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María Sevillano
Al filo de la pluma
María Sevillano (Madrid, 1984) se licenció en Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, donde posteriormente se hizo especialista en Información Internacional y Países del Sur.

Su formación periodística abarca varios campos, especialmente radio, prensa y agencia. Tras su paso por la redacción del diario La Razón, la agencia de información Europa Press o el Ministerio de Defensa, participó como colaboradora en el Área de la Mujer del medio comunitario Radio Enlace. En la actualidad, compagina su trabajo en la agencia EFE con colaboraciones en una agencia de comunicación, con el Gobierno Regional del Kurdistán y como corresponsal en la capital de una revista argentina.
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María Sevillano
A pesar de estar encajada en la sección de internacional, ciertos acontecimientos que se han sucedido durante los últimos días me han llevado a escribir un artículo difícilmente clasificable, así que pido perdón de antemano a los amantes del orden porque este texto no expone lo que promete, al menos en esta ocasión.

Durante su visita a España, el Papa, según un diario nacional, alertaba sobre el “laicismo agresivo” que alberga nuestro país; país que se encuentra en Afganistán en una misión que, según el presidente del Gobierno es “difícil de explicar”. El conservador movimiento norteamericano del Tea Party resurge en la figura de algunas de sus abanderadas, como Sharron Angle, confunde continentes y nacionalidades, y otras claman por el derecho a las armas y la abstinencia sexual. Este movimiento de extrema derecha ha calado en los sentimientos de quienes, desencantados, ven como las oportunidades se reducen en una situación de crisis frente a la que tienen que responder los que están en el poder. Esta oposición, amparada en el desconocimiento de cuáles serían sus procedimientos en el caso de hallarse en el Gobierno, aseguran que las instituciones están corroídas y defienden un cambio necesario. Según reflejan varios medios de comunicación o los resultados de las elecciones legislativas en el país, esta corriente es bien vista por una gran parte de la población norteamericana que no se identifica necesariamente como republicana.

Enunciados, palabras, afirmaciones que cambian, evolucionan para ganar adeptos o conseguir detractores. Lo dicen todo y no dicen nada…¿De donde vienen estos mensajes que no se cuestionan, al margen de su argumentación?
El ser humano basa, en gran medida, las relaciones interpersonales, institucionales o de cualquier tipo en el lenguaje. Se supone que este elemento que se sustenta en convenciones humanas sirve de cohesión, de unión y fomenta la comunicación entre las personas. Pero todos sabemos que el lenguaje no es inocente. Desde los sofistas, dueños y señores de la argumentación, buscadores de la técnica discursiva que genere adhesión, ha sido el elemento que más se ha prostituido para alcanzar el poder. La comunicación política es terreno de juego para desarrollar todo tipo de estrategias que fomenten el poder de los conceptos. La manipulación se viste de lenguaje durante las campañas políticas, en los mítines, con los discursos que nos lanzan a nosotros, recipientes vacíos. ¿De qué manera asimilamos las ideas que llegan hasta nosotros? En la comunicación política es importante entender que el lenguaje, como decía un antiguo profesor de facultad, “abandona su función semántica y pasa a desarrollar la mágica”. Y esta función mágica no es ni más ni menos que cambiar las palabras, hacerlas que abandonen sus significados y relacionarlas únicamente con más palabras. Los significantes pasan a ser juguetes de los políticos, que las combinan a placer. La argumentación política abandona la cosa (Tdeikos) y se centra únicamente en sí misma. Lo plausible, lo verosímil es su esencia, y no lo evidente, lo real.

Los políticos y los líderes saben que la imagen o ideología que reproduzca el electorado de su partido o seguidores en su imaginario es fundamental para crear una realidad que no necesita más que ser posible. El político pretende ser quien construya esa realidad. Su trabajo consiste en conseguir que se perciba como verdadero su mensaje, su estrategia, la elección de las palabras con las que argumenta. La comunicación política genera sus propios criterios veritativos, sus propias fronteras entre verdad y falsedad. El lingüista George Lakoff, analiza de manera asequible en su libro No pienses en un elefante toda esta realidad manipuladora, basada en el lenguaje, que nos rodea. Explica que para que los políticos creen estas realidades, es necesario que establezcan unos marcos mentales, generados en nuestro “inconsciente cognitivo”, lugar al que no podemos acceder conscientemente pero que es la cuna de nuestros razonamientos. Fundamental. Argumenta que estos marcos serán proyectados en la vida real como polticas sociales, institucionales, etc., y que conformarán involuntariamente nuestra manera de ver el mundo.

Toda esta reflexión sobre el lenguaje resulta, desde mi modo de ver, inquietante. Intento apartarlo de mi cabeza, pero constantemente me viene una idea asociada al conductismo: perros de Paulov. ¿Es posible que en lo más profundo de nuestra mente, miles de botones, representantes de ideas vacías, estén esperando a ser activados por palabras pronunciadas por seres sedientos de poder que no tienen reparo en recurrir a manipulaciones tan burdas como son las invisibles, de las que no nos es posible defendernos? Y lo que aún me preocupa más: ¿acaso las ideologías, las creencias, basan su esencia en palabras? Lakoff afirma que para referirse a las mismas ideas (impuestos, justicia), conservadores y liberales usan conceptos diferentes. ¿Es posible que nuestro mundo cambie sólo con pintarle la cara de rojo o azul? La bestia creada por el hombre, definitivamente, se ha vuelto contra él.

martes, 9 de noviembre de 2010.
 
Ondas por la paz
María Sevillano
“Perros Guardianes”, “Cuarto Poder”, etc. Son algunas de las denominaciones que han recibido los medios de comunicación a lo largo de la Historia. Sus diferentes funciones, estrechamente relacionadas con el control de otros poderes fácticos y el ofrecimiento a la población de un foro de debate y denuncia, pueden tener un cariz más social y constructivo. Algunos medios de comunicación no trabajan sólo para informar, para comunicar; trabajan también para construir la paz.

Las actuales circunstancias como zona de conflicto de la República Democrática del Congo han obligado a los comunicadores desplegados sobre el terreno a tener en cuenta este objetivo en su trabajo diario, en especial en la región de los Kivus. Esta área, situada en la zona oriental del país colindante con Ruanda, se divide en dos partes, Kivu del Norte y Kivu del Sur. Desde 1994 la zona vive una constante situación de conflicto, después de que los grupos de hutus extremistas que firmaron el genocidio en el país vecino contra tutsis y hutus moderados huyeran a la República Democrática del Congo, (Zaire entonces), para establecerse de manera permanente en la zona.

Aliados contra estos grupos radicales, Ruanda, Burundi y Uganda iniciaron en 1996 una invasión de los Kivus a la vez que se producían cambios esenciales en el país. El dictador Mobutu Sese Seko, al frente de Zaire desde la capital, Kinshasa, fue destituido por Laurent-Desiré Kabila y el país se convirtió en la República Democrática del Congo. Los Kivus presenciaron durante años ataques entre facciones de rebeldes, tropas oficiales y soldados de Uganda y Ruanda, hasta que en diciembre de 2002 se llegó a un acuerdo de paz en el que se establecía la retirada de las fuerzas armadas extranjeras y la creación de un gobierno de transición que contaría con la participación de los principales partidos e integraría en su ejército, a modo de herramienta conciliadora, a combatientes de las facciones rebeldes. Pero lo planificado no se cumplió y grupos armados se hicieron con el control de grandes áreas.

Desde entonces, en los Kivus conviven, entre otros, soldados de la MONUC (Misión de Naciones Unidas para República Democrática del Congo), grupos rebeldes como RDC Goma, Fuerzas para la Defensa de la Democracia (FDD), asociaciones de mujeres contra la brutal violencia que se vive en la zona como AFEM, ONGs y medios de comunicación.

Unos luchan por la guerra, otros, por la paz. Entre los segundos, las dos emisoras de radio con mayor audiencia de Bukavu, la capital de la provincia de Kivu del Sur, según la asociación International Media Support.

Una de ellas, Radio Okapi, surge en 2002 como una iniciativa de Naciones Unidas y la Fundación Hirondelle para emitir a nivel nacional, y tiene en la actualidad una oficina de redacción y transmisión en Bukavu.

“Si no hay periodista, no hay conflicto”, asegura Caddy Adzuba que es un dicho de Congo. Ella es periodista de este medio auspiciado por la ONU y vive amenazada de muerte desde septiembre por cumplir con su labor. Caddy critica que, mientras ella vive una situación complicada en la que debe seguir haciendo su trabajo para que algún día las cosas cambien, los periodistas internacionales, ajenos al conflicto, cierran los ojos ante él y dejan de lado a sus colegas congoleños. “Los periodistas internacionales pueden hacer muchas cosas desde fuera, como influenciar en la ayuda humanitaria, en el envío de misiones para el mantenimiento de la paz, presionar para que exista un compromiso financiero de las multinacionales o incluso para acabar con el conflicto”, asegura Caddy. Pero como sus compañeros extranjeros han olvidado las zonas de conflicto, “tenemos que trabajar como periodistas internacionales”.

Y esa labor implica riesgos para ellos. El año pasado, Bruno Koko Chirambiza, de Radio Star, se convertía en el tercer periodista asesinado en circunstancias extrañas en la ciudad de Kivu del Sur, después de que en 2007 Serge Maheshe y Didace Namujimbo en 2008, ambos compañeros de Caddy en Radio Okapi, también fueran asesinados.

Pero, “si no hay periodista, no hay conflicto”.

Mientras Radio Okapi busca la paz a través de la denuncia, Radio Maendeleo, que significa “Desarrollo” en swahili, emplea sus propias armas para la paz. El Consejo Regional de Organizaciones no gubernamentales para el desarrollo del Kivu del Sur (CRONGD), el Instituto Superior de Desarrollo Rural (EIRD) y 15 organizaciones no gubernamentales promueven esta radio comunitaria que se mantiene gracias a la cooperación desde hace ya 17 años, y que se ha convertido, entre otras muchas cosas, en una herramienta de alerta temprana contra la violencia para sus oyentes. A través de un sistema denominado ‘radio clubs’, la audiencia se transforma en corresponsal de la emisora (previa formación adecuada por parte de la misma) que narra el avance de grupos armados, estallidos de violencia, la situación que se vive en determinadas zonas, etc.

Bajo el lema “Paz antes que desarrollo”, la radio es una plataforma para la promoción de los Derechos Humanos, temas de género, etc., a través de programas transversales que acogen cualquier asunto que sea relevante para la población, mientras se potencia el uso de las lenguas locales para subsanar una de las grandes lacras que ha perseguido a los africanos: siempre desposeídos de sus lenguas en detrimento de las heredadas de las antiguas colonias.

Según la propia radio, gracias a la labor de periodistas y colaboradores, entre otros, han conseguido “dar voz a todo el mundo y centrarse en las voces apagadas de abajo”. Traducido en hechos concretos, han logrado reducir la incertidumbre de lo que está sucediendo, informar al público, reforzar el apoyo de los miembros del radio club, reforzar a la población que acompaña a las ONG, disminuir el aislamiento en las zonas rurales y el hostigamiento a las gentes por quienes ejercen el poder.

Es imposible determinar cuándo acabarán los enfrentamientos en la zona, dependientes de cuestiones exógenas y endógenas, pero la labor comprometida de iniciativas como radio Okapi o Maendeleo ofrecen al menos un poco de aire en una región que vive asfixiada por la violencia desde hace ya demasiado tiempo.

lunes, 25 de octubre de 2010.
 
 
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