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​Una deuda, no un regalo

Jesús Domingo
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martes, 22 de febrero de 2022, 08:46 h (CET)

La PAC (Política Agraria Comunitaria), entidad que daba aspecto legal a la primera política agraria común europea, hace 60 años que entró que entró en vigor y que articula el sector MÁS estratégico, asegura el mantenimiento de los precios bajos de los alimentos en los lineales y pretende el no abandono de la actividad agraria. Lamentablemente, ahora, la PAC está alejada de la sociedad, cuando ésta es una herramienta que debe ser conocida por todos, la realidad de su función ha ido perdiendo aptitudes para conseguir los objetivos ya que el abandono del campo no cesa y el relevo generacional está más que en entredicho.


Recuerdo que el sistema de pagos de la PAC se consagró con el fin de compensar las pérdidas de renta que pudiera ocasionar favorecer el desarrollo de la sociedad a costa de unos precios bajos de los alimentos.


Transcurrido un tiempo, unos 30 años, las compensaciones de renta se convirtieron en subvenciones, momento en el cual comenzaron los problemas del sector agrario, ya que se pasaba de ser acreedor de la sociedad a ser deudor. El sector dejó de ser el que suministraba seguridad y tranquilidad a la economía europea para poder abastecer con alimentación segura y saludable a la población a precios razonables, para convertirse en un sector empobrecido y mendigo de la sociedad. Pasó a ser un sector apesebrado con dinero que no solucionaba sus problemas, pero que agradecía recibir para subsistir. No importaba cómo se denominaran las ayudas o los requisitos que se imponían, lo importante era que siguiera llegando el dinero para mantener la actividad.


A lo largo de los años, han pasado 60, se ha olvidado que son los agricultores y ganaderos los que mantienen la estabilidad de abastecimiento, la tranquilidad de unos precios asequibles para la alimentación. Mientras todos los costes se desorbitan, la alimentación se mantiene, con un crecimiento paulatino eso sí, que al productor NUNCA se le repercute.


El agrícola y ganadero es un sector hasta tal punto degradado que llega a ser considerado en algunos medios y ambientes como parásito por la calidad de subvencionado, dando a parecer que se le hace un favor por las “ayudas” recibidas. Así, llegados a este punto, los políticos, tanto europeos, como nacionales, y hasta los locales, para congraciarse con sus votantes decidieron recortar el importe del presupuesto comunitario destinado a la agricultura, pasando del 90% al 40% y, actualmente con miras a seguir bajando. Por no hablar de las injustificadas diferencias de ayudas económicas por hectárea en función de la región a la que se pertenezca. Cabe tener en cuenta que mientras en la Unión Europea cualquier agricultor cobra lo mismo por hectárea, en España, hay más de 20 agroregiones con diferencias de hasta 2000 € por hectárea para un mismo cultivo con una única justificación política, nunca técnica, con la consiguiente discriminación.


A partir de la consideración de que es un dinero no justificado, se establecen normas para compensar a la sociedad para convertir a los trabajadores del sector en jardineros y paisajistas. Si bien las normas medioambientales, de contaminación de acuíferos, de protección de espacios naturales como la Red Natura, contaminación por nitratos y una infinidad más son necesarias y exigidas por la sociedad, éstas deben ir de la mano de una compensación real por mantener la calidad natural del paisaje, favorecer la biodiversidad que es un bien de todos, así como seguir manteniendo un precio irrisorio en origen para que así se pueda hacer frente a los costes de la vida de la sociedad.


No habiendo una compensación real de las rentas a costa de una producción mermada y respetuosa con el medio ambiente y demás requisitos legales, pocas explotaciones son rentables sin subvención, y dependen de ellas más que del propio trabajo.

Acabamos con una pregunta que podemos hacer a nuestros agricultores o ganadero ¿Quién de vosotros no sueña con que su actividad sea rentable por sí misma? Por tanto lo que reciben es fruto de una deuda no de un regalo.

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