| La otra tierra |
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| La redención a través del espejo |
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Hace algunos años, asistí a un pitching de guiones en donde uno de las ponentes presentaba un largometraje de ciencia ficción.
A raíz de su propuesta, recuerdo que la directora Chus Gutiérrez, presente en el jurado, comentó que “el hombre ya ha abandonado la Tierra hace tiempo”, refiriéndose a la huída mental ya practicada por muchos ante la certidumbre de que al planeta le queda cada vez menos tiempo y menos arreglo.
Esa idea de secreto escapismo me vino a la cabeza al ver Otra Tierra (Another Earth), un drama romántico con un telón de fondo de ciencia ficción en el cual un planeta idéntico a la Tierra puede verse con toda claridad desde nuestro cielo, a modo de espejo. Precisamente el día en que ese planeta es descubierto, Rhoda (Brit Marling), alcoholizada y distraída por la visión de esa otra Tierra, produce un accidente de coche en donde mueren la mujer y el hijo de John Burroughs (William Mapother, el Ethan de Perdidos), un compositor de música que quedará devastado tras el accidente.
La historia que cuenta Otra Tierra es la que viene después, cuando, tras salir Rhoda de prisión, establece una relación con John Burroughs (que cree que Rhoda es la chica de la limpieza) en donde la redención se masca a cada paso: ayudar al otro le reconstruye a uno. Ambos personajes irán dejando atrás el dolor en favor del afecto hasta desembocar en una drástica decisión que toma Rhoda y que llevará a uno de los personajes hasta el nuevo planeta, en donde cada uno de nosotros tiene también un humano-espejo… o casi.
Ganadora del Premio especial del jurado en el festival de Sundance, Otra Tierra es un film hecho con bajo presupuesto que se detiene antes en los vericuetos emocionales de los personajes que en cuestiones científicas o dejes del género. Como dice Mike Cahill, su director, parece que “la ciencia ficción haya sido secuestrada por los efectos especiales” y su film forma parte de una estirpe en la que la ciencia y la ficción se integran dentro de un mundo que reconocemos como el nuestro, como podía suceder en aquélla Olvídate de mí (Michel Gondry) o, más recientemente en 4:44 Last day on Earth (Abel Ferrara), que reseñamos dentro de las crónicas del festival de Sitges.
Establecido el lugar que ocupa la ciencia ficción en la película, parece sin embargo necesario preguntarse qué ocurriría si ese elemento no estuviera. No puedo imaginar el film de Gondry sin la maquinaria borra-recuerdos, pero curiosamente sí se puede imaginar Otra Tierra sin esa otra Tierra, reducida al drama romántico entre los personajes. De alguna manera, daría la impresión que el género fantástico enmascara aquí una historia que ya ha sido antes y mejor contada, una trama mínima que no despunta por su particular visión de la redención ni por su calidad dramática. La condición metafórica del contexto aporta una visualización constante del doble, que se erige también como la imagen de las segundas oportunidades. Y aunque esas segundas oportunidades se establecen fuera –en ese abandono de la Tierra al que hacía referencia Chus Gutiérrez- de alguna manera, al ser ese fuera idéntico al “dentro”, la oportunidad de hacer las cosas bien parece localizarse en otra Tierra posible dentro de la propia Tierra, en otro nosotros o yo deseable. Metáforas que aportan, sí, cierto peso a las lecturas, aunque no se enraizan tal vez con suficiente fuerza en la historia principal como para ser verdaderamente sólidas.
A pesar de habitar ese territorio dudoso –genéricamente hablando- en algunos momentos, Otra Tierra consigue sus mayores logros en la creación de una atmósfera enrarecida, en la que el nuevo planeta late en la distancia. Los silencios, la fotografía fría y yerma y la puesta en escena austera conforman una imagen que se construye al tiempo desde la intimidad y el dolor, cicatrizada en distancias que van cambiando de longitud al paso de un ritmo despacioso, que capta con gran sutileza el tempo lento de las regeneraciones emocionales, opuesto al bombeo basal, constante e in crescendo de la imagen especular de la Tierra y el enigma de sus posibilidades.
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| viernes, 21 de octubre de 2011. |
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