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Víctor Corcoba
Algo más que palabras
Víctor Corcoba
“No existe una mejor prueba de avance humanitario que la del espíritu cooperante”

Hay fechas que debieran ser inolvidables. Una de ellas, es la que se celebra cada primer sábado de julio desde 1923, propiciada por el movimiento cooperativo, siempre en disposición de hacerse todo con todos, sin buscar la vanagloria personal, sino el acceso a la creación de riqueza y la eliminación de la pobreza; no en vano, los miembros contribuyen equitativamente y controlan democráticamente el capital de su cooperativa.

Precisamente esta gratuidad de donarse, de entregarse a las personas y no a ese frío mundo de las finanzas, hace que las cooperativas hayan sido reconocidas como asociaciones verdaderamente integradoras, a través de las cuales los ciudadanos pueden mejorar sus vidas de manera positiva, mientras a la vez contribuyen a la inclusión de su gente, tanto afectivamente como activamente, puesto que su ánimo cooperante está basado en las relaciones y no en la producción.

Hoy sabemos que más del 12% de la población mundial es cooperativista de alguna de las tres millones de cooperativas del planeta y que, éstas emplean a millones de personas en todo el mundo, pues no solo se ocupan de la cooperación entre cooperativas, también se preocupan por la comunidad a la que se entregan y sirven. Sin duda, no existe una mejor prueba de avance humanitario que la del espíritu cooperante. A mi juicio, la humanización sólo se presenta cuando la coexistencia de culturas adopta cultos determinantes de colaboración y concurrencia recíprocos entre sí. No olvidemos, que todo es resultado de un esfuerzo; y, como tal, requiere del empeño de todos, para que la civilización permanezca y no se hunda.

En efecto, esa formación e información transparente, además de ese espíritu colectivo autónomo e independiente, de afiliación voluntaria y abierta, debe concienciarnos, ya no solo para fortalecer y ampliar las alianzas, sino también para ejemplarizar actitudes en un mundo globalizado como el presente, donde ha de regirse por un conjunto de valores como los del movimiento cooperativo; de lo contrario, la desigualdad y los excesos crearán sociedades insostenibles.


Con su singular y distintivo énfasis en los principios, el movimiento cooperativista ha demostrado ser un referente en la construcción de un espacio más habitable, con un modelo empresarial viable, que frena las tentaciones del individualismo y del egoísmo que tanto nos esclaviza con el beneficio, adaptado a los diversos entornos culturales, incluso en épocas difíciles; en parte, porque combina por un lado la lógica de la empresa y, por otro, la de la solidaridad.

Por cierto, este año la onomástica del movimiento cooperativo, se centra en la contribución de las cooperativas en la lucha contra el cambio climático, algo que afecta gravemente la vida de las personas en todo el planeta, especialmente los grupos más desfavorecidos, como los pequeños agricultores, las mujeres, los jóvenes, los pueblos indígenas o las minorías étnicas, que han de hacer frente a las catástrofes naturales extremas y a la degradación de los recursos naturales. Un gesto que es de agradecer, ya que nuestro mundo está enfermo. Unos y otros, de abandono, desinterés y desatención. Activemos la cultura del querer; no solo viendo, sino mirando y comprometiéndonos; no sólo oyendo, sino escuchando y tendiendo manos; no sólo cruzándonos por los caminos, sino parándonos e interesándonos; ofreciéndoles una gota de esperanza, de vida en suma. 

Artículos del autor

Hay que tomar conciencia del tiempo y liberarnos de esta permanente atmósfera estresante que nos agota el cuerpo, pero también el alma. Todo nada en el desequilibrio, en la inmoralidad y en la fibra corrupta, en la manera de comercializar los unos con los otros y en el modo de sacar provecho de la debilidad; y, justamente, con este pulso la vida no es aceptable, en parte por esa falta de respeto natural de todos hacia aquello que nos rodea.

Los moradores de este mundo requieren activar la cultura de cercanía, máxime en un momento de tanta penuria y dolor, teniendo que tragarse las lágrimas en soledad y en silencio, porque el desconsuelo es grande y los gestos de amor son más bien escasos.

En la nueva normalidad globalizada, el camino de cada ser, llega a su etapa decisiva; obligándonos a cada uno de nosotros a tomar partido en la acción, con el cambio de hábitos, las rutinas diarias y los sacrificios personales. Hoy más que nunca necesitamos sumergirnos en el silencio de nuestras moradas interiores para reflexionar y poder contraer aliento, ante la siembra de tantas dificultades generadas por nosotros mismos.

Me gusta el planeta con su horizonte celeste, dispuesto siempre a abrazarnos, pero también me ensimisma ese oleaje de sueños que nos alientan, ese mar de la vida en perenne movimiento, que moviliza el corazón y nos recluta a navegar por los abecedarios de los sentimientos.

Pensando que, en el año 2012, la Asamblea General de Naciones Unidas proclamó el 1 de junio como el Día Mundial de los Padres, se me ocurre reivindicar ese innato amor a los vínculos que, por siempre permanecerá vivo; porque, como escribía el poeta, “toda casa es un candelabro”.

Hay que perseverar para poder salir de este momento de crisis mundial, quizás cuestionando los modelos económicos existentes, buscando otras opciones conjuntas más éticas, sobre todo para proteger vidas y medios de subsistencia, pues la mejor inversión de futuro es la fortaleza de entendernos y trabajar unidos.

Hace tiempo que vivimos en un vacío desolador; se descubre en los gestos, lo dicen las miradas, se oye en el aire, porque las garras de la crueldad que nos dividen, lo único que hacen es atrofiarnos más y ensordecernos para que la escucha del análogo no armonice con nuestros latidos.

Me pesa todo lo vivido en los últimos días, pero aún así quiero compartir lo experimentado, ofreciéndolo en abrazo permanente con el lector de mis sueños, después de haber sufrido la pérdida de un ser querido y el dolor de la soledad de un cementerio en profunda quietud, donde todo parece estar descansando y en realidad lo que dormitan son los recuerdos.

 
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