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El clima extremo eleva la violencia hacia mujeres, niñas y minorías sexuales, según un estudio

Agencias
@DiarioSigloXXI
martes, 14 de junio de 2022, 00:31 h (CET)

MADRID, 13 (SERVIMEDIA)


Los fenómenos meteorológicos más intensos y frecuentes debido a la crisis climática aumentan el riesgo de violencia hacia las mujeres, las niñas y las minorías sexuales y de género.


Así lo explica un equipo dirigido por un investigador de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) en un estudio publicado este martes en la revista ‘The Lancet Planetary Health’.


Los autores analizaron la actual literatura científica y descubrieron que la evidencia pinta un panorama sombrío para el futuro porque los episodios climáticos extremos generan inestabilidad económica, inseguridad alimentaria y estrés mental, además de dañar infraestructuras y exacerbar la desigualdad de género.


Entre 2000 y 2019, inundaciones, sequías y tormentas afectaron a casi 4.000 millones de personas en todo el mundo y se cobraron más de 300.000 vidas. En esas dos décadas, la ocurrencia de las inundaciones aumentó un 134%, por un 40% de las tormentas y un 29% de las sequías. Se espera que estas cifras aumenten a medida que avance el cambio climático.


Los fenómenos meteorológicos y climáticos extremos incrementan la violencia de género debido a la inestabilidad socioeconómica, las desigualdades estructurales de poder, la inaccesibilidad a la atención médica, la escasez de recursos y las carencias en la seguridad y la aplicación de la ley, entre otras razones. Ello puede tener consecuencias a largo plazo que incluyen lesiones físicas, embarazos no deseados, exposición al VIH u otras infecciones de transmisión sexual, problemas de fertilidad, estigma internalizado, afecciones de salud mental y efectos en los niños.


Para comprender mejor la relación entre los episodios extremos y la violencia de género, los investigadores realizaron una revisión sistemática de la literatura existente en esta área. Este enfoque les permite reunir estudios existentes, y en ocasiones contradictorios o con poca potencia, para proporcionar conclusiones más sólidas.


VARIOS EPISODIOS EXTREMOS


El equipo identificó 41 estudios que exploraron varios tipos de episodios extremos, como tormentas, inundaciones, sequías, olas de calor e incendios forestales, junto con la violencia de género, como la violencia y el acoso sexuales, la violencia física, el asesinato de 'brujas', matrimonio forzoso y violencia emocional. Las investigaciones abarcaron países en los seis continentes principales y todos menos uno se centraron en mujeres y niñas cisgénero.


Los investigadores encontraron evidencia de que la violencia de género parece verse exacerbada por fenómenos meteorológicos y climáticos extremos, impulsada por factores como la crisis económica, la inestabilidad social, los entornos propicios y el estrés.


Según los trabajos, los perpetradores de la violencia iban desde parejas y familiares hasta líderes religiosos y funcionarios gubernamentales. La relación entre los episodios climáticos extremos y la violencia de género varía según los entornos debido a las diferencias en las normas sociales de género, la tradición, la vulnerabilidad, la exposición, la capacidad de adaptación, los mecanismos de denuncia disponibles y las respuestas legales.


Sin embargo, la experiencia de violencia de género durante y después de episodios extremos parece ser una experiencia compartida en la mayoría de los contextos estudiados, lo que sugiere que la amplificación de este tipo de violencia no está restringida geográficamente.


“Los eventos extremos no causan por sí mismos la violencia de género, sino que exacerban los impulsores de la violencia o crean entornos que permiten este tipo de comportamiento”, apunta Kim van Daalen, de la Universidad de Cambridge.


Van Daalen añade que “en la raíz de este comportamiento se encuentran estructuras sociales y patriarcales sistemáticas que permiten y normalizan dicha violencia”. “Los roles y normas sociales existentes, combinados con las desigualdades que conducen a la marginación, la discriminación y el despojo, hacen que las mujeres, las niñas y las minorías sexuales y de género sean desproporcionadamente vulnerables a los impactos adversos de los eventos extremos”, apunta.


Experimentar violencia de género también puede aumentar aún más la vulnerabilidad. Cuando se enfrentan a la probabilidad de sufrir acoso o violencia sexual en campamentos de socorro, por ejemplo, algunas mujeres o minorías sexuales y de género optan por quedarse en casa o regresar a sus hogares incluso antes de que hacerlo sea seguro, lo que las pone en peligro adicional debido a eventos extremos y restringe aún más su ya limitado acceso a los recursos de socorro.


Los episodios extremos podrían tanto aumentar la violencia nueva como las denuncias. Vivir eventos extremos hizo que algunas víctimas sintieran que ya no podían soportar el abuso o que se sintieran menos inhibidas para denunciar el abuso que antes del evento.


PROPUESTAS


Sin embargo, los investigadores también notaron que la información sigue plagada de una serie de factores, incluido el silenciamiento de las víctimas, particularmente en países donde es importante salvaguardar el honor de una hija y su familia y la posibilidad de casarse, así como temores de presentarse, fallos en la aplicación de la ley, falta de voluntad para creer a las víctimas y la normalización de la violencia.


“La gestión de desastres debe centrarse en prevenir, mitigar y adaptarse a los impulsores de la violencia de género. Es crucial que esté informado por las mujeres, las niñas y las minorías sexuales y de género afectadas y que se tenga en cuenta las culturas sexuales y de género locales y las normas, tradiciones y actitudes sociales locales”, agrega Van Daalen.


Ejemplos de intervenciones incluyen proporcionar refugios y servicios de socorro después de un desastre, incluidos aseos y áreas de baños diseñados exclusivamente par mujeres, niñas y minorías sexuales y de género, o proporcionar equipos de respuesta de emergencia específicamente capacitados en la prevención de la violencia de género.


Del mismo modo, iniciativas de empoderamiento de las mujeres y las minorías sexuales y de género podrían lograr un cambio positivo. Por ejemplo, grupos de mujeres que utilizan ciclos participativos de aprendizaje y acción facilitados por pares locales se han utilizado para mejorar la salud reproductiva y materna al permitir que las mujeres identifiquen y prioricen los desafíos y soluciones locales.


ESTUDIOS DE CASO


El análisis aporta dos estudios de caso. Uno indica que tras el huracán Kratina, que azotó la costa del Golfo de Estados Unidos en agosto de 2005, aumentó la violencia de género, en particular la violencia interpersonal o la violencia de pareja, y aumentó la victimización física de las mujeres. Asimismo, un estudio sobre personas desplazadas internamente en Mississippi encontró que la violencia sexual y las tasas de violencia de pareja íntima aumentaron en el año posterior al desastre.


Además, se culpó a la comunidad gay de Nueva Orleans por el huracán Katrina, desastre que se describió como un ‘castigo de Dios’. A las parejas del mismo sexo se les impidió recibir ayuda de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias, las personas transgénero fueron amenazadas en los refugios o se les prohibió el acceso después del desastre natural, y personas Lgtbi sufrieron daños físicos y violencia en los refugios tras el paso del huracánb.


El otro estudio de caso sugiere un vínculo entre la incidencia de las inundaciones y los matrimonios precoces observados en Bangladesh coincidiendo con las inundaciones de 1998 y 2004. Además de ser vistos como una forma de reducir los costes familiares y salvaguardar la dignidad y la capacidad matrimonial, estos enlaces suelen ser menos costosos debido al empobrecimiento inducido por las inundaciones que reduce las expectativas.


Un estudio incluyó un ejemplo del cabeza de familia que explicaba que el ciclón de 2013 había destruido la mayoría de sus pertenencias, dejándolo con miedo de no poder mantener a su hija soltera más joven, que tiene menos de 18 años. Casar a sus hijas fue una manera de reducir la carga financiera de la familia.


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