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Más que palabras

Ni paz ni gloria

Esther Esteban Esther Esteban
sábado, 15 de septiembre de 2018, 08:01 h (CET)
MADRID, 14 (OTR/PRESS) Ha dicho el ministro de Ciencia, Innovación y Universidades Pedro Duque que, en estos tiempos resulta muy difícil estar en las tareas de gobierno porque "da mucho miedo que a uno le miren hasta lo que hizo en la infancia", como si el pasado no nos persiguiera a todos, de uno u otro modo, o como si escudriñar en los "curriculum" de nuestros políticos fuera una cosa excepcional en una democracia donde la acción de nuestros representantes debe ser ejemplar y ejemplarizante. "Hay que decir que en estos tiempos resulta muy difícil estar en estas tareas, en las que cosas que para los demás son normales o pueden resultar nimias, cualquier cosa puede salir", afirmó Duque, intentando sosegar un poco el ambiente y bajar el pistón tras la dimisión de la ministra Montón y la polémica sobre la tesis doctoral del presidente. ¿Quién no ha plagiado algo alguna vez en la vida? Se preguntaban algunos diputados por los pasillos del Congreso buscando la complicidad de los periodistas. A medida que el asunto subía decibelios y era imposible contener el golpe. Otros más conspiranoides veían en el caso de la huida y dimisión de la Ministra de Sanidad "fuego amigo", preguntándose por qué si no el asunto lo habían sacado medios que se definen de izquierdas. Todos buscaban excusas pero ninguno entonaba el mea culpa o admitía un mínimo de vergüenza torera por estos asuntos.

El hecho es que la semana en la que el gobierno quería que todo girara en torno a la exhumación de los restos de Franco Del Valle de los Caidos, tras la aprobación ¡Por fin! del decreto que lo permite la noticia apenas ha tenido repercusión mientras que el asunto de los máster y las tesis ha dado la vuelta al mundo. En el fondo de la cuestión además del trato de favor que algunas universidades han dado a los políticos por el hecho de serlo , las trampas o la falta de altura y nivel de quienes deben ser lo más "florido y hermoso" intelectualmente hablando de una sociedad, el asunto que más indígena a los ciudadanos es la mentira. Fue eso, la mentira, lo que se llevó por delante a Cristina Cifuentes y ha fulminado a la ministra Montón y eso mismo lo que ha puesto en el ojo del huracán a Pablo Casado o Pedro Sánchez. Hace tiempo hice un reportaje sobre el asunto de las mentiras y los políticos mentirosos donde recordaba el caso del ministro de Defensa Karl Theodor zu Guttenberg, uno de los hombres fuertes del gobierno de Ángela Merkel, que se vio obligado a dimitir en 2011 tras conocerse que había copiado algunos pasajes de su tesis doctoral. Ese mismo año, la vicepresidenta del Parlamento Europeo Silvana Koch-Mehrin también se vio empujada a dejar su cargo tras revelarse que plagió su tesis. Lo mismo tuvo que hacer la diputada del Partido Socialdemócrata (SPD) alemán Petra Hinz, que presentó su dimisión, tras diez años como parlamentaria en la cámara baja (Bundestag), después de confesar que se inventó su currículum académico como jurista. Al igual que ellos muchos políticos europeos, en distintos países, han tenido que dejar sus cargos públicos por mentir, cosa que en nuestro país hasta ahora estaba menos normalizada, pero ya no será así. Mentir no puede salir gratis cuando somos los ciudadanos quienes con nuestro voto y nuestro esfuerzo sostenemos a la llamada clase política. "Cualquier cargo público que mienta deberá irse a la calle", tendrían que recoger los estatutos de los partidos de forma clara y precisa, si la transparencia fuera algo más que una palabra. Desde luego a nivel de exigencia va a subir mucho, y ya no será fácil trampear y muchos menos engordar los currículum. Me voy a "plagiar" a mí misma al repetir algo en lo que creo firmemente y que ya he escrito alguna vez. "La única vacuna para acabar con esa enfermedad, poco ejemplar y menos ejemplarizante, es la dimisión, y como hasta ahora casi ninguno de los que han sido "pillados" se han marchado a su casa con el estigma del mentiroso, pues aquí paz y después gloria", escribía hace tiempo. Pues bien ahora que sepan los mentirosos que ya no tendrán paz ni mucho menos tendrán gloria. ¡Que así sea!.

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