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WWF propone paisajes mosaico cortafuegos para minimizar los incendios en España y Portugal

Agencias
@DiarioSigloXXI
jueves, 1 de julio de 2021, 12:53 h (CET)

MADRID, 01 (SERVIMEDIA)


Impulsar paisajes mosaico cortafuegos en España y Portugal es la mejor forma de impedir que se extiendan los incendios forestales y, además, conjuga el fomento del desarrollo rural, los usos de aprovechamiento productivo de los montes, la lucha contra el cambio climático y la conservación de la biodiversidad.


Ésta es la propuesta lanzada este jueves por WWF España y ANP/WWF Portugal en sendas ruedas de prensa en ambos países, en las que presentaron el informe ‘Paisajes cortafuegos’, con claves sobre cómo transformar el territorio para que sea menos inflamable y evitar el impacto de decenas de miles de incendios forestales cada año en la Península Ibérica.


El director de Conservación de WWF España, Enrique Segovia, apuntó que en los dos últimos años se han producido incendios de “sexta generación”, es decir, “que no se apagan, estallan, cambian el microlima local y producen auténticas tormentas de fuego”. Ello se debe al contexto del cambio climático (con un incremento de temperaturas y más sequías) y al abandono de “bosques a la deriva”, así como al hecho de que la acción humana está detrás de un 95% de los incendios forestales.


En España, el número de incendios ha disminuido en un 34% entre 2011 y 2020, periodo en el que la superficie quemada se ha reducido en algo menos del 20%. Sin embargo, los grandes incendios forestales (esto es, que calcinan al menos 500 hectáreas) han aumentado en un 12% en las dos últimas décadas.


“Cada vez hay menos incendios y queman menos superficie, pero son cada vez más grandes. Año a año está creciendo el resigo de que se produzcan oleadas de incendios de alta intensidad, que, además, pueden darse de forma simultánea en varias áreas del territorio, que son inapagables por los dispositivos de extinción porque su trayectoria es impredecible y que están poniendo en riesgo la vida de las personas”, dijo Lourdes Hernández, experta en incendios forestales de WWF España.


A ello se le añade que aumenta el riesgo de incendios que la comunidad científica ha denominado de sexta generación por ser rápidos y explosivos (como ocurrió en Chile en 2017 y en Australia en 2019). “El riesgo de que ocurran en España es real. Suponen unos impactos devastadores para el medio rural y constituyen una emergencia social porque la cifra mundial de muertes se ha incrementado en casi un 300% en el mundo”, indicó Hernández.


Además, Hernández subrayó que “el futuro no pinta mucho mejor” porque las proyecciones climáticas señalan “situaciones de emergencia” en el Mediterráneo. “Al paisaje ibérico se le han juntado todos los problemas”, comentó Hernández, en alusión al abandono rural (el 85% del territorio es rural, pero alberga a sólo un 16% de la población), el abandono de usos tradicionales en el campo, la escasa gestión forestal y la urbanización en los montes.


“DOS BUENAS NOTICIAS”


Ante esta situación emergen “dos buenas noticias”, según Hernández. Una de ellas es que hay consenso técnico, científico y social de que “hay que actuar”. Por ello, WWF propone apostar por paisajes mosaico cortafuegos, ya que no se puede intervenir sobre los otros dos factores que influyen en el comportamiento del fuego (la orografía y las condiciones meteorológicas). “Sabemos cómo hacerlo. A día de hoy hay total capacidad técnica con herramientas para poner en marcha esta transformación”, comentó Hernández.


Para ello, conviene conocer las zonas con mayor riesgo de sufrir incendios forestales, en los que se promoverían esos paisajes mosaico cortafuegos, que conjugan usos ganaderos extensivos, cultivos en extensivo, masas forestales gestionadas y bosques autóctonos y no inflamables. “Son paisajes vivos y rentables, y la población puede vivir de ellos”, recalcó Hernández.


En este sentido, expertos han realizado simulaciones en zonas fronterizas de España y Portugal para evaluar la tendencia incendiaria en cuatro paisajes: sin gestión forestal, con sistemas de alto valor natural (como dehesas, viñedos, prados de siega o sistemas pastoriles), con gestión forestal inteligente (mediante masas forestales menos inflamables, como pinos o eucaliptos) y la combinación de sistemas de alto valor natural con la gestión forestal inteligente.


La conclusión es que el riesgo de incendios aumenta hasta en un 25% en paisajes abandonados en un periodo de 10 a 15 años, mientras que la combinación de sistemas de alto valor natural y una gestión inteligente de las masas forestales reduce ese riesgo hasta en un 50%, maximiza el secuestro de carbono y ayuda a conservar la biodiversidad.


Para ello, según Hernández, hay que recuperar el tejido productivo en el sector primario, poner en valor los recursos forestales, implicar a la población local y que se cumpla la normativa para que las urbanizaciones en los montes cuenten con planes de protección. “Sabemos lo que tenemos que hacer, tenemos los recursos y hay una incipiente voluntad política. El momento es ahora de comenzar transformando el paisaje”, sentenció.


La segunda “buena noticia”, según Hernández, es que ya se han puesto en marcha iniciativas pioneras en este sentido. El informe incluye siete, cuatro de ellas en España: proyecto mosaico de Sierra de Gata (Cáceres), el proyecto 'Plantando cara al fuego' (Andalucía, Castilla-La Mancha, Madrid y Galicia), el proyecto Terecova en Crevillent (Alicante) y Enguera (Valencia) y la recuperación de una zona quemada en Moguer (Huelva).


PETICIONES


Con ello, WWF lanza en su informe tres grandes peticiones para combatir los incendios forestales. Una de ellas es promover paisajes cortafuegos adaptados al cambio climático, con deberes para las Administraciones públicas (aprobar una Estrategia Estatal de Prevención Integral de Incendios Forestales, identificar las zonas de alto riesgo, establecer planes de prevención que diversifiquen el paisaje, promover una gestión forestal colectiva, regular las plantaciones industriales, revitalizar el medio rural y establecer una política de fiscalidad verde). También hay sugerencias para ciudadanos y empresas, como promover una gestión forestal sostenible, asumir el riesgo y autoprotegerse, demandar la creación de diálogos forestales y apoyar grandes proyectos de restauración y de conservación.


El segundo bloque de propuestas se refiere a reducir la siniestralidad y acabar con la impunidad ante el fuego, con medidas como conocer las causas y las motivaciones, generar conciencia del riesgo, promover la prevención social y condenar y sancionar.


Y el tercero es combatir el cambio climático mediante la reducción de la incertidumbre y la aceleración de la transición energética hacia un modelo más limpio, eficiente y renovable.


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