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Goles y votos, dos caminos hacia el oro

Es más fácil mostrar buena cara cuando uno camina sobre una alfombra de rosas, como Messi, que sobre cristales, como Cristiano Ronaldo
Alberto Mendo
lunes, 7 de noviembre de 2011, 08:26 h (CET)
Cuando acaba de empezar la época de rumores y debates sobre quién se llevará el Balón de Oro o quién se lo merece, Cristiano Ronaldo ya ha colocado en sus vitrinas su enésimo galardón de este material preciado. El pasado viernes recogió la Bota que le reconoce como pichichi europeo de la pasada temporada. Los 41 goles que consiguió son un récord tan histórico como valioso entre el centenar de tantos que ha superado con la camiseta blanca, y una marca que va camino de batir si mantiene la racha de hat-trick como el de ayer ante Osasuna. Teniendo en cuenta que en el futbol los goles son amores y también buenas razones, estamos ante el gran misterio de por qué muchos aficionados rivales insisten en pitarle (en el mejor de los casos) y por qué desde varios sectores continúan minusvalorando sus méritos. Quizá él mismo dio con la respuesta: “Si Dios no consiguió agradar a todos, ¿cómo voy a lograrlo yo?”.

En este debate, lo que veo es mucha irracionalidad y argumentos vacíos por parte de los detractores de CR, que son exactamente los mismos que ponen a Leo Messi como referente inalcanzable de estilo futbolístico. Para ellos, decir que el argentino y el portugués están exactamente al mismo nivel es un sacrilegio. Pues, señores, ésa es la realidad. Al igual que uno con el balón es poesía, sinfonía y arte pictórico, el otro es best-seller, fanfarrias y puro cine. Lo de los messiadictos es como si para defender a Claudia Schiffer hubiera que criticar a Cindy Crawford. En definitiva, absurdo.

Pese a esta realidad de que los dos elevan el espectáculo del fútbol a la máxima potencia, la balanza de los elogios se inclina hacia Messi. La “pulga” cae más simpática. Claro que es más fácil mostrar buena cara cuando a uno le ponen una alfombra de rosas, mientras que CR a menudo tiene que caminar sobre cristales. No obstante, el portugués consigue abstraerse, cada vez más, de ese entorno hostil. Sabe que hay premios, como la Bota de Oro, que son objetivos y, por lo tanto, está en su mano conseguirlos; y es consciente de que hay reconocimientos, como el Balón de Oro, que son subjetivos y, como tales, se juegan en el terreno de juego… y fuera de él.

Son los goles, y no los votos, los que hacen el fútbol. Y todos sabemos que la FIFA y France Football han cometido grandes injusticias históricas con sus galardones. ¿Acaso Xavi o Iniesta no lo merecieron más que Messi en 2010? Pero el argentino parece intocable. Hemos visto cómo se le defiende incluso cuando no se le ataca. A él nunca se le reprochan goles con la mano, ni piscinazos, ni balonazos a la grada. Y si alguien se lo afea, no tarda en saltar su lobby para acallar las críticas. Es esta ficticia áurea de santo, al aliento del buda Guardiola, lo que le granjea simpatías, luego votos, al margen de sus innegables méritos futbolísticos.

En otro orden de cosas, coincido con José Mourinho en que es mejor el horario del mediodía que el de las 10 de la noche. Ayer quedó demostrado en el Bernabéu: llenazo, goles y espectáculo de un Real Madrid líder por méritos propios. Jugar por la mañana reúne más familias y en las gradas se ven más niños, y también es interesante la experiencia de ver el partido con la cerveza y el pincho. Con una tapa por gol (¡y marcaron 7!), quedé saciado merced a un equipo en el que todos son de oro para convertir al conjunto en un diamante cada vez más pulido. Y de postre, jugaron Higuaín y Benzemá juntos toda la segunda parte, incluso salió Callejón para completar el ataque total… ¡y hasta debutó Sahin jugando al lado de Xabi Alonso! Una exquisitez sólo apta para paladares exigentes, incluso aunque algunos detractores le resten méritos por la debilidad de un Osasuna mermado.

En cuanto a los horarios, sigo creyendo que los partidos deben jugarse por la tarde y no más tarde de las 9, sobre todo los domingos (será que los dueños de la Liga no madrugan los lunes), y que la jornada debe ceñirse al fin de semana. Tener fútbol todos los días, de lunes a domingo, y a todas horas, desde que uno se levanta hasta que se acuesta, puede derivar en una saturación que sólo logue perjudicar al deporte.

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