Jim Hoagland es uno de los más reputados columnistas del The Washington Post Writers Group y escribe dos veces por semana para SIGLO XXI, en exclusiva para medios digitales españoles.
La distinguida carrera de Hoagland como reportero, editor y ahora columnista y corresponsal de exteriores del Washington Post le ayudó a prepararse para la mayor noticia de su vida. Mientras el mundo estaba sobrecogido ante la tremenda destrucción del 11 de septiembre del 2001, Hoagland estaba ocupado examinando la respuesta estadounidense a los mortales ataques terroristas. "Estados Unidos toma parte en una guerra en la sombra que ahora debe convertirse en la principal prioridad para el presidente y la administración cada uno de los días de su mandato," escribía Hoagland en su columna poco después del colapso del World Trade Center y mientras el Pentágono aún ardía. De igual manera, cubrir y analizar la guerra contra el terror se ha convertido en la principal prioridad de Hoagland, dos veces ganador del Pulitzer. En 2002, los editores del Times of London, Le Figaro (Paris), Die Welt (Berlin) y cuatro cabeceras europeas más encabezaban un jurado que le concedía el Premio Cernobbio-Europa por explicar las consecuencias del 11 de Septiembre y su efecto sobre las relaciones europeo-estadounidenses.
Dos veces a la semana, sus columnas se centran en las cuestiones de importancia y los asuntos de seguridad nacional y asuntos exteriores, y acompañan las opiniones no sólo de funcionarios estadounidenses sino también de los líderes y pensadores del mundo. Lectura esencial el centro de Washington, Hoagland es también seguido por cualquiera interesado en los asuntos del mundo y los cambios trepidantes y hasta revolucionarios que marcan nuestro mundo hoy.
Iniciada en 1986, la columna de Hoagland hacia crónica de las fuerzas que provocaría en el colapso de los regímenes comunistas de Europa Oriental y con el tiempo la propia Unión Soviética. También se centraba en los cambios puntuales que tenían lugar en África, Asia y Oriente Medio, y plasmaba cómo dichos asuntos dieron forma a los asuntos internacionales de importancia durante los años 90.
Su cobertura de las protestas de la plaza de Tiananmen esbozó la sombra que el conflicto entre represión política y dinamismo económico en China arrojaría al mundo durante los próximos años. Hoagland, que en 1971 obtuvo el Pulitzer de información internacional por su crónica en 10 partes del apartheid, también siguió de cerca la revolución de Sudáfrica. En menores entre 76 esas crónicas fueron reconocidas con un premio del Club de Prensa. Autor de "Sudáfrica: civilizaciones en conflicto," Hoagland fue el primer periodista estadounidense en advertir de las amenazantes posturas de Saddam Hussein hacia Estados Unidos y sus vecinos árabes desde 1987. Hoagland entrevistó a Sadam en diversas ocasiones y visitó las zonas kurdas.
En 1990 volvió a Washington justo antes de que Irak invadiera Kuwait. Al año siguiente fue reconocido con el premio Pulitzer al comentario político por advertir de las intenciones de Irak y por plasmar el motivo de que los esfuerzos de Mikhail Gorbachev por salvar el comunismo estuvieran sentenciados.
WASHINGTON - Escucha, Israel: ahora no. Obama, no permitas que el capricho de la opinión pública dé tu brazo a torcer. Putin, deja de proteger a asesinos, y eso incluye a los que te quitan de encima a los picapleitos entrometidos. Sarkozy, tu energía e irreverencia son deslumbrantes, pero ¿qué tal algo más de perseverancia, cher ami?
Señor, qué a gusto me he quedado. Desorienta al principio. Durante 25 años he trabajado como reportero y editor y cobré por mantener mis opiniones al margen del periódico. Durante las dos últimas décadas, The Washington Post y los clientes de su Writers Group me han pagado por poner mis opiniones donde ellos ponen su dinero - por decir a los grandes, y a los meramente pomposos, lo que pienso de sus acciones y políticas.
Ambas circunstancias me ofrecieron la oportunidad de continuar una educación que comenzó en una escuela de tres plantas y siete cursos del Carolina del Sur rural. El periodismo me permitió y obligó a estudiar políticas, diplomacia, económicas y, sobre todo, la naturaleza humana. Escribir para un periódico es igual que examinarse todos los días de trabajo.
Los puntos comunes son las limitaciones insalvables de tiempo y espacio, expresadas en la ley férrea de cumplir el plazo de entrega con independencia de las circunstancias físicas o mentales. "Al menos nadie nos dispara ahora mismo", solían decirse los corresponsales extranjeros de antaño mientrás nos dirigíamos a la sitiada oficina de correos de Port Harcourt, Nigeria, o la oficina del censor de El Cairo o en Jerusalén, a enviar las crónicas por telégrafo.
Fin de año parece ser el momento adecuado para volver a configurar las constantes. En lugar de que sea el plazo de entrega lo que modele la idea y la encaje a la fuerza en segmentos de 750 palabras, ahora quiero que sea la idea la que modele el plazo. Voy a trabajar en proyectos a largo plazo, como redactor externo del Post, y en un libro. En ésta la última columna sindicada, quiero agradecer a los lectores su apoyo e interés, y a mis mentores y colegas de todo el oficio su inmensa contribución a una vida profesional feliz.
Extraña idea, esa. Los periodistas de redacción se cuentan entre los seres más individualistas, sobreviven de la gratificación del ego instantánea fruto de una nota destacada, superando a la competencia o preparando una página bien diseñada.
Y sin embargo - montar un periódico es el esfuerzo de colaboración más intenso que acometen los humanos a este lado de la guerra, el sexo o el béisbol. Redactores, editores, jefes de redacción y vendedores de anuncios entre otros participan en un feroz toma y daca diario a medida que se acerca el milagro de la impresión. Todos aplauden, más o menos juntos, o nadie aplaude.
El periodismo es presente, no el ayer. Por tanto, ofrezco algunas reflexiones contemporáneas en lugar de recuerdos mientras nos disponemos a demostrar que los periodistas curtidos no mueren, solo escriben de forma más cruda.
En primer lugar, un poco de asesoramiento (por si no tuvieran bastante con el de un mundo que se comporta como un matón) a los israelíes al evaluar si atacar el programa nuclear de Irán: ahora no. El régimen de Teherán se vale de la represión para hacer frente a las justificadas iras y el desprecio que despierta entre la población de Irán. Los fanáticos en el poder prefieren imponer en lugar de negociar. Que esta revolución siga su propio curso antes de actuar, si hay que actuar.
No hay gente en el mundo más generosa, cálida, terca, irritante, inspiradora y exasperante que los israelíes, a excepción tal vez de los árabes. Voy a echar mucho de menos deciros a los dos regularmente lo que tenéis que hacer, sabiendo que no existe la más remota posibilidad de que no se os haya ocurrido ya y de que no hayáis decidido que no si se puede evitar.
Mi salva al Presidente Obama en el encabezamiento se debe al gran respeto y la esperanza puestos en su presidencia. Puede ser un gran líder si deja de prestar tanta atención a los ayudantes obsesionados con los medios de comunicación que confunden política con intereses electorales y manipulación con estatismo.
Las reacciones vacilantes de Obama a las protestas ya constantes en Teherán siguen siendo inquietantes. No parece que respondan al ritmo y la magnitud de las propias protestas, sino a la cantidad de cobertura que reciben aquí y el potencial de quedar expuesto a las críticas. En el caso del presunto terrorista nigeriano, también hay ecos de reacción oficial adaptada a la cobertura mediática y el ataque partidista a través del repentino estallido de rabia pública del presidente y las promesas de corte Bush de castigar a los autores intelectuales del terrorismo. Pero son defectos que este presidente con talento puede superar fácilmente siempre y cuando los reconozca.
En cuanto a Putin y Sarkozy... ¿QUÉ? ¿No me queda espacio? Vale. (¿Ve lo que quiero decir?)