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Etiquetas:   Entrevista  

“Valencia es una ciudad perfecta como escenario de un thriller”

David Mateo, escritor
Herme Cerezo
lunes, 18 de abril de 2011, 08:07 h (CET)


A los once años, Aurora quedó marcada por las trágicas circunstancias de la muerte de su madre en un accidente de tráfico. Desde entonces, permanece recluida en un piso de la calle de Los Nocturnos de la ciudad de Valencia, encadenada a viejos rostros de su niñez y a unas criaturas fantasmagóricas que nacen de su propia psicosis.

Herme Cerezo / SIGLO XXI

Abel, joven ilustrador que trabaja para el diario local de Las Provincias, estudia medicina y llegará hasta ella a través de una pasión común: la literatura. Este es el resumen argumental de ‘Noches de sal’, la última novela del escritor David Mateo (La Malva-Rosa, Valencia, 1976).

Sin embargo, la novela no es sólo una obra de terror al uso ya que, dividida en dos líneas temporales, adquiere formato de thriller en el que un grupo de mujeres tendrá que hacer frente a un asesino en serie, conocido por el sobrenombre de Pilatos. El día de la presentación de la obra en la Fira del Llibre de Valencia, David Mateo alcanzó un enorme éxito, hasta tal punto que tuvo que repetir por tres veces el acto, dada la cantidad de gente que acudió al mismo y abarrotó la sala.

Sin embargo, para publicar su novela, el escritor valenciano ha tenido que peregrinar por varias editoriales hasta que el Grupo Ajec, radicado en Granada, ha apostado por esta historia que puede llegar a ser “tierna y cruel, intensa y ligera, justa e injusta, sorprendente y atrevida” en palabras de otro escritor, José Miguel Vilar. Seguimos en guerra, aunque no lo advirtamos, pero aún disponemos de algunos minutos para hablar de literatura, en este caso con David Mateo.



David Mateo con su libro
David, no has sido profeta en tu tierra, te ha tocado emigrar para publicar.

Intenté mover el libro por muchas grandes editoriales, pero esta novela tiene su parte sobrenatural y el terror es un género difícil de editar. Hay que recurrir a un circuito un poco más pequeño y underground, pero la apuesta del Grupo Ajec es muy fuerte y estamos rompiendo esa barrera absurda que nos separa de la literatura más convencional.

¿Por qué escribes literatura de terror?

¿Y por qué no?

¿Y por qué sí?


Porque la literatura de terror me parece morbosa, nos revuelve las entrañas y nos permite meditar y cuestionar ciertas cosas. Es como el erotismo que, al obligarnos a pensar, hace que algo se revuelva en nuestro interior. Escribir terror es una buena forma de llegar al lector y estremecerlo.

Eres de la cosecha de 1976, ¿la gente de tu generación cómo se acerca a este género?

En mi caso concreto yo he leído a los clásicos de terror, como puede ser Lovecraft, desde siempre porque me encantan. Pero no hay que olvidar que también me he criado viendo el cine de los años noventa y leyendo cómics y, obviamente, también he absorbido sus influencias.

¿Cuáles son tus autores de referencia o que más han influenciado tu escritura?

Podría decir que Lovecraft o Howard o Machen, pero lo bien cierto es que cada una de estas voces habitan mi cabeza y me han dejado un registro y una huella distintas. Al fin y al cabo, lo que escribimos proviene de todas esas voces.

Además de obstaculizar la publicación, ¿la etiqueta de literatura fantástica, que también tiene tu novela, provoca que un libro de este género llegue con mayor dificultad al lector?

Es cierto que al género fantástico todavía le falta reconocimiento, pero ha sido cultivado y sigue siéndolo en España. José Carlos Somoza es un autor de referencia en nuestro país y una buena parte de su trayectoria literaria camina por este rumbo. La verdad es que cuando me pongo a escribir lo que hago es pensar en lo único que me importa: la historia. Que luego adquiera tintes fantásticos o paranormales es otro asunto totalmente independiente.

A la hora de sentarse a escribir, ¿el escritor de novelas de terror ha de pulsar una serie de resortes que afectan por igual a todos los lectores o cada lector tiene, por llamarlo así, su punto flaco por donde le ataca el miedo?

Todos seguimos un pequeño esquema, canonizado por Stephen King, que dice: primero asusta, luego asquea y, si te falla, utiliza el gore. Cada uno tiene sus propios traumas, su propia perspectiva del miedo, pero hay algo común que nos une a todos: la inseguridad. El miedo se produce cuando tienes sensación de seguridad y, de repente, esa sensación se rompe por la irrupción de un elemento inesperado, sobrenatural, como ocurre en ‘Noches de sal’, o no. Entonces el suelo en el que asientas tus pies se abre y todo lo que te rodea ya no te ofrece seguridad. Para conseguir esto es fundamental crear la atmósfera adecuada, íntima o colectiva y para lograrlo en la novela me he valido del piso donde Aurora vive enclaustrada, presa de agorafobia, en la calle de Los Nocturnos. A partir de este lugar, se van creando atmósferas que, de alguna manera, lo envuelven todo poco a poco hasta que, de repente, aparece el elemento sobrenatural, que es como una bofetada, y que induce al lector a pensar y a formularse preguntas. La misión del escritor consiste en introducirse en la cabeza del mayor número posible de lectores, causarles terror y despertarles fobias.



Noches de sal
¿Qué causa más terror: el aullido del lobo, una noche oscura con luna llena, una casa antigua deshabitada y llena de telarañas, un cuchillo ensangrentado...?

Todo lo que has citado causa temor. Si escuchas un aullido del lobo en mitad del bosque te revuelve el estómago; en una noche de luna llena, si ves cruzar una sombra te va a asustar. Esos son algunos de los resortes de los que hablabas antes, los que nos ayudan a romper la cotidianidad, la realidad.

¿Podría decirse que los lectores de libros de terror son tipos masoquistas o enfermizos?

No, no, el lector que coge una novela de terror lo que quiere es que le perturben, que le rompan la tranquilidad que disfruta con lo que sea. Y cuanto mayor sea el terror mucho mejor. No es ninguna actitud masoquista o enfermiza, simplemente se trata de un impulso curioso. Cuando vemos una película o leemos una novela de terror queremos que nos perturben usando el miedo.

¿Fue la imagen de Aurora la que te indujo a contar la historia de ‘Noches de sal’?

Sin duda, la historia de Aurora fue la que me indujo a escribir la novela. Ella cada día, al caer el sol, se asomaba a su ventana y veía a un ejército de almas en pena que rezaba el rosario toda la noche ante su piso. Entonces me pregunté si aquello era una psicopatía o qué demonios era. Esta imagen me llegó por sí sola, sin haber leído antes nada al respecto.

Cuéntanos un poco cómo fue el proceso creativo de la novela.

‘Noches de sal’ es una novela compleja, una especie de puzzle. En realidad, empecé con dos historias, las de Abel y Aurora, pero luego irrumpió la del asesino Pilatos y decidí unirlas porque vi que se podían mezclar y que, juntas, daban muy buen juego. Pensé que me iba a suponer mucho trabajo, porque yo soy escritor de mapa y me gusta tenerlo todo muy bien atado antes de escribir, pero afortunadamente no fue así. Resultó muy sencillo de armar y las historias fluyeron fácilmente.

Dices que ‘Noches de sal’ también es un thriller.

En efecto, en la novela aparece Pilatos, un asesino en serie, y su sola presencia nos asusta y nos obliga a mirar a nuestras espaldas para ver quién está detrás de nosotros. Todos sabemos lo que significa un asesino de este tipo.

Terror, thriller, ¿en la novela queda espacio para el amor?

Hay una historia de amor entre los protagonistas, Abel y Aurora, dos personas jóvenes que se complementan muy bien porque ella es escritora y él dibujante. Ambos se comunican a través de la literatura, mediante las letras y los dibujos.

Aunque últimamente parece que algunos escritores empiezan a convertirla en una urbe un poco más literaria, Valencia no es un escenario frecuente para desarrollar novelas, ¿por qué has ubicado la acción en nuestra ciudad’

Por varios motivos, pero fundamentalmente porque creo que es una ciudad que lo merece. En España, hasta ahora tenemos a Carlos Ruiz Zafón y a otros autores que han convertido a Barcelona en una ciudad de cuento y criminal a la vez. Siempre se ha dicho que Valencia es una ciudad alegre, llena de color y de luz, pero creo que también es un lugar repleto de oscuridad y secretos. Si deambulamos por la Valencia del Barrio del Carmen o de La Seu, podemos encontrar un montón de rincones, pasajes camuflados, callejones y recovecos, lugares para explorar y disfrutar desde el punto de vista literario. A mí me parece que es perfecta como escenario de un thriller.

A lo largo de la entrevista, has mencionado la calle de Los Nocturnos, ¿quiénes eran estos personajes?

Como ya he dicho, ése es el nombre de la calle donde vive Aurora. Los Nocturnos eran los componentes de una academia de finales del siglo XVI, que reunía a toda la parte bohemia de la Valencia de aquella época. Sus miembros pertenecían al ámbito de la política, de la poesía y de la burguesía de entonces. Todos los miércoles al anochecer se reunían en el palacio de Bernardo Catalá de Valeriola y allí se vestían con seudónimos que tuvieran que ver con la noche. Guillén de Castro, por ejemplo, era Secreto. Otros miembros eran Silencio, Trueno o Miedo. Para organizar una academia y diferenciarla de las tertulias, que se hacían espontáneamente en cualquier lugar, era preciso recoger todos los trabajos que se realizaban durante la semana, registrarlos en actas y llevarlos a compulsar por la autoridad competente. Las academias se extendieron por toda España y su procedencia es italiana.

Concluimos, David. Deduzco que, tras leer la novela, descubriremos otra Valencia diferente.

Es la misma ciudad, pero la miraremos de otra manera, con una cierta inquietud. Después de haber leído ‘Noches de sal’, un amigo me comentaba que comenzó a recorrer las calles de un modo diferente, sobre todo si era de noche.

Terminé de transcribir esta entrevista una madrugada bien entrada. Mientras tecleaba, la bombilla del flexo, que me alumbra desde hace algún tiempo, hizo guiños extraños. Parecía, al principio, un mosquito, o mosquita, que revoloteaba con vuelo borracho o desnortado. Llegué, incluso, a espantarlo, a espantarla, con algún manotazo instintivo, veloz, banal. Pero no conseguí nada y la bombilla siguió a la suya. Poco después, sobrevino el apagón. La luz del flexo murió por sí sola, silenciosa, súbita, algo que no me había sucedido nunca antes. Miré a mi espalda para comprobar que todo andaba bien y vi que Pilatos no estaba. Por si acaso, apagué el ordenador y tomé la decisión de repasar el texto al día siguiente. Cosa que hice. Después de comprar una nueva bombilla, claro.

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