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Daniel Tercero FIRMA DE OPINIÓN
Las plumas y los tinteros
Daniel Tercero García nació en Barcelona en 1977 y es Licenciado en Historia. Ha trabajado en diversos centros educativos de la ciudad condal y ha colaborado en organizaciones socio-culturales y en sus publicaciones, como Acción Cultural Miguel de Cervantes y Asociación por la Tolerancia. Participó en el Congreso Internacional de la Unión de Coronas al Imperio de Carlos V en 2000. Recientemente ha finalizado un breve texto acerca de Stevenson, su vida y un libro suyo con tres relatos ambientados en Islas Samoa.Desde hace un tiempo dirige con éxito la página www.dhistoria.com. En su columna 'Las plumas y los tinteros', que se publica todos los martes, trata temas de actualidad desde un punto de vista histórico-cultural.
    

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ÚLTIMOS 5 TEXTOS PUBLICADOS
La jubilación anticipada de los políticos
Josu Jon Imaz ha decidido retirarse de la política activa y pasar a un segundo plano. No sabemos todavía la relación que mantendrá dentro del PNV, aún es pronto para adivinarlo, pero sí ha asegurado él mismo que se marcha a la empresa privada. Se jubila, políticamente hablando.
La decisión, que saltó a los medios digitales el pasado miércoles a media tarde, mientras se iniciaba el curso parlamentario en el Congreso, sorprendió a propios y extraños. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en una entrevista a la cadena Ser esa misma tarde, se mostró extrañado, diría yo, con la decisión tomada por Imaz. Sabido es que entre ambos ha existido un cierto feeling durante el periodo en el que el Gobierno ha estado negociando con ETA. Sabido es, también, que Imaz se ha mostrado como la cara amable -si esto es posible- del nacionalismo vasco.

Lo que me llama la atención es el proceso (desconozco cómo se fragua en otros países, aunque por lo visto y oído en las secciones de internacional, sospecho que, exceptuando casos sonoros, España es la excepción) por el cual nuestros políticos hacen carrera de ello para pasarse al sector privado. Lo que sorprende es que el camino natural para la buena gobernación de un país, como puede serlo para una Comunidad Autónoma o un municipio, en España, se haga justamente al revés de como marcan la lógica y la razón. Voy a ello.

Profesionalizar la política significa que el ciudadano que ocupa un cargo público reciba una remuneración por ello. El asunto de la cuestión es que da la impresión de que cada vez tenemos profesionales de la política que se afilian a un partido político desde bien jovencitos, suben como la espuma, acceden a un cargo público como si de una joven promesa del fútbol se tratara y de ahí a la eternidad. Les suenan un tal José Montilla o Daniel Sirera. ¿Profesión?

El proceso lógico, y que marca la razón y la historia -se me lean la historia de la política de la Grecia clásica-, es que para los cargos públicos accedan los mejor preparados. El filtro democrático, no se me alteren las dos o tres lectoras que aún siguen por estos lares digitales, se le supone a los partidos políticos. Es decir, son estos los que deberían presentar a los mejor preparados para los cargos públicos y los ciudadanos escoger al mejor de entre los mejores.

Pero, como sabemos, esto no es así. Imaz tiene 44 años. Aznar tiene 54. Piqué, 52. Incluso, Felipe González cuenta hoy día con 65 primaveras. Voluntariamente o porque las urnas les han forzado a ello en España se jubilan -o jubilamos- a los políticos muy pronto porque el camino que estos han tomado es el inverso al deseable.

Me gustaría, como ciudadano, tener al mejor gestor para cualquier ministerio, consejería o regidoría, y esto incluye al más experimentado, al que ante situaciones adversas tuviera más recursos para afrontarlas con éxito. ¿Puede un político de 44 años, como Imaz; o uno de 43 como cuando Aznar accedió a la Presidencia del Gobierno; o uno con 40, como Felipe González, en 1982, representar al mejor de entre los mejores? Y otro problema, ¿qué hace una sociedad con un ex-presiente de 51 años? ¿O con uno de 48 si Zapatero pierde en 2008?

Lo público gusta, las ambiciones son extremas y las ansias de poder infinitas. Así nos va. La regeneración política empieza por el planteamiento general. Algo imposible, algo utópico.

Viernes 14 de septiembre de 2007
Jaime de Jaraíz, un clásico del siglo XX
Una llamada por teléfono de Alejandro García Galán trajo la mala nueva a casa de mis progenitores, amigos íntimos, todos, de Jaime de Jaraíz. Luego, tan solo hizo falta una pregunta ¿sabes que se ha muerto Jaime? para comprobar el profundo dolor que los más allegados sienten en estos momentos.
El único contacto directo que tuve con el artista Jaime de Jaraíz, Jaime García Sánchez era su nombre real, fue un apretón de manos y un breve intercambio de palabras que ni siquiera yo recuerdo, hace más años de los que me puedo imaginar ahora mismo. No así mi familia, con la cual ha mantenido, tanto él como su mujer María Dolores, una excelente relación pese a la distancia que separan Extremadura con Madrid y Barcelona.

Ahora me han recordado, hablando y preguntando por Jaime, que se quedó en el tintero un retrato de mis padres. ¿Cuántos dibujos se habrán desvanecido para siempre? ¿Cuántas sinfonías? ¿Cuántas charlas? Cabe decir que Jaime de Jaraíz era un humanista de los que ya no quedan. No solo era -su obra no morirá- un excelente e innovador pintor, sino que también probó suerte con la música, aunque siempre, desde pequeñito, había compaginado ambas disciplinas, y los últimos años de su vida los dedicó a preparar un libro autobiográfico -menos de mil ejemplares, todos con su firma y sello- que expresa nada más y nada menos el lujo de tener la vida y obra del artista en un volumen.

Nada importa ya que con tan solo 16 años se hiciera con el primer premio de pintura de Plasencia, estamos en 1950, y que pudiese estudiar en Cáceres lo que mejor hacía, pintar. Nada importa ya que en 1957 marchase a París y que desde entonces expusiera su obra en las mejores ciudades de España. Nada importa ya que este jaraiceño, pero no uno cualquiera -de ahí que en 1979 el ministerio de Justicia aprobase su cambio de apellido, que él ya utilizaba desde los 60, para que su ciudad natal, Jaraíz de la Vera, diera la vuelta al mundo-, estudiase en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando... nada importa ya sus exposiciones en Johannesburgo, Denver, Dallas, Nueva York o Los Ángeles.

Todo esto ya no importa, tampoco el robo de dos de sus obras en los años 70, porque el artista Jaime seguirá. El tópico de que las obras de un creador no mueren es cierto, es más, la sociedad que nos rodea es tan hedonista que sus construcciones, innovaciones todas, se revalorizarán a partir de ahora.

Desde 1983 era miembro de la Real Academia de Extremadura (RAE), nombrado por unanimidad, y a los tres años de tal distinción el Hogar Extremeño de Barcelona le rindió un caluroso homenaje en el que participó, miren por donde, Jordi Pujol. En 1995 firma su último óleo, Carlos V, adelantándose como siempre y rindiendo homenaje a un proyecto en ciernes llamado Unión Europea.

De su currículo, personalmente, me quedo con Alegoría a la Constitución (1978), reproducción firmada y dedicada que cuelga de una de las paredes de nuestra casa familiar, que tantas veces miré, observé y analicé asombrado por la composición del azul y el contraste del blanco de la paloma, en manos del Rey, con la ternura del can que acompaña a la familia real. En cuanto vaya volveré a disfrutar de ella.

Santiago Castelo, subdirector de Abc, amigo, poeta y director de la RAE, ha dicho de Jaime de Jaraíz que era “un hombre eminentemente bueno, sencillo, cordial y generoso, que siempre veía el lado positivo de las cosas, y todo eso, claro, al margen de sus virtudes como pintor”. De lo primero dan fe las personas que lo conocían, de lo segundo no hay nada más que ver su obra para comprobarlo.

Otro pintor que la tierra de la extrema frontera nos regala. Jaime de Jaraíz se ha ido después 73 años de fructífera vida, intensa, y excelente obra.

Jueves 6 de septiembre de 2007
Internet: transformación y consolidación
Nos dicen a estas alturas de la película que lo del mundo virtual en internet no es lo que parecía que iba a ser y, sobre todo, lo que decían que estaba siendo. Me refiero, claro, a Second Life (SL). Pero no solo a SL. También nos hemos enterado esta semana, vía oficina británica de la difusión de prensa, que la venta de los diarios británicos no se está viendo perjudicada por sus propias páginas webs.
Por lo visto, SL cuenta con más de ocho millones de usuarios registrados pero apenas un 15% de estos repite visita un número considerable de veces como para ser considerado fiel miembro de la comunidad virtual. Así las cosas, lo que parecía se estaba convirtiendo en un mundo paralelo lo ha dejado de ser de golpe, entre otras cosas, porque no podemos equiparar un planeta con más de seis mil quinientos millones de personas con un programa de ordenador, por muy virtual que sea, que consumen apenas cuarenta mil usuarios al día.

SL seguirá existiendo -no a mi pesar- pero tendrá que transformarse. Las empresas, sustento imprescindible del jueguecito en cuestión, ya se están planteando abandonar el mundo virtual o como mínimo enfocarlo de otra manera. Coca-Cola tiene una media solo de 27 visitas diarias, según publicó Wired recientemente, y ya solo es rentable el negocio del sexo, que como comprenderán al ser virtual deja mucho que desear.

Pero la transformación de algunos contenidos de internet, como puede ser SL, no hacen sino confirmar la consolidación de la red en el mercado de la comunicación, en sentido amplio del término, y reafirmarse en que a medio plazo, por lo menos, internet seguirá siendo el rey, con permiso de la televisión.

Los consumidores del Reino Unido ven en las versiones digitales de los periódicos una fuente complementaria de la versión impresa tradicional, según el estudio que la oficina británica de la difusión de prensa ha hecho público, y que aunque confirma que las versiones digitales de los diarios tienen más visitas, la fidelidad sigue siendo una baza de la prensa de papel. Punto y a parte es el planteamiento de los medios nacidos y desarrollados solo en internet.

Ni la televisión eliminó a la radio de las casas, ni internet dará la puntilla a la prensa tradicional. Lo diarios tendrán que transformarse -igual que le sucede a internet cada día-: ofrecer contenidos diferentes a los copiar y pegar de las agencias de noticias, amplios reportajes y firmas de opinión consolidadas. Y, evidentemente, hablar de internet como algo propio y normal, no como un mundo por descubrir como ocurre en la prensa de hoy. Explotará, en definitiva, los dos grandes puntos débiles que un ordenador y una conexión a internet tienen, al menos de momento, que son la incomodidad de la lectura prolongada delante del monitor y la portabilidad de las herramientas.

La red no tiene freno y solo nos queda saber el circuito por el que correrá los próximos años, quizás meses. El miedo que tenemos, en ocasiones puesto encima de la mesa con palabras tan espeluznantes para el siglo XXI como “censura”, “cierre de webs” o “manipulación”, es en realidad el vértigo que nos entra al comprobar cómo avanza, se transforma y se consolida eso que llamamos internet.

Sábado 18 de agosto de 2007
Admiración
Siempre he disfrutado con las caras y expresiones que los guiris me regalan una vez terminan de subir las escaleras de la salida del metro de la parada de Sagrada Familia. Durante muchos años ha sido mi vehículo personal y la vuelta a casa, en hora punta turística, me ha permitido gozar de uno de esos placeres personales casi indescriptible.
Nadie duda que el fastuoso capricho del arquitecto reusense es la mayor atracción turística barcelonesa. Además, como los catalanes para esto de la pela nos organizamos muy bien, lo de la Sagrada Familia es el cuento de nunca acabar y con la excusa de que este año han colocado dos piedras nuevas y una figurita más, que no estaban el año pasado, ya existe un motivo suficiente para volver a visitar el templo religioso. Ventaja que la catedral sin obispo tiene respecto a los otros puntos de interés de la capital mediterránea.

El negocio no desluce, ni mucho menos, la arquitectura; y la majestuosidad de la Sagrada Familia es digna de admiración incluso para los que casi a diario la vemos desde la ventana de nuestra habitación y conocemos al padre Bonet, párroco de la iglesia, y hemos tenido el privilegio de tenerlo como guía intramuros.

Pero si realmente la admiración por el monumento en cuestión se ve reflejada en la cara de alguien, esto ocurre una vez hemos subido la escalera de acceso al metro, línea azul o 5. Como si lo hubieran hecho adrede, los técnicos del suburbano barcelonés colocaron en su momento una salida de metro a las puertas del templo. Para que ahora vengan diciendo que los cimientos, que vio poner el propio Gaudí, se verán dañados con el paso del AVE. ¿Pero no saben que dos líneas de metro pasan por debajo mismo del templo?

Los escalones están puestos estratégicamente para causar un impacto visual propio de otros tiempos. Estoy seguro. En verano, el calor es tan sofocante en las estaciones del metro que el turista solo espera poder llegar cuanto antes a la calle. Es por esto que la expectación por ver la Sagrada Familia y la ansiedad de deshacerse del transporte público forman un cóctel explosivo en los turistas y visitantes que hace que no puedan contener las caras de asombro al terminar su breve pero angustiosa subida. ¡Dios mío! ¡Qué bella! ¡Increíble!, o un simple ¡oh!, es lo único que pueden articular sus labios. Por supuesto, el lingüístico no es un problema en esos momentos y la Generalidad todavía no ha prohibido que los sentimientos de admiración sean obligatoriamente en catalán. De momento.

Si tuviera mano en eso de las rutas turísticas por Barcelona incluiría la vista de la Sagrada Familia a la salida del metro. La sensación debe ser algo así como si uno, caminando por su pueblo, se gira de golpe y a sus espaldas tiene el Coliseo romano o el Taj Mahal indio, a menos de treinta metros. Lo mínimo es un ¡oh!, qué duda cabe.

Para los que ya no nos sorprende la obra artístico-religiosa pero le tenemos una gran estima -cosas de la infancia, supongo-, ver esas caras y oír -en muchos casos no es más que interpretar-, día tras día, a los guiris cómo se asombran y admiran al verla significa mucho para ese corazoncito provinciano, y pueblerino, ¿por qué no?, que todos llevamos dentro.

Viernes 10 de agosto de 2007
No es una cuestión de banderas
El Tribunal Supremo (TS) ha ordenado al Gobierno vasco, presidido por el peneuvista Juan José Ibarretxe, que cumpla la ley en materia de símbolos en los edificios autonómicos. En concreto, el TS ordena al Ejecutivo vasco que ondee la bandera española en la academia de la policía autonómica de Arcaute.
De momento, y sin que sirva de precedente, han venido a responder los funcionarios públicos -en teoría- temporales del País Vasco, respetarán la ley y la sentencia del TS. De momento, digo, porque en este país de pandereta, de butifarras, de levantamiento de piedras y de campeonatos de lanzamiento de hueso de olivas, lo de cumplir la ley es algo que no va con nosotros. No, al menos, con nuestros próceres más distinguidos. Es decir, los gerifaltes del terruño más cercano.

Hay un sinfín de ayuntamientos de Cataluña y el País Vasco que no cumplen la ley en materia de símbolos como establece la Constitución y la ley 39/1981, de 28 de octubre, por la cual queda regulado, establecido y clarísimo, el uso de la bandera española (artículo 3.1): “deberá ondear en el exterior y ocupar el lugar preferente en el interior de todos los edificios y establecimientos de la Administración central, institucional, autonómica, provincial o insular y municipal del Estado”. Si quieren profundizar en el asunto no dejen de pasarse por un magnífico blog, Criterio, que tiene documentado el asunto.

Pero, el tema de las banderas, siendo lo simbólico que significa, no es del todo grave en sí mismo. Es cierto que las banderas en sí mismas no dejan de ser unas telas -aunque papel es un billete de 500 euros y casi hojalata una moneda de 5 céntimos-, y, por lo tanto, no debería pasar a mayores. Lo importante, decía, no es lo simbólico, que también, sino el desprecio a la ley que los nacionalistas, día tras día, ejercer en su terruño.

Verbigracia. La ley, en Cataluña, establece muy claramente, que los niños de primaria, hasta los siete años, deben poder escoger -sus padres, se entiende- la lengua de escolarización -de entre las dos oficiales: catalán y español- en las escuelas. Lo miren como lo miren, le den las vueltas que le quieran dar, y pongan los ejemplos que quieran de un posible desprecio hacia los catalanoparlantes por parte de las instituciones en otros asuntos, la Consejería de Educación de la Generalidad de Cataluña no cumple con la ley. Actúa, a sabiendas, ilegalmente al no permitir que los niños castellanoparlantes -o los catalanoparlantes que lo deseen- puedan desarrollar los primeros años de su aprendizaje en la lengua que hablan en casa, que como indican todos los estudios pedagógicos es la mejor manera de que los niños obtengan mejores resultados de entendimiento y académicos.

Pero no solo eso. Y aquí enlazo el “de momento” de un poco más arriba, lo increíble de la situación es que los encargados de que la ley se cumpla, en última instancia el Gobierno del Estado, por ejemplo, en educación existe la Alta Inspección, que, en teoría, debería controlar que las diversas consejerías de educación autonómicas cumpliesen con la ley; digo, que lo increíble es que los que deberían vigilar no vigilan y hacen la vista gorda. ¿De verdad que ningún agente o funcionario público ha visto que faltaba la bandera española en la escuela de la policía autonómica vasca? ¿Durante 20 años? ¿Acaso no estudian leyes en esa academia -que me consta salen buenos profesionales-?

En realidad, el hueso del asunto no es si se cuelga una bandera, otra, todas o ninguna. Se trata de ir un poco más allá, de entender el concepto de democracia en algo más que ir a votar -y ya ni eso- cada cuatro años. Existen las leyes, de obligado cumplimiento, que no son eternas, se pueden cambiar, pero mientras tanto si existen es para que se respeten. Eso es lo que diferencia a un nacionalista y a un demócrata.

¿Que hay nacionalistas demócratas? Haberlos haylos, pero ni se ven ni se oyen, por lo que a efectos prácticos, en política, no existen. Una lástima.

Jueves 2 de agosto de 2007
     
 
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