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La vida sigue igual

Ángel Morillo Triviño, Badajoz
Lectores
@DiarioSigloXXI
viernes, 8 de abril de 2022, 08:31 h (CET)

Era el Festival de Benidorm de 1968, Julio Iglesias ganó con “La vida sigue igual”, que ha dado la vuelta al mundo y aún se sigue escuchando con anhelo en Memory FM y en Nostalgia FM (emisoras de sólo música). Si mal no recuerdo, ese mismo año también ganó Massiel el Festival de Eurovisión con la canción del Dúo Dinámico, el famoso, “la-la-la”. Eran tiempos de la época de oro de la música -no sólo española, también de resto del mundo- que ya nunca volverán; entre otras razones porque no estarán Julio Iglesias, Raphael, y tantos -y tantas- solistas inigualables, pero sobre todo, porque faltarán The Beatles, Rolling Stones y un sinfín de grupos españoles (Brincos, Bravos, Lone Star, Los Mustang…) y americanos e ingleses inigualables (me quedo con Bee Gees, sin que ello signifique que no aprecie a otros muchos sin descartar, por supuesto, a los británicos The Animals como excepcionales). 


Tiempos de la mejor música de todos los tiempos, que, a mi modo de ver (y de muchos filósofos, José Luis López Aranguren entre ellos) cambiaron la mentalidad de una juventud que siempre había querido ser mayor por la de una juventud que ahora quería ser joven siempre. 


Faltaban diez años para que los españoles votáramos la Constitución del 78 (el fiasco más grande que se ha cometido, según parece, desde entonces; y mira qué ha habido descalabros luego, pero en fin…). Llegó la democracia y con ella las libertades, aunque servidor recuerda que en los años finales de los sesenta y principio de los setenta ya en España lo que había era una especie de Dictablanda, y había desaparecido toda forma de opresión, por supuesto, como no podía ser de otra forma en una Dictadura, dentro de un orden y no para todos los españoles, sobre todo, para los de a pie. Pero, los trabajadores que habían emigrado o inmigrado al extranjero o a las ciudades se habían repuesto de lo que eso significa (no hace falta recordarlo, pone los pelos de punta) y había empezado el país a funcionar y a vivir sin los agobios propios sufridos después de una guerra que servidor siempre llama incivil y que los había maltratado hasta incluso la hambruna de la década de los años 40. 


“España ya era otra” (no hace falta que explique las comillas), y los emigrantes veraneaban en sus pueblos de nacimiento luciendo sus utilitarios nuevos y sus famosos “billetes verdes” de mil pesetas. Y en nuestras playas cada vez había más turismo foráneo (las suecas y otras…) y cada vez se construían más hoteles y apartamentos y se disfrutaba de una comida que no había en ningún lugar del mundo mejor y más barato. 


España tenía la mejor Seguridad Social hospitalaria (aunque no la mejor atención primaria a pesar de que en cada pueblo había un médico, que junto al cura y el alcalde eran, que remedio, sumamente respetados), las Universidades entre las mejores del mundo y un sinfín de grandes empresas estatales que D. Felipe González y D. José María Aznar (quizás el político más engañabobos el primero, y el más “eso” y narcisista el segundo, de la mal llamada Democracia puesto que ha sido y es una vulgar Cleptocracia) se encargaron de vender por “unas pesetas” -para fomentar un futuro de eso que llaman “puertas giratorias”, aunque haya habido quienes ni siquiera eso han necesitado  para hacerse “ultraricos”- y que ahora estamos echando de menos y nos vemos en la necesidad de recurrir a artimañas aborrecibles que favorecen siempre a los mismos. 


Dicho sea de paso, como ejemplo de esas martingalas, ahí está ese descuento de los carburantes que, obviamente, a quienes más favorecen -amén de la picaresca- son a los señoritos que utilizan coches de alta gama y yates y jet para sus desplazamientos; algo así como, quiero recordar, hizo nuestro querido ex presidente Zapatero con los famoso 400 € a todo el mundo incluido el Sr. Botín que en gloria esté..., si es que existe la gloria y “desconocen” allí el individuo -con perdón- que fue.  


En fin, en el fondo, sin, por supuesto, recurrir a los tiempos de la Dictadura, pues sería demasiado retroceder en el tiempo y tener que decir algo de la evolución lógica temporal, pero si a décadas pasadas, como cantaba Julio Iglesias, “la vida sigue igual”. Así lo hice ver modestamente en mi anterior escrito sobre “el probe Miguel” del año 2009, y así lo voy a hacer ahora reproduciendo un par de escritos de los años 2009 y 2011. Incluso creo que las cosas han empeorado en muchas facetas del devenir diario en los meses que van de este año y el Gobierno no es capaz de atajar debido a su “descarada protección”, del capitalismo aplastante de los establishment oligárquicos de todo  tipo, muy especialmente el financiero, aún a pesar de haberse comprometido con sus socios de coalición y pasarse por el “arco de triunfo” lo firmado al respecto, lo cual nos hace recordar -en parte- la primera estrofa de la canción: “/Unos que nacen otros morirán/Unos que ríen otros llorarán/Aguas sin cauces ríos sin mar/Penas y glorias guerras y paz/. Sobradamente sabemos los que ríen y los que lloran: los ricos, políticos, elitistas y demás morralla del capital riendo y los demás, en más del 40%, sino llorando si sintiendo la incertidumbre de lo que verán mañana, si es que ven algo que llevarse a la boca a un precio razonable y, sobre todo, asumible. 


Vamos con los recuerdos -sólo dos-, simplemente, para que vean lo poco que ha cambiado este país -lo que se decía- en una década, año más año menos:  

 

ABORDAJE ABORTADO (07/12/2009) 


“Desde el principio de los tiempos han abundado los individuos que se han propuesto vivir a costa de los demás. No hay excepción en la historia de ningún pueblo. En todos los confines del mundo hay quien trata de servirse de los demás para su propio gozo y placer. Hasta el rey David, se cuenta, envió a la guerra al marido de una mujer que deseaba para tener más fácil seducirla, lo que supone un acto claro de apropiarse con asechanza de lo que no le correspondía. 


Las clases dominantes, desde siempre, han actuado contra los grupos delictivos y clandestinos con benevolencia en lugar de con severidad. Sin que se entienda bien por qué, pues benevolencia -como dijo Antonio Machado- no quiere decir tolerancia de lo ruin o conformidad con lo inepto, sino voluntad de bien.  


Hay en la historia abundancia de piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros que lo eran por “mandato” de quienes regían o gobernaban. 


Según relata Wolfranm zu Mondfeld en su libro “Piratas”: “Los salteadores del mar constituyeron desde un principio una potencia militar indiscutible. El Imponente Imperio Romano hubo de echar mano de 500 naves, 120.000 soldados, 24 generales y su más brillante estratega, Gneo Pompeyo, para poder hacer frente al antiguo azote de la piratería mediterránea, y si salió al fin victorioso, fue más por la astucia política que por el poderío militar. Un pirata catalán -que no me apunte nadie eso de: “de casta le viene al galgo”-, Roger de Flor, mantuvo fuera del Imperio Bizantino durante luengos años a las huestes turcas, consideradas entonces como invencibles. Y fueron unos piratas ingleses, Sir Francis Drake y John Hawkins, dos de los más famosos piratas de ese país, los que -luchando también “contra los elementos”- lo salvaron en 1588 de una invasión española, contribuyendo a la destrucción de la “Invencible”. 


Los asaltantes de los mares constituyeron también un factor económico de importancia indiscutible. Por sus manos pasaban sumas inmensas, para seguir conductos a los que nunca habían sido destinados. Participaron en tales negocios, reyes, banqueros y armadores. Fueron piratas franceses e ingleses los que llevaron a la quiebra y al estancamiento centenario al imperio colonial español en Centro y Sudamérica, a la vez que levantaban la potencia económica de sus propios países. Así, por ejemplo, Jean Ango era tan poderoso que tenía más barcos que la corona francesa y el doble de dinero.  


Es evidente que esa potencia militar y económica de los piratas se convertía también enseguida en un factor político con el que había que contar en todo momento. Los príncipes, reyes y emperadores “hacían la corte” y adulaban a los corsarios, a cuyos pies pusieron cuantiosas sumas de dinero, títulos nobiliarios y las más altas condecoraciones, con el fin de propiciárselos. Bizancio, Turquía, Francia e Inglaterra compraban sencillamente a los capitanes piratas más famosos y les encargaban el alto mando de sus escuadras y hasta la misma España (único gran país europeo donde la piratería jamás llegó a echar raíces -no es el caso de ahora ni, precisamente, por las descargas de Internet-) hizo tratos en ese mismo sentido con hombres como Azor Jairedín y Sir Henry Mainwaring”, dos de los personajes más estrechos de conciencia de la época.  


Pero, de un tiempo a esta parte -con lo del Alakrama- se habla demasiado de piratas en este nuestro país. Y ahora, en los últimos días, se habla más aún de piratería. De piratería a través de Internet para ser más exactos. Mas, como ocurre siempre -últimamente demasiado en España-, en nombre de un valor se aprovecha para llevar a cabo un atropello, cuando no un expolio o una vulgar injusticia: “que le quiten a uno la libertad en nombre de la libertad, le perviertan en nombre de la virtud, le den matarile en nombre de la vida, le digan digo cuando le debieran decir Diego y enarbolen las banderas de la izquierda por la pasta”. 


Así, en nombre de los derechos de autor, que –como señala el manifiesto de periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet- no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos (como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión), se está tratando, se trataba más bien -al parecer, de momento, ha sido abortado el abordaje- de llenar no sólo las arcas de los músicos, cineastas (una parte importante de ellos la auténtica farándula) y escritores (la verdad, pocos…, más bien escribidores como Aznar y su esposa, Ibarra, Felipe González y unos cuantos políticos más, entre otros), sino las del Estado vía canon e impuestos indirectos de todo lo que supone el mundo de las copias de libros, cintas y obras musicales. Y eso si que es puro filibusterismo por el hecho de su sobrevaloración abusiva.  


Por ejemplo: si el autor de un disco, no ya de los unplugged (qué demonios -como dice J. J. Millás- querrá decir unplugged), los duetos, las remasterizaciones, etc., vende, que es fácil en muchos cantantes, un millón de copias, sólo a tres euros de beneficio por copia, habrá ganado tres millones de euros; pero si vendiera 20 millones de copias en todo el mundo -sin descargas de Internet- habría ganado 60 millones de euros; sin contar con lo que le pagará de por vida la SGAE por la reproducción pública del disco. 


De modo que, con estas cifras, el Estado y su benevolente actuación con los piratas, sacaría un buen pellizco, posiblemente de sobra, para que el Gobierno pueda aumentar el número de asesores, personal de libre designación y de confianza, cuando no de “mantener” otros 300.000 liberados sindicales (gracias al despotismo “en la red”) y, cómo no, subirse los sueldos abusivos que ya tienen. 


Y, aunque las pérdidas fiscales, si no se consuma el abordaje, por “evasión de impuestos” alcancen los 1.000 millones de €, no hay que olvidar que las empresas -muchas relacionadas con la farándula y de gente de la misma farándula- dejan de ingresar por diversos motivos más de 6.000 millones de € cualquier año. Siendo la destrucción de empleo (5.000 puestos en los últimos cinco años) “por culpa de las bajadas en Internet” una menudencia comparado con lo que el mundo empresarial está ocasionando ahora con su intransigencia, su vil perspicacia y su ridiculez salarial -ello tiene hundido el consumo, y, por ende, el empleo- que no lleva a otros sino que la explotación y la opresión rayana en el más descarado fascismo. 


Así mismo, sin contar las bajadas de Internet, me da que con estas cifras Víctor Manuel no tendrá necesidad de echarse los corderos al hombro; Ana Belén no tendrá que pedir limosna en la puerta de Alcalá ni en ningún bazar de Estambul; Almodóvar no sufrirá ningún ataque de nervios; Alejandro Sanz no tendrá que coger cerezas en el Jerte como jornalero; Lolita no se verá obligada a vender prendas de “Berca” y “Estradilario” en los mercadillos; Ramoncin no tendrá que repartir octavillas de los derechos de autor en la Puerta del Sol ni Loquillo en Las Ramblas; Mecano no tendrá que ponerse a vender juguetes y Julio Iglesias no se verá “arruinado” porqué la vida siga igual. Pongo por caso. 


Se pongan como se pongan, sin juicio no hay condena. Eso debería ser el primer principio democrático y no la censura camuflada que nos quieren endosar estos lobos fascistas con piel de obrero, protectores de futbolistas, banqueros, ricos y señoritos latifundistas, clerigalla obispal, profesionales de la economía sumergida, empresarios explotadores, corruptos de todas las idiosincrasias y, ahora también, de piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros faranduleros”.   


GANAR TIEMPO PARA ESCONDER EL BOTÍN (28/02/2011) 


“Ahora que está tan de moda hablar sobre la piratería informática, es conveniente que los ciudadanos tachados de esa acusación (todos los que utilizan un ordenador personal para algo) no olviden que la auténtica piratería, la que los desvalija, la que secciona sus bienes y contribuye a su deterioro social, educativo, sanitario y de impureza judicial, cuando no de corrupción generalizada en todos los ámbitos de la vida pública, es la de un elevado número entre los políticos (sobre todo entre los que mandan) y la mayoría de la gente de las altas finanzas y grandes empresarios. Resultando muy curioso saber que una gran parte de estos desalmados, así lo confirma la estadística, muere de muerte natural y a edad avanzada, por supuesto, como ciudadanos honrados. Porque el fin del saqueo consiste en procurarse una vida larga y agradable merced a los bienes malversados. Y es, así mismo, muy significativo que los perversos siempre tuvieron una inclinación a los postulados del elitismo político más variopinto, como lo demuestra el hecho de que Marx y Engels tuvieran como “padrino” para poder imprimir su “Manifiesto Comunista” a un aventurero americano que conocieron en un café de Bruselas. Claro que, de haber ocurrido ese hecho ahora en el siglo XXI, el tigre americano habría sido posiblemente un banquero cántabro, vasco o catalán (imagínense por quienes lo digo), y que me disculpen la totalidad de los restantes ciudadanos de esas zonas que como los de todas las demás son dignos y cabales.  


Se considera muy esclarecedor que, a lo largo de la historia, todos los países hoy desarrollados -antes imperialistas casi en su totalidad- se valieran de piratas y filibusteros (las naciones los acogían “amantísimamente”) para lograr sus objetivos dominadores y para, permisiblemente, algo más: ¿para esconder el botín de sus expoliaciones a la ciudadanía quizás? ¿Por qué no? ¿Quién llega mejor que ellos a esos “lugares” desconocidos e intransitables y tan difíciles de localizar? En fin… siempre se ha oído decir que Bin Laden, el millonario saudí y aceptable mayor pirata de los tiempos modernos y actualmente cabeza del terrorismo de Al Qaeda, aprendió de los “tunantes americanos” a esconder su dinero. Y si antiguamente se escondían los tesoros en la isla de Cocos, en el Pacífico, a unos mil kilómetros de Costa Rica, hoy hay un sinfín de “paraísos fiscales” para esconder cualquier “tesoro” (léase despojo al Estado y consecuentemente al sudor de los trabajadores). Incluso hay Estados (no sólo ocurre en Mónaco, Liechtenstein, Andorra, Emiratos Árabes, o cualesquiera de esas islas afrodisiacas como las Caimán) como el nuestro, como nuestra España de hoy, que rayan, dada su permisividad con ricos y poderosos a la hora de aplicarles y controlar su fiscalidad, en uno de esos paraísos. Pues, aquí tenemos SICAVs, SIF Luxemburgueses, fondos de cualquier tipo y el pago de sólo un ¡10%! real del Impuesto de Sociedades, amén de unos salarios entre los peores -sino el peor- de todos los países europeos de la OCDE. 


Echando un vistazo a los líderes mundiales que van cayendo, no sólo por rebelión ciudadana (Ben Alí o Mubarak y pronto algunos más que la miseria no va a perdonar), sino por haber sido derrotados en las urnas tras largo tiempo de gobierno “demócrata” en países sin dictadura o con ésta camuflada en el bipartidismo que delata -y el ciudadano palpa a diario sin necesidad de ser muy avispado- la censura en los medios de difusión, el adoctrinamiento nacional (en Extremadura y Andalucía a cargo de las Universidades Populares y las Casas de la Incultura y un sinfín de Organismos irrelevantes y “repetidos” para gloria de la sinecura) y las leyes prohibitivas, podemos comprobar cómo, cuando ocurre la debacle -el pueblo no aguanta más opresión y más injusticia social-  y hay que salir corriendo, aparece la cifra afanada, “lavada” para no escandalizar demasiado, de miles y miles de millones que no tuvieron tiempo de ganar, pero que atesoran en los antes citados “paraísos fiscales”. Así, por ejemplo, cuentan las malas lenguas, que a un Ex Presidente socialista se le señalan en Caracas unas enormes posesiones que los taxistas de allá, para alargar la carrera, “invitan” a conocer a los turistas. Y, ni que decir tiene, que todos los líderes -salvo rara excepción- se resisten a abandonar las jefaturas y prolongan sin motivo su “agonía”, seguramente, para tener tiempo de esconder bien la rapiña de sus mandatos. Aunque, ¡ojo!, quizás por aquello de que “la excepción hace la regla”, no sea el caso del Sr. Rodríguez Zapatero. Que no es que se debería haber marchado ya, sino que nunca debió llegar y este país sería ahora, posiblemente, menos desafortunado; no sólo por él, también por la gente de la que se ha rodeado, donde hay “personas” que los españoles tardarán en olvidar y eso que aún no han dado todo lo que llevan dentro.  


Mas, si en otros tiempos los piratas a “sueldo del Estado” eran numerosos, comenzando con Demetrio Poliorcete (año 323 a.c. que lucho para impedir la desintegración del imperio de Alejandro Magno) o Sexto Pompeyo que fue el último gran pirata de la antigüedad clásica, y siguiendo con Roger de Flor (catalán de descendencia alemana), Horudsn  Barbarroja, Juan Ango, Simón el Bailador, Francis Drake, Sir Henry Morgan, Blackbeard (Barbanegra) y un largo sin fin  hasta llegar a Jean Lafitte que fue quien “auxilio” a Karl Marx y Friedrich Engels, ahora que los tiempos han cambiado y no hace falta trabuco para atracar, son igualmente innumerables. ¿Cuántos hay en el BSCH, BBVA y todos los grandes bancos de Alemania, Reino Unido, Francia, USA, China, India, Brasil, etc., etc., que, seguro, saben esconder cualquier pillaje? Y lo “mejor” es que pueden hacerlo en tiempo real, sólo con pulsar la cifra a esconder y enter, merced a esa tecnología informática de la que tanto se aprovechan, según ellos, los ciudadanos. 


Para terminar y sin ánimo de ofender o creerme en posesión de la verdad, sinceramente, pienso que en mi país se están dando las circunstancias para afirmar, sin mucho temor a equívocos que, si no exactamente eso, algo muy parecido a “ganar tiempo para esconder el trofeo” se está produciendo. Pues ¿cómo se explica que el PSOE se aferre al poder y no adelante las elecciones generales con la política que está llevando a cabo que no deja de producir parados, pobreza, malestar sin precedentes en pensionistas y en los que lo serán pronto y en los jóvenes que está el ¡50%! sin trabajo y sin perspectiva de encontrarlo en mucho tiempo, endeudamiento en todas las Administraciones, deuda cada vez más cara, déficit público y privado en aumento incontrolable, ruina casi total en las PYMES y las Microempresas, rebajas salariales cada día menos asumibles y subidas de impuestos generalizados (a los que los pagan), despilfarro de dinero público inigualable en el mundo desarrollado, corrupción en todos los niveles de la vida pública (lo de los ERE de Andalucía ya clama al cielo), favoritismo descarado a la gran Banca que, lógicamente, aplaude sus medidas de sometimiento de la economía real a la especulación y el parasitismo de rentistas e intermediarios financieros sobre trabajadores, autónomos y pensionistas (el salvamento de la rentas de la plutocracia internacional), y el mismo favoritismo a familiares y amigos con total desprecio por la igualdad de oportunidades y la justicia social, etc., etc.?                   


¿Se tratará, reitero, de “ganar tiempo para esconder la captura” o será una “maniobra” para tener tiempo de ocultar cualquier “papel” comprometido? Lo mismo me da, que me da lo mismo, ya que, “cuando el grajo vuela bajo, hace un frio del carajo”. 


Bueno, como dijo un tal Édouard Herriot: “El valor de una civilización se mide no por lo que sabe crear, sino por lo que sabe conservar”… como hacen los políticos españoles, o ¿no? 

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