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Etiquetas:   Carta al director  

La salud del Papa Francisco y la situación de la Iglesia

Jaime Fomperosa Aparicio, Santander
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martes, 13 de julio de 2021, 12:23 h (CET)

Soy muy prolífico, pero pido un poco de comprensión aunque no sean los textos del agrado de todos. Contemplando la Iglesia Católica y la sociedad actual, con las que había en mi niñez y juventud, no sé si alucino o sufro una pesadilla. Desconocía que el Papa Francisco había sido operado; tiene 84 años de edad y como toda persona humana tiene que fallecer algún día. Pero la situación de la Iglesia actualmente es de una extrema gravedad. 


Quiero relatar datos concretos que he experimentado a lo largo de mi vida, nací en 1936. Fui monaguillo, el sacerdote celebraba el Santo Sacrificio de la Misa de espaldas a los fieles. Tuve que aprenderme las respuestas que el monaguillo daba al sacerdote, y por supuesto en latín, y tenía que trasladar el Misal de un lado al otro del altar, según la lectura de la epístola o evangelio que hacía el sacerdote. En el colegio todo el mundo sabía el catecismo. Íbamos a la Iglesia y nos poníamos de rodillas ante el sagrario, allí estaba presente Jesús. Todas las Iglesias tenían comulgatorio, todos los fieles, salvo los impedidos comulgaban de rodillas y en la boca. Un monaguillo portaba una bandeja para impedir que cayese al suelo alguna partida de la Sagrada Forma, otro portaba la palmatoria con una vela encendida. 


Pasaron los años, en la juventud, como todos, nos gustaba la fiesta, la romería, etc. Pero sabíamos discernir cuando una cosa era lícita, moral o no. Ya sabíamos que el remedio para nuestro pecado era el arrepentimiento y la confesión con el sacerdote. Estando trabajando en Orense, a donde tuve que ir a trabajar recién licenciado de la mili, tuve, durante el trabajo un mensaje interior que me dijo que tenía que cambiar, fue una Gracia de Dios gratuita y por la tarde me fui a confesar y a comulgar, mi vida cambio, volví a recuperar los valores cristianos en los que me había criado. Me casé en 1961 y a primeros del año 1964, ya con un hijo, retorné a Santander. Me afilié a la Legión de María, una obra maravillosa de apostolado seglar y me hice socio de la Adoración Nocturna. He permanecido 50 años en ambas organizaciones. Pero en la actualidad de toda aquella vida apostólica solo quedan restos, un naufragio total de lo Sagrado. Pero ¿Cómo ha sido esto posible? 


En el año 1965, miembros del clero de Alemania, Bélgica, Holanda y Francia, pedían la comunión en la mano, lo cual ya venían haciendo de forma sacrílega. En España, con el Cardenal Tarancón principalmente y otros miembros de la Jerarquía, contra la Norma del Magisterio y sin que los fieles lo pidiesen, lograron que el Papa Pablo VI, como un privilegio, concediese esa práctica. Ya el Santo Padre Pio X había condenado el Modernismo que se había infiltrado en la Iglesia y que contenía todas las herejías anteriores. 


En España, en la Festividad de San Pedro del año 1972, decía el Papa Pablo VI que el humo de Satanás se había infiltrado por alguna grieta en la Iglesia Católica. Ese mismo día, el Cardenal Tarancón decía que por fin había llegado la primavera a la Iglesia. Aquí se ve con toda claridad que la Iglesia estaba dividida. Desde esas fechas aunque se haya convivido sin un Cisma declarado oficialmente, se ha producido un deterioro, constante, continuo en la Santa Iglesia Católica, mundanizada y desacralizada. 


Con motivo de la Pandemia, la desacralización de la Divina Eucaristía ha llegado a un límite insoportable. Esto no se puede prolongar mucho, Es de esperar que cuando falte el Papa Francisco, estallará una batalla espiritual dentro de la propia Iglesia Católica, que en muchos lugares ya no tiene nada que ver con la que fundó Cristo. El humo de Satanás no ha desaparecido, todo lo contrario, ha hecho irrespirable el ambiente pero le queda poco tiempo

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