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Opinión
Etiquetas:   Disyuntiva   Reflexiones   Cultura  

Giro artístico

La magia del arte personal será el mejor recurso contra la desorientación campante
Rafael Pérez Ortolá
jueves, 25 de febrero de 2021, 11:28 h (CET)

Solemos conducirnos con notable desconcierto en lo concerniente a la idea de libertad, constriñéndola a la evitación de prohibiciones y al cumplimiento de las apetencias particulares. Algo así como si la libertad dependiera en su esencia de las relaciones comunitarias; con ello, tendemos a ubicarla en torno a las ocurrencias de cada grupo social. Las viejas teorías apuntan a causas más profundas. Las circunstancias de todo tipo originan unas NECESIDADES que nos coartan; sólo cuando conozcamos bien la estructura de estas necesidades, podremos obrar con arreglo a sus condiciones y seremos gente libre. Nos conviene recordarlo, detrás de los meros deseos y voluntades iremos a remolque de los caprichos e ignorancias.

En esa pretendida libertad de la cual hablo, miramos con cierta displicencia los parajes donde nos ubicamos; zonas costeras, áreas montañosas, campos dedicados a la agricultura, riberas fluviales, urbes, industrias o casas solitarias. El muestrario refleja la orientación de los comportamientos humanos al respecto. Es deprimente la actuación arbitraria como una imposición atolondrada sobre la NATURALEZA; con el paso del tiempo se dejan sentir sus consecuencias. Las buenas decisiones autónomas han de contar con los requisitos naturales, como recurso actual y también de cara al futuro. Sin esa concordia entre requerimientos y proyectos, nacen viciadas las creaciones ostentosas, falseadas en origen.

Estaremos de acuerdo en el inmenso campo abierto para los aprendizajes, su ampliación es constante, incluso sin pretenderlo, gran parte de los saberes se van adentrando en las azoteas neuronales. El conocimiento tiende por naturaleza a ser acumulativo, pero hay sobradas muestras de que eso es insuficiente para el buen vivir. Conviene descargar en algún momento, dejar en el olvido determinadas cosas. Y a su vez, precisamos con urgencia del arte para el DISCERNIMIENTO de aquellos logros adaptados a lo que somos como seres humanos, esa simultaneidad de la entidad individual y la pertenencia comunitaria, de las cuales prescindimos en tantas actuaciones lamentables sin rumbos alternativos.

Si tratamos de ser fieles a nuestra naturaleza como humanos según apuntaban los sabios, no nos queda otra; si bien, la incertidumbre es un acompañante inseparable metido en todos los poros y compromete cualquier decisión. No necesitamos relatos ajenos, las avalanchas nos sacuden desde frente insólitos. La templanza tropieza con la espontaneidad de las emociones, pasiones, intemperancias, excesos y defectos. La vida personal es así de complicada, hemos resuelto poco. Para no ser arrastrados por la marabunta es crucial el cultivo de la PERSONALIDAD bajo muchos condicionantes, es dependiente en grado superlativo del descubrimiento de los factores útiles para el logro de una serenidad gratificante, sensible, laboriosa y empática.

Son unos equilibrios inestables por el dinamismo de las múltiples conexiones intervinientes. Ala naturalidad per se de estos fenómenos, intentamos introducirle una serie de modificaciones favorables de cara a la mostración a los demás de lo que somos. Para ese recorrido recurrimos al uso de diferentes MÁSCARAS de dudosa eficacia. Porque incluso en soledad cabe plantearse si representan o no la auténtica entidad personal. En público solemos elegir entre diversas opciones según la situación. Aunque olvidamos con frecuencia la manera de observarnos los de fuera, de ahí surgen no pocos entuertos. Como vemos, el desconocimiento nos pone en el brete de afinar.

Al menos hemos de estar atentos, si no queremos llegar a ser cuidadosos. Manejamos una serie de expresiones de doble sentido, lo cual sucede a menudo con las variadas actuaciones; representan un auténtico oxímoron, son portadoras a la vez de un determinado efecto y su contrario. Con frecuencia nos sucede algo de esto con el concepto de CULTURA y sus derivaciones prácticas. Desde las ideas a los comportamientos, tiende a una configuración estructural adsorbente, fijadora de posiciones. La diversa identidad de las personas bulle, aboga en sentido contrario por una impertinencia sana desplegada contra el adocenamiento; como pilar básico para la buena cultura.

Espero que no acaben de convencernos, a primeras horas del día ya comienzan a salpicarnos con el carácter opresivo de una desintegración tras otra. Noticias, comentarios, proclamaciones; casi ninguno a favor de la armonía, pero siguen ocupando la mayor parte de la tónica general. Y no les faltan razones, dirá otro. Frente a esa alarma me pregunto si no remamos en esa dirección aun sin pretenderlo. Por eso nos urge abrirles las puertas a las mejores inquietudes personales, en busca de su INTEGRACIÓN en la sociedad, en la actualidad y por desgracia bajo tintes utópicos. Con los pies en el suelo de la práctica, pero con la mente abierta a los hallazgos superadores, mirando hacia los ideales.

En este sentido, cuando tanto hablamos de la maldad, de los perversos, mentiras, tonterías, miserias y necedades; nos viene bien aplicarnos el principio de Nalón. Apunta a la estupidez como causa importante de los despropósitos; explicados así, no es necesario atribuirlos a las maldades, son suficientes las conductas necias. Para no caer en ellas, sin dejar de mirar en las afueras, será preciso examinarnos por dentro la IDEA del ALMA propia, para ver si allí encontramos argumentos contra la decadencia. En cuanto a esos recursos, son inmensos, adaptados a las características propias y susceptibles de ser aplicados en los ambientes oportunos; hay que sacarlos de ese fondo y activarlos.

No sólo es el revoltijo en movimiento, si hacemos caso de la proliferación de manifestaciones envolventes, nos enteramos de pocas cosas con cierto fundamento. Informase adecuadamente es toda una tarea de imprecisas conclusiones; uno se pregunta si priman las actitudes deformantes de las realidades. Con semejantes bases, partimos indefensos hacia los retos de la convivencia. Hemos de extremar la sensibilidad intelectiva para situarnos bien en el entramado INFORMATIVO.

Pescaremos en varios ríos simultáneos para contrastar la calidad de las anotaciones conseguidas. El primer paso de esa independencia requiere de una presteza sin igual y bien dotada.

Las quejas abarcan muy poco del sentido de cuanto acontece, por ellas mismas tampoco contribuyen a la solución de los problemas; suelen embrollar las situaciones. En cambio, echamos de menos los TESTIMONIOS con las buenas aportaciones; son una disposición valerosa del ánimo, imprescindible para elevar el tono de las prestaciones. Sin esas aportaciones, la pérdida es notoria y difícilmente reparable.

Tras el desconcierto inicial, se nos ofrecen alternativas reconfortantes, pero exigentes. Necesitamos quitar el lastre de la materia prima con toda su serie de inconveniencias. La belleza en un sentido amplio, el inconformismo, el compromiso y la coherencia proyectiva deben librarnos ARTÍSTICAMENTE de cuantas prisiones nos circundan; hemos de huir de los encantamientos burdos que nos atosigan.

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