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Josu Gómez Barrutia
La fuerza de la palabra
Josu Gómez Barrutia
La sociedad de hoy vive el empobrecimiento de sus derechos y libertades, el recorte en sus esperanzas y la incredulidad en sus instituciones
Dos meses después de las elecciones del pluripartidismo España sigue en el dique seco de la política del nuevo tiempo , esa que poco tiene de nueva y mucho de juego de posicionamientos en el sube y baja constante en la estrategia partidista en la que nuestro país se encuentra hoy. Aún con todo la próxima semana la ciudadanía asistirá a un debate de investidura del que difícilmente saldrá el próximo presidente de España y cuya finalización parece que serán la convocatoria de unas nuevas elecciones en donde lo que tal vez este menos claro no serán los resultados de estos nuevos comicios como las cabezas de lista que concurrirán por alguno de los partidos políticos mayoritarios de nuestro país. Y mientras esto pasa los poderes del Ibex35 siguen jugando su particular partida de monopoly en donde los alguno de los jóvenes aspirantes a políticos asumen el papel que toca en el transito necesario para el objetivo final de optar a ser una de las caras del cambio y la renovación de la segunda transición.

Pero con todo, hoy lo real, lo concreto, lo palpable en la cotidianidad del día a día no es los pactos de salón y mármol sino el continuo sufrimiento desgarrador de una clase trabajadora que ha visto reducido al mínimo la expresión de eso que antaño se llamaban derechos laborales, de una sociedad que ha encontrado como el color de la sociedad del bienestar ganado a pulso por la generación que hizo posible la llegada de la democracia , ha dado paso al blanco y negro de los recortes de la sanidad y la educación pública como sacrificios necesarios ante los altares del poder económico y del control del déficit clamado por los nuevos gurus enchaquetados de la Europa del Siglo XXI.

En definitiva, la sociedad de hoy vive el empobrecimiento de sus derechos y libertades, el recorte en sus esperanzas y la incredulidad en sus instituciones , en los sindicatos y los partidos políticos que hoy son vistos como parte del problema y no como instrumentos de la solución a una crisis sistémica que parece querer quedarse con nosotros en la conformación de una sociedad esta que hoy se esta construyendo en donde las diferencias y las desigualdades sean parte de las nuevas bóvedas sobre las que habiten las generaciones del presente y del futuro en nuestro país.

Por ello, más allá de pactos de salón que sólo sirven al posicionamiento previo en carreras electorales, toca entender por parte de la clase política que hoy tienen que estar a la altura del momento que vivimos ese en donde sólo existen dos caminos, el reiniciado necesario de la democracia en la construcción de un nuevo tiempo de progreso y de consenso o por el contrario el de la destrucción de los modelos de convivencia y la crisis sistémica de confrontación entre clases sociales.

En definitiva como el presidente de los EEUU Theodore Roosevelt recordaba en una de sus magníficas reflexiones sobre el estado Una gran democracia debe progresar o pronto dejará de ser o grande o democracia.

Artículos del autor

Sin lugar las elecciones generales del 20 de Diciembre han venido a traer al escenario político un nuevo tiempo en lo que a la configuración de las mayorías de gobierno se refieren.
Vivimos tiempos de laberintos , de callejones sin salida en los que había la bestia del miedo y el odio, de la sinrazón del Minotauro que convertido en guerra amenaza los pilares del significado de la palabra democracia.
Hoy todos nos sentimos parte del alma rota de la ciudad de la luz , de un París vacío y en el que las sirenas se hicieron banda sonora de una noche larga de cristales rotos y de sinrazón , esa que fue capaz de teñir de negro al país de la libertad ,la igualdad y la fraternidad.
Últimamente asistimos al advenimiento del fin de la crisis , ese que basado en cifras macroeconómicas anunciadas a golpe de titular electoral nos presentan a una nueva España resurgida de las cenizas de la marchita economía.

Parece ser que el pensamiento socialista de la Europa de hoy se enfrenta a un proceso de cambio y de renovación en su forma de estar y querer estar, circunstancia esta que se enmarca en un debate interno entre quienes entienden al socialismo y los partidos que se conforman en torno a estos ideales como herramientas transformacionales y quienes por el contrario ponen más énfasis en la capacidad de de los partidos como plataformas electorales y meros instrumentos marketinianos de bandera y soniquete.

Vivimos el tiempo de la vergüenzas, esas que afloran hoy por los raquíticos pilares de la vieja Europa que traicionándose a si misma ha olvidado el significado de su propia génesis esa con la que los europeístas de antaño la soñaron en su tiempo.
 
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