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Etiquetas:   Carta al director  

Satanás se infiltró en la Iglesia

Jaime Fomperosa Aparicio
Lectores
@DiarioSigloXXI
viernes, 24 de septiembre de 2021, 10:25 h (CET)

No puedo callar, así de claro, sencillo y terrible Satanás se ha infiltrado en el Templo Santo de Dios y ocupa los principales puestos en la Jerarquía eclesiástica. No andemos echando la culpa a los talibanes ni a los terroristas; el problema está dentro de la Iglesia Católica, cuya Jerarquía, no todos, ha profanado la Divina Eucaristía, y el fruto no puede ser otro: los fieles, la mayoría, ha perdido la fe de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. 


Hay muchos obispos y clero que son santos y sufren mucho con esta situación. No obedecen al Magisterio por que son colaboradores de Satanás. Dos ejemplos que confirman esta terrible definición y que en mi juventud y todavía no hace muchos años, era impensable esta desacralización: 1ª Durante la Consagración en el Santo Sacrificio de la Misa, salvo los impedidos, los fieles estarán de rodillas. Pues ocurre lo contrario, hay muchas iglesias sin reclinatorio; otras que lo tienen levantado y la mayoría de los fieles permanecen de pie, contradiciendo las normas del Magisterio y para más inri, en el ofertorio dicen a los fieles que se pongan de pie, ¿Por qué no dicen a la Consagración que se pongan de rodillas? Y 2ª La comunión en la mano; esto ya excede de todo lo imaginable, era, es y siempre será un sacrilegio, pues contradice la norma del Magisterio que dice que el fiel comulgará  de rodillas y en la boca. 


Y en la actualidad, poniendo como excusa el virus, que no es nada más que una falacia, una estrategia para desacralizar aún más a la Divina Eucaristía, pues yo siempre he comulgado y comulgo en la boca y la mano del sacerdote no tiene por qué tocar mi lengua y,  ya para terminar, en lugar de que el comulgante consuma la Sagrada Forma delante del sacerdote, se la lleva en su mano y puede hacer con ella lo que le plazca. 


Es duro, durísimo que un fiel que cree en la Presencia real de Cristo en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad y sustancialmente, en la Divina Eucaristía y también la Santísima Trinidad, pues Cristo es Dios y solo hay un Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, sea tratado tratada la Sagrada Forma como si fuese una galleta.

El fin de esta era se acerca precipitadamente, pero el que perseverare hasta el fin, se salvará.

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