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Augusto Manzanal Ciancaglini
Augusto Manzanal Ciancaglini
​Al menos el 90 por ciento de las mercancías viajan por mar, así que el control de los principales cuellos de botella como Bab el-Mandeb es fundamental para una potencia

El estrecho de Bab el-Mandeb, entre el mar Rojo y el golfo de Adén, es un paso obligado en la conexión del océano Índico con el mar Mediterráneo, por lo cual es una de las zonas con mayor valor geoestratégico del mundo. Yibuti, un microestado de 23.000 kilómetros cuadrados y cerca de 900.000 habitantes, puede jactarse de situarse en este relevante cuello de botella por el que transita buena parte del comercio global.

Aprovechando esta ubicación, alberga varias bases militares extranjeras: Francia tiene una muy nutrida presencia en su excolonia, Japón luce una excepción, China se estrena, Estados Unidos es infaltable e Italia comparece. De esta forma, los soldados chinos y estadounidenses se apretujan y quedan separados por solo 10 kilómetros.

Al menos el 90 por ciento de las mercancías viajan por mar, así que el control de los principales cuellos de botella como Bab el-Mandeb es fundamental para una potencia: los clientes no paran (Arabia Saudita sería un próximo inquilino y Rusia lo intentó con menos suerte). Sin embargo, a pesar de su localización, este pequeño Estado africano aún no se puede comparar con Panamá o Singapur, sino más bien con su vecino Eritrea, país que mantiene bases de Israel e Irán. En realidad, Yibuti representa una torre de vigilancia marítima y una latente cabeza de playa hacia África.

Por lo tanto, hay un interesante doble aspecto para el análisis de la experiencia geopolítica que significa Yibuti: por un lado, las relaciones de los contingentes militares de potencias rivales tan cerca en un territorio muy reducido, y, por otro, como el comportamiento de un país, a priori insignificante, es determinado por estar en el lugar justo, en el momento indicado y con los invitados más importantes. En una región especial, la soberanía de Yibuti es tallada desde dentro por los intereses contrapuestos de sus huéspedes y desde fuera por el contraste con sus vecinos, esto es, la influencia de Etiopía, la competencia con Eritrea o la presión tanto del caos somalí como del yemení.

Yibuti, invadido por sí mismo, intenta salir de la pobreza a través de su papel de arrendador e incluso aspira a convertirse en una especie de “Singapur de África”, pero podría transformarse en otra cosa: los propósitos particulares acumulan tropas diferentes en un mismo espacio, un enorme poder neutralizado que brinda la oportunidad de desempeñar un papel diplomático inusitado.

Así pues, en el Cuerno de África un minúsculo e indigente centinela bifronte se alquila con la esperanza de volverse un acaudalado cancerbero enano. Entretanto, sus poderosos moradores se hacinan en el control de Bab el-Mandeb, de África y de sus coinquilinos.

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Combinando motivos geopolíticos y económicos, la voz opositora más potente viene de Estados Unidos, pues el incremento de sus exportaciones de gas natural licuado a la Unión Europea es una prioridad. A pesar de la caída de la demanda y los precios, el interés de potenciales clientes augura una perspectiva positiva a largo plazo para el GNL estadounidense, cuya ventaja radica en su transporte.

Después de tanta ventaja absoluta estadounidense en el campo de la tecnología con monstruos como Apple, IBM, Facebook, Microsoft, Amazon o Alphabet, China, por medio de Huawei, podría lograr un gran triunfo en la carrera hacia el 5G y superar ampliamente las extraordinarias ganancias obtenidas por Estados Unidos con el 4G.

China venía arrastrando varias situaciones complicadas: las protestas en Hong Kong, la guerra comercial, un menor crecimiento económico y, por si fuera poco, el coronavirus fue presentado por muchos como su Chernóbil.


La muerte de Qasem Soleimani es el baño de realidad que Washington ofrece a Teherán. Dentro de una crisis crónica, Irán ve como sus medianos y frágiles tentáculos se enredan entre la conservación de la teocracia islámica y la restauración del Imperio persa.

Los medios hablan de una ola de protestas que sacude el mundo, pero es difícil afirmar que haya conexión entre ellas; para hablar de algo generalizado habría que adentrarse en cada manifestación y especificar las causas que la amplifican. Como sea, es cierto que en cuatro continentes se han producido movilizaciones, y algunas, como las feministas y ecologistas, son claramente transnacionales.

China está envuelta por tres capas superpuestas que limitan su poder: la primera cuenta con cuatro puntos; en el oeste continúa la tensión étnica de Sinkiang y el Tíbet, mientras que en el este se reafirma el desafío político de Hong Kong y Taiwán.

Desde Libia una noticia recorre el mundo: cuatro misiles que Francia había comprado a Estados Unidos estaban en manos de las fuerzas del mariscal Jalifa Hafter, el hombre fuerte de Libia, quien asedia a las brigadas del Gobierno de Acuerdo Nacional.

Según el Global Risks Report 2019 publicado por el Foro Económico Mundial, la Cuarta Revolución Industrial está marcada por una línea borrosa entre lo humano y lo tecnológico. En este marco, diversos fenómenos, como la crisis del 2008, los atentados terroristas o la gran oleada migratoria, han ido confluyendo en un punto que genera determinados posicionamientos ideológicos.

 
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