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Opinión
Etiquetas:   The Washington Post  

La campaña despiadada que tenemos por delante

Todas las campañas se basan en el juego de contrastes
Ruth Marcus
martes, 8 de noviembre de 2011, 07:43 h (CET)
WASHINGTON -- Olvídese de la esperanza y el cambio. La campaña de reelección del presidente Obama va a basarse en el miedo y el asco: miedo a lo que significaría un retorno Republicano, y asco de quien resulte ser finalmente el candidato Republicano.

Por supuesto la campaña Obama va a tratar de presentar el argumento positivo favorable a su reelección, citando avances legislativos, éxitos de la política exterior y el actual torrente de decretos ejecutivos. Pero sus estrategas han llegado claramente a la conclusión de que vender la imagen del presidente no va a ser suficiente, y las líneas maestras de los meses desagradables que tenemos por delante se están volviendo evidentes paulatinamente.

Todas las campañas se basan en el juego de contrastes. Presentándose a la reelección hasta con el beneficio de una situación económica saneada en 1996, Bill Clinton hizo campaña contra la lista electoral imaginaria Dole-Gingrich, con una primera andanada intensa de anuncios relacionando al eventual candidato Republicano con el impopular presidente de la Cámara.

En la medida en que Obama se presentaba como alguien por encima de la lucha partidista usual durante la campaña de 2008, no dudaba a la hora de optar por la otra vía si parecía ser el camino aconsejable.

Pero postularse a una segunda legislatura acompañado del heraldo del 9% de paro exige inevitablemente una técnica todavía más brutal. En ese sentido, la campaña por la reelección de Obama recuerda más a la de George W. Bush contra John Kerry en el año 2004, un presidente en problemas que logra alzarse con la reelección retratando sin parar al rival como un veleta elitista.

David Plouffe, el responsable de la campaña Obama en 2008 y hoy consejero de la Casa Blanca, planteaba la campaña por la reelección en dos pasos de asco y miedo en una comparecencia pública en el programa de la NBC "Meet the Press".

Primero va el miedo: "Este país no puede permitirse volver a las mismas políticas que están ofreciendo Mitt Romney y Rick Perry y todos los demás candidatos presidenciales", decía Plouffe. "Dejar que el sector financiero se regule sólo, facilitar que los que contaminan destruyan nuestro aire y nuestro agua, y dar a millonarios y multimillonarios más rebajas fiscales financiadas pidiendo hacer más a la clase media y la tercera edad".

No importa quién se alce con la candidatura Republicana, decía Plouffe, "están ofreciendo las mismas políticas económicas que condujeron a la gran recesión, que condujeron a la destrucción de la estabilidad económica de la clase media". Los asesores de Obama planean retratar al eventual candidato Republicanos como una marioneta peligrosa de un Congreso controlado por los Republicanos en parte o en su totalidad.

Después viene el asco. Los asesores de Obama están convencidos de que el ex gobernador de Massachusetts es el candidato más probable, y se han preparado un ataque de tenaza -- que se trata de alguien carente de principios e indiferente.

"No tiene ningún corazón", decía Plouffe de Romney en un inusual ataque contundente viniendo de un funcionario de la Casa Blanca. "Da la impresión con Mitt Romney de que, ya sabe, si le parece que es bueno decir que el cielo es verde y el césped azul para ganar unas elecciones, lo va a decir".

A continuación, aunque Plouffe no lo expuso totalmente el domingo, viene el retrato de Romney como el pez gordo salido del fondo de inversiones Bain Capital, un gestor de fondos sin corazón dedicado a comprar empresas, desmontarlas y enviar los puestos de trabajo a China.

El asesor de Obama David Axelrod expresaba esta idea el mes pasado en el programa "Morning Joe". "Dice representar a la empresa privada, pero en realidad representa a la parte financiera del sector privado", decía Axelrod de Romney. "Desmontaba empresas y enviaba al extranjero el empleo de formas que me parece reflejan las inquietudes de la población por la situación económica".

¿La desafortunada fotografía de Romney y los compañeros de Bain con billetes de dólar rebosando de sus bolsillos? La va a ver mucho.

Los asesores de Obama están convencidos de que cualquier candidato Republicano va a tener al llegar a la campaña un 47 por ciento de los votos asegurados y que Romney, con más disciplina y experiencia en política presidencial que el Gobernador de Texas Rick Perry, probablemente sería el candidato más difícil de derrotar.

Pero también consideran algunos beneficios de postularse contra Romney. Perry está siendo objeto de críticas conservadoras por su postura en inmigración durante las primarias, pero una candidatura Perry pondría difícil a Obama ganar entre los electores hispanos de estados clave como Nevada, Nuevo México o Colorado.

Y eso antes de que la campaña Obama, el Comité Nacional Demócrata y loscolectivos externos se cebaran con él.No va a ser una campaña agradable. Va a ser un festival de la puñalada trapera, y la reyerta apenas acaba de empezar.

© 2011, The Washington Post Writers Group

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