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Opinión
Etiquetas:   Cultura   Filosofía  

Filosofía y habilidad intelectual

La función contemplativa y especulativa de la filosofía, también es esencial
José Manuel López García
lunes, 30 de junio de 2014, 07:04 h (CET)
Ante la posible situación de la enseñanza de la filosofía en el futuro próximo en la enseñanza media es necesaria la insistencia en su valor como materia instrumental fundamental, desde los aspectos formativos presentes en el curriculum académico. La capacidad de pensar las cosas, organizar las ideas, saber argumentar y escribir coherentemente son habilidades cognitivas que se potencian muy considerablemente con el saber filosófico. También la capacidad de entender aumenta extraordinariamente con el cultivo de la reflexión filosófica, y la lectura y análisis de textos filosóficos. Es cierto que existen grandes filósofos que por su jerga parecen muy oscuros y herméticos, y otros que no lo son tanto. En cualquier caso, la actividad filosófica se fundamenta en el uso del lenguaje, y esto facilita el desarrollo de una habilidad verbal y escrita muy útil para cualquier persona en todos los ámbitos de su vida, y también en el trabajo.

Evidentemente, la función contemplativa y especulativa de la filosofía, también es esencial, ya que incluso Pitágoras pensaba que para lograr que las cosas funcionen bien es preciso haber observado cómo funcionan de hecho. Lo que posee unas implicaciones políticas indudables. La necesidad de comprender y ejercer la capacidad crítica es una de las tareas básicas de la filosofía. Ya que lo se denomina, a veces, el punto de vista filosófico, no son, únicamente, las simples especulaciones abstractas, sino aplicar a cualquier cuestión el examen crítico de las razones y argumentos utilizados. Además, como indica Sánchez Bennasar: «En el mundo laboral, las empresas prefieren emplear a alguien con un pasado filosófico, porque resulta que tales personas son gente que saben pensar, entender, organizar ideas y escribirlas».

El entendimiento y la capacidad de pensar se pueden aumentar y perfeccionar por medio de la filosofía. Por tanto, en un mundo globalizado, cada vez más complejo el valor de las habilidades cognoscitivas es cada vez mayor. En nuestra sociedad del conocimiento los cambios son cada vez más rápidos, y esto requiere una mayor organización y eficiencia en la realización de las tareas y actividades de todo tipo. Ante el reto de una sociedad sometida a cambios sociales continuos y constantes la capacidad de adaptación y de reaprendizaje es crucial. La flexibilidad cognitiva que aporta el conocimiento filosófico es, precisamente, otra de las razones para que esté presente plenamente en la enseñanza. Además, la curiosidad por la totalidad de los asuntos humanos, mundanos y científicos es otra de las ventajas de la actitud filosófica.Aunque, esta búsqueda del conocimiento entendido en toda su amplitud debe ser orientada con adecuadas y sistemáticas técnicas, y procedimientos de investigación. En esta labor también la filosofía tiene mucho que decir.

El diálogo es una de las expresiones fundamentales de la filosofía. Si bien, se observa que en muchas ocasiones no se dialoga correcta y coherentemente porque cada argumento debe ser analizado, y deben eliminarse ambigüedades y falacias. Además es indispensable la clara separación de premisas y conclusión. La lógica como parte clave del saber filosófico es otra habilidad esencial en el desarrollo de formas de pensamiento racional, y no contradictorio. La lectura de libros de filosofía y el estudio y discusión crítica de los grandes pensadores en Historia de la Filosofía, y también la introducción al saber filosófico y la Ética constituyen una profunda y rica base de conocimientos y destrezas que son insustituibles en la formación de los adolescentes, y de cualquier persona. La riqueza del mundo cultural transmitida a través de la enseñanza no puede prescindir de la filosofía, ya que sería una barbaridad. Ya que el comprender y la convivencia se sustentan en la reflexión, y en la racionalidad y justicia. Como señala Rivera de Rosales: «Lo justo establece por tanto el criterio de cómo deben ser las acciones y relaciones humanas en relación con su ser libre y necesitado. No tiene un carácter fáctico sino ideal, y no puede ser objeto de ciencias sino de una reflexión que desde Grecia se llama filosofía, la haga quien la haga».
Comentarios
Laura Grardina Rodríguez Zabaleta 12/ene/18    22:01 h.
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