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Opinión
Etiquetas:   Vida   Paz  

Señorita Lhicaliss Dhunghei… (II)

Incentivos para una vida en paz
Aurora Peregrina Varela Rodriguez
sábado, 3 de diciembre de 2016, 12:11 h (CET)
Señorita, fresca mariposa azul.

Sus mascotas Mhinighay y Phuchay la ayudarán a ser dichosa. Hermosas gatas que encontrará en un almacén del trabajo con dos días de nacidas.

Nadie romperá sus lazos con Dios, su cristal es fuerte, no le espera el mal, brillará para ella la luz que la alimentará, la fe, un par de buenos amigos, de los de verdad.

Vivir en la sombra, no vivirá, vivir porque sí, no será para ella, no irá como rosa sin color ni paz.

Sin él sus noches pueden ser o no tristes, sin lágrimas o con ellas, pero no dejará de soñar, aunque uno de sus pies llegue a estar dentro de un ataúd, juró “que no dejaría de soñar ni de viva, ni de enferma ni de muerta”.

Sin penas ni ojos caídos la veo, sin adiós y con gloria la presiento, con paz interior y con la bendición dulce del sol que sé que la comprende muy bien.

Ella es Lhicaliss Dhunghei, extraña, trabajadora, una mujer que ama demasiado, por tanto merece también, ser amada.

Toma pastillas para la depresión, ¿quién no las ha tomado alguna vez?, siente fobia a las alturas y los ascensores, creo que un cincuenta por ciento de las personas puede sentirlo, ¿soledad?, todos lo estamos a medida que vamos creciendo y si no somos todos y me equivoco, al menos sí un veinte por ciento de la población mundial, la frustración en algún momento todos la hemos sentido, no todo sale como pretendemos, hay mujeres que se quedan sin ser madres, gente que se equivoca con su profesión, siempre algo nos falta: éxito laboral, estudiantil, ser buenos en lo que nos gusta, buenas vibraciones, que nos comprendan…

Nosotros podemos ser ella, ella puede vivir en nosotros. Podemos también perder la sonrisa, muchos la hemos perdido ya muchas veces, pero no dejaremos de soñar.

Aunque reír nos cueste, aunque la cuesta sea muy empinada, aunque se nos ponga delante un muro, amaremos, sentiremos.

Aunque debamos subir en un ascensor, no nos aprecien ni nos comprendan, amaremos, y aunque la luz del sol sea pálida y sus rayos no nos toquen demasiado, haremos un esfuerzo por sentirlo y lo sentiremos, pues a pesar de todo no se ha retirado ni lo hará. Tenemos que llegar a viejos con la sonrisa en los labios, un diario bien escrito de los sucesos más importantes, con sus días señalados en los calendarios: la graduación, los cumpleaños, los besos de los amigos y familiares, las ayudas recibidas de las buenas personas, las curaciones, progresos, las oraciones que han sido escuchadas y las ayudas que hemos propiciado.

Todo para decir, que ha valido la pena, que las cosas no fueron tan mal y que la dicha será mayor a medida que caminemos en la dirección cierta, que no nos desviemos por nada, que sepamos que somos iguales y que en nuestros rostros puede dibujarse por igual la más calida sonrisa.

Fin.
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