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La semana política

España no está rota aún, pero sí mal cosida

Fernando Jáuregui Fernando Jáuregui
jueves, 25 de noviembre de 2021, 08:00 h (CET)
MADRID, 24 (OTR/PRESS) La botella se puede ver medio llena o medio vacía. Que se aprueben los Presupuestos Generales del Estado (español) incluso por Bildu, dando estabilidad aparente a la Legislatura, parece una buena noticia si no se quiere ir más allá. Lo mismo cuando ves a los líderes de la 'España vaciada y envejecida' (lo dicen ellos) tratando de organizar una ofensiva para financiarse, o sea, para sobrevivir, frente o a pesar de 'las otras Españas'. Para mí, son dos avisos, muy serios, de que el país precisa repensarse: en una primera ojeada, ni siquiera profunda, España aparece, si no rota, sí, al menos, mal cosida.

Oigo voces acaso demasiado indignadas por el hecho de que Pedro Sánchez haya logrado aprobar, con nacionalistas y separatistas, 'sus' Presupuestos gracias a la alianza, en la que él negó que fuese a embarcarse al llegar a las alturas del poder, con quienes 'quieren romper el Estado': una inmoralidad, dicen en ámbitos del PP. Sospecho que hay que bucear algo más a fondo: ni las contrapartidas inmediatas para lograr que Esquerra Republicana de Catalunya y Bildu cooperen para aprobar las cuentas del Estado (español, insisto) son desorbitadas, ni creo, sinceramente, que esta aprobación cuartee la unidad de la nación. Déjeme ser optimista: puede que sea al contrario, si Pedro Sánchez, que está en el centro de todas las tormentas, acertase en su gobernación del barco en medio del maremoto.

Pero, con franqueza, no estoy del todo seguro de que Sánchez, cuya zigzagueante trayectoria hacia el poder causa cierta inquietud, sea capaz de gestionar, con Presupuestos o sin ellos, los intereses de las diecisiete Comunidades que integran el conjunto de España. Los ocho de la 'España vacía y avejentada' miran de reojo los planteamientos de, por ejemplo, Valencia, Murcia, Baleares y, hasta cierto punto, Andalucía. El País Vasco y Navarra van a su aire, con el superpetrolero del concierto y el cupo, y nada quieren saber de las angustias de los demás. Y Cataluña, claro, se mira el ombligo, incapaz de gestionar eficazmente sus propios intereses más allá de la confrontación con el Estado, y véase, si no, la actitud chulesca del Govern frente a la sentencia del castellano recién dictada por el Supremo, que esa, la de los idiomas, es otra.

Y todos ellos, de Galicia a la peculiaridad de Canarias, de Zaragoza a Sevilla, miran con cierta hostilidad a Madrid. Que es la Comunidad que más aporta a los fondos solidarios del Estado, pero la que se beneficia también del 'efecto capitalidad' y de un sistema fiscal que los demás impugnan como 'dumping'. Madrid, escollera de todas las políticas, donde, para colmo, el partido que gobierna en la región se empeña en darse tiros en el pie, o en la rodilla. Una situación que, me parece, no tiene parangón en ningún otro país de Europa, incluyendo la Gran Bretaña del eterno conflicto escocés, o la Italia partida entre norte y sur.

En estas condiciones, gestionar los Presupuestos supone algo más que obtener una palanca para mantenerse en La Moncloa hasta el año 2023, o cuando sea que Sánchez, temeroso del 'efecto Yolanda Díaz', decida concluir la Legislatura. España se va fracturando, quizá no rompiendo, poco a poco. Es ya un clamor ciudadano la necesidad de un pacto entre el Gobierno central y la oposición -ya solo queda el PP: Ciudadanos está desaparecido en combate y Vox es un punto y aparte que a veces aporta algo más de inquietud al panorama general- para poner en marcha las reformas y cambios en profundidad que se evidencian como imprescindibles. No solo para introducir mecanismos de corrección en la financiación territorial o para plantar cara a la insurrección del independentismo catalán. Hace falta un gran pacto moral, ético y estético, para afrontar el futuro inmediato. Nuestro futuro.

Fjauregui@educa2020.es
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