Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos El Viajero Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Esther Videgain
Esther Videgain
Un relato de Esther Videgain
Verónica limpiaba todos los días el parque. Trabaja ahí desde hacía muchos años. Ella era muy alta, tenía el pelo largo moreno y se lo cogía en una coleta para ir a su puesto de trabajo.

Hacía su tarea con mucho esmero para que los niños que jugasen ahí, no tuviesen accidentes con las jeringuillas que los toxicómanos tiraban en el suelo.

El tamaño del recinto era muy grande. Tenía carriles de arena y piedras y tenía bastantes espacios verdes con muchos árboles. En otoño se llenaba todo de hojas secas. Verónica sacaba cada mañana sacos y sacos llenos. Pesaban muchísimo, pero la gente tenía que pasear y no se podían escurrir.

La trabajadora observaba, con cierto recelo, a todo el mundo que andaba mientas ella recogía. Venían corredores a primera hora de la mañana hacer footing, estudiantes que hacían pellas, parejas de enamorados agarrados de la mano y niñeras con los pequeños. Eran multitudes de transeúntes. Se ponía todo siempre a tope y se ensuciaba mucho.


Todas las tardes, a las siete, iba al parque una chica muy elegante vestida con el pelo suelto muy bien peinado y alisado. Era también muy alta y la estructura ósea era muy parecida a la de Verónica. Iba muy despacio escuchando su ipad. Se respiraba aire puro y pensaba para sus adentros:

- ¡Qué limpio está todo! ¡Así da gusto pasear!

Ella estaba en las instalaciones hasta las nueve de la noche, hora en la que se cerraba las puertas, pero era la misma rutina para nuestra Verónica, sonaba el despertador, se ponía el uniforme e iba hacer la limpieza. Así iban trascurriendo los días y las estaciones.

Una vez, llegando la noche, aquella chica tan parecida a nuestra protagonista, entró subiendo las escaleras de piedra, se adentró. Un chico se detuvo, la miró de cerca y la preguntó:

- ¿Tú eres la chica que limpia cada mañana el parque, verdad?

Se dio la vuelta la muchacha y guiñó un ojo a ese hombre.

Artículos del autor

Alicia estaba agotada de la existencia que llevaba. Todos los días, se comía un atasco de una hora y media, ida y vuelta, para ir al trabajo.
Hoy, va por ti, por tus bellos ojos llorosos en antigua risa, para que tu alma vuelva a ser la que era en el antaño de tu presencia perdida por el mal.
La metáfora de la vida, sino, destino, castigo...
Lucilda tenía una tienda de sex-shop en una calle de un pueblo de Madrid. Venía ya bastante gente a usar sus productos y también del extranjero.
Esta mano, mecerá el alma de vuestro ayer, esta mano, acariciará vuestros mil lamentos muertos.
Una guitarra ha muerto, su espíritu llora, amarga, su pérdida su amo, Paco de Lucía, no la acariciará ya más
¿A dónde nos dirigimos cuando miramos al cielo?, ¿A quién queremos encontrar?.
El alma buscó un sosiego en un camino de espinas los versos no eran suficientes las palabras eran escasas.
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris