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No odies, si puedes amar

Sé amar en tres simples actos
Aurora Peregrina Varela Rodriguez
lunes, 26 de septiembre de 2016, 01:17 h (CET)
…Victoria sobre el enemigo siempre es algo innato de su ser, su luz de mujer amena, sus inclinaciones buenas, justo, necesario, bíblico, histórico, propio de cualquier creyente, ilusión blanca que corre por sus venas, triunfo, sueño bonito, profundamente lejos.

Sé amar en tres simples actos... Cobardía, apatía y viaje al sur. Coraje, arrepentimiento y risa loca. Caricia, elegancia y no querer a nadie.

No tengo porque odiar a los gatos si puedo quererlos, el bien llega, hay poder de corrección con cualquier regla de tres, encarrilar, construir, marcar la senda que lleva al hermoso Valle de Arreillú Xhumbaú. Capturar, manipular, aconsejar, mover masas, que duden de tus deseos, comenzar de nuevo.

Insólito, dieron pasos al frente sabiendo lo que sucedería, minuto a minuto calculado, seducidos por el afán del fracaso, que no otra cosa, actuaron con dificultad, disimularon, llegaron, vieron y todo desapareció, su trabajo cruel, triste, increíble, pero cierto. Trabajar en el final de los tiempos, en los límites del alma que cae, llora y se pregunta tantas cosas, se ganaron la fama de destructores, definición contradictoria de quienes dicen ser señores limpios, que resuelven los problemas, las dudas, que tienen fieles seguidores de sus acciones, adelantaron y pasaron la señal de un "alto", no giraron sus cabezas para ver lo que dejaban atrás, vaya torpeza la suya, estar ciegos sin carecer del sentido de la vista, se fueron saltando de alegría al consumar los hechos, no creen en la justicia aunque lo pretendan. Hay seres muy infelices sobre la faz de la tierra.

La doctora en periodismo al revés, ese es su papel, acompañar a los escritores culpables y malditos, quieren ellos ser como los famosos, pero por no poder serlo le hacen compañía, es el Instituto de Secundaria al cubo, saltar entre mentes ajenas y no impedirles afianzarse en sus ideas, no ser cómplices tampoco, colegas de escritores pequeños, como yo, porque la vida es también luchar contra el dolor de espalda, la inmunodeficiencia no adquirida, respirar, dormir y caminar, vencer la enfermedad mental, ser tú misma, ser como los que han perdido la vida, amar a los caballos, los burros y los perros.

Liñaio, parroquia de mi madre, hoy hermoso espacio, Maio Grande y Maio Pequeno, praderas muy gallegas, llamativas, hechiceras, únicas, en coche se mueve uno bien por esos parajes, treinta casas había cuando mi madre la abandonó, hoy habitadas hay tres, se fueron lejos entre monte y monte, olvidaron un poco sus panes, sus caldos, sus noches con frío, sus fiestas con orquesta. Se largaron para aprender a vivir de otra manera, más impropia, difícil, triste, no ser más un matorral del campo sino ir a llenar baúles de oro y regresar como un rico a ese hermoso lugar desde el cual un día partió una joven, sin madre, con una hermana enferma y su gato en una jaula color crema.

Si amas a Dios te conviertes en “Alba” y no te costará ni de noche ni de día, cuestan otras cosas más pequeñas o grandes, el amor no cuesta. Le encontrarás en todas partes más no en los ojos de tus llamados amigos. No sabrás si te ama, pero siempre escucha porque es un ser curioso, lucharás contra lo que te haga daño con su ayuda incalculable, secreta, como hábito de vida, fe y esperanza. Vencerás, si le amas le encontrarás en aquel rincón del cielo en el que tiene el gusto de esconderse vigilándonos y estudiando que nueva piedra pondrá en nuestro camino.

Venceremos con amor a la libertad, justicia, amor y paz, victorias siempre, con fe, Dios por bandera sabiendo que existe como escudo protector y es luz sobre nosotros y dentro también. Actuemos paso a paso, con cinta métrica en mano, milímetro a milímetro, vale la pena intentarlo, será mi costumbre diaria amarlo, está en el manzano, en la orquídea, en los pájaros, en los rinocerontes, los tigres, los venados y en mi gato Bebé. Señores, no me tiren flores por mis palabras, no las merezco.

Cuando tendré su amor me pregunto hoy, el del mestizo que espero, el del blanco o japonés, me es lo mismo, pero busco la mirada fiel, atemporal, humana, profunda, civilizada, la risa fresca que no me distraiga, sé el truco, esperar dignamente, con paciencia, letras y números que también soy capaz de aprenderlos, sin escondites, sin imposibles, siendo siempre yo, así como me ven, yo misma, como los ángeles, con alas y amapolas en la mirada...

Quiero salir de mí misma, me dañan el esqueleto, me tiñen el ánimo del color de un muerto ya desde hace tiempo, me violan con sus narraciones, me rastrean y sólo deseo estar un poco más lejos, cada vez más. Siempre con ellos en mi cabeza, aunque mienta, robe, mate y sea torpe, aunque haga chistes fáciles y no sepa ni freír unos huevos ni cocinar unas patatas y sólo ame de tres maneras sencillas. Falso, si que sé de artes culinarias, no soy tan incompetente si bien tampoco sabia. Sólo yo, mujer hija de sus circunstancias, de su tiempo y de su condición de ignorada.

Llenar papeles, eso hago ahora con pensamientos inútiles que algún día me sacarán la calma, es palabra del Señor, mirar al cielo y exclamar "yo doy", "yo puedo", "resisto", más no. Por eso escribo, para que sepan que soy capaz de pasar trabajos inútiles, de regalarlo todo a cambio de nada, de tropezar mil veces con la misma piedra blanca, aquella que es capaz de robarme miles de veces la dignidad del ser. Pensar me cansa, escribir me relaja, buscar la solución idónea es algo que se hace a medias y lo que no tiene clara solución es la humanidad.

No soy quien viene a salvarles sino a enseñarles la salida que yo he encontrado a los problemas de nuestros tiempos y que es la acertada porque Dios me ha entregado el diploma de aprobada a mí. Aprobada, no notable ni sobresaliente, perdona mi amigo, no lo supe hacer mejor. Pero lo hice, por eso soy yo, el camino, la espiritualidad con curvas peligrosas que pueden ser recorridas sin desmayo, la que da consejos de santa siendo una angelical diabla, la que llegará a vieja porque se compró un bastón y eso es una premonición real, confirmado el hecho. La senda está allí delante, sólo hay que dar un paso al frente y recorrerlo.

Quiero soñar que me caso joven que tengo seis hijos con un mágico hombre, que nos queremos demasiado y los trayectos se hacen cortos, ilusa, ilusa, tonta, falsa virtud. Canas de viejos, el primer trabajo de los retoños, los nietos, recordar los abrazos, las sonrisas, la declaración de amor, la petición de matrimonio, el primer beso, el respeto, las palabras que siempre sirvieron para unirnos, los acuerdos mutuos, los momentos de paz.

Empezar el día de hoy, Minia Gregoria está enferma, convaleciente, gata linda, querida mía, que te saqué en el periódico para que supieran todos que tenías doce años. Desayuné turrón blando, el que me llevará a vivir al sur del planeta, a mi pisito caraqueño, la farmacia estaba cerrada, nada se veía por la ventana pues llovía, sólo tenía infusión de tila para darle y se la he dado, y se curó. Puse un peluche a su lado, aquel que me regalara Martín en el colegio cuando tenía trece años, una manta color durazno y ahora estudiaré, va a comenzar el día gris y debo sacar provecho de esas tristes e inolvidables nubes.

Siento tener que olvidarte pero no me queda otro remedio aunque tengas el pelo rizo y la piel tostada. Malo, me separaste de ti y lo peor, lo comprendo porque no me aprecio, ¿sabes?, no me quiero lo suficiente o sí y no me doy cuenta. No seré tu esclava, tu enamorada, la salsa de tus patatas, la mantequilla de tu masa hojaldrada, no seré la otra, la desvinculada mujer de tus sueños a la que rechazas, y yo lo entiendo, créeme, por eso no tengo dudas, eres feliz dulce criatura y yo… también.

Entonces volví a soñar, mi herencia en el testamento, el pesar, todo mentira solterona, me cuento entre las solitarias, las que nada cosecharon, las odiadas, feas, exigentes, malas, miedosas, ignoradas, pero aún así capaces de sonreír.

Engendrar un hijo no sería lo mío, otros lo harán por mí de forma fantástica, única, muy motivados, en lo suyo, en la senda que lleva al río grande, a mi hermosísimo valle, que es lo que más me atrae del mundo, pero yo no estaré allí para esperarles, se lo llevaron todo y fue natural como los árboles, las montañas, el mar, la vida es eso y yo jamás sabré vivir en ella.

Son felices sin mí y yo lo seré sin ellos. Son dichosos, yo también, soluciones a mis problemas encontraré porque yo lo valgo, son seres mágicos que me hacen pensar que lo mío es serlo también, de otro modo más teatral, pero verdadero. No sé si fui lo que quise ser, pero sé que he vivido al revés de todos los cuentos que escuché, porque me gusta ir en la dirección contraria, tropezar con los elementos, esperar sentada “la muerte” e invitarla a una cerveza antes de que partamos volando por los ventanales de la sala.

No sé si son verdaderos, reales, si pisan fuerte, si soy de su agrado, no sé que será de mí si sigo con ganas de reír, nadie ve la razón pero tengo unas ganas de reír que no paro y aunque no lo comprendan no lo puedo evitar, gimnasia sana o impotencia para detenerse, no sé.

Sentirse llena de los santos, aquellos que bailan salsa y me dan ilusión, fe, paz, cordura, intimidad, momentos dulces. Oración que no me falte aunque sea una por año, el sol es grande, la palabra potente, no nos fallaremos mutuamente.

Se acostaron unos con otros y ahora piden ser celestes, tener otra oportunidad, no hay arrepentimiento que solucione tales hechos, se pierde todo con ellos, se ponen a temblar los marcianos, los gusanos cantan en coro, las mariposas blancas no entran en tu casa y dejas de comer arroz. Arroz, arroz, arroz, redondito, delicioso, cordial.

Me iré a Checoslovaquia, sin balance de azul ni de blanco que pueda realizar una cámara, sin ser arco iris ni alba, sólo yo… Hortensia, risa, sonrisa loca, espinaca de microondas, empanada y granada. Yo, yo y yo, rara, bailadora de flamenco, la danza del vientre, la dueña del meneo de la felicidad corporal que va de aquí para allá sin más que un pañuelo en la cabeza y mil flores por el cuerpo, sin más que con pensamientos de sucesos, recuerdos, hechos, después de caer en el profundo pozo en contra de su voluntad. Atrás, atrás, atrás villanos desconsolados dueños de mi soledad. Atrás, que voy a bailar break dance.

Baile y baila, bailo hoy, biblioteca de cartón, baches, vasos, bucles de sonido, loops, te quiero pero es tarde ya, besar el alba, la vida es la enemiga que te tiende en el colchón, como muerta, sábana vieja y rota, Dios, eso, protección, pena, látigo, arena, bolsa, llave, puerta e inundación.

Odio a M.M. porque me pone en apuros de aquellos con que castiga mi esperanza de ser libre algún día, no voy a pagarlo caro, nadie me contestará, no habrá chulo ni castigado ni seguro ni S.O.S. Queda escrito, sin alas no se vuela bien, si uno se cae debe levantarse sólo para no deber favor a nadie, si uno es torpe debe ser al menos bueno, y Dios hace falta en el mundo.

Carita morena, siempre soñé: ¿Eduardo o Gabriel?, me gustan los dos y no sé que hacer. Es un bonito color de piel, Dios está en el con sus rayos, su calor humano y su despertar de soberano que ni tiene orgullo ni es malo. Carita de rosa siendo yo un pincel que dibuja sus labios en cualquier pared, al lado un "te quiero" que me hace tanto bien, carita oscurita que aquí dejo escrita “es lo que quiero yo”, ojitos negritos propios de la mezcla y alma de frágil azul cristal, potencia, talento, elegancia, abrazo y fidelidad.

La mañana no morirá, Dios la quiere lo suficiente, eso es creer, ser fiel ciegamente, no desear el fin, el abandono, dar la talla para ser elegido entre aquellos que están como semifinalistas para obtener protección divina, al menos eso. Es mucho, por eso no me esconderé, no me oculto, sigo cocinando, produciendo cuadros que tan mal pinto y escribiendo peor, así como escribo, pero no por mi culpa, es que lo hago sin tiempo. Es un desastre, pero es mi entretenimiento y no me importan las críticas porque las horas hay que vivirlas y sentirlas de la forma que te guste, llene y te haga sentir niña.

Se sabe que ellos no quieren muertes masivas, impídelas, “no a la derrota”, al alejamiento, a la bancarrota o a perder el bingo. Juega fuerte a la bonoloto, no seas tan primitiva que cojas la lanza y dispares sin pensar, sin reflexión ni análisis, está en tu mano, no dejes los trabajos buenos que te ofrezcan las oficinas de empleo, de cortar la grama de tu casa, de ser terrenal, de equivocarte en las cosas pequeñas, pero ofrece el corazón por las noches, viendo televisión, escuchando radio o oyendo como tu madre se queja de su mala salud.

Soy diferente y supongo que por bien, contraria, excepcional, llena de oportunidades, vacía de claridad, piedad, perdida por el pueblo con su perro, prefiriendo los gatos siameses, mal, muy mal, voy mal.

Soy perversa, villana recorriendo calles con mi minifalda de rombos azules, mis sandalias rojas, el moño, el monedero de lentejuelas, el lápiz y el cuaderno de sesenta céntimos, la tonta que pasa trabajos en vano, que ha perdido la memoria, que llora una que otra noche y que dejará de ser ángel y no irá a ninguna parte. Sólo a Asturias: Tapia de Casariego, Cudillero, Covadonga, Cangas de Onís, Gijón, Arriondes, Taramundi, Navia, Luarca... También a La playa de las Catedrales, el Monte de Santa Catalina y a beber mucha sidra, que es lo que me queda si me dejo llevar.

Sinceramente de mi andar por el mundo, sencillamente deduzco:

Sé amar en tres simples actos: bailo, viajo y sé rezar. Trabajo, aprendo, duermo. Estudio, lloro, río. Camino, pienso, pero no olvido. Amo a los animales, enseño, miento. Metal, papel y lata. Ignorante, innecesaria, insensata. Creyente, teatral, diferente. Exigente, maliciosa, orgullosa. Inteligente, circunstancial, comprensiva. Muriéndome, sincerándome, cayendo. Cuidando animales abandonados, ignorando la guerra y escribiendo. Desobedeciendo, equivocándome y dando la nota. Dando patadas, destruyendo y no deseando aprender a hacer las cosas bien. Terqueando, vacilando, escapando. Robando, despertando, escribiendo tan mal como lo hago. Pisando firme, no mirando derecho, no pensando. Con miedo a la enfermedad, a la muerte inesperada, a que me recuerden tras ella. Mirándome a un espejo, envejeciendo, curando mis heridas. Fortaleciéndome, alabándome, resistiendo.
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