogo entre religiones y sapiencias, alentando a que se apoyen medidas prácticas que movilicen a la sociedad civil, como la creación de capacidad por lo auténtico, mediante oportunidades y marcos de colaboración que nos insten a superar las injusticias y este cúmulo de territorios de falsedad, en el que sus gobiernos suelen ser los más cínicos. En verdad, hay ciudadanos cuyo credo es una mentira detrás de otra.

No es cuestión, por tanto, de hacerse poderoso o temible, lo esencial es volverse afable, máxime en un tiempo en el que el mundo se está transformando sin cesar y muy rápido. Además, si hemos de desechar algo, que sean la tristeza y la melancolía. Pongámonos en disposición de abrazarnos. Los pactos son necesarios. Por ello, me quedo con la apuesta de que la vida es corta y que para disfrutarla, cuando menos, hemos de ser amables. Las complicaciones suelen surgir de nosotros mismos. En todo caso, hay que perseverar siempre y, sobre todo, tener confianza en uno mismo, para elaborar proyectos y compartirlos. De todo se sale con esfuerzo y tesón. Unas veces nos bastará con guardar silencio para que el disfraz cese. En otras ocasiones, será preciso ponerse en guardia para responder sabiamente, pregonar en tono sensato, y resolver imparcialmente. Sea como fuere, siempre tendremos otra alegría en el cuerpo, extendiendo la mano al que nos pide auxilio. Esto es que lo realmente contribuye a hermanarnos y a no usar la lógica, tan extendida como inhumana, de que el pez grande se come al chico.

Pensemos que en la Declaración del Milenio y su resolución 70/1, de 25 de septiembre de 2015, de Naciones Unidas, titulada “Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”, ya establece la importancia de propiciar sociedades pacíficas, justas e inclusivas, que estén libres del temor y la violencia. La contundente concepción de la mayor organización internacional existente de que “no puede haber desarrollo sostenible sin paz, ni paz sin desarrollo sostenible”, nos viene a decir, en definitiva, que la fuerza de lo agradable y el coraje del aguante, puede ser un faro luminoso, para el camino que nos espera, a poco que pongamos corazón en nuestras acciones, ya que son tantas las emergencias en el mundo de hoy, que muchas veces los recursos se quedan escasos. No olvidemos que sólo podemos darnos y salvaguardarnos en la vida, donándonos entre sí. Tengámoslo presente siempre. 

Artículos del autor

Lo que le está pasando al planeta, y aunque pueda sonar a mensaje repetitivo, ciertamente es lo que nos sucede a nosotros mismos como participes del mundo, a través de la transmisión de la vida y con la unión de los vínculos.

Por muy graves que sean las situaciones de lamento o tristeza, jamás hay que darse por vencido, al menos siempre nos ha de quedar la capacidad de soñar por otro mundo más humano, por una manera más hermosa de coexistir, pues por mucha crueldad que recibamos en nuestros andares vivientes, siempre es posible reinventar otro espacio más esperanzador, muchas veces es cuestión de reanimarse, de poner paciencia y empeño en querer levantar cabeza y volver a empezar de nuevo.

Todo nos nace y nos rehace en el recuerdo, porque vive en nuestro intelecto y es un privilegio que nos otorga haber vivido, para bien o para mal. Por eso, es saludable volver hacia aquellos horizontes abrazados, reflexionar sobre ellos, ante todo para no caer en el olvido y cometer los mismos errores del pasado, pues todos ellos han conformado las diversas épocas de nuestra vida.

No me gustan esas gentes que imprimen a su paso un lenguaje incendiario destructivo. Por mucha retórica que se utilice, la falsedad nos destruye nuestra alentada existencia. No olvidemos que la evidencia siempre triunfa por sí misma. Por tanto, a las cosas hay que llamarlas por su nombre. A mi juicio, hay que poner techo en algunas actitudes.

Es más, el avance de la reducción del desempleo a nivel planetario no se ve reflejado en una mejora de la calidad del trabajo.En consecuencia, quizás sea el momento de ponernos manos a la obra, como si todo dependiera de nuestros brazos, cuando menos para abrazarnos y hacernos valer ante las persistentes discriminaciones entre semejantes, para ponernos a disposición de otros horizontes más humanos, pues el trabajo no sólo es necesario para la economía (¡ya está bien de dejarnos mercadear por poderes que nos aplastan!), sino también para la realización de la persona y su dignificación como ser que ha de propiciar en todo momento la caricia acogedora, la inclusión social en definitiva, ante los diversos déficits de trabajo decente, sumado a otro aspecto preocupante, y es que más de una de cada cinco personas jóvenes (menores de 25 años) no trabaja, ni estudia, ni recibe formación, por lo que sus probabilidades de trabajo se ven comprometidas, a tenor de los nacientes datos de la Organización Internacional del Trabajo.

Hay evidencias que están ahí, en la soledad que nos acompaña, pero la innata grandeza del ser humano, consiste en hacer valer y en poner en valor, su propio espíritu moral; en saber mirar con los ojos de la autenticidad para poder encauzar otros caminos más sensibles con nuestros análogos.

Se me ocurre pensar en ese barco construido completamente con sandalias de plástico para combatir contra la basura marina, o en esa nueva plataforma de cooperación a nivel comunitario sobre el manejo de la tierra y los recursos, o en el uso de aviones no tripulados para luchar contra enfermedades transmitidas por mosquitos que, sin duda, abarata los costes frente a los métodos tradicionales, o en esas empresas que también se han sumado al movimiento para cambiar la industria del vestido e implementar un modelo de negocios sostenibles…Podríamos seguir relatando cantidad de hechos que nos esperanzan, que están ahí en el trabajo del día a día, modificando comportamientos, para alcanzar ese ansiado justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras.En la cercanía de unos y de otros está el triunfo de lo armónico.

Vivimos tiempos propicios para la reflexión calmada, ya que desde la aurora de la Pascua una nueva primavera de luz nos anima, y en verdad que necesitamos, (creyentes y no creyentes), de este sosiego meditativo, al menos para desenredar los diversos nudos que nos hacemos unos a otros durante el camino existencial.

 
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