Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
18º ANIVERSARIO
Fundado en noviembre de 2003
Opinión
Etiquetas:   PSOE   Reflexión   Nacionalismo  

La bandera nacional

Lo peor que le puede pasar a la roja y gualda en ondear al albur de doctrinarios iluminados y meritorios por la Gracia de Dios.
Francisco J. Caparrós
sábado, 23 de noviembre de 2019, 11:11 h (CET)

Porque, hasta hace apenas unos pocos días, he tenido sobre mi escritorio una bandera de España; un humilde pedazo de rafia sintética, en realidad, que apenas alcanza pulgada y media en diagonal, relegada a ocupar un extremo de la mesa donde tramito expedientes administrativos de lunes a viernes i, de cuando en cuando, aprovecho para confeccionar algún que otro artículo como el que nos ocupa, amable lector, ahora a ambos. Su ubicación, cuidadosamente escogida para que no moleste en exceso, no a mi sino al resto de funcionarios que me acompañan diariamente en la oficina, todo el que se acerca a mi mesa me lo reprocha como si solamente el mero hecho en sí resultase ser una imperdonable ofensa: los liberales y conservadores, de derechas en suma, porque no pueden creer que un hombre que militó unos pocos años en las bases de Izquierda Unida no sienta otra cosa más que amargura por el emblema del país donde nació; y los de izquierdas y/o progresistas, entre los que no sé si incluir al PSOE, porque cualquier distintivo que les recuerda a la Derecha más reaccionaria les saca de quicio.

De esta experiencia, vivida durante las dos últimas semanas, apenas recojo en estas líneas un porcentaje ínfimo de aquellas, porque tampoco es cuestión de enredar en exceso a quien, tan amablemente, se ha molestado en echarle un vistazo a estas líneas. El resultado de un experimento tan simple ha sido, por el contrario, muy interesante y fructífero; pero lo que más, que cualquiera que se moviese a mi alrededor se sentía, de una u otra forma, fuertemente impelido a arengar.

Porque, para empezar, la bandera roja y gualda -ni cualquier otro signo, claro está- no pertenece a nadie en particular, sino a todos aquellos que la honran en general. Tampoco es un trozo de tela que ondea al capricho de doctrinarios iluminados, caudillos de intolerancia supina capaces de enredar a todos aquellos que les siguen en un enfrentamiento estéril, con tal de llevar a cabo sus designios. Eso, de hecho, es lo peor que le puede ocurrir a los símbolos: caer en manos de cualquiera que se considere a sí mismo tocado por una mano divina.

Comentarios
Escribe tu opinión
Comentario (máx. 1.000 caracteres)*
   (*) Obligatorio
Noticias relacionadas

Presupuestos, a pesar de todo

No se puede dejar pasar esta ocasión como algunos quieren hacer con la excusa que son unos presupuestos autonomistas. Sí, lo son, pero no hay posibilidad de otros

Los insaciables

España se encuentra a punto de entrar en cualquier momento en la UPCS (Unidad de perjudicados por el comunismo y el separatismo)

​Mundo vacío

El exceso de comunicación e información no es algo positivo en sí mismo, porque dispersa la atención e impide o dificulta el centrarse en lo valioso

​Un gobierno que no asume sus responsabilidades, ¿de qué sirve?

Cuando le conviene, delega lo que no puede delegar, y cuando piensa que le va a favorecer, se acuerda de que puede imponer su criterio absoluto

​La asignatura pendiente

Domingo Martínez Madrid, Burgos
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter   |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris