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Carlos Rubio Romo
Carlos Rubio Romo
Las víctimas preguntan a Rajoy: ¿Para eso sirvió tanta muerte, tantos malos ratos, tanto sacrificio?
Mi película favorita a mucha distancia de la siguiente es Braveheart. Yo no sé ya cuántas veces la he visto. Me parece un compendio genial de lo mejor y lo peor de la naturaleza humana: por una parte los valores de lealtad, honor, valentía, fidelidad, familia y amistad. Por otra parte la traición, la intriga política, la codicia, la cobardía.

La puesta en escena es magnífica y aunque hace poco descubrí que esa película se permite bastantes libertades sobre los hechos históricos, mi admiración por ella no ha disminuido ni un ápice.

En la película, William Wallace, Braveheart ya para la Historia, apoya a Robert I Bruce como candidato al trono de Escocia. Wallace está a la cabeza de la rebelión escocesa contra los ingleses mientras que Robert Bruce se debate entre su deseo de unirse a la rebelión y los consejos politiqueros de su padre de no enfrentarse al invasor. Los escoceses son una minoría sometida por el invasor inglés.

Hay una escena que me ha venido estos días a la cabeza viendo el comportamiento de Rajoy respecto a la memoria de Miguel Ángel Blanco y de todas las víctimas del genocidio etarra. Y más particularmente respecto a aquéllas que fueron asesinadas únicamente por ser afiliados al PP o también AP y UCD, fuerzas políticas de las que el PP se declara heredero.

Rajoy quiere que se le vea de lejos. Que nadie se le acerque. Desprecia al común de los mortales y sólo permite que una cohorte de pelotas le digan día y noche lo bien que “maneja los tiempos”, lo “tranquilo que está” y otras tantas naderías que, parece ser, le hacen sentir como en el paraíso. Contra lo que él quiere hacernos creer, es un tipo vulgar y es un tipo despreciable. Sin principios…ni finales. Sin escrúpulos. Sin nada. Más que indeciso, cobarde hasta la médula. Nunca se ha comprometido con nada ni con nadie y ha sido esa invisibilidad y la torpeza de Aznar la que le han catapultado a la Moncloa. Pelota cuando tocaba y verdugo del que le lleva la contraria en sus ratos libres…que son demasiados.

Pues bien, ese personaje que padecemos como presidente del gobierno participó junto con otros dirigentes del PP en lo que parece ser que era un homenaje a Miguel Ángel Blanco al lado de la sede nacional (perdón por lo de nacional) de Génova, 13. Allí, con toda la pachorra y, sobre todo, con toda la hipocresía de la que es capaz declaró: “Las víctimas del terrorismo merecen el apoyo y el esfuerzo y todo lo que podamos hacer por ellas y también las víctimas del terrorismo pueden convertirse, como de hecho lo están haciendo, en uno de los argumentos más importantes para luchar contra el terrorismo aquí y fuera de aquí"

El mismo sujeto que decía eso es el que pactó con aquella catástrofe con patas llamada zETAp la legalización de la ETA con todo lo que eso acarreó:

La liberación de asesinos que han pagado sus crímenes con menos de un año de cárcel por asesinato. Célebre fue la liberación con criterios única y exclusivamente políticos de Bolinaga, alegando que estaba en estado terminal y se tiró luego casi tres años agotando las existencias de chacolí de todos los bares y tabernas de Mondragón y alrededores.

El blanqueamiento de HB/EH/Bildu que han tomado el poder en ayuntamientos y diputaciones en Vascongadas y en el mismísimo gobierno de Navarra. Que se forran con el dinero del contribuyente español. Que expanden su odio a la sociedad vasca y a la navarra. Que siguen imponiendo su tiranía en esas dos regiones españolas. Por cierto, el hijo de perra que hizo el seguimiento a Miguel Ángel y que pasó todas las informaciones a sus amigos etarras para secuestrarlo fue el concejal de HB en Éibar Ibon Muñoa. El asesino de Miguel Ángel, ese desecho infecto que atiende al alias de “ChaPApote”, disfruta de permisos para salir de su confortable cárcel, al igual que el resto de su piara. Para, así, volver a sus pueblos, los mismos lugares donde no pueden volver sus víctimas porque ellos las asesinaron.

Rajoy ha despreciado a las víctimas de ETA. Se ha descojonado de ellas. A la mayoría las ha discriminado porque le cantaron las cuarenta. Otras han preferido amarrarse a la ubre de la subvención y, haciendo muestra de felonía, callarse ante tanta vileza. ¡Allá ellos y sus conciencias! Rajoy ha traicionado el ejemplo y la memoria de las víctimas aunque no, no puede traicionarlos porque nunca las defendió. En realidad, ese gachó nunca ha defendido nada que no sea su poltrona.

Durante los años de plomo, cuando ETA asesinaba, secuestraba, robaba y torturaba, los que frecuentaban los batzokis estaban tranquilos. Nunca se sintieron vigilados por la calle. Nunca sufrieron de insomnio por haber recibido amenazas de ETA por teléfono. Nunca les mandaron un sobre con una bala al buzón de casa. Nunca les quemaron el coche ni la tienda. Nunca les pegaron. Nunca les hicieron pintadas en el portal de casa. Nunca pusieron sus nombres en el centro de una diana como anticipo macabro de una muerte próxima. No, nada de eso. Los que frecuentaban los batzokis jugaban a las cartas y se tomaban unos vinos tranquilos sin miedo a que les pasara nada. Iban al monte a pasear con los hijos o a la playa si hacía bueno. Disfrutaban de las fiestas del pueblo en familia. En las sociedades gastronómicas se ponían como “el Pirrolas” cada sábado ajenos a las tragedias que vivían algunos de sus vecinos. Los negocios iban bien y “Euzkadi”, como ellos dicen, era el paraíso. ¿Por qué les iba a pasar nada si ellos eran “de aquí”? ¿Si al salir del batzoki pasaban a buscar a los hijos a la herriko taberna para ir a casa a cenar? ¿Si ellos se limitaban a recoger las nueces que caían del nogal agitado por sus compadres de la ETA? No, a ellos nunca les pasó nada. Los jeltzales eran intocables. Como mucho y cual riña entre hermanos, intercambiaban sin convicción alguna declaración altisonante con sus amigos de la ETA. ¿Pero qué coño les iba a pasar si la ETA fue fundada por militantes del PNV? ¡¡¡Si son lo mismo!!!

Los del PNV participaban de la difamación que, sin rubor alguno, la piara etarra lanzaba cada vez que un inocente era asesinado y sin vergüenza decían “algo habrá hecho”. Con mucho esfuerzo, algún alto cargo PNVtarra se limitaba a lamentar algún asesinato mientras en los ayuntamientos de Vascongadas y Navarra el PNV y HB iban de la mano en su tarea sagrada de acabar con la españolidad de esas tierras. Ni un mínimo de comprensión ni de empatía para con los valientes que jugándose el tipo daban un paso al frente y militaban en AP, UCD o más tarde el PP. Ya no digo para con los carlistas perseguidos, arrinconados y finalmente aniquilados en Navarra, Álava, Vizcaya y Guipúzcoa. A esos y sus familias ni agua. La humillante derrota que sus mayores les habían infligido en 1939 estaba muy viva en sus retorcidas memorias.

Para el PNV, los militantes del PP eran “españolazos”. Fascistas que había que expulsar de su bucólica “Euzkadi” y si se negaban pues…ya pasarían los “chicos” de las pistolas para darles su merecido por cabezotas.

Pues bien, ese paradigma de la indignidad que es Rajoy, en un acto en Bilbao organizado por las Nuevas Generaciones del PP en recuerdo de Miguel Ángel Blanco se dirigió al presidente de la Generalidad para mostrarle los “beneficios que conlleva la política de pactos y acuerdos que su ejecutivo está llevando a cabo con el PNV”. Continuó la afrenta diciendo que “es algo positivo para los vascos y para el conjunto de los españoles. Esta forma de trabajar va unida a las palabras pacto, acuerdo y entendimiento. Es lo democrático”.

¿Cabe mayor vileza? ¿Es posible ser más ruin? No es sólo que el PNV sea privilegiado por el gobierno de Rajoy a costa de los impuestos de, por ejemplo, madrileños y baleares. Es que, para más inri, esa humillación, ese entreguismo, esa cesión de soberanía son, según él, el ejemplo a seguir. Sabido es que el régimen foral del que gozan Navarra y Vascongadas es un privilegio frente al sistema fiscal del resto de España (salvo las Islas Canarias). Sabido es también que, además de eso, los sucesivos gobiernos vascongados no han cumplido con las obligaciones que emanan del pacto foral, revirtiendo a la administración del Estado mucho menos del dinero del que debían. Bueno, pues por si eso no fuera suficiente, Rajoy y el PP continúan cediendo ante el PNV una y otra vez. Como antes el PSOE. Y antes aún la UCD. Y, encima, nos quieren hacer creer que los mismos que por omisión fueron culpables de más de 800 asesinatos, 2000 heridos, miles de huérfanos y más de 200.000 exiliados son el aliado perfecto, leal y democrático del PP. El partido de Arzallus y de Eguíbar, los mismos que, con el cuerpo aún caliente de Miguel Ángel, ya estaban negociando con sus camaradas de la ETA las acciones necesarias para que la ira popular no arrebatara al sepaRATISMO la hegemonía en Vascongadas. Son los del Pacto de Estella. Son basura, Rajoy. Son cómplices por omisión de las muertes de muchos compañeros tuyos de partido.

Al final de la escena de la Batalla de Falkirk, Wallace se percata de que los nobles escoceses le traicionan y huyen con sus tropas. Wallace, a pesar de estar herido, toma su caballo y se lanza en persecución de los ingleses. Un caballero se bate con él y logra derribarle. Cuando se acerca a Wallace, que yace en el suelo y aparentemente inconsciente, éste logra desenmascararle y descubre que es Robert I Bruce, que se había unido a los ingleses contra su propio pueblo. La expresión en la cara de Mel Gibson es de una expresividad sublime. No hay rabia. Ni deseos de venganza. Hay mucho cansancio por todo lo que ha tenido que pasar. Tristeza, Incomprensión. Y hay una infinita decepción. Sin hablar, sólo con la mirada parece decir ¿por qué?

Rajoy es Robert Bruce y su ejecutiva son los nobles traidores. Sin dudarlo, las víctimas del centroderecha están representados por Wallace. Ellos, al igual que Wallace, han desenmascarado a Rajoy/Bruce y con una decepción infinita, le preguntan: ¿por qué? ¿Para eso sirvió tanta muerte, tantos malos ratos, tanto sacrificio?

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