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Samuel Juliá
Samuel Juliá
Este banco de tiempo online ofrece cerca de 3.000 servicios gratis y se encuentra disponible en los cinco continentes
Muchos recordarán la película ‘Cadena de favores’ al leer este artículo. En ella el protagonista Trevor Mckinney inventa un sistema para mejorar el mundo haciendo favores. Las tres personas que lo reciben no deberán devolvérselo a él, sino ayudar a otras tres personas que lo necesiten. Favoralia viene a ser algo un tanto parecido, pero en versión 2.0. En esta red social los usuarios ofrecen servicios gratis a cambio de puntos que luego les servirán para conseguir otros favores.

"Buscábamos cómo aportar nuestro granito de arena a la situación actual y pensamos que sería genial que pudieras pedir un favor a un desconocido y que alguien de la otra punta del mundo estuviera dispuesto a ayudarte", sentencia Octavi Uyá, CEO de Favoralia y uno de los jóvenes fundadores, junto a Eduardo Llovet (el diseñador de la web) y Eduardo Robsy (programador).

Estos tres emprendedores lanzaron Favoralia al mercado el 20 de agosto de 2012. La idea ha traspasado fronteras. Hoy es posible ofrecer favores en los cinco continentes, aunque sólo está en español. Hay registrados alrededor de 4.500 usuarios y se ofrecen unos 3.000 favores. Clases de inglés gratis, corrección literaria o asesoramiento en redes sociales son algunas de las ofertas gratuitas que se pueden ver ahora mismo.

¿Cómo funciona Favoralia?
La página está orientada para fomentar el intercambio de favores. Primero hay que registrarse aportando los datos personales. Al entrar en la cuenta, el usuario tiene acceso a una comunidad de personas que prestan favores, que puede ordenarse por temáticas o ciudades. Para destacar más en la página principal, se aconseja rellenar completamente el perfil (incluida una fotografía) y dar detalles sobre el tipo de servicio.

Pueden registrarse tanto colaboradores particulares como empresas. Los favores pueden ser online (como asesoramiento por e-mail o clases por Skype) o presenciales, aunque suelen ofrecerse menos de este tipo. Los usuarios pueden comunicarse también por un sistema de mensajería interno para ampliar la información sobre la oferta, lo que también permite estrechar vínculos.

Para pedir favores hay que conseguir puntos. De esta manera, se fomenta que la gente ofrezca algo antes de pedir favores. Una vez que se ha prestado un favor, el usuario recibe puntos y la valoración del usuario que lo ha recibido. Como señalan en el apartado de preguntas frecuentes, 1 punto podría equivaler a una hora de tiempo; los favores pueden cobrarse por 2 y 3 puntos. También puntúa por ofrecer favores.

Favores de personas y empresas
José Souza, un brasileño que reside en Barcelona, se registró en Favoralia hace muy poco tiempo y se siente muy satisfecho con la página. "Me parece una muy buena manera de colaborar en estos tiempos de crisis. En el ambiente laboral donde yo me muevo, se abusa muchas veces de los precios y de las personas. Se cobran cantidades exageradas por pequeños arreglos y no me parece justo", señala. Ha ofrecido un total de 15 favores y todos de tipo presencial: trabajos caseros, arreglo de persianas, electricista, fontanería y albañilería. Todavía no ha pedido un favor a nadie.

No sólo los particulares se ofrecen a los demás para prestar sus favores. También las empresas colaboran de forma gratuita, prestando asesoramiento o servicios técnicos. Aunque de algún modo supone una forma de networking, la ventaja es que las personas pueden acceder a servicios que en otros ámbitos suelen ser de pago, ya que su valor se mide en el tiempo que le dedica una persona.

El desinterés no suele ser la única causa, pero no por eso deja de ser positivo. La Asociación de Jóvenes Letrados presta por ejemplo servicios de asesoramiento jurídico gratis. "Realizamos nuestra labor altruista por dos motivos. Por un lado, ayudar a la gente que lo necesita, y por otro, nos sirve para refrescar y ampliar nuestros conocimientos del Derecho", señala Rubén Pérez, uno de los socios de esta asociación.

Las personas que reciben el favor no son las únicas afortunadas. También los que prestan favores se benefician de forma personal. Más allá de la solidaridad, las motivaciones pueden ser muy distintas. "Cada uno tiene sus motivos: ser solidario teniendo poco tiempo, practicar algo antes de dedicarse a ello, sentirse activo, conocer gente... Yo creo que, realmente, no importa el motivo cuando comienzas a ayudar a los demás algo cambia en ti y repites", señala el fundador Octavi Uyá.

Quizás el mundo actual sea todavía más complejo que el que se encuentra Trevor Mackinney en la película de "Cadena de favores". El ser humano necesita a veces algún incentivo para poner su esfuerzo al servicio de los demás. De lo que no hay duda, sin embargo, es que la cultura de la gratuidad parece agilizar ese intercambio de ayuda de pequeñas proporciones entre personas que, poco tiempo antes, no se conocían de nada.

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