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La semana política

Los toros y el día de la madre

Fernando Jáuregui Fernando Jáuregui
domingo, 2 de mayo de 2021, 08:00 h (CET)
MADRID, 1 (OTR/PRESS)España es un país tan plural que se habla de las dos Españas, aunque en realidad podría hablarse de diecisiete; las de los distintos ritmos de vacunación, diferentes maneras de encarar el fin del estado de alarma, variadas formas de asumir la crispación política, que no es la misma, ni mucho menos, en Madrid o Barcelona que en Santander o La Coruña, por poner algunos ejemplos. Gobernar un país así resulta especialmente difícil: es lo que me comentaba un ex ministro socialista amigo cuando charlábamos sobre los cien días en el poder de Biden o los primeros dos meses de Draghi al timón de la siempre difícil política italiana. Ellos, como Merkel o como algunos otros ejemplos de estadistas europeos, han sabido, en mayor o menor grado, ganarse la confianza de sus representados y eso facilita el gran cambio: los ciudadanos apoyando las iniciativas de 'sus' gobernantes.

Resultaría difícil trasplantar aquí y ahora los casos italiano, alemán o incluso francés, y no digamos ya el norteamericano, de difícil comparación con cualquier otro europeo. En apenas cien días, Biden ha sido capaz de dar la vuelta como un calcetín a lo peor del 'trumpismo', un aroma fétido del que ya quedan pocos rastros en la sociedad americana, me cuentan gentes atentas allí residentes. Pero cierto es también que, en el caso español, Adolfo Suárez fue capaz de cambiarlo casi todo en once meses, de julio de 1976 a junio de 1977. No puede decirse que haya sido tan afortunado el 'cambio' instaurado por el gobierno de coalición de PSOE con Unidas Podemos hace poco más de un año y tres meses, aunque, para ser justos, habremos de reconocer que ha sido un Ejecutivo que a su propia inestabilidad interna ha tenido que sumar el afrontar una situación de catástrofe sanitaria sin precedentes.

Toca ahora ir regresando lentamente a aquellos tiempos en los que éramos felices sin darnos cuenta de ello. Este dos de mayo, por ejemplo, con gran bombo y platillo, vuelven los espectadores a las gradas de los toros, convertidos en un factor (más) de confrontación política: ser amante de los toros es de derechas; no serlo te identifica con la izquierda. Así de pedestre se ha vuelto la dialéctica política en un país en cuya capital los unos llaman 'fascistas' a los otros, que a su vez les consideran 'bolcheviques', y Franco vuelve a pasearse por los mítines siempre que hay una campaña electoral por medio.

Pero este clima absurdo pasará, al menos hasta que se convoquen las próximas elecciones. España mira esperanzada hacia su recuperación, mientras, mostrando unas dosis de organización que no esperábamos, las colas de vacunación muestran las primeras fotografías optimistas en muchos meses. La verdad es que ignoro los términos concretos del plan de recuperación, resiliencia y otras cosas que el pasado viernes envió el Gobierno a Europa: la transparencia de nuestros gobernantes no llega ni siquiera a detallarnos un proyecto del que depende nuestro futuro y el de nuestros hijos. Pero lo que sí me dicen es que esa Europa que sí conoce los detalles del plan, y a la que, increíble pero cierto, todavía aspiramos a equipararnos del todo, ha recibido con buenos ojos los folios que, de la mano de Nadia Calviño, le han llegado desde España.

Así que comencemos mayo pidiendo nuevamente a los españoles, como hace doscientos trece años, que acudan a salvar a la patria. Hay brotes verdes mientras no nos empeñemos en seguir destruyéndonos. Y el agobio de la crispación, los insultos, las llamadas (falsas) a la violencia, ese mal fario de la campaña electoral, pasarán, y volverán los toros y el fútbol y el tenis con los estadios y las plazas llenos. Y ahí tiene usted, sin ir más lejos, el día de la madre: pruebe usted a reservar una mesa en cualquier restaurante para este domingo y comprobará cuántas ganas tienen los españoles de, con cualquier pretexto, salir del cascarón en el que llevamos metidos desde hace tantos, tantos meses.

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