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Ana Morilla
Ciudadana Jane
Ana Morilla, "Ciudadana Jane", nace en Sevilla en 1970. Es jurista y politóloga y trabaja como asesora para Gobiernos, Administraciones Públicas e Instituciones en gestión pública y comunicación política. Combina su trabajo como experta en políticas públicas, analista e investigadora con el activismo en diversos medios, entre los que se encuentran la revista Trasversales, Laboral Augusto Plató, Iniciativa Socialista, El Correo de Andalucía, Diario Siglo XXI, Socinfo y otros. Colabora con las organizaciones No nos resignamos, Foro Social, Amnistía Internacional, Ciutadans pel Canvi e Intermon Oxfam. Vive a caballo entre Madrid, Sevilla y Barcelona. Su columna sobre actualidad política y social, cine o literatura pretende acompañar de información la opinión constructiva y partir de que nada nos es ajeno; somos ciudadan@s del mundo y ciudadan@s polític@s, nuestra implicación contruye la isla global que habitamos. Su columna puede leerse en Siglo XXI los viernes.
Ana Morilla
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La pirámide y los egipcios
Ana Morilla
El imperio egipcio dominó el mundo más desarrollado entre el cuarto y el primer milenio antes de nuestra era. Los avances científicos logrados bajo su influjo y supremacía cultural nos convierten en deudores de su civilización en no pocas parcelas de la vida cotidiana. Así, los egipcios, como cristianos y judíos hoy, ya adoraban a Horus, una deidad nacida el 25 de diciembre de madre virgen que tras ser denunciado por un discípulo fue asesinado para resucitar al tercer día.

Sus proverbiales avances en astrología y matemática supusieron conquistas definitivas sobre los que hoy se cimientan nuestras modernas economías real… y financiera. Además, entre otras tantas cosas, los egipcios nos regalaron el secreto de la fermentación de la cebada, y con ella la invención de la cerveza con la que milenios más tarde, pasamos mejor los malos tragos.

Pero, con todo, si hubiéramos de elegir uno solo de sus más señeros y vigentes legados tendríamos que quedarnos, claro, con sus pirámides: Keops, Kefrén, Micherinos… Madoff.

La pirámide de Madoff ya supera a la de Maslow en entradas de Google y, al incorporar la filantropía en su esquema, habremos de disculpar a los futuros alumnos de la LOGSE por confundirlas. Sobre su diseño discreto y funcional, sobre el labrado halo de exclusividad que le rodeaba o sobre los flagrantes fallos de supervisión del sistema se ha vertido mucha tinta y sus secretos nos seguirán siendo desvelados según avancen los sumarios. Como el relativo al sospechoso peso del dinero español en el montante total de la estafa, un porcentaje no indicativo del peso de la inversión nacional en el exterior, aunque tal vez sí el del “dinero epatable”; del dinero sin cultura y ansioso de retornos, del dinero de nuevos ricos, a los que Mr. Madoff se aprestó a dispensar el tratamiento de panolis-VIP.

Ha caído, pues (se ha tirado, mejor, pues se entregó él), el gran muñidor del timo, tras superar en audacia a Ponzi, su inspirador… Pero realmente ¿quién construyó el fraude en su día a día?

Un agujero negro piramidal de 50.000 M no se monta desde el despacho del gran ingeniero. Requiere la dedicación abnegada de un ejército de egipcios, colocados como muestran los viejos papiros: de perfil, con los antebrazos desplegados y ambas muñecas en torsión, casi dislocadas por el peso de las comisiones. Una codiciosa tropa no de mercaderes, sino de intermediarios a pelo. Una grey de comisionistas que, dicho sea de paso, acumulaba décadas de bonanza, a pesar de unir, en más de uno y de dos casos, a su carencia de escrúpulos la de conocimientos… aunque no la de buenos modales, trajes y apellidos, todo hay que decirlo. Ay, los egipcios. Por cierto, la tradición española llamó a quienes creía errabundos herederos de aquel lejano imperio “egipcianos”, gentilicio que con el tiempo quedó en el actual gitano.

Sucede que aunque alguno de los constructores de la estafa faraónica, como era preceptivo en el ritual, haya sido sepultado bajo sus escombros, son más los que no solo han salido indemnes del cataclismo, sino que se consideran a sí mismos meros espectadores ¡cuando no damnificados! Sencillamente, no es aceptable que quien se ha lucrado regular y sistemáticamente con comisiones superiores al 2% anual de las cantidades colocadas a terceros pase —y pose— ahora como víctima en lugar de como colaborador necesario de una estafa. El caso Madoff es la puntilla a un sangrante proceso de destrucción de valor que el macabro humor de la city define, por la condición judía de muchos de sus afectados, como un segundo holocausto. Ante él, los gobiernos y muy particularmente el nuestro, pese a la reivindicación de nuevo keynesianismo mesiánico, debiera hacer un ejercicio de discriminación para intentar que los estafadores no vuelvan a llevarse, vía impuestos o déficit público, el dinero de los estafados. No es demagogia, ni hace falta tirar mucho del cabo de las ayudas, subastas de liquidez o avales del estado para comprobar a quién está beneficiando la desbocada política fiscal (y no fiscal) del gobierno.

Malos tiempos para la gestión de fondos y peores aún para la llamada Banca Privada. Sin entrar en el caso de Lehman o en el de otros fraudes desestructurados, quien recomendó a los inversores españoles los vehículos del tal Bernie Madoff ganaba cada año —solo por ello— 13.000 millones de pesetas. Sin conocimiento, sin trabajo, sin responsabilidad.

Ningún gestor de fondos del mundo puede garantizar que vencerá —en cualquier año— al índice del mercado de referencia en el que opera. Ítem más: el cien por cien de los gestores pierde a largo plazo frente al conjunto de índices más sus comisiones. Lo mínimo que puede exigirse a estos ejecutivos de banca es que realicen el trabajo por el que cobran y la transparencia debida: cualificación profesional, horas de supervisión y due dilligence.

Hoy más que nunca, la asignatura pendiente de esa lucrativa industria pasa por encima del supuesto glamour de pertenencia a la elite y, por encima de atenciones e invitaciones, por demostrar su utilidad. Justificar sus emolumentos es tarea ardua, pero el sector debería intentar convencer, si no a la sociedad, al menos a sus clientes, de que su función de intermediación, al estilo egipcio, aporta valor. Algún valor.

sábado, 7 de febrero de 2009.
 
Sociedad Civil. Activistas, ácratas, e indolentes
Ana Morilla
La ministra de Igualdad, Bibiana Aído, ha presentado ésta semana la séptima edición del Informe Juventud en España 2008 (IJE2008). El estudio refleja una tendencia hacia la participación juvenil no institucionalizada y autogestionada, como demuestra que el 39% colabore en acciones solidarias, aún sin formar parte de ninguna organización. Sin embargo se observa un creciente desinterés por la política que baja del 23,2% de jóvenes interesados en 2004, hasta un exangüe 17% en 2008.

Es probable que la partitocracia con sesgo telecrático que a veces parece gobernar nuestros destinos no sea acreedora, por méritos propios, de un gran interés intelectual. Existen canales de implicación política pero el espacio de valores e ideales pareciera para muchos haberse desplazado a organizaciones alejadas del poder político. Además en muchas ocasiones las rencillas, el filibusterismo, la doble moral, la demagogia, los abusos de poder o la falta de escrúpulos para obtenerlo están impregnados de un marengo previsible y mediocre.

Es cierto que cada vez hay más ciudadanos poseídos por un virus hooliganesco, cuya inoculación provoca en su portador la réplica de actitudes habituales en la grada del fútbol y que son tan incapaces de ver méritos en el partido contrario como de no justificar los fallos del propio. Ciudadanos que jalearán las declaraciones del socialista Pedro Castro llamando “Tontos de los Cojones” a los votantes del PP, o de Manuel Fraga cuando dice que a los nacionalistas habría que medirlos “colgándolos de algún sitio”.

Entre las barreras a la implicación ciudadana más desincentivantes están la sensación de que los partidos son maquinarias de perpetuarse en el poder, frontones contra el adversario, los pactos “contra natura”, las listas cerradas, la falta de políticas de participación ciudadana vertebrada, el cariz cutre de los exabruptos y la descalificación permanente y destructiva, la manipulación de medios públicos televisivos – especialmente sangrantes las de Telemadrid y TV3 - , las componendas de trilero en las votaciones parlamentarias y, sobretodo, la falta de discurso constructivo y de valores ilusionantes. Más allá de ideologías, la capacidad de conjugar concordia y consenso de Obama, o el ya gastado talante de Zapatero, deben considerarse buenas prácticas.

La percepción de que la sociedad civil participa en política a través de organizaciones y asociaciones es fragmentaria: en muchas ocasiones son lobbies de intereses que acaparan lo que debería ser corresponsabilidad de la ciudadanía. Los gobiernos tampoco despliegan las posibilidades de una democracia más participativa, con e-democracia y mecanismos para la participación en la definición de políticas; el sistema representativo es más fácil si tiende al cheque en blanco de 4 años que catalizando demandas externas.

Así, desde fuera, el votante es presa del desánimo, cuando no del desengaño o de la frustración y termina por no jugar. Como el lúcido perdedor abandona para siempre el casino tras comprender que la pasión es solo un manto para disfrazar una lógica tan calculada como perversa.

Pero el desinterés político, en todas sus formas, desde la pretendida lucidez hipercrítica, a las posturas anarcoides o de indolencia política no son actitudes socialmente más útiles que las del hooligan iracundo.

Argentina y antes y a la vez que ella Italia llevan décadas regalando estampas que debieran ser un verdadero antídoto contra el desistimiento. Los ejemplos de presidencias producidos por esas dos democracias abúlicas- tanto en la forma de viriles bufos septuagenarios como en la de atildadas exmisses recauchutadas- debieran ser una vacuna para la claudicación. Sobretodo porque lo peor no son ellos, sino sus obras y el tiempo perdido en términos de progreso y bienestar de las generaciones. Votantes que se han reído de sus políticos y políticos que se han reído de sus votantes. Un juego en apariencia simétrico, si la casa no tendiera a ganar y no necesitara tan solo unas pocas partidas para despojar a una generación de incautos, y a la siguiente, en la misma mano.

En treinta años de democracia España, como otros países, no ha tenido una necesidad tan acuciante como hoy de contar con los mejores al frente del país. La democracia no funciona por sí sola o por ser mejor que otras formas de gobierno. El sistema que nos hemos dado para convivir exige que de verdad lo sean. La grandeza de la victoria de Obama radica exactamente ahí: en su capacidad para ilusionar a un país, haciendo converger necesidades y anhelos de élites, clases medias y colectivos desfavorecidos, sumando fuerzas, incluida las de adversarios internos y externos a su partido.

Todos somos sociedad civil. Todos nos jugamos demasiado para delegar el derecho a la información, el juicio, la crítica, el voto a quienes nos gobiernan en todos los niveles.

El Estado gestionará en 2009 más de 20.000 euros de cada uno de los hogares españoles. Si se tratara de una derrama en el domicilio, seguro que la justificación de la obra y la implicación en la comunidad sería total. Más allá de todas las razones de valores, ideales o justicia social que puedan motivar a jóvenes y adultos, 1.650 euros al mes son también una buena razón para interesarse por la política.

sábado, 13 de diciembre de 2008.
 
Azpeitia: ¿Punto de inflexión?
Ana Morilla
Es más que probable que el terror de Azpeitia suponga escasos avances en la turbia indiferencia moral que degrada la convivencia en Euskadi. Empleados y familiares del empresario Uría subrayan su trabajo por Euskalherria y su humildad, tratando de acentuar la injusticia del asesinato a traición de un viejo. Peligroso relativismo moral si la próxima víctima de los jóvenes patriotas carece de apellidos vascos o se la refanfinfla esa tierra y quienes la moran. El peor Arzallus recomendando valium a quien no aguante más, no hace sino terminar de desenmascarar a los actores de una tragedia que se ha representado demasiadas veces para querer ignorar su guión. No es posible compadecer al autor del best seller italiano ¨Gomorra¨ y sorprenderse de la impunidad de la Camorra napolitana cuando nuestro sistema político y judicial permite que parte de la mafia vasca gobierne Ayuntamientos. Las balas o los coches, o el teléfono móvil o el escondite necesario para culminar la última hazaña de estos animosos gudaris han sido pagadas con nuestros impuestos. Ante tal miseria y desamparo, y aunque la tentación no sea pequeña, cómo culpar a quienes siguen jugando la partida de tute en silencio, a quien no manda flores a la familia del asesinado por no significarse, a quien sólo recuerda vaguedades de la personalidad del muerto ¨ porque no entiende de política¨.

Definitivamente la rebeldía, el hartazgo, el verdadero basta ya, no vendrá, hubiera venido ya, de la mano de un catalizador moral. No habrá tal rearme. La sociedad euskalduna, razonable, noble y generosa en la superficie está podrida de miedo, de confusión , y de intereses. Y tendremos que asistir a la evolución de estos últimos para poder apostar por una solución no ya de un¨conflicto¨ sino de un problema tercermundista de inseguridad ciudadana, mafia organizada e impunidad.

El PNV lleva tres décadas gobernando. Su brújula política, su pragmatismo y una innegable capacidad para llegar a acuerdos, le ha permitido pactar con todos los actores del arco político vasco y español, parlamentario y extraparlamentario, legal e ilegal. Respecto a su relación con la violencia nacionalista, en ocasiones ha recogido las nueces, otras veces ha ayudado agitar el árbol y algunas, es verdad, ha intentado impedirlo. En el largo camino de su gobierno ha culminado con éxito la transición de un modelo económico industrial y ha convertido a Euskadi en una sociedad próspera, y pujante. Su apuesta por un País Vasco post industrial, con una economía basada en la tecnología, en el conocinmiento y en la innovación no puede estar más alejada de la añoranza de la edad de piedra que persigue la ensoñación rural batasuna o como ahora quiera llamarse.

En 30 años de gobierno, el PNV ha tenido alternativamente a la izquierda patriota como antagonista y como aliada en los asuntos culturales, antropológicos y políticos, pero nunca tuvo que emplearse a fondo en contra de las utopías aberchales en la arena de la estructura económica de país. El día a día ha ido permitiendo al Gobierno Vasco que las bondades del empleo, de la competitividad o de la empresa se defendieran por sí solas. Pero el carácter pactista del PNV le ha llevado a perder las dos grandes batallas de definición económico, industrial y logística: Lemóniz y Leizarán.

En Lemóniz se cedió a la presión terrorista para discontinuar la construcción de una central nuclear. La claudicación fue compartida por un gobierno central débil, aunque los duelos con pan fueran menos para el PNV. A nadie le amarga tener una central nuclear al otro lado del Ebro si puede disponer de sus kilovatios al mismo precio que quien la tiene por vecino. Misterios de nuestra política energética que nos permitirían aprender de la gobernadora de Alaska, que remunera con cargo a las petroleras a los ciudadanos de su estado con 3.000 dólares. Como en Euskadi las cuentas van bien, en Leizarán, por dinero será, se pactó con los intereses ecoetarras para alterar el trazado inicial de la autopista. Dos órdagos, dos victorias y cero derrotas. Todos contentos.

El planteamiento de la Y vasca, ¨esa lacerante cicatriz que quiebra nuestra tierra¨ es diferente. Para el PNV no es una opción optar por el siglo XXI o por el XIX, renunciando al transporte, al comercio y a la unión con Francia y Europa. En esta batalla sí habrá derrotados. Tal vez por vez primera el gobierno vasco ponga toda la carne del jatetxea en el asador y se oponga a ETA con todos sus recursos, con todas sus fuerzas. Aunque tal vez en el momento de verse convocado a tan heróica misión, redimiéndose de un historia de tres décadas de indefinición, corresponda a otro partido elegido en las urnas dirigir la cartera de política industrial y la de interior con sus ertzaintzas. El PNV no truncará fácilmente su inmaculado historial de indefinición.

sábado, 6 de diciembre de 2008.
 
 
Gomorra: disgraziata, bella Italia
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sábado, 22 de noviembre de 2008.
 
¿Guerra fría en un nuevo orden mundial?
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sábado, 15 de noviembre de 2008.
 
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sábado, 8 de noviembre de 2008.
 
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sábado, 1 de noviembre de 2008.
 
Obama, la clase media y el fontanero de Ohio
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sábado, 18 de octubre de 2008.
 
Bunbury o “La importancia de ser serio”
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sábado, 11 de octubre de 2008.
 
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viernes, 3 de octubre de 2008.
 
¿Es la culpa de los Neocons?
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sábado, 27 de septiembre de 2008.
 
Muerte y exhumación de Lorca
Ana Morilla
sábado, 20 de septiembre de 2008.
 
Mujer, política y radicalidad
Ana Morilla
sábado, 13 de septiembre de 2008.
 
¿Podía el Gobierno haber hecho algo frente a la crisis?
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domingo, 3 de agosto de 2008.
 
¿Qué es la derecha hoy?
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viernes, 18 de julio de 2008.
 
¿Qué es la izquierda?
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sábado, 12 de julio de 2008.
 
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viernes, 4 de julio de 2008.
 
Cómo vender la Unión Europea
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viernes, 27 de junio de 2008.
 
Ha nacido el centro derecha
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domingo, 22 de junio de 2008.
 
Porque Telma somos todos
Ana Morilla
domingo, 18 de mayo de 2008.
 
Niña, buenas noches… y buena suerte
Ana Morilla
martes, 11 de marzo de 2008.
 
Estilos de credibilidad
Ana Morilla
miércoles, 5 de marzo de 2008.
 
Si John Lennon estuviera vivo...
Ana Morilla Carabantes
sábado, 10 de diciembre de 2005.
 
El país más maleducado de Europa
Ana Morilla
sábado, 26 de noviembre de 2005.
 
Una España doliente busca un centro de gravedad permanente
Ana Morilla
viernes, 4 de noviembre de 2005.
 
Negociar con terroristas
Ana Morilla Carabantes
jueves, 27 de octubre de 2005.
 
La Universidad de Madrid y la recuperación de la memoria
Ana Morilla
sábado, 22 de octubre de 2005.
 
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19/08/2005 Egipto en agosto: del viaje hortera a la Alianza de Civilizaciones
01/07/2005 30 de junio de 2005: Un día histórico
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