Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos El Viajero Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
Festival del vino 2016 - D. O. Somontano
Jim Hoagland
The Washington Post Writers Group
Jim Hoagland es uno de los más reputados columnistas del The Washington Post Writers Group y escribe dos veces por semana para SIGLO XXI, en exclusiva para medios digitales españoles.

La distinguida carrera de Hoagland como reportero, editor y ahora columnista y corresponsal de exteriores del Washington Post le ayudó a prepararse para la mayor noticia de su vida. Mientras el mundo estaba sobrecogido ante la tremenda destrucción del 11 de septiembre del 2001, Hoagland estaba ocupado examinando la respuesta estadounidense a los mortales ataques terroristas. "Estados Unidos toma parte en una guerra en la sombra que ahora debe convertirse en la principal prioridad para el presidente y la administración cada uno de los días de su mandato," escribía Hoagland en su columna poco después del colapso del World Trade Center y mientras el Pentágono aún ardía. De igual manera, cubrir y analizar la guerra contra el terror se ha convertido en la principal prioridad de Hoagland, dos veces ganador del Pulitzer. En 2002, los editores del Times of London, Le Figaro (Paris), Die Welt (Berlin) y cuatro cabeceras europeas más encabezaban un jurado que le concedía el Premio Cernobbio-Europa por explicar las consecuencias del 11 de Septiembre y su efecto sobre las relaciones europeo-estadounidenses.

Dos veces a la semana, sus columnas se centran en las cuestiones de importancia y los asuntos de seguridad nacional y asuntos exteriores, y acompañan las opiniones no sólo de funcionarios estadounidenses sino también de los líderes y pensadores del mundo. Lectura esencial el centro de Washington, Hoagland es también seguido por cualquiera interesado en los asuntos del mundo y los cambios trepidantes y hasta revolucionarios que marcan nuestro mundo hoy.

Iniciada en 1986, la columna de Hoagland hacia crónica de las fuerzas que provocaría en el colapso de los regímenes comunistas de Europa Oriental y con el tiempo la propia Unión Soviética. También se centraba en los cambios puntuales que tenían lugar en África, Asia y Oriente Medio, y plasmaba cómo dichos asuntos dieron forma a los asuntos internacionales de importancia durante los años 90.

Su cobertura de las protestas de la plaza de Tiananmen esbozó la sombra que el conflicto entre represión política y dinamismo económico en China arrojaría al mundo durante los próximos años. Hoagland, que en 1971 obtuvo el Pulitzer de información internacional por su crónica en 10 partes del apartheid, también siguió de cerca la revolución de Sudáfrica. En menores entre 76 esas crónicas fueron reconocidas con un premio del Club de Prensa. Autor de "Sudáfrica: civilizaciones en conflicto," Hoagland fue el primer periodista estadounidense en advertir de las amenazantes posturas de Saddam Hussein hacia Estados Unidos y sus vecinos árabes desde 1987. Hoagland entrevistó a Sadam en diversas ocasiones y visitó las zonas kurdas.

En 1990 volvió a Washington justo antes de que Irak invadiera Kuwait. Al año siguiente fue reconocido con el premio Pulitzer al comentario político por advertir de las intenciones de Irak y por plasmar el motivo de que los esfuerzos de Mikhail Gorbachev por salvar el comunismo estuvieran sentenciados.
Jim Hoagland
Últimos textos publicados
Vivir el presente
Jim Hoagland
WASHINGTON - Escucha, Israel: ahora no. Obama, no permitas que el capricho de la opinión pública dé tu brazo a torcer. Putin, deja de proteger a asesinos, y eso incluye a los que te quitan de encima a los picapleitos entrometidos. Sarkozy, tu energía e irreverencia son deslumbrantes, pero ¿qué tal algo más de perseverancia, cher ami?

Señor, qué a gusto me he quedado. Desorienta al principio. Durante 25 años he trabajado como reportero y editor y cobré por mantener mis opiniones al margen del periódico. Durante las dos últimas décadas, The Washington Post y los clientes de su Writers Group me han pagado por poner mis opiniones donde ellos ponen su dinero - por decir a los grandes, y a los meramente pomposos, lo que pienso de sus acciones y políticas.

Ambas circunstancias me ofrecieron la oportunidad de continuar una educación que comenzó en una escuela de tres plantas y siete cursos del Carolina del Sur rural. El periodismo me permitió y obligó a estudiar políticas, diplomacia, económicas y, sobre todo, la naturaleza humana. Escribir para un periódico es igual que examinarse todos los días de trabajo.

Los puntos comunes son las limitaciones insalvables de tiempo y espacio, expresadas en la ley férrea de cumplir el plazo de entrega con independencia de las circunstancias físicas o mentales. "Al menos nadie nos dispara ahora mismo", solían decirse los corresponsales extranjeros de antaño mientrás nos dirigíamos a la sitiada oficina de correos de Port Harcourt, Nigeria, o la oficina del censor de El Cairo o en Jerusalén, a enviar las crónicas por telégrafo.

Fin de año parece ser el momento adecuado para volver a configurar las constantes. En lugar de que sea el plazo de entrega lo que modele la idea y la encaje a la fuerza en segmentos de 750 palabras, ahora quiero que sea la idea la que modele el plazo. Voy a trabajar en proyectos a largo plazo, como redactor externo del Post, y en un libro. En ésta la última columna sindicada, quiero agradecer a los lectores su apoyo e interés, y a mis mentores y colegas de todo el oficio su inmensa contribución a una vida profesional feliz.

Extraña idea, esa. Los periodistas de redacción se cuentan entre los seres más individualistas, sobreviven de la gratificación del ego instantánea fruto de una nota destacada, superando a la competencia o preparando una página bien diseñada.

Y sin embargo - montar un periódico es el esfuerzo de colaboración más intenso que acometen los humanos a este lado de la guerra, el sexo o el béisbol. Redactores, editores, jefes de redacción y vendedores de anuncios entre otros participan en un feroz toma y daca diario a medida que se acerca el milagro de la impresión. Todos aplauden, más o menos juntos, o nadie aplaude.

El periodismo es presente, no el ayer. Por tanto, ofrezco algunas reflexiones contemporáneas en lugar de recuerdos mientras nos disponemos a demostrar que los periodistas curtidos no mueren, solo escriben de forma más cruda.

En primer lugar, un poco de asesoramiento (por si no tuvieran bastante con el de un mundo que se comporta como un matón) a los israelíes al evaluar si atacar el programa nuclear de Irán: ahora no. El régimen de Teherán se vale de la represión para hacer frente a las justificadas iras y el desprecio que despierta entre la población de Irán. Los fanáticos en el poder prefieren imponer en lugar de negociar. Que esta revolución siga su propio curso antes de actuar, si hay que actuar.

No hay gente en el mundo más generosa, cálida, terca, irritante, inspiradora y exasperante que los israelíes, a excepción tal vez de los árabes. Voy a echar mucho de menos deciros a los dos regularmente lo que tenéis que hacer, sabiendo que no existe la más remota posibilidad de que no se os haya ocurrido ya y de que no hayáis decidido que no si se puede evitar.

Mi salva al Presidente Obama en el encabezamiento se debe al gran respeto y la esperanza puestos en su presidencia. Puede ser un gran líder si deja de prestar tanta atención a los ayudantes obsesionados con los medios de comunicación que confunden política con intereses electorales y manipulación con estatismo.

Las reacciones vacilantes de Obama a las protestas ya constantes en Teherán siguen siendo inquietantes. No parece que respondan al ritmo y la magnitud de las propias protestas, sino a la cantidad de cobertura que reciben aquí y el potencial de quedar expuesto a las críticas. En el caso del presunto terrorista nigeriano, también hay ecos de reacción oficial adaptada a la cobertura mediática y el ataque partidista a través del repentino estallido de rabia pública del presidente y las promesas de corte Bush de castigar a los autores intelectuales del terrorismo. Pero son defectos que este presidente con talento puede superar fácilmente siempre y cuando los reconozca.

En cuanto a Putin y Sarkozy... ¿QUÉ? ¿No me queda espacio? Vale. (¿Ve lo que quiero decir?)

jueves, 7 de enero de 2010.
 
Al infierno con los redskins
Jim Hoagland
WASHINGTON -- La tragedia griega perdura porque nos enseña que es digna de vivirse a pesar de la angustia y el dolor que marcan gran parte de nuestra existencia. Esto me ha ayudado a entender y empatizar hasta con los Washington Redskin a lo largo de esta decepcionante temporada.

Hasta ahora. Volveré a los Skins en breve, y a cómo destruyeron la pasada semana un marco de referencia temporal optimista en apenas 15 segundos, en un instante. En primer lugar, algo de contexto:

Empecé mi carrera periodística como columnista deportivo antes de pasar a cubrir cuestiones mundiales y política exterior. El hilo conductor estaba claro: ¿en qué otra instancia es posible juzgar de manera tan seca quién es el héroe (trágicamente imperfecto) y quién es solamente un vago? ¿O registrar los puntos, las jugadas y los errores de la política, el deporte más espinoso que existe?

Hacer la crónica deportiva o política es escribir acerca del carácter humano enfrentado a extremos de ambición y tensión. Lo mismo puede decirse a estas alturas de escribir sobre finanzas y economía como consecuencia de la Gran Recesión de 2008. Ahora tenemos más información del carácter de las personas que han administrado Citigroup, Goldman Sachs o AIG de la que nunca pensamos que tendríamos o necesitáramos conocer.

Esto es así. Es la música lo que cuenta, no las palabras ni el promedio del defensa. El aura o la impresión que irradia un Fidel Castro, un Saddam Hussein, un Nelson Mandela, un Francois Mitterrand o un Bill Clinton y que te causan -- la esencia del carácter -- perdura mucho después de que sus respuestas normalmente preparadas hayan desaparecido de los cañones de prensa y de la memoria.

Además, yo crecí en un Sur estadounidense que dejaba de estar segregado paulatinamente y aprendí que la gente puede ser inducida a cambiar a mejor. El destino y la geografía me han tendido la mano del optimismo histórico como filosofía de vida, lo que normalmente ayuda enormemente a los hinchas de los Redskins.

Hasta la noche del lunes habría ilustrado esta temporada de los Redskins (4 a 10) como shakesperiana, o quizá griega. Confiaba en que esta tragedia contendría lecciones vitales para todos nosotros. Eso alumbraría la descripción que hace Joseph Conrad del "hombre, indomable por su experiencia en la resistencia a la miseria y el dolor", o incluso la predicción del laureado Nobel de 1949 de William Faulkner en que "el hombre no se limita a soportar: prevalecerá".

Ahora sé lo que sentía Bad Blake al tocar fondo en "Crazy Heart", el sobrecogedor nuevo trabajo de Jeff Bridges acerca de un cantante country alcohólico. Con un partido que tenía la fuerza de una terapia familiar, los Redskins me han convencido de que mi vida tiene que cambiar. Tengo que rehabilitarme del fútbol.

Sucedió cuando los Redskins intentaban poner en práctica lo que yo describiría como un farol de gol de campo para cubrir un pase que les explotó en la cara. Para mí, este momento -- que es necesario ver para creer o entender -- dice por lo menos tanto de la condición humana durante esta difícil década como las alambicadas sesiones de deliberación en el Senado en torno a la reforma sanitaria o las negociaciones de desarme nuclear.

Cuando los Redskins desplazaron casi toda su ofensiva a la banda izquierda del campo y dejaron a su defensa en medio, descubierto de defensa y de lógica, enarbolando el balón frenéticamente al cielo mientras un ejército de Giants de Nueva York acudía frenéticamente a tumbarlo, Shakespeare y Esquilo salieron por la ventana. Todo convergió en un instante a Franz Kafka y a William Burroughs, a lo absurdo y lo cruel de la vida, a la muerte de Sartre, a quien se pudo escuchar mascullando en su tumba que al infierno con los Redskins.

"Sí, definitivamente ese pase parece ejecutado por una cucaracha gigante", respondía Joel K. Estes de Rock Hill, S. C., (sufrido hincha deportivo y hermano mío) cuando mencioné la analogía con Kafka. Encontró el partido en YouTube tras escuchar que lo describían como "el partido más desagradable de la historia del fútbol". Estes no puso reparos.

De manera que ya me perdonará esta semana por no escribir acerca de la conferencia del clima de Copenhague, que bien podría haber triunfado fracasando tan estrepitosamente como los Redskins. Los líderes serios podrán ahora apartar el marketing "verde" cínico y exagerado y el autobombo flagrante que dominan gran parte de la respuesta a una amenaza seria a la estabilidad global. Podemos ver con mayor claridad los peligros del fraude financiero y el daño medioambiental que plantea un sistema global de intercambio de emisiones, y pasar en su lugar a un régimen fiscal de emisiones contaminantes.

Pero la cabra tira al monte -- predicando el optimismo histórico al mismo tiempo que los Redskins me advierten que tengo que cambiar. Dígame, doctor: ¿tiene cura lo mío?

martes, 29 de diciembre de 2009.
 
Una imagen en la que puede depositar su confianza
Jim Hoagland
WASHINGTON -- Los estadounidenses más repudiados son hoy los banqueros del país.

En el extranjero, se han convertido de pronto en símbolos de incontrolable avaricia. En el país, el Presidente Obama se burla de ellos públicamente tachándoles de "industriales bien cubiertos" con el fin de situarse en el bando adecuado de las iras de la opinión pública - a pesar de que fue el Departamento del Tesoro el que expendió enormes incentivos de dinero de los contribuyentes para mantener cubiertos a los industriales.

Esta es una desconexión a nivel legislativo que abre la puerta a la repetición de los desastres financieros que acabamos de superar. En lugar de insultar a los banqueros estadounidenses, Obama debería estar poniéndoles límites y reformando su sector. Su administración no sólo necesita devolver la solvencia a un sistema gravemente castigado sino también cierta impresión compartida de confianza y responsabilidad entre los titulares de las cuentas, los prestatarios y los banqueros, que en sólo dos años ha saltado por los aires.

Y eso significa reconocer que también hay en juego una extendida desconexión cultural. ¿Cuándo y cómo esta profesión estadounidense socialmente imprescindible y en tiempos encomiable adoptó valores de engaño e interés, llevándolos a una escala global y después defenestrándolos?

Cierto, siempre ha habido usureros y artistas del fraude morando por las instituciones financieras. Como dijo el ladrón de bancos, es ahí donde está el dinero. Pero no es menos cierto que con frecuencia una profesión que debería apoyarse en la cautela, el buen criterio y los pronósticos fundamentados abandona sus referentes para representar todo lo que está podrido en el estilo de vida de una superpotencia. La cara amable de Wall Street hoy es el avariento y deshonesto Augustus Melmotte de la obra de Anthony Trollope.

Es artículo de fe en Europa que la recesión global fue provocada por banqueros estadounidenses que vendían artísticamente títulos financieros tóxicos a confiados compradores alemanes y franceses, entre otros. El pastel, sostiene esta versión de los hechos, fue urdido a través de la incompetencia administrativa estadounidense que dejó quebrar Lehman Brothers. (Se pueden leer variantes locales de esta línea argumental de acusaciones vertidas contra los banqueros y sus avalistas en Washington en Rolling Stone, los blogs de extrema izquierda y los medios de referencia).

Por desgracia, no sirve para frenar esta ira generalizada contra el sistema estadounidense argumentar que las cosas son más complejas - para empezar, los bancos europeos que adquirieron la deuda intercambiable tóxica de AIG estaban actuando a sabiendas de que hinchaban artificialmente sus reservas para poder prestar cantidades progresivamente mayores de dinero dentro de sus propios intercambios inestables -- ni recordar que el sistema bancario estadounidense ha jugado un papel vital históricamente en la expansión de la riqueza y las oportunidades sociales a nivel nacional e internacional.

Yo crecí en una ciudad industrial de Carolina del Sur de la que me marché a la universidad con la ayuda del primer banquero que conocí. Él prestó a mi familia la importante suma de 1.000 dólares de los titulares de sus depósitos con los que ayudar a financiar cuatro años de estudios. En 1957, con alguna beca y un empleo tras las clases, se podía salir adelante con esa cantidad en una universidad pública de las del Sur.

Esta experiencia sin duda marcó mi percepción de un contrato social entre los banqueros y sus comunidades clientes. Pero el contrato ha sido modificado mucho desde entonces -- y hoy puede que hasta impugnado -- por el avasallamiento de la profesionalidad en favor de la iniciativa que se da en gran parte del mercado estadounidense, lo que ha llevado a la exaltación de la rentabilidad como la vara última de medir los resultados y el corto plazo como el único horizonte que vale la pena considerar.

Las puñaladas verbales vertidas por el presidente contra los banqueros y sus bonificaciones no pueden reemplazar a una iniciativa focalizada emprendida por la administración y el Congreso encaminada a obligar a los bancos a reemplazar la actual disparidad de incentivos desproporcionados y riesgos ignorados con algún código nuevo de responsabilidad financiera basado en una mejor supervisión y regulación.

La administración parece haber sido cómplice en la encarnizada lucha de los bancos que recibieron fondos del contribuyente procedentes del Programa de Ayuda a Activos sin Liquidez (TARP) por escapar de la supervisión pública y el control de la remuneración de sus ejecutivos. Los banqueros quedan libres para asumir cualquier riesgo que les parezca oportuno en la búsqueda de carteras cada vez más rentables.

"Los bancos que resultaron ser demasiado importantes para permitir su quiebra son más importantes que nunca", escribía John Gapper en el Financial Times la semana pasada. Es difícil responder a su opinión diciendo que la administración Obama ha fracasado a la hora de aprovechar esta crisis como una oportunidad de acometer cambios fundamentales en un sistema financiero que aún muestra todos los indicios de ser incapaz de regularse.

Como prioridad urgente de la política exterior, el presidente ha dedicado grandes esfuerzos y un montón de ego a cambiar la imagen de América en el extranjero. Gran parte de esa admirable iniciativa se verá menoscabada si la administración no se ocupa de la forma en la que hay que cambiar también la imagen de los estadounidenses -- empezando hoy por los banqueros.

martes, 22 de diciembre de 2009.
 
 
¿Demasiado importante para fracasar?
Jim Hoagland
lunes, 14 de diciembre de 2009.
 
Preso del contexto
Jim Hoagland
lunes, 7 de diciembre de 2009.
 
Lo que piensa realmente
Jim Hoagland
sábado, 28 de noviembre de 2009.
 
Anegados por las consecuencias imprevistas
Jim Hoagland
sábado, 21 de noviembre de 2009.
 
La pregunta que ni hemos planteado aún
Jim Hoagland
sábado, 14 de noviembre de 2009.
 
El revés de una mano tendida
Jim Hoagland
sábado, 7 de noviembre de 2009.
 
Chirac en su peor trago
Jim Hoagland
miércoles, 4 de noviembre de 2009.
 
Es hora de que Europa sea ambiciosa
Jim Hoagland
martes, 3 de noviembre de 2009.
 
Es hora de un nafta mayor
Jim Hoagland
sábado, 24 de octubre de 2009.
 
El abrazo de Obama en Afganistán
Jim Hoagland
lunes, 19 de octubre de 2009.
 
Agradecimiento por los favores a recibir
Jim Hoagland
domingo, 11 de octubre de 2009.
 
La gran oportunidad de Obama
Jim Hoagland
sábado, 3 de octubre de 2009.
 
La rutina nuclear de Obama
Jim Hoagland
lunes, 28 de septiembre de 2009.
 
El yin y el yang en el Kremlin
Jim Hoagland
sábado, 19 de septiembre de 2009.
 
Elecciones cojas, estrategia coja
Jim Hoagland
jueves, 10 de septiembre de 2009.
 
El cambio de Japón y los desafíos
Jim Hoagland
domingo, 6 de septiembre de 2009.
 
Cuando la confianza no refrenda
Jim Hoagland
domingo, 30 de agosto de 2009.
 
La imagen se convierte en un problema
Jim Hoagland
sábado, 22 de agosto de 2009.
 
Futuro, para variar, en los Balcanes
Jim Hoagland
sábado, 15 de agosto de 2009.
 
El desafío de Clinton a Irán
Jim Hoagland
miércoles, 29 de julio de 2009.
 
La política exterior de plazos de Obama
Jim Hoagland
miércoles, 22 de julio de 2009.
 
Con cohesión, pero aflorando diferencias
Jim Hoagland
sábado, 11 de julio de 2009.
 
Una inteligencia privilegiada envuelta en arrogancia
Jim Hoagland
miércoles, 8 de julio de 2009.
 
Preparativos para una transformación radical
Jim Hoagland
domingo, 5 de julio de 2009.
 
Archivo
27/06/2009 Donde los halcones siguen contando
20/06/2009 Los réditos de seguir un rumbo moral en el tema de Irán
13/06/2009 La oportunidad de oro de Obama
06/06/2009 La desesperación al volante
31/05/2009 El precio de apuntar alto en Oriente Medio
23/05/2009 El desafío de las guerras del nuevo siglo
16/05/2009 En la maraña de las torturas
09/05/2009 La longeva contribución de Mandela
07/05/2009 Miedo a volar
02/05/2009 La carrera ciberespacioal de la Casa Blanca
24/04/2009 Irán, Israel y el dilema de Obama
 
Quiénes somos  |   Qué somos  |   Contacto  |   Aviso Legal  |   Creative Commons  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris