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Rafael Torres |
FIRMA DE OPINIÓN |
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Al margen | |
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Considerado una de las voces más originales e independientes de la prensa española, Rafael Torres ha publicado más de 7.000 columnas de opinión, miles de artículos y centenares de reportajes y entrevistas en la práctica totalidad de los diarios y revistas de nuestro país: Ya, El Mundo, El País, Diario 16, El Periódico, La Voz de Asturias, La Voz de Galicia, Lanza, Diario de Cádiz, El Progreso, Geo, Interviú, Panorama, Tiempo, Epoca, Vogue, Dunia, El Europeo... Es autor de una veintena de libros: 'Los Caballistas', 'El Lugo de la diáspora', 'Sevilla, la otra historia del tabaco', 'Anxel Fole. Contar y cantar', 'Vidas Ejemplares', 'La mirada en la nuca', 'Molestias', 'Oh, Dios', 'Nuevos amores, nuevas familias', 'Yo, Mohamed', 'Los libros matan', 'El asesino de Sintra', 'El amor en tiempos de Franco', 'Ese cadáver', 'Gitano enorme', 'L'arme a gauche', 'Los esclavos de Franco', 'El republicanismo español' y 'Raros de Europa'. Desde hace 14 años publica sus columnas diarias en muchos periódicos de toda España y es articulista de Diario 16, escribe en Interviú y es comentarista en los programas 'Día a Día' (Tele 5) y 'Lo que es la vida' (RNE).
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| ÚLTIMOS 5 TEXTOS PUBLICADOS |
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| Las niñas y el mar |
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| La fotografía tomada en una playa de Nápoles en la que se ven los cuerpos ahogados de dos niñas gitanas tendidos en la arena, mal cubiertos con toallas, y alrededor de ellos una porción de bañistas indiferentes, tomando el sol, no ha dado la vuelta al mundo porque, en puridad, el mundo está de vuelta de imágenes como esa. Hace ocho años, la implacable lente de otro fotógrafo tomó la misma en una playa de Tarifa, en aquella ocasión el cadáver del náufrago de una patera, pero la esencia de las imágenes puede hallarse cada día en cualquier parte, si bien en verano, como se sale más y la luz se derrama cegadora, la esencia se materializa y puede ser capturada por los ojos sensibles, si bien el más sensible suele ser el de la cámara del fotógrafo. |
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La fotografía tomada en una playa de Nápoles en la que se ven los cuerpos ahogados de dos niñas gitanas tendidos en la arena, mal cubiertos con toallas, y alrededor de ellos una porción de bañistas indiferentes, tomando el sol, no ha dado la vuelta al mundo porque, en puridad, el mundo está de vuelta de imágenes como esa. Hace ocho años, la implacable lente de otro fotógrafo tomó la misma en una playa de Tarifa, en aquella ocasión el cadáver del náufrago de una patera, pero la esencia de las imágenes puede hallarse cada día en cualquier parte, si bien en verano, como se sale más y la luz se derrama cegadora, la esencia se materializa y puede ser capturada por los ojos sensibles, si bien el más sensible suele ser el de la cámara del fotógrafo.
Si lo que les falta a unos se corresponde exactamente con lo que les sobra a otros, este principio y otros de parecida incontrovertibilidad se espesan en las playas del primer mundo, bien que entre una muchedumbre narcotizada y medio desnuda porque le da la gana. La playa de Torregaveta, en Nápoles, era aparentemente la misma para los veraneantes y para las niñas gitanas, aunque éstas, de entrada, no tuvieron necesidad de descalzarse para pisar las olas, pues ya iban descalzas. Parecía la misma playa, pero en tanto que para la chusma del bikini y la panza cervecera aquello era un espacio muelle y vacacional, una marina de acuarela con predominio del azul y el yodo, o, desde luego, una piscina fantástica para la práctica de la natación, tan saludable, para Violeta y Cristina, de 11 y 13 años, carne de intemperie ambas, era un sepulcro fascinador: ningún adulto las acompañaba, ninguno las enseñó nunca a nadar, ninguno se retiró respetuoso, a lo último, de su catafalco de toallas. Así pues, ¿a quién puede extrañarle que un mundo de percatara del otro, esto es, la indiferencia de los turistas, si no su contrariedad, por los cadáveres infantiles que, sobre ocupar una porción de primera línea, les estaban fastidiando la deliciosa jornada? ¿No estaban Violeta y Cristina condenadas a una vida ominosa, a una muerte ominosa, antes de meterse, andando, en el mar?
| | Miércoles 23 de julio de 2008 |
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| La tribu enferma |
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| El hecho de que España sea el país desarrollado con mayor "consumo" de prostitución significa, de entrada, una cosa: que España no es un país desarrollado. Que también sea el país con mayor "consumo" de cocaína o de ruido no haría, por lo demás, sino refrendar esa afirmación, a menos que para establecer el desarrollo de un país no compute la capacidad de sus habitantes para organizar su esparcimiento y hallar placer sin necesidad de violentar la dignidad del prójimo o la de uno mismo, bien que esto último, en el caso de que ese uno mismo que brutaliza mujeres en apuros, se raya el cerebro o impide el descanso de los niños, los ancianos, los enfermos y los trabajadores, conserve algún adarme de dignidad, que yo creo, francamente, que no. |
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El hecho de que España sea el país desarrollado con mayor "consumo" de prostitución significa, de entrada, una cosa: que España no es un país desarrollado. Que también sea el país con mayor "consumo" de cocaína o de ruido no haría, por lo demás, sino refrendar esa afirmación, a menos que para establecer el desarrollo de un país no compute la capacidad de sus habitantes para organizar su esparcimiento y hallar placer sin necesidad de violentar la dignidad del prójimo o la de uno mismo, bien que esto último, en el caso de que ese uno mismo que brutaliza mujeres en apuros, se raya el cerebro o impide el descanso de los niños, los ancianos, los enfermos y los trabajadores, conserve algún adarme de dignidad, que yo creo, francamente, que no.
Según la estadística, que bien pudiera quedarse corta, uno de cada cuatro varones españoles contribuye a consolidar el siniestro mundo de la prostitución, con sus anexos de palizas, violaciones, secuestros, extorsiones, esclavitud, explotación, enfermedad, trata y desamparo, mediante las modalidades de acabar en un "club" de carretera al cierre de las discotecas, de desparramarse en las elegantes y sofisticadas despedidas de soltero con muñecas humanas incluidas o de aprovechar la hora del almuerzo para, sin levantar sospechas, visitar el burdel donde se hacinan las parias que para la sociedad no cuentan sino como muñecas sexuales precisamente. Uno de cada cuatro. Incluidos los adolescentes y jóvenes ociosos que, con tal de no currar, no se proponen siquiera el esfuerzo de intentar una relación simétrica, de igual a igual.
Pero ofreciendo esta realidad (tan similar a la de los casposos tiempos en que los padres llevaban a los hijos a la casa de lenocinio para consumar allí, entre purgaciones y jergones infectos, su iniciación sexual) un panorama nauseabundo, más lo ofrece desde que por la crisis económica está aumentando vertiginosamente el número de prostitutas y, en consecuencia, desplomándose los precios y las tarifas, que hasta se da el caso de hampones que ofrecen la carne humana que transportan en furgonetas por la calderilla que los transeúntes con los que se cruzan lleven en ese momento en el bolsillo. Tal realidad, y su actual desquiciamiento, no hablan de un país desarrollado, sino más bien de una tribu enferma.
| | Lunes 21 de julio de 2008 |
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| La consulta |
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| La única consulta que debe dar un poco de miedo es la consulta del Seguro, esa donde los quebrantos orgánicos de uno apenas merecen la atención de un médico, saturado de pacientes por cierto, durante dos o tres minutos. Lamentablemente, esa del Seguro es, a excepción de la que nos hacen cada cierto tiempo para que elijamos en las urnas entre Sota y Caballo, pues el Rey se da por elegido, la única consulta que se ofrece a los españoles, como si al Estado le diera lo mismo, cual sucede en efecto, lo que éstos pudieran pensar y expresar espontáneamente sin la interferencia o la mediación de los partidos. No digo que el Estado o el gobierno debieran consultarlo todo a la ciudadanía, pues acabaríamos aborreciendo semejante compulsión asamblearia, pero sí que cuando a alguna instancia institucional se le ocurra preguntar algo a aquellos a quienes sirve, se tome como algo natural, como cuando el camarero nos pregunta si la leche del café la queremos fría o caliente, y no se ponga en marcha toda la gendarmería legal y alegal del Estado para impedirlo. |
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La única consulta que debe dar un poco de miedo es la consulta del Seguro, esa donde los quebrantos orgánicos de uno apenas merecen la atención de un médico, saturado de pacientes por cierto, durante dos o tres minutos. Lamentablemente, esa del Seguro es, a excepción de la que nos hacen cada cierto tiempo para que elijamos en las urnas entre Sota y Caballo, pues el Rey se da por elegido, la única consulta que se ofrece a los españoles, como si al Estado le diera lo mismo, cual sucede en efecto, lo que éstos pudieran pensar y expresar espontáneamente sin la interferencia o la mediación de los partidos. No digo que el Estado o el gobierno debieran consultarlo todo a la ciudadanía, pues acabaríamos aborreciendo semejante compulsión asamblearia, pero sí que cuando a alguna instancia institucional se le ocurra preguntar algo a aquellos a quienes sirve, se tome como algo natural, como cuando el camarero nos pregunta si la leche del café la queremos fría o caliente, y no se ponga en marcha toda la gendarmería legal y alegal del Estado para impedirlo.
Ahí tenemos a Ibarretxe, presidente democráticamente elegido del gobierno vasco, al que se sataniza hasta la náusea por pretender someter a la opinión de los ciudadanos un par de cuestiones que, si bien a algunos políticos y periodistas les pueden parecer baladís o torticeras por demasiado ligadas a sus aspiraciones soberanistas, no dejan de ser cuestiones políticas que merecen ser discutidas en la "polis". Si Ibarretxe hubiera propuesto gravar con una tasa a los rubios, expulsar del territorio de su jurisdicción a los electricistas, prohibir el uso de la bicicleta, o crear una cartilla de racionamiento para el bacalao al pil-pil, se entendería la movilización del resto de las instituciones del Estado para pararle los pies , pero toda vez que lo que quiere el hombre es algo tan democrático como preguntar a la gente, no se entiende, o sí, la indignación, que cursa incluso en prepotencia y chulería, de los que nunca preguntan.
| | Viernes 18 de julio de 2008 |
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| Descenso a los infiernos |
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| Se dice en algunos noticiarios que Martinsa-Fadesa ha sido la primera gran víctima de la crisis inmobiliaria en España, pero debe tratarse de un error: las primeras y mayores víctimas de la crisis inmobiliaria en España han sido los millones de ciudadanos que tuvieron que hipotecar sus vidas, endeudándose hasta lo inconcebible, para vivir bajo techo, o, más exactamente, para pagar por una vivienda el precio disparatado, descomunal, desproporcionado, que les impusieron los Martín, o los Jove, amparados, si no estimulados, por la complacencia irresponsable y antisocial de los últimos gobiernos. Podría argüirse, no obstante, que cuando los del ladrillo ponían esos precios y la banca casi obligaba a la gente a solicitarle préstamos para pagarlos, no había crisis, pero ahora sabe todo el mundo que la crisis inmobiliaria en España era exactamente eso, aquél humo, aquél timo y aquella locura, y que hoy ya no hay crisis inmobiliaria ninguna, sino descenso a la realidad, un descenso que para la mayoría, que no para Fernando Martín ni, desde luego, para el que le vendió el momio, es, eso sí, un descenso a los infiernos. |
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Se dice en algunos noticiarios que Martinsa-Fadesa ha sido la primera gran víctima de la crisis inmobiliaria en España, pero debe tratarse de un error: las primeras y mayores víctimas de la crisis inmobiliaria en España han sido los millones de ciudadanos que tuvieron que hipotecar sus vidas, endeudándose hasta lo inconcebible, para vivir bajo techo, o, más exactamente, para pagar por una vivienda el precio disparatado, descomunal, desproporcionado, que les impusieron los Martín, o los Jove, amparados, si no estimulados, por la complacencia irresponsable y antisocial de los últimos gobiernos. Podría argüirse, no obstante, que cuando los del ladrillo ponían esos precios y la banca casi obligaba a la gente a solicitarle préstamos para pagarlos, no había crisis, pero ahora sabe todo el mundo que la crisis inmobiliaria en España era exactamente eso, aquél humo, aquél timo y aquella locura, y que hoy ya no hay crisis inmobiliaria ninguna, sino descenso a la realidad, un descenso que para la mayoría, que no para Fernando Martín ni, desde luego, para el que le vendió el momio, es, eso sí, un descenso a los infiernos.
La suspensión de pagos de Martinsa-Fadesa es eso, una suspensión de pagos, del pago de sus deudas contraídas con todo quisque, pero no es probable que a causa de ello le quiten nada, y mucho menos la casa en la que vive, al señor Martín. A las desgraciadas víctimas del tinglado que contribuyó a montar, a los enredados en las mallas de la moderna usura, a los curritos que se les disparan las letras de la hipoteca interminable, les quitan la casa si no la pagan, esto es, si se declaran, como Martín, en suspensión de pagos. Dirán los intocables del ladrillo que, con esto de la crisis, no venden una escoba, pero, ¿dónde está el dinero que sacaron cuando, hasta ayer mismo, se hincharon obscenamente a venderlas?
| | Miércoles 16 de julio de 2008 |
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| Sinestro tesoro |
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| Los países ricos, camuflados bajo la respetable denominación de Comunidad Internacional, andan tanteando las posibilidades de despojar a Irán de su petróleo por la fuerza, toda vez que la nación persa insiste en blindarse con el coco nuclear para protegerlo. Ese tanteo que podría derivar en una carnicería de inocentes similar, si no superior, a la de Irak, que fue ejecutada con el mismo propósito, presenta ya enormes semejanzas con ésta: criminalización permanente (mezclando verdad y mentira para ahormar el mensaje a los intereses depredatorios) de Irán, disparatada vinculación del ataque con el arreglo definitivo del conflicto de Oriente Medio, exageración de la amenaza militar del país réprobo, acusaciones de amparo del terrorismo internacional y, desde luego, de mecenazgo del integrismo islamista, y, en el colmo del cinismo, conmiseración por los iraníes, a los que habría que liberar del yugo de los clérigos plantificándoles la democracia, como a Irak, a bombazos. |
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Los países ricos, camuflados bajo la respetable denominación de Comunidad Internacional, andan tanteando las posibilidades de despojar a Irán de su petróleo por la fuerza, toda vez que la nación persa insiste en blindarse con el coco nuclear para protegerlo. Ese tanteo que podría derivar en una carnicería de inocentes similar, si no superior, a la de Irak, que fue ejecutada con el mismo propósito, presenta ya enormes semejanzas con ésta: criminalización permanente (mezclando verdad y mentira para ahormar el mensaje a los intereses depredatorios) de Irán, disparatada vinculación del ataque con el arreglo definitivo del conflicto de Oriente Medio, exageración de la amenaza militar del país réprobo, acusaciones de amparo del terrorismo internacional y, desde luego, de mecenazgo del integrismo islamista, y, en el colmo del cinismo, conmiseración por los iraníes, a los que habría que liberar del yugo de los clérigos plantificándoles la democracia, como a Irak, a bombazos.
Dice un proverbio africano que el lobo se pasó el día orando, la noche orando, pero que las ovejas no se fiarán de eso. Las ovejas, en este caso, bien podría ser no sólo el pueblo iraní en su conjunto, al que no apetece en modo alguno ser otra vez despedazado (ya lo fue hace 30 años por el entonces amigo de la "Comunidad Internacional", Sadam Hussein), sino la opinión pública del resto del mundo que aún deplora los horrores de la codicia occidental en el Irak devastado. El lobo se ha pasado recientemente, en París, el día y la noche orando, hablando de paz y de comunión mediterránea, pero no hace falta ser una oveja para oír bajo los discursos untuosos y melifluos de los grandes mandatarios el rumor de los preparativos de un nuevo crimen, en nombre de la paz precisamente, contra esa parte de la humanidad que no eligió vivir sobre un siniestro tesoro.
| | Lunes 14 de julio de 2008 |
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