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Daniel Molina
Logos y epistéme
Daniel Molina nació en Salamanca. Licenciado en Historia, ahora se encuentra realizando la tesis doctoral.

Cultiva el gusto por el pasado en cualquier manifestación: política, arte, literatura… y sobre todo, le interesa la lectura.

Considera la Historia una herramienta imprescindible para adquirir conocimiento y tener capacidad reflexiva. Al tener la reflexión sobre el tiempo, estableciendo un valor significativo substancial, se consigue analizar de manera más crítica y con una mayor complejidad los hechos. Lo anterior resulta muy útil en la medida en que se es capaz de, manteniendo unos principios, (sobre la igualdad, sobre la libertad, sobre la sociedad), establecer juicios racionales. Su motivación consiste en tratar de transmitir conocimiento a los demás, socializar valores, principios, etc. Por ello su estilo vital consiste en la búsqueda de la reflexión, el estudio, la investigación y del debate.

La reflexión compleja, no debe partir de una posición partidista y adaptar el principio, sino que, el juicio crítico consiste en tener una posición basada en una cultura adquirida que lleva a articular un modo de percibir e interpretar esa realidad.
Daniel Molina
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La Guerra Civil que ha superado la sociedad española
La transición supo acabar con la herencia separadora y excluyente de la dictadura
El golpe militar supuso el final de las instituciones democráticas, la paralización de una transformación que se estaba operando de manera intensa desde los años 20 y la creación de un régimen dictatorial, cuya esencia consistió en la división de la sociedad española entre vencedores y vencidos. Los autores del golpe son los únicos responsables de todos esos hechos.

La guerra ha sido superada en la sociedad española porque el proceso de cambio político, supo acabar con la herencia separadora y excluyente de la dictadura.

¿Qué significó para España la Guerra Civil, producto del fracaso de un golpe militar a una República democrática en la sociedad española? ¿Qué trascendencia tiene hoy, 75 años después de aquel golpe de Estado? La sociedad española del pasado siglo sufre toda una serie de transformaciones y cambios profundos conllevando a una serie de rupturas políticas que no se subsanarán hasta la Transición política. Tal y como afirma Pamela Radchiff, la sociedad española sigue unos sistemas de valores y estructuras de sentido que tienen que ver con un conflicto no resuelto de la forma de concebir la sociedad y España.

Dicho de otro modo: lo que se produce a partir de los años 30 y que desemboca en la violencia política de la Guerra Civil y en la posterior dictadura franquista, es una separación entre las distintas y crecientemente antagónicas maneras de concebir a España. Había una separación entre campo-ciudad, oligarquía-demos, catolicismo-Estado laico, modernización-atraso.

Durante los años 30, la sociedad española estaba conformada por una serie de características comunes a todo su entorno europeo, si bien con algunas peculiaridades. Se trataba de una población eminentemente rural, aunque con crecientes núcleos urbanos industriales. El ambiente político era el propio que reflejaban los crecientes medios de comunicación: el advenimiento de las masas populares a la política. Por ello, las transformaciones aceleradas de esa sociedad no vinieron acompañadas de una evolución en el terreno de la política. A la altura de los años 30, un creciente número de españoles entendía como propios el devenir y las expectativas del país y progresivamente, se fue conformando una sociedad muy ideologizada. Esa evolución trajo consigo formas distintas de entender y sentir la nación política.

En la España de los años 30, las identidades culturales – y, también, las identificaciones y los derechos políticos - tratan de imponerse en el discurso y en la praxis. Como ha explicado Manuel Cruz, “las relaciones sociales, por tanto, se piensan, construyen y adquieren significado, hasta convertir alguna de ellas en problemática, conflictiva e injusta.

La argumentación, el lenguaje y los esquemas interpretativos constituyen algunas de las herramientas utilizadas por las personas y las organizaciones políticas a la hora de proponer y asumir un conjunto de ideas y símbolos con los que construir significados de las situaciones y relaciones conflictivas. Esta labor representa una lucha entre los actores en competencia por imponer y excluir definiciones de los conflictos sociales, de tal manera que una buena parte de los enfrentamientos políticos suponen una disputa sobre los símbolos y su hegemonía. Una guerra de definiciones, de palabras, de nombres para legitimar posiciones propias y deslegitimar las ajenas, buscar apoyos, difundir y extender mensajes, influir, en definitiva, en las interpretaciones compartidas existentes”.

Así, de haberse forjado esa identidad, podría haber servido como nexo de unión entre las distintas concepciones y de consenso idóneo para tender puentes en la canalización dialogada de determinados conflictos sociales explicitados de manera violenta. Para Rafael Cruz la disputa intelectual por adscribir atributos concretos y conflictivos a la nación de España se consolidó en las primeras décadas del siglo XX, conformándose, al menos, tres versiones nacionales: la nacional católica, la nacional popular y la de naciones irredentas al margen de la española. La exaltación de esas distintas identidades nacionales tuvo ventajas políticas durante la II República: permitía sobrepasar intereses y redes empresariales, propietarias o económicas, en general; facilitaba la conexión de redes locales y regionales para lograr una implantación nacional de las organizaciones, contribuía a legitimar las políticas nacionalizadoras de los gobiernos y vinculaba la reclamación de determinados proyectos políticos con distintas experiencias de la historia de la nación.

El golpe militar supuso el final de las instituciones democráticas, la paralización de una transformación que se estaba operando de manera intensa desde los años 20 y la creación de un régimen dictatorial, cuya esencia consistió en la división de la sociedad española entre vencedores y vencidos. Los autores del golpe son los únicos responsables de todos esos hechos, aunque sin duda, el golpe, como hemos visto, se explica a partir del tipo de sociedad que tenía España en los años 30. En todo caso, con la guerra civil, se forjó una división entre españoles y que el franquismo mantuvo vigente durante todo su régimen.

La separación de la sociedad española fue su principal legado. Pero, ¿en qué medida han superado los españoles aquella división? Podemos decir, que, en realidad, esa división, intelectualmente comenzó a ser superada en el discurso de Azaña en el año 38, ante las cortes de la República en Barcelona y que el exilio lo recogió a través de los acuerdos tácitos para superar la dictadura y forjar una nueva España entre Prieto y Gil Robles. El PCE, también forjó ese proyecto a través de su programa de reconciliación nacional. Más tarde, econtramos hitos de unidad de demócratas frente al franquismo como el Congreso de Munich en 1962. E incluso, dentro de España, la sociedad nacida después de la guerra, supo concebir el pasado sangriento como una responsabilidad colectiva. “Nosotros hijos de vencedores y vencidos consideramos la guerra como una tragedia colectiva que hay que superar”. Con todos estos mimbres se llegó a la Transición que supo superar, de un modo inteligente, las dos Españas, a través de una Amnistía para todos los presos políticos (una reclamación política indispensable para la izquierda), y una Constitución con principios universales, que concibió sin duda una nueva manera de concebir España a través del respeto a su pluralidad y su múltiple identidad con el Estado de las Autonomías.

La guerra ha sido superada en la sociedad española porque el proceso de cambio político, supo acabar con la herencia separadora y excluyente de la dictadura. Esa nueva forma de concebir España, la denominamos patriotismo constitucional. El patriotismo constitucional se apoya en una identificación de carácter reflexivo no con contenidos particulares de una tradición étnico-política determinada, sino con contenidos universales recogidos por el orden normativo sancionado por la constitución: los derechos humanos y los principios fundamentales del Estado democrático de derecho. La democracia que disfrutamos ha posibilitado superar los flecos pendientes de la Transición: A través de la llamada LEY DE MEMORIA HISTÓRICA, se está consiguiendo dar digna sepultura a todas las víctimas de la guerra y de la dictadura. Un hecho, que sin duda, fortalece nuestro sistema de convivencia y legitima nuestra democracia.

martes, 19 de julio de 2011.
 
El discurso de Rubalcaba
En Alfredo, encontramos la recuperación de las esencias de la socialdemocracia para el PSOE perdidas por Zapatero pero, además, un nuevo estilo donde prima la formulación racional
Era muy esperado para la izquierda y no ha defraudado: En su primer discurso como candidato a las próximas elecciones, Rubalcaba ha trazado un discurso racional, porque ha hecho un diagnóstico de los principales problemas de la sociedad española y ha propuesto soluciones inéditas de carácter social.

El principal mérito de Rubalcaba es haber elaborado una narración exacta de la situación económica de España: el estallido de la burbuja inmobiliaria, creada desde hace más de 10 años, ha propiciado la destrucción de millones de empleos y el endeudamiento (si no la desaparición) de un gran número de empresas. Rubalcaba ha dejado claro que la construcción, que llegó a suponer el 9% del PNB, es el principal problema y hay que sanear de nuevo la economía creando nuevos modos de desarrollo. En consecuencia ha reflexionado sobre la necesidad de apostar por una amortización industrial e innovar con nuevos sectores como la industria química, la dependencia, la biotecnología, todo ello, debe posibilitar reducir el déficit en la balanza de pagos a través del aumento de las exportaciones.

Pero, con ser eso importante, hay que destacar dos reflexiones importantes de Rubalcaba para el gobierno político de la economía y la creación de empleo (que es lo que más afecta a los ciudadanos): el primero se corregiría mediante una tasa que grabe las grandes transacciones de capital financiero a los bancos y las grandes empresas y en lo que a la creación de empleo se refiere, destinar una parte de los beneficios de los bancos a la creación de empleo. Dos medidas que deben concretarse pero que en sí mismo, corrigen la tendencia que ya Marx denunció en su tiempo, esto es: la captura del Estado por parte del poder del capital (en este caso la élite del poder financiero).

Rubalcaba ha dejado claro que no será posible financiar un modelo social avanzado si no hay un valor añadido suficiente en una economía europea eficiente, capaz de competir dentro de la globalización. Y por eso necesitamos competir con economías emergentes que no tienen como filosofía o forma de vida nuestro modelo social europeo (China o EE.UU.). Por ello, nuestra riqueza debe ir orientada a generar valor añadido frente al resto. Por eso, – ha recalcado Rubalcaba con mucho sentido- es necesario Europa.

Los contenidos fundamentales de un acuerdo europeo, pero también español, deberían tener que ver con el hecho de que el modelo de cohesión social de Europa no es sostenible sin cambiar el modelo productivo. Hay que ser capaces de competir en la globalización y eso afecta a nuestro sistema educativo, de formación profesional, de I+D+i. ¿Pero cómo debe ser este nuevo modelo? ¿Qué hace falta para que España siga acercándose a los países más prósperos de Europa? Todos los economistas coinciden en una cosa: o cambiamos ya o nos arriesgamos a un estancamiento de consecuencias funestas para el bienestar de los españoles.

El candidato del PSOE, ha enunciado algunas medidas para la mejora de los servicios sociales. La más destacable es el mir para profesores, trasladando el modelo que hay en la sanidad para los médicos, a la educación. Otra medida significativa es el apoyo de alumnos con dificultades para evitar el abandono escolar, aunque sin concretar medidas en este sentido.

Rubalcaba también ha atendido las demandas de muchos ciudadanos que piden una profundización de la democracia a través de mecanismos de control de los ciudadanos. La autocrítica hecha en este sentido es interesante, así como las propuestas. Rubalcaba ha insistido en que los partidos políticos habían matado la vida civil, han colonizado instituciones, han abortado el debate complejo por ideas simplistas y vacías. Partiendo, la mayoría de ellos, de una situación desesperada, por carecer de empleo y no poder desarrollar sus proyectos vitales, han localizado el problema fundamental y primigenio. La política se había desfigurado convirtiéndose en una actividad perversa porque se ha convertido en una carrera paralela y en ocasiones alternativa a la vida laboral por parte de quien la ejerce. Así las cosas, a la vida política (en todos los partidos) acceden personas sin ningún tipo de preparación en comparación con otras miles de personas que, teniendo carreras, másteres, o incluso, hablando idiomas, no encuentran trabajo. Esta comparativa es una situación lacerante, pero lo que la convierte en sangrante, es la acción que toman estos políticos (profesionales) y de los partidos políticos, ahora devenidos en agencias de colocación mediante el ensimismamiento y el narcisismo que arrastra su discurso, las prevenciones que tratan de tener frente a los colectivos que pueden ya no amenazar su privilegiada situación, sino simplemente denunciar esa situación. Rubalcaba ha afirmado que la ciudadanía tiene que tomar la palabra y para ello hay que tomar medidas: modelo alemán de listas abiertas y cambio en la ley electoral con un resto como circunscripción única.

En Rubalcaba encontramos la recuperación de las esencias de la socialdemocracia para el PSOE, perdidas por Zapatero, pero además, un nuevo estilo donde prima la formulación racional y compleja de los problemas frente al eslogan propagandístico de la era de Zapatero, en ocasiones, vacío de contenido. Ah, pero es que Rubalcaba ha podido proponer estas medidas estando en el gobierno y ahora carece de credibilidad. Esto es cierto en parte, puesto que Rubalcaba no forma parte de los puestos altos de dirección del PSOE (Zapatero, Blanco, Marcelino Iglesias), y no es el responsable de la orientación económica del gobierno, ni tampoco ha podido determinar (puesto que no es el jefe de Gobierno), la política seguida por Zapatero y negociada con Europa aquel 10 de mayo de 2010. Sin duda, Rubalcaba ha sido un colaborador activo de Zapatero, pero en ningún caso puede ser considerado como el ideólogo y el responsable de la acción económica del Gobierno, que es cuestión de Zapatero.

Debemos por tanto, considerar a Rubalcaba como un servidor público y un colaborador de la acción de distintos gobiernos. Pero en ningún caso, el autor o responsable de la orientación ideológica del PSOE (hasta el sábado). Pero en todo caso, poco importa lo que consideremos nosotros, por cuanto lo verdaderamente importante es lo que percibe la sociedad: ahí es donde se sitúa el principal problema del discurso de Rubalcaba: cómo parecer como un verdadero renovador del PSOE, con un discurso de país, habiendo sido hasta ayer miembro de ese gobierno. En mi opinión, solo materializando un giro programático nítido que sea capaz de romper inequívocamente con el zapaterismo a través de la revisión de principios y la articulación práctica de medias redistributivas, puede lograrse ese objetivo. Solo rodeándose de un equipo renovado y ajeno a Zapatero, puede proyectarse una idea de renovación. Solo fabricando un discurso en el que se renueven las señas de identidad de la socialdemocracia, (articulando una nueva idea de progreso y de redistribución de la renta), puede tomar solidez un proyecto del PSOE.

En cualquier caso, observamos en el discurso de Rubalcaba elementos nuevos que, más allá de la coyuntura electoral, deben de servir de base para una reflexión más amplia de un proyecto socialdemócrata para España.

martes, 12 de julio de 2011.
 
La función de la prensa digital (y de Diario SIGLO XXI)
La prensa digital debe contar aquello que resulte problemático a los grandes grupos empresariales, pero también ha de concitar reflexiones propias y puntos de vista inéditos sobre las más diversas materias

Diario SIGLO XXI ofrece un debate para conocer, analizar para dudar, y escribir, en fin, sobre la actualidad desde diferentes disciplinas
Leí hace un par de años una reflexión de Ignacio Sotelo sobre el desplome del cuarto poder. En aquellas líneas el autor venía a decir que la crisis de los periódicos de papel se produce en buena medida por el cambio, o para ser más precisos, por el impacto que la prensa digital está produciendo en la sociedad. Ese impacto sin duda afecta a los contenidos: la inmediatez, el sensacionalismo, la huella de la opinión publicada en las estrategias políticas de corto plazo… “Se pretende salir del hoyo bajando aún más la calidad, un círculo infernal con consecuencias catastróficas…” {…} “pequeñas dosis de política, expresadas en un lenguaje simplista, ejercen una enorme influencia, pero ya no como instrumento de orientación, sino de manipulación”.

La práctica de lo que en teoría está enunciado es lo que está sucediendo. Vicente Verdú lo llama Microperiodismo y pone dos ejemplos: “Un incendio en el sur de California con un millón de damnificados ocupará menos tiempo y lugar informativos que el secuestro de Madeleine. Una cuestión en orden de la Justicia como la pugna en el tribunal Constitucional capta menor atención que los ataques a la chica ecuatoriana en el metro de Barcelona”. Ambos sucesos se refieren sólo al funcionamiento judicial. Pero la cuestión sólo obtiene una participación generalizada en la ya clásica adjetivación de Manuel Castells, esto es, la “mediaticocracia” en la que vivimos, al referirnos de manera relevante al hecho menos institucionalizado, el que menos mecanismos de comprensión requiere.

La principal razón que me llevó a escribir en Diario SIGLO XXI y a compartir la responsabilidad de crear opinión, no estriba en el compromiso por la igualdad, la libertad y el pluralismo que este diario expresa de modo inequívoco, por más que solidarice sin ningún tipo de fisura con ello. Lo más importante para sentirme partícipe de todo, es fundamentalmente la reflexión implícita que detrás del tamiz de la información encontré nítidamente: Estar informado, no quiere decir, pensar. Esta es la clave de SIGLO XXI: debatir para conocer, analizar para dudar, y escribir, en fin, sobre la actualidad desde diferentes disciplinas porque entiendo como Lledó que “la democracia nace con la igualdad ante el lenguaje y gracias al lenguaje se hace realidad”. En lo que a mi persona concierne y siguiendo de nuevo a Lledó; cuando escribo aquí, pienso lo vivido; que no es otra cosa que articular en cada presente, diferentes experiencias mentales que puedan orientarnos.

Así nació Logos y epistéme, mi columna de opinión en Diario SIGLO XXI. Es deseo del autor reflejar la expresión, conquistar un estilo a través de un lenguaje que hace notar la intención, acentuando la sospecha sobre la realidad. Logos como lucha por apoderarse del mundo. La praxis del Logos, es cristaliza en trascender lo inmediato y estar apoyado epistemológicamente. Mi punto de vista, en este sentido, es la reflexión sobre el pasado que ayuda a orientar el tiempo, a pensar históricamente, a complejizar y jerarquizar los problemas, porque tal y como explicó E.H. Carr en su clásica obra sobre la Historia, esta disciplina es capaz de darnos indicadores de conocimiento para comprender la sociedad del pasado, e incrementar el dominio de la sociedad en el presente. Y esto es así porque el lenguaje como expresa Ramin Jahanbegloo requiere la “comprensión que fomente el cultivo de valores compartidos por todos los ciudadanos”. O como expone Lledó: “Se trata sólo de saber cómo se ha de dialogar con la experiencia, cómo afirmar nuestra sensibilidad y hasta nuestra inteligencia para no decir todas las voces interesantes que desde el presente y desde el pasado se nos lanzan”. Ese diálogo yo lo realizo a través de la epistemología de la Historia.

Tanto usted lector, como yo, “estamos inmersos en grupos construidos narrativamente, esto es, en lo que comporta una historia común. En este sentido, la narrativa es literalmente constitutiva del grupo y del individuo. Somos relato, y por eso deberíamos expresamos de manera hermenéutica, esto es, a través del análisis que ha de ser común entre pensamiento y unidad verbal que lo expresa.

La prensa digital debe cumplir funciones que la prensa de papel no cumple. Debe contar aquello que resulte problemático a los grandes grupos empresariales, pero también ha de concitar reflexiones propias y puntos de vista inéditos sobre las más diversas materias. Debe profundizar en el pensamiento político, económico, cultural y moral de una sociedad, tomar su pulso, proponer ideas, reflexión, análisis, conjeturas, etc. La red permite proyectar además, los cambios en las experiencias de las sociedades que generan relatos y formas de entendimiento distintas. La competencia de entendimiento que aportaría el periodismo digital, significa poder analizar las formas sociales de lealtad hacia el presente que ha proyectado la vida: las formas de convivencia, las percepciones espacio-temporales, las concepciones socio-políticas, el desarrollo de la ideología y su relación con su tiempo, la estructura de las causas y los razonamientos, comportar concepciones inmateriales como la felicidad, el amor o la muerte, etc, en la sociedad; en definitiva, el significado del tiempo en el que se vive. En este sentido, presentamos aspectos a tener en cuenta la captación de variables económicas, políticas, morales o sociales, la mutación de los conceptos, el cambio de los contextos, las identificaciones y la inserción de información… Todo ello son aspectos que intervienen en el presente y que se configurar como información aprehensible en un momento de la existencia vital, pero que tienen un origen en el tiempo y un significado social que debemos analizar.

De manera que entiendo la prensa digital como la unión entre el sujeto y el objeto. Dicho de otro modo: como la interacción dinámica entre la experiencia y significado. Reflexionar sobre el valor que concedemos a los hechos, aportar inteligibilidad, sentidos y finalidades es tal vez, el reto más importante de la prensa digital. Todo ello está relacionado con la pérdida de peso para la existencia presente del pasado y la percepción del presente como un tiempo acelerado y por tanto, difícilmente aprehensible. De este modo, la reflexión sobre ese tiempo tendría como objetivo la formación de significaciones de un presente volátil y continuo. Precisamente porque estamos ante un tiempo volátil, necesitamos reflexionar trazar una mirada sólida sobre nuestra concepción del mundo, creando ideas, asentando valores, formando ideología. Un periodismo siempre pegado a la realidad y completamente ajeno a intereses partidistas políticos, empresariales o industriales.

miércoles, 6 de julio de 2011.
 
 
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