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Carlos Rubio Romo
Carlos Rubio Romo
La educación es imprescindible para lograr una prosperidad económica perenne
Me imagino la reacción en nuestra patria si por decreto-ley el gobierno estableciera que el campeón de la liga de fútbol fuera cualquier equipo que jugara en primera. Por ejemplo, por turnos: un año cada uno. Sí, sí. Así, sin jugar. Por el simple hecho de estar en primera división serían, además, campeones. Se acabaron los “derbies”. Los errores arbitrales. Los fichajes sorpresa. El baile de entrenadores. Sería, sin duda, la muerte de la Liga más potente del mundo. Y, por descontado, el comienzo de una revuelta popular como nunca hemos conocido en España. Aquí, no nos movilizamos ya por nada. Sólo por el fútbol.

Me imagino igualmente la reacción entre los científicos de todo el mundo (físicos, químicos, médicos, economistas) si la Real Academia de Ciencias de Suecia decidiera conceder el Premio Nobel de Economía a cualquier estudiante de tercero de Económicas que pasara por ahí o si la Asamblea del Nobel del Instituto Karolinska decidiera que cualquier MIR fuera galardonado con el Nobel de Medicina. Levantamiento y protestas generalizadas. Devaluación acelerada del prestigio de esos premios y desaparición a muy corto plazo de los mismos.

Esos comportamientos que sin ninguna duda se darían, entran dentro de la más elemental lógica. Un premio reconoce una aportación, un esfuerzo, sacrificios para conseguirlo. Un premio no es para todos. No. Sólo para los que se lo merecen según criterios objetivos. Y precisamente esa selectividad es lo que los hace prestigiosos. Si cualquiera puede lograrlos, ¿qué valor tienen? Ya no serían premios, ni títulos, ni diplomas. Serían un chollo.

Pues bien, algo parecido es lo que el PP está tramando para la ESO: un alumno de 16 años podrá pasar a Bachillerato con una calificación final de la etapa inferior al aprobado y con hasta dos asignaturas suspensas. Así lo estipula un proyecto de real decreto que el Gobierno aprobará próximamente.

O sea, que sin tener la nota mínima de cinco, se podrá obtener el diploma de la ESO. Y/o teniendo la asignatura de Matemáticas suspensa. Y/o Lengua y Literatura españolas.

No por repetidísima, esta nueva bajada de pantalones del PP ha causado menos indignación. Representa una nueva rendición ideológica frente a la izquierda. En efecto, en España tenemos la desgracia de soportar una izquierda que en su afán por imponer el igualitarismo a ultranza quiere que todo el mundo se iguale por abajo: en la educación, en la economía y, en general, en cualquier dominio de la vida. La izquierda odia la diferencia. Odia la riqueza humana. Odia a la persona única e irrepetible. La izquierda no defiende al individuo. Prefiere una masa informa y aborregada.

La Unión Soviética y en general cualquier estado comunista han traído a sus naciones muerte, destrucción y miseria. Sin embargo, para ser objetivos, hay que reconocer que el sistema educativo no fue de los peores. Creo que todo el mundo reconocerá que la formación en matemáticas y en física en la URSS eran de altísimo nivel. Y en Ciencias. Y en muchas ingenierías. El problema es que la tiranía roja impedía a aquellos brillantes individuos demostrar toda su valía. A muchos, con la muerte. Fueron millones de talentos desaprovechados.

Pues nosotros, en España, tenemos tan mala suerte que la izquierda no quiere imitar aquel sistema de educación, selectivo por naturaleza y extremadamente justo. Al que se lo merecía por su esfuerzo y resultados, se le pagaban los estudios. Al que no, no. Y punto. Me imagino lo que hubiera durado en la URSS cualquier “peda-bobo” (no pedagogo, ¿eh?) de esos que pretenden que del sistema educativo español no salgan más que iletrados. En el primer tren, hubiera sido enviado a Siberia unos añitos para que se le refrescaran un poco las ideas.

Pero, en el fondo, ¿qué busca con tanto afán la izquierda con su interminable ofensiva contra la calidad educativa?

Fundamentalmente dos cosas:

1) Crear rebaños de ignorantes. La izquierda odia a la persona. La izquierda odia la inteligencia. La izquierda odia la razón. Porque saben perfectamente, que la razón y la inteligencia conducen irremisiblemente a un rechazo frontal a todo el corpus (con perdón) ideológico marxista.

Por lo tanto, bajo el disfraz falsamente igualitario de Caperucita ROJA (y tan roja…) se esconde el lobo-tomizador que impide a la inteligencia desarrollarse.

La masa necia siempre será mucho más maleable que una nación de individuos formados y con criterio. 2) Implantar en la Sociedad su sistema de anti-valores: anti-esfuerzo, anti-mérito, anti-estima, anti-respeto.

Porque una sociedad que premie el esfuerzo y el mérito es una sociedad que va a exigir el premio que eso merece. Y por lo tanto va a rechazar que un Estado ladrón le machaque a impuestos. Y va a exigir libertad para emprender. Y va a rechazar las imposiciones injustas de una casta parásita.

Porque una sociedad donde las personas se respetan a sí mismas, gracias a sus logros obtenidos mediante el esfuerzo, no interesa a la izquierda. Porque serán mucho más difíciles de manipular. Hay que arrancar la dignidad y la estima de las personas para convertirlas en monigotes. En guiñoles movidos por los hilos del estado marxista.

Porque una sociedad donde se respete la autoridad (paterna, educativa, judicial…) es una sociedad estructurada. De orden. Y eso no le interesa a la izquierda porque así tendrán prácticamente imposible apoderarse de ella. Hay que quitar la autoridad a los padres, a los maestros, a las fuerzas de seguridad.

Su miopía estúpida, suicida y acomPPlejada, impide al PP ver que la educación es imprescindible para lograr una prosperidad económica perenne.

El desarrollo del capital humano es fundamental para la creación de valor añadido que sostenga el crecimiento económico.

¿Cómo explicar si no el admirable milagro económico operado en Japón, Corea del Sur o Taiwan desde hace tres cuartos de siglo? Son naciones sin materias primas. Que han sufrido guerras terribles. Naciones agrícolas y que más que vivir, sobrevivían. ¿Cómo explicar que en apenas unas décadas sus empresas se hayan convertido en líderes mundiales? ¿Con políticas educativas estúpidas como las preconizadas por los “peda-bobos” izquierdosos o con sistemas educativos exigentes, selectivos y eficaces?

¿Es casualidad que las mejores universidades, laboratorios y centros de investigación del mundo estén en EE.UU.? ¿Y que los mejores talentos del mundo quieran desarrollar su labor en ese país? ¿Por qué en Harvard, el MIT o Berkeley no entra cualquier pelanas a lo “Pablo Iglesias” sino únicamente los mejores individuos de la nación y del mundo después de una rigurosísima selección?

El PP y por supuesto sus colegas ideológicos de la izquierda condenan a España a la mediocridad y son culpables directos de nuestra decadencia económica.

Pero ese desastre educativo no es más que una prueba más de la ruindad e inutilidad de la casta que gobierna España desde hace cuarenta años. Incapaces de tener una visión de Estado, o sea, de largo plazo y, en consecuencia, completamente ajena al sucio juego politiquero y cortoplacista porque simplemente España y los españoles no les interesamos. Ellos están en su burbuja. A “pillar cacho”. Y el que venga detrás que arree.

¿Acaso no demuestran con el maltrato a la educación la misma vileza que con las pensiones, la natalidad, la política industrial y tantos otros asuntos esenciales para la nación?

Sin miedo a exagerar en absoluto, el futuro de nuestra patria está muy pero que muy oscuro. Y eso no es consecuencia de un calentón patriotero de barra de bar después de unos cuantos vinos sino el fruto de la reflexión a la vista del tratamiento de esas cuestiones vitales para nuestro porvenir.

España es una nación sin niños. Un país de viejos. Donde se machaca a las familias desde todos los estamentos. Y un país sin niños es un país que se muere. La natalidad es, se pongan como se pongan los rojos o los acomPPlejados, vital para la prosperidad de una nación. Y la casta no hace nada.

España es una nación donde te matas a trabajar durante al menos cuarenta años y no sabes lo que cobrarás por tu jubilación…si cobras. Porque el sistema de pensiones tal como está concebido no tiene futuro. Y la Casta lo sabe. Y la Casta nos engaña. Y la casta no hace nada.

España es una nación de cocineros y camareros, con todos mis respetos, faltaría más, hacia esos compatriotas. España ha quedado para entretener y divertir a los jubilados suecos y alemanes así como a los bestias de los hooligans ingleses. España es un país de servicios. Y eso no crea riqueza. O crea poca riqueza. La riqueza de una nación la crea la industria (EE.UU., Alemania, Japón…). Y en España la castuza ahoga la industria con impuestos, tasas y reglamentaciones, persigue la calidad educativa, desincentiva el I+D. La industria agoniza. Y la casta no hace nada.

El sistema educativo en España es un desastre. No sólo por lo que los acomPPlejados pretenden perpetrar con la ESO. Es la misma historia con la FP. Y la Universidad.

Un sistema educativo necesita todo lo que hoy no existe en España:

1) Respeto al profesor y reconocimiento social de su labor. Desde hace unos años, la autoridad del profesor ha sido devaluada, estigmatizada cuando no pura y simplemente suprimida. Nada de expulsar al bestia que impide estudiar a sus compañeros. Ojito con echarle la bronca al charlatán de turno. Cuidadito con suspender a mi hijo que te vas a enterar. Y todo ello con el papel activo de los sucesivos ministros de educación que tan indignamente han desempeñado su papel.

2) Formación exigente del alumno y del profesor. Eso es la base del éxito. Si a todo el mundo se le regala el graduado de la ESO y el bachillerato y una carrera, esos diplomas no valen nada. Para lograr el éxito en cualquier orden de la vida, hay que esforzarse. No debe haber atajos.

Y sin un cuerpo docente extraordinariamente bien formado y seleccionado, nunca tendremos una escuela de excelencia.

3) Sueldos dignos para el cuerpo docente. En consonancia con un aumento notable de la exigencia tanto en su formación como en su desempeño.

4) Equidad e independencia en el acceso a la función docente. En particular en la Universidad donde la endogamia alcanza cimas difícilmente imaginables. Hoy cualquier universidad en España no es más que un conjunto de taifas donde en cada departamento el califa de turno, entiéndase el jefe de departamento, es dueño de vidas y haciendas. Él adjudica las plazas a sus enchufados sin que medie oposición ninguna. Hace y deshace a su antojo.

5) Contenido educativo digno. Se ha suprimido casi totalmente la enseñanza de las humanidades (griego, latín, literatura española clásica…). La enseñanza de idiomas es de las peores del mundo. El nivel en matemáticas, física y química de los alumnos que empiezan cualquier ingeniería es pavoroso. Las prácticas en empresa de los universitarios inexistentes. La colaboración universidad-empresa anecdótica.

6) Una FP robusta. A la imagen de la alemana. Donde los titulados en FP tienen un trabajo antes de terminar los estudios y donde su formación les permite integrarse en una empresa rápidamente porque están concebidas con una visión extremadamente práctica.

7) La implantación de la formación por alternancia tanto para universitarios como para FP a la imagen de lo que existe en Francia, por ejemplo. Los estudiantes que eligen esa vía pasan la mitad de su tiempo en las aulas y la otra mitad en una empresa donde desarrollan un trabajo.

8) Un acceso selectivo. Nos digan lo que nos digan los rojos y los acomPPlejados, la Universidad no es para todo el mundo. La Universidad es para los mejores. Ya sé que las nociones de élite, mérito y esfuerzo les da sarpullidos pero no hay otra manera de lograr la excelencia educativa.

Y la educación obligatoria hasta los 16 años no es una buena decisión. Muchos chicos no están motivados para seguir hasta los catorce, ya no les digo nada si les obligamos dos años más. Sus existencias se convierten en un calvario y de paso ellos convierten las de sus compañeros y profesores en un infierno. Formarse desde los catorce años en un oficio no tiene absolutamente nada de deshonroso. Es tan digno como un abogado, una enfermera o un piloto. Pero esto no les entra en la cabeza a muchos con su manía igualitarista.

Una nación con futuro es una nación ambiciosa. Una nación que se respeta a sí misma. Una nación que cree en el talento de sus ciudadanos.

Por el contrario, una nación que se hace trampas a sí misma en el solitario, que iguala a todos por lo bajo, que desmotiva a los mejores, que en el fondo desprecia a los que siguen otras vías que la ESO o la Universidad no tiene futuro.

Si las casi doscientas naciones que forman parte de la ONU representaran una inmensa aula, España sería el mal alumno castigado en un rincón de rodillas y con orejas de burro.

Artículos del autor

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