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La alimentación supone el 52,1% del impacto ambiental del consumo en España y la ingesta de carne es la principal causante

Agencias
@DiarioSigloXXI
viernes, 20 de mayo de 2022, 12:52 h (CET)

MADRID, 20 (SERVIMEDIA)


El consumo de alimentos representa en España el principal impulsor de los impactos ambientales generados, de media, por una persona y en 2018 supuso el 52,1% del indicador de la huella de consumo que evalúa los impactos ambientales del consumo de bienes al margen de dónde hayan sido producidos. A ello contribuyó, principalmente, la ingesta de carne (45%) y de productos lácteos (15%).


Así lo revela el informe ‘Sostenibilidad del Consumo en España’, elaborado por la Comisión Europea y el Ministerio de Consumo, y que fue presentado este viernes en un acto que contó con la intervención del ministro de Consumo, Alberto Garzón; el director general adjunto del Centro Común de Investigación (JRC, Joint Research Centre) de la Comisión Europea, Bernard Magenhann, y la jefa adjunta de la Unidad de Recursos Terrestres del JRC, Serenella Sala, además de sus autoras, Esther Sanyé-Mengual y Mónica Di Donato.


El estudio ha utilizado el marco desarrollado por el Centro Común de Investigación (JRC, por sus siglas en inglés) de la Comisión Europea para evaluar los impactos ambientales de la producción y el consumo en la UE y los Estados miembro basado en la metodología de análisis del ciclo de vida (ACV). Además, sigue las recomendaciones del modelo de evaluación de impacto de la Huella Ambiental desarrollado por la propia Comisión Europea y que analiza 16 indicadores referidos a diferentes impactos ambientales en cinco áreas de consumo y que suponen un “termómetro” del consumo y permiten “identificar tendencias”, según Sala.


Las investigadoras y coautoras del informe explicaron que, a partir del análisis de áreas de consumo como alimentación, movilidad, vivienda, bienes del hogar y electrodomésticos, el estudio desvela que, en términos generales, España es “un exportador neto de impactos ambientales hacia terceros países”.


Como principales causantes de ese impacto, a la alimentación le siguieron la movilidad, con el 17,1%, especialmente debido al uso del coche privado, y la vivienda, con el 16,2%, ligado de forma mayoritaria al consumo de energía por calefacción. Estas tres áreas son las que, según las expertas, “mayores impactos llevan aparejadas en términos generales”, ya que juntas “acapararon” más de cuatro quintas partes (el 85,3%) de toda la huella de consumo en España en 2018 y a ellas se unieron, con un 9,6% los bienes del hogar y con el 5,1%, los electrodomésticos.


Por áreas de consumo, la alimentación representó también el principal causante en la mayoría de las categorías de impactos, especialmente en lo que se refiere a la eutrofización o incremento de sustancias nutritivas que provoca un exceso de fitoplancton, tanto terrestre (81,6%), como marina (79,6%); al agotamiento de la capa de ozono (79,6%) y los usos del suelo (76,7%), aunque es también “muy importante” su contribución a la acidificación (73,7%) y el uso de agua (72,3%).


Según el informe, estos “elevados impactos” asociados a los alimentos se deben, “fundamentalmente”, al carácter “altamente intensivo e industrial” del sistema agropecuario español, “fuertemente dependiente” del uso de recursos fósiles, de fertilizantes químicos y de grandes cantidades de agua.


En paralelo, el estudio también juzga “destacable” el peso que adquieren los electrodomésticos en el uso de los recursos minerales y metales (47%), debido a la “notoria” demanda de materias primas que requieren, mientras que la movilidad influye, “sobre todo”, en el agotamiento de la capa de ozono (38,4%) y en el uso de recursos fósiles (31,7%). A su vez, la vivienda lo hace en la emisión de radiación ionizante (60,2%) y en la eutrofización del agua dulce (55,1%) y los bienes del hogar presentan un mayor peso en la toxicidad humana cancerígena (15,6%) y en la ecotoxicidad del agua dulce (15,6%).


El estudio sostiene que la huella del consumo de España entre 2010 y 2018 mostró una tendencia “muy similar” para la “mayoría” de los indicadores de impacto ambiental analizados, con un aumento general del 5%,” especialmente” a partir de 2013.


En dicho periodo, de los 16 impactos ambientales evaluados, seis sobrepasaron los umbrales establecidos por los límites planetarios “de seguridad”. Uno de ellos, el uso de recursos minerales y metales, está ya en la zona de “incertidumbre” y las cinco restantes, como son el cambio climático, la ecotoxicidad de agua dulce, la eutrofización de agua dulce, el material particulado y el uso de recursos fósiles se encuentra en la de alto riesgo y, según las autoras, “muy lejos del umbral de sostenibilidad”.


DAÑOS EN ECOSISTEMAS Y SALUD


El informe también estima los efectos o daños que las presiones ambientales analizadas pueden estar ejerciendo, a su vez, sobre la integridad de los ecosistemas y en la salud humana. En el primer caso, revela que los cambios en los usos del suelo y el calentamiento global son “responsables” de cerca del 80% del daño a la integridad de los ecosistemas terrestres asociado a los modos de consumo en España y la alimentación es el área de consumo que “más contribuye” a la pérdida de calidad de los ecosistemas y de biodiversidad.


Por lo que respecta a los efectos “dañinos” sobre la salud humana relacionados con el consumo en España, también es la alimentación la que más afecta a la salud humana, seguida de la vivienda y la movilidad y los impactos que más contribuyen a “empeorar” la salud de las personas son el calentamiento global (45%) y la emisión de partículas a la atmósfera (44%).


CAMBIO DE PATRONES DE CONSUMO


En este contexto, el informe analiza las consecuencias de un posible cambio de patrón en cuanto a la alimentación y el uso de electrodomésticos más eficientes. En el primer caso, una sustitución en la dieta del 25% de productos de origen animal por otros de origen vegetal implicaría una disminución cercana al 20% en impactos como el agotamiento de la capa de ozono, la eutrofización terrestre o la acidificación y, si la sustitución se eleva al 50%, la reducción en esos mismos impactos se situaría entre el 30% y 40%.


En el caso de los electrodomésticos, la mejora de eficiencia en productos como neveras, lavavajillas, lavadoras o televisiones puede contribuir a disminuir diferentes impactos hasta en un 11% y, en menor medida, acciones como la recolección, reciclaje, reutilización y reparación ofrecen posibilidades de disminución de impactos que alcanzan entre un 1% y un 5%, que, aunque, reconocieron las autoras, “parecen poco, permiten acercarse al escenario de sostenibilidad”.


A la luz de estos resultados, el ministro de Consumo, Alberto Garzón, advirtió de que la “verdadera ironía” es que las recomendaciones para mejorar esos indicadores, principalmente en lo que se refiere a alimentación, “se corresponderían con la dieta mediterránea, que es parte de la solución y se ha ido perdiendo”.


Garzón admitió que el informe deja “un gran margen de crecimiento” y urgió a “no mirar hacia otro lado y a ser capaces de poner en marcha políticas públicas que cambien esa trayectoria”. “El negacionismo es peligroso y negacionismo es también escuchar estos datos y no hacer nada”, resolvió, convencido de que la situación “obliga a tejer alianzas” para combatir los efectos perniciosos del consumo y de la “necesidad y obligación de vivir dentro de los límites del planeta”.


Finalmente, el director general adjunto del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea, Bernard Magenhann, puso a España como “ejemplo” del análisis de los impactos ambientales del consumo y aseguró que el departamento de Alberto Garzón “quiere empoderar a los consumidores como agentes de la transición ecológica”. Así, destacó que es el primer país europeo que usa la huella ambiental del JCR y que “otros países están siguiendo su ejemplo” al entender la “importancia de las huellas ambientales para desarrollar las políticas de consumo y para ir hacia estilos de vida más saludables”.


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