Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos El Viajero Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
Festival del vino 2016 - D. O. Somontano
Sor Clara Tricio
Cartas a un ex guerrillero

Sor Clara Tricio
Últimos textos publicados
Eso nos bastará
Sor Clara Tricio
Querido Efraín: ¿Qué ser humano podría conocer todos los tesoros de sabiduría y de ciencia ocultos en Cristo y escondidos en la estrechez de su carne? Porque, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza. Pues cuando asumió la condición mortal y experimentó la muerte, se mostró pobre: pero prometió riquezas para más adelante, y no perdió las que le habían quitado.

¡Qué inmensidad la de su gracia que escondió para los que dudan, y llevó a cabo para los que esperan en él!

Nuestros conocimientos son ahora parciales hasta que se cumpla lo que es perfecto. Y para que nos hagamos capaces de alcanzarlo, él, que era igual al Padre en la forma de Dios, se hizo semejante a nosotros en la forma de siervo, para reformarnos a semejanza de Dios: y, convertido en hijo del hombre -él, que era único Hijo de Dios-, convirtió a muchos hijos de los hombres en hijos de Dios; y, habiendo alimentado a aquellos siervos con su forma visible de siervo, los hizo libres para que contemplasen la forma de Dios.

Pues ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Pues ¿para qué son aquellos tesoros de sabiduría y de ciencia, para qué sirven aquellas riquezas divinas sino para colmarnos? ¿Y para qué la inmensidad de aquella dulzura sino para saciarnos? Muéstranos al Padre y nos basta.

Y en algún salmo, uno de nosotros, o en nosotros, o por nosotros, le dice: Me saciaré cuando se manifieste tu gloria. Pues él y el Padre son una misma cosa: y quien lo ve a él ve también al Padre. De modo que el Señor, Dios de los ejércitos, él es el Rey de la gloria. Volviendo a nosotros, nos mostrará su rostro; y nos salvaremos y quedaremos saciados, y eso nos bastará.

Pero mientras eso no suceda, mientras no nos muestre lo que habrá de bastarnos, mientras no le bebamos como fuente de vida y nos saciemos, mientras tengamos que andar en la fe y peregrinemos lejos de él, mientras tenemos hambre y sed de justicia y anhelamos con inefable ardor la belleza de la forma de Dios, celebremos con devota obsequiosidad el nacimiento de la forma de siervo.

Si no podemos contemplar todavía al que fue engendrado por el Padre antes que el lucero de la mañana, tratemos que acercarnos al que nació de la Virgen en medio de la noche. No comprendemos aún que su nombre dura como el sol; reconozcamos que su tienda ha sido puesta en el sol.

Todavía no podemos contemplar al Único que permanece en su Padre. Todavía no estamos preparados para el banquete de nuestro Padre; reconozcamos al menos el pesebre de nuestro Señor Jesucristo.
Os envío los mejores deseos, y con la esperanza de que sigáis todos bien, recibir un cariñoso saludo, CTA

lunes, 12 de enero de 2009.
 
¡Con el hambriento!...
Sor Clara Tricio
Querido Efraín: Vino el Señor mismo, como doctor en caridad y rebosante de ella, compendiando, como de él se predijo, la palabra sobre la tierra, y puso de manifiesto que tanto la ley como los profetas radican en los dos preceptos de la caridad.

Recordad conmigo aquellos dos preceptos. Pues, en efecto; tienen que resultaros en extremo familiares, no sólo veniros a la memoria cuando ahora los recordemos, sino que deben permanecer siempre grabados en el corazón. Nunca olvidéis que hay que “amar a Dios” y “al prójimo”: a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser; y al prójimo, como a uno mismo.

He aquí lo que hay que pensar y tener en cuenta, lo que hay que mantener vivo en el pensamiento y en la acción, lo que ha de llevarse hasta el fin. El amor de Dios es el primero en la jerarquía del precepto, pero el amor al prójimo es el primero en la acción. Pues el que te impuso este amor en dos preceptos no había de proponerte primero al prójimo y luego a Dios, sino al revés; a Dios primero y al prójimo después.

Pero tú, que todavía no ves a Dios, amando al prójimo haces méritos para verlo; con el amor al prójimo aclaras tu pupila para mirar a Dios, como sin lugar a dudas dice Juan: “Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve”.

No es más que una manera de decirte: Ama a Dios. Y si me dices: "Señálame a quién he de amar", ¿qué otra cosa he de responderte sino lo que dice el mismo Juan?: A Dios nadie lo ha visto jamás. Y para que no se te ocurra creerte totalmente ajeno a la visión de Dios: Dios -dice- es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios. Ama por tanto al prójimo, y trata de averiguar dentro de ti el origen de ese amor; en él verás, tal y como ahora te es posible, al mismo Dios.

Comienza, pues, por amar al prójimo. Parte tu pan con el hambriento, y hospeda a los pobres sin techo; viste al que veas desnudo, y no te cierres a tu propia carne.

¿Qué será lo que consigas si haces esto? Entonces romperá tu luz como la aurora. Tu luz, que es tu Dios, tu aurora, que vendrá hacia ti tras la noche de este mundo pues Dios ni surge ni se pone, sino que siempre permanece.

Al amar a tu prójimo y cuidarte de él, vas haciendo tu camino. ¿Y hacia dónde caminas sino hacia el Señor Dios, el mismo a quien tenemos que amar con todo el corazón con toda el alma, con todo el ser? Es verdad que no hemos llegado todavía hasta nuestro Señor, pero sí que tenemos con nosotros al prójimo. Ayuda, por tanto, a aquel con quien caminas, para que llegues hasta aquel con quien deseas quedarte para siempre.

Os envío los mejores deseos, y con la esperanza de que sigáis todos bien, recibir un cariñoso saludo, CTA

lunes, 5 de enero de 2009.
 
Puso su tienda al sol
Sor Clara Tricio
Querido Efraín: Ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre. Tenemos que dar gracias a Dios porque nos ha dado el consuelo en medio de esta peregrinación, de este destierro, de esta miseria.

Antes de que apareciese la humanidad de nuestro Salvador, su bondad se hallaba también oculta, aunque ésta ya existía, pues la misericordia del Señor es eterna. ¿Pero cómo, a pesar de ser tan inmensa, iba a poder ser reconocida. Estaba prometida, pero no se la alcanzaba a ver; por lo que muchos no creían en ella.

Efectivamente, en repetidas ocasiones y de muchas maneras habló Dios por los profetas. Y decía: “Yo tengo designios de paz y no de aflicción”. Pero ¿qué podía responder el hombre que sólo experimentaba la aflicción e ignoraba la paz? ¿hasta cuándo vais a estar diciendo: "Paz, paz," y no hay paz? A causa de lo cual los mensajeros de paz lloraban amargamente, diciendo: Señor, ¿quién creyó nuestro anuncio? Pero ahora los hombres tendrán que creer con sus propios ojos, ya que los testimonios de Dios se han vuelto absolutamente creíbles. Pues para que ni una vista perturbada pueda dejar de verlo, puso su tienda al sol y a la vista de todos.
Sin embargo, de lo que se trata ahora, no es de una promesa de la paz, sino de un envío; no de la dilatación en su entrega, sino de su realidad; no de su anuncio profético, sino de su presencia. Es como si Dios hubiera vaciado sobre la tierra un saco lleno de misericordia; un saco que habría de desfondarse en la pasión, para que se derramara nuestro precio, oculto en él; un saco pequeño, pero lleno. Ya que un niño nos ha sido dado, pero en el que habita toda la plenitud de la divinidad. Ya que, cuando llegó “la plenitud del tiempo”, hizo también su aparición la plenitud de la divinidad. Vino en carne mortal para que, al presentarse así ante quienes eran carnales, en la aparición de su humanidad se reconociese su bondad. Porque, cuando se pone de manifiesto la humanidad de Dios, ya no puede mantenerse oculta su bondad. ¿De qué manera podía manifestar mejor su bondad que asumiendo nuestra carne? La nuestra, no la de Adán, es decir, no la que Adán tuvo antes del pecado.

¿Hay algo que pueda declarar más inequívocamente la misericordia de Dios que el hecho de haber aceptado nuestra miseria? ¿Qué hay más rebosante de piedad que la Palabra de Dios convertida en tan poca cosa por nosotros? ¿Qué es el hombre, para que se acuerde de él, para darle poder? Que deduzcan los hombres lo grande que es el cuidado que Dios ha tenido de ellos; que se enteren de lo que Dios piensa y siente sobre ellos. No te preguntes, tú, que eres hombre, por lo que has sufrido, sino lo que sufrió él. Deduce de todo lo que sufrió por ti, en cuánto te tasó, y así su bondad se te hará evidente por su humanidad. Cuanto más pequeño se hizo en su humanidad, tanto más grande se reveló en su bondad; y cuanto más se dejó envilecer por tí, tanto más querido te ha de ser ahora. Ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre.
Os envío los mejores deseos, y con la esperanza de que sigáis todos bien, recibir un cariñoso saludo, CTA.

lunes, 29 de diciembre de 2008.
 
 
Plenitud de los tiempos
Sor Clara Tricio
viernes, 26 de diciembre de 2008.
 
Nuestros vehementes apetitos
Sor Clara Tricio
domingo, 14 de diciembre de 2008.
 
Dios nace de María
Sor Clara Tricio
lunes, 8 de diciembre de 2008.
 
¿De dónde, y quién nos llamó?
Sor Clara Tricio
domingo, 30 de noviembre de 2008.
 
Algo se avecina
Sor Clara Tricio
lunes, 24 de noviembre de 2008.
 
La venida oculta de Dios
Sor Clara Tricio
lunes, 17 de noviembre de 2008.
 
Naturaleza de la paz
Sor Clara Tricio
lunes, 10 de noviembre de 2008.
 
La senda de la verdad
Sor Clara Tricio Acuñas
lunes, 3 de noviembre de 2008.
 
Cada uno lleva su fruto
Sor Clara Tricio
lunes, 27 de octubre de 2008.
 
Fuerza en la debilidad
Sor Clara Tricio
lunes, 13 de octubre de 2008.
 
Vana palabrería
Sor Clara Tricio
lunes, 6 de octubre de 2008.
 
Sus dones son muy grandes
Sor Clara Tricio
lunes, 29 de septiembre de 2008.
 
El hombre es sacrificio
Sor Clara Tricio
lunes, 22 de septiembre de 2008.
 
La paz que enriquece
Sor Clara Tricio
lunes, 15 de septiembre de 2008.
 
Siempre alegres
Sor Clara Tricio
lunes, 8 de septiembre de 2008.
 
Progreso y no cambio
Sor Clara Tricio
lunes, 1 de septiembre de 2008.
 
El correr de las acequias
Sor Clara Tricio
lunes, 25 de agosto de 2008.
 
Doctrina salvadora
Sor Clara Tricio
domingo, 17 de agosto de 2008.
 
¿Unos tiempos mejores que otros?
Sor Clara Tricio
lunes, 11 de agosto de 2008.
 
La maldición de la Ley
Sor Clara Tricio
domingo, 3 de agosto de 2008.
 
Más fuerte que la muerte
Sor Clara Tricio
lunes, 28 de julio de 2008.
 
El camino de la luz
Sor Clara Tricio
lunes, 21 de julio de 2008.
 
Recompensa de las buenas obras
Sor Clara Tricio
lunes, 14 de julio de 2008.
 
Hombres sin remedio
Sor Clara Tricio
lunes, 7 de julio de 2008.
 
Archivo
30/06/2008 Lo que escapa a la mirada
23/06/2008 Un mandato y una promesa
16/06/2008 Medicina espiritual para todos
09/06/2008 Pensamientos y sentimientos
02/06/2008 Vasijas de barro
26/05/2008 El mundo privado de belleza
19/05/2008 Luz, resplandor y gracia
12/05/2008 Nuevo motivo de gozo
05/05/2008 La llama de la fe
28/04/2008 Una nueva creación
21/04/2008 Día sin noche
14/04/2008 Del agua y del espíritu
07/04/2008 Espíritu de hijos
30/03/2008 Una imagen que se eclipsa
24/03/2008 La tierra está temerosa y sobrecogida
17/03/2008 Siempre es nuevo
10/03/2008 Todo es vuestro
03/03/2008 Algo grande y admirable
25/02/2008 Verdadero temor
18/02/2008 Capaz de lo mejor y de lo peor
11/02/2008 Una riqueza inagotable
04/02/2008 Para servir
28/01/2008 Simplicidad y honradez
21/01/2008 La consagración del agua
14/01/2008 El más maravilloso orden
07/01/2008 En ayuda del mundo
31/12/2007 Cuando la Palabra se hizo visible
17/12/2007 Ya no tiene más que hablar
03/12/2007 Con suave persuasión
26/11/2007 Dos realidades distintas
19/11/2007 Como espada de dos filos
12/11/2007 El dechado de la sabiduría
05/11/2007 Con orden y sabiduría
29/10/2007 Reflexión para recapacitar
22/10/2007 Bajo la letra de la ley
19/10/2007 Carod Rovira en televisión
07/10/2007 Entra en tu aposento
30/09/2007 ¿Qué atrae más que la verdad?
23/09/2007 Una sola meta
16/09/2007 Sin temer al tropiezo
10/09/2007 De la ignorancia al conocimiento
03/09/2007 No abandonó a los humanos
27/08/2007 Un tesoro para desenterrar
20/08/2007 La actual Era de gracia
05/08/2007 Un gozo inefable
30/07/2007 El enigma de la condición humana…
23/07/2007 Más le vale confesar caídas
16/07/2007 Por encima del resto de seres vivientes
09/07/2007 Quebrantar el corazón
01/07/2007 La fuente vencerá tu sed
24/06/2007 Orar también con hechos
17/06/2007 El que escruta corazones
10/06/2007 No está lejos de nosotros
03/06/2007 Una fuerza para amar
27/05/2007 Deseo del propio provecho
20/05/2007 La verdad plena
13/05/2007 No ascendió solo
06/05/2007 El Aleluya que cantamos
30/04/2007 Día sin ocaso
22/04/2007 Imposible que la muerte muriese
 
Quiénes somos  |   Qué somos  |   Contacto  |   Aviso Legal  |   Creative Commons  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris