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Rafael Torres |
FIRMA DE OPINIÓN |
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Al margen | |
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Considerado una de las voces más originales e independientes de la prensa española, Rafael Torres ha publicado más de 7.000 columnas de opinión, miles de artículos y centenares de reportajes y entrevistas en la práctica totalidad de los diarios y revistas de nuestro país: Ya, El Mundo, El País, Diario 16, El Periódico, La Voz de Asturias, La Voz de Galicia, Lanza, Diario de Cádiz, El Progreso, Geo, Interviú, Panorama, Tiempo, Epoca, Vogue, Dunia, El Europeo... Es autor de una veintena de libros: 'Los Caballistas', 'El Lugo de la diáspora', 'Sevilla, la otra historia del tabaco', 'Anxel Fole. Contar y cantar', 'Vidas Ejemplares', 'La mirada en la nuca', 'Molestias', 'Oh, Dios', 'Nuevos amores, nuevas familias', 'Yo, Mohamed', 'Los libros matan', 'El asesino de Sintra', 'El amor en tiempos de Franco', 'Ese cadáver', 'Gitano enorme', 'L'arme a gauche', 'Los esclavos de Franco', 'El republicanismo español' y 'Raros de Europa'. Desde hace 14 años publica sus columnas diarias en muchos periódicos de toda España y es articulista de Diario 16, escribe en Interviú y es comentarista en los programas 'Día a Día' (Tele 5) y 'Lo que es la vida' (RNE).
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| ÚLTIMOS 5 TEXTOS PUBLICADOS |
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| Cotilleo y espionaje. |
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Que se hable mucho de un espía no es lo más conveniente. Que el espía en cuestión hable demasiado, menos. Y que, cuando habla, diga tonterías, nada. Nada conveniente. Sin embargo, el caso de Saiz, el dimitido jefe del CNI que aseguró haberse enterado de los vuelos de la CIA por la prensa, se enmarca en una deficiencia que muy bien pudiera ser congénita del carácter nacional, si es que existe un carácter nacional: la del espionaje profesional y organizado. nuestros espías, magistralmente parodiados por Miguel Gila en sus monólogos surrealistas sobre la guerra (al propio Gila, en la nuestra, le fusilaron mal y sobrevivió), nuestros espías, digo, no le llegan a la suela del zapato a cualquiera de esas paisanas, y paisanos, cuyo máximo objetivo en la vida no es otro que meter sus hediondas narices en la de sus semejantes. Tras los espesos visillos, por las mirillas de las puertas o por las ranuras de las persianas, no digamos en las colas de las tiendas, en las sillas de skay de las peluquerías o blandiendo el teléfono, esas criaturas averiguan sobre sus semejantes lo que ningún espía del CNI, incluidos los que le han hecho la cama a su ex jefe, descubrirían jamás.
A los espías profesionales les falta lo que a los espías aficionados les sobra: imaginación. Y fantasía. En el fondo, lo que les sobra a los espías profesionales es profesionalidad, o cuando menos a los españoles, por mucho que confundan la profesión con las marrullerías funcionariales para medrar. Saiz, que no era espía profesional cuando Bono lo colocó en el CNI, podía haber hecho carrera como cotilla, que en España es un rango superior en la jerarquía del medio inventarse las cosas detectadas con disimulo, pero ya hemos visto que en el CNI el cotilleo es puramente interno, endogámico, y ahí no ha tenido nada que hacer. Para ser un buen espía, como las señoras, y los señores, que pueblan la vida ordinaria del país, se necesita imaginación, y éste Saiz gris a lo más que llegó, en ese terreno, fue a suponer que los animales del mar están ahí para morder su depredador anzuelo.
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| viernes 3 de julio de 2009 |
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| Neda y Dalila |
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Si la joven Neda Aga, abatida por sicarios del poder en las calles de Teherán, es símbolo acusatorio del terrorismo de Estado, otra joven, Dalila Mimouni, lo es de un sistema sanitario infame y, desde luego, impropio de una nación desarrollada. Dalila Mimouni es la joven embarazada de 20 años que ha muerto en Madrid no tanto a causa de la nueva gripe como de la pésima atención que recibió en los servicios de urgencia de dos hospitales de esa Comunidad, el de Fuenlabrada y el Gregorio Marañón, que por tres veces la enviaron a casa con una receta de paracetamol pese a la notoriedad de los síntomas y la gravedad de su estado.
Imposible aplicar atenuante ninguno a la negligencia hospitalaria, pues la alarma, los síntomas y los protocolos de tratamiento relacionados con la pandemia son de dominio público y universal, tanto más para el personal sanitario, sólo cabe apuntar a la imparable miserabilización de la sanidad pública madrileña como muy probable causa principal, más que la gripe, de la muerte de la muchacha, que sólo gracias a su juventud y a su condición de atleta pudo resistir por tres veces y durante varios días la inepcia del sistema y, lamentablemente también, de los profesionales que, por serlo, debieron acreditarlo acertando el diagnóstico si no a la primera, a la segunda. Eso le hubiera salvado la vida, y Dalila, que no era un número para las estadísticas de la OMS, sino una chica joven que acababa de casarse y que esperaba un hijo (forzado a nacer por cesárea mientras su madre agonizaba), habría remontado la enfermedad como lo hacen, por fortuna, la mayoría de los afectados. Tal vez obró en su contra, fatalmente, ser pobre y extranjera (no extranjera rica como Kaká o Cristiano Ronaldo) en una Comunidad que no se distingue por su atención ni a los unos ni a los otros.
Las mujeres, que representan la vida, la génesis misma de la vida, han venido a representar éstos días, dos de ellas, el ultraje a que les somete la injusticia. Nela y Dalila. Con éstas jóvenes, y por extensión natural con todos, se ha ensañado el infortunio. Pero no el infortunio casual, imprevisible, sino el que fabrican los hacedores y los dueños del mundo.
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| miércoles 1 de julio de 2009 |
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| Conmoción planetaria. |
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No es que Michael Jackson tuviera complejo de Peter Pan, sino que se acostaba con niños. Tampoco es que construyera su delirante Parque de Atracciones, Neverland, para disfrutar de aquello que no pudo en su infancia explotada, sino para atraer a los niños precisamente. Existe la convicción, algo idiota por cierto, de que no se puede hablar mal de los finados (será por aquello de que está feo meterse con quien no está delante), y menos de uno cuya muerte ha causado, según el noticiario de un canal de televisión, "conmoción planetaria", pero lo que no se puede, en puridad, es considerar el abuso a niños como un detalle irrelevante de la biografía. Siendo muy triste todo lo que le pasara a Jackson en su infancia, más lo es lo que les ha pasado, por sus secuelas, a algunos de los niños de los que se cruzaron con Jackson adulto, quien, no conviene olvidarlo, se tocaba los genitales en público, ante la parroquia adolescente que acudía enajenada a sus actuaciones, y sobornaba a los padres de sus víctimas para que no le denunciaran o retiraran los cargos. El mismo Jackson, por cierto, que balanceaba sobre el vacío a su hijo, un bebé, desde las ventanas de los hoteles.
A su muerte, alguien tan perturbado como él habrá percibido una "conmoción planetaria", pero esa conmoción, esa desolación en el mundo se produjo, bien que impotente, cuantas veces el intérprete hortera de ritmos vulgares se metió en la cama con niños chicos. Lamentablemente, y como si el efecto de sus deplorables acciones se hubiera desvanecido, y éstas sólo fueran la insignificante mancha que refuerza la blancura de su trayectoria más que humana, divina, su memoria se construye éstos días desde la hagiografía y la compasión, aunque no precisamente hacia sus víctimas. Si morir es obligado, matar no, y no serán las personas sensatas las que se conmuevan planetariamente por el deceso del que se cargó, porque sí, la inocencia de algunas criaturas.
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| lunes 29 de junio de 2009 |
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| Pánico a la vida. |
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Muchos medios de comunicación calificaron ayer de inesperada la muerte de Michael Jackson. Sin embargo, ninguna muerte es inesperada; la muerte es la única cosa que podemos esperar en la seguridad absoluta de que no será una espera en balde. Acaso pudiera calificarse mejor ese deceso como súbito, pero tampoco, pues no sólo la muerte es siempre súbita, que llega de un instante a otro, sino que el célebre cantante de color indeterminado venía matándose, desde hace mucho tiempo, poco a poco. Y todo por tenerle un pánico cerval a la vida.
Michael Jackson padecía, como se sabe, de paranoia o manía persecutoria respecto a los virus, esos organismos elementales tan característicos de la existencia. Vivió, o pretendió vivir, encapsulado, embozado permanentemente por miedo a pillar algo, cualquier cosa, pero donde su miedo a la vida se hacía más ostensible y patético era en su relación con el tiempo. Odiaba el tiempo, el paso del tiempo y creía, el pobre, en cirugías imposibles para estabularlo. Su conocida obsesión por desteñirse escondía, en realidad, otra, la de hacerse niño, bebé, feto casi. O sea, que quería ir para atrás, pero sin darse cuenta, por su escasa cultura, de que lo mismo da ir hacia adelante o hacia atrás en el círculo de la vida. Ahora bien, lo que acabó de rematar al infortunado artista americano fue estar podrido de dinero, esto es, no encontrar el menor freno a la delirante ejecución de sus caprichos y, desde luego, contar entre su servidumbre con un macabro plantel de médicos codiciosos, complacientes y charlatanes.
Al parecer, la causa última de su defunción ha sido el consumo masivo y cruzado de medicamentos para todo. Su miedo a la vida se exacerbaba, claro, con el espanto ante la enfermedad: nunca confió en que su cuerpo, del que despreciaba hasta el color, pudiera hacer algo contra un simple catarro. Le tenía miedo a todo, pero a diferencia de los demás, que también tenemos miedo a todo, estaba forrado de dinero y creía que eso sirve para espantar los virus y detener el paso del tiempo.
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| viernes 26 de junio de 2009 |
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| Nos tienen muy vistos. |
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Se atribuye a la crisis económica la actual retracción de los turistas, pero también pudiera ocurrir que nos tengan ya muy vistos. Desde hace cincuenta años, más o menos desde el Plan de Estabilización Económica que ideó el franquismo para eludir la bancarrota (y que consistió básicamente en mandar al extranjero a por divisas, como emigrantes forzados, al 10 por ciento de la población, y a recibir con los brazos abiertos a los turistas que venían cargados de ellas), España no ha dejado de recibir contingentes masivos de visitantes someros, tan masivos que casi un 15 por ciento de nuestra riqueza acabó pronto dependiendo de ellos.
Ahora bien, el turista, aunque turista, no es tonto, o, cuando menos, no eternamente, y lo que buscaba aquí, exotismo y precios baratos, hace tiempo que se extinguió del todo. La naturaleza salvaje y diversa, las singulares formas de relación, los tipos pintorescos, la aventura del viaje, el sabor de las ciudades viejas, la música, la comida, el orgullo, la rusticidad, la inocencia, el atraso, los pueblos remotos y los pueblos pescadores, todo cuanto había sido consustancial a nosotros durante siglos, y que permanecía intacto, bien que por desgracia en muchos casos, en 1959, y en los 60, y aún en los 70, mientras los brazos más granados del país edificaban a destajo la modernidad en la emigración, en Europa, todo eso desapareció y hemos seguido viviendo, figurantes al fin de un "destino turístico", de su simulacro. Y cobrándolo, además, a precios de París o de Venecia.
Pudiera ser que nos tengan ya muy vistos, o que lo que han visto de nuestra evolución, determinada en parte por su masiva presencia, ya no les seduzca para pasar las vacaciones, ni siquiera para pasarlas soplando o tumbados a la bartola. Pero el turista, el visitante somero, no ha cambiado, y lo que pasa es que ahora nos busca en otros países, en Turquía, en Croacia, en Egipto, en Túnez o en Marruecos. Nos cabría el consuelo perverso, desaconsejable por tanto, de saber que el turismo corruptor también acabará con ellos.
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| miércoles 24 de junio de 2009 |
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