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Columna de opinión

La arrogancia de Oltra

Antonio Casado Antonio Casado
jueves, 23 de junio de 2022, 08:01 h (CET)
MADRID, 22 (OTR/PRESS) No encuentro otra forma de decirlo: la chulería de Mónica Oltra cancelará los eventuales beneficios que para el gobierno del "Botànic" podía haber tenido su higiénica dimisión como vicepresidenta. Dimisión inspirada en el deseo de "no fallar la sociedad valenciana", según el presidente de la Generalitat, Ximo Puig.

Lo que detestan los valencianos es la impunidad judicial o política de sus gobernantes. Por muy convencidos que estén de que la verdad juega a su favor. Por muy alto que sea el rango del afectado o afectada. En este caso, la vicepresidenta de la Generalitat.

El planteamiento del asunto es. La justicia quiere saber si la consejera de Igualdad (Oltra, ya dimitida) aplicó o no los protocolos de actuación institucional en un caso de abusos sexuales sobre una menor tutelada por esa Consejería. Y esto no ha sido elaborado en gabinetes de agitación de tal o cual partido político.

Se trata de indicios "racionales" señalados por el juez instructor, el fiscal y el TSJ de Justicia de la Comunidad. Apuntan a que, en vez de ser protegida, la menor en cuestión "fue objeto de una injustificada persecución". Sin embargo, Oltra se toma esos pronunciamientos a título de inventario y coloca su verdad personal e intransferible por encima. "La justicia no cambiará la realidad", ha llegado a decir.

Pero eso no le impide recurrir al relato judicial para justificarse, puesto que ahí ha encontrado la imputada uno de sus dos principales asideros: "no hay pruebas directas". El otro asidero, como sabernos, es que todo se debe a una cacería planificada contra ella por la ultraderecha.

A esa arrogancia personal me refiero cuando sostengo que la dimisión de Mónica Oltra no desactiva la crisis del "Botànic" sino que la agrava. No redime al gobierno de Ximo Puig de la penosa imagen que transmite por culpa de la que hasta ahora ha sido su número dos. Aplíquese también a la causa del feminismo oficial (aquí no ha sonado el "yo sí te creo, hermana") y al indeterminado proyecto político de Yolanda Díaz a la izquierda del PSOE, que debutó decorado por las imágenes de Oltra y de Ada Colau, dos gobernantes hoy por hoy desacreditadas.

En un plano estrictamente político, donde la pena de telediario importa más que la presunción de inocencia, también patina la ya ex vicepresidenta de la Generalitat valenciana cuando relaciona su marcha como un triunfo de "los malos". Lo que daba alas a sus adversarios era precisamente su resistencia a dimitir.

Y eso no ha cambiado, porque la propia arrogancia de Oltra, ya caída en desgracia, no deja alimentar la ola derechista que se avecina, con el sanchismo en claro declive y el efecto Andalucía soplando fuerte en las velas de Núñez Feijóo.

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