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(Ampliación) El Príncipe de Asturias camina por las calles de Madrid para donar a la Cruz Roja en las mesas de la Reina, la infanta Elena y su mujer

Agencias
@DiarioSigloXXI
jueves, 3 de octubre de 2013, 14:05 h (CET)
-Villalobos protagoniza un tropiezo en aras del protocolo en la cuestación de la Cruz Roja presidida por la Reina



MADRID, 03 (SERVIMEDIA)



La reina Sofía presidió hoy la mesa de cuestación instalada en la madrileña Carrera de San Jerónimo, junto a la Puerta de los Leones del Congreso de los Diputados, con motivo de la Día de la Banderita de la Cruz Roja. Allí recibió el donativo de su hijo, el Príncipe de Asturias, que volvió a caminar por las calles de Madrid para visitar también las mesas presididas por la infanta Elena y su esposa, Letizia. Doña Sofía fue recibida por la vicepresidenta de la Cámara Baja, Celia Villalobos, y quien protagonizó un pequeño tropiezo en aras del protocolo.



La Reina, vestida con un traje de chaqueta de color verde oliva, complementado con una sahariana de tono similar llegó puntual a las 12 del mediodía a la Carrera de San Jerónimo, donde la esperaban el presidente de Cruz Roja Española, Juan Manuel Suárez del Toro, y la vicepresidenta parlamentaria Celia Villalobos.

Normalmente, la reina es recibida por el presidente de la Cámara Baja, pero se da la circunstancia de que Jesús Posada se encuentra esta mañana de viaje, razón por la que ha sido recibida por Villalobos.

Tras recibir a la Reina, Villalobos se apartó para dejar paso a doña Sofía a pie de escalinata, dando un paso atrás sin percatarse de que a sus pies tenía un bolardo de hormigón. La vicepresidenta tropezó y, tras ir agarrándose como podía a la gente que tenía a su alrededor terminó con su parlamentaria posadera en el suelo, de modo que ha podido frenar el impacto y evitar que el susto llegara a mayores.

Por la mesa de cuestación de la Cruz Roja de la Carrera de San Jerónimo, ya presidida por la Reina Sofía, y como es tradicional año tras año, fueron desfilando una veintena de colegios, así como ciudadanos que quisieron acercarse para realizar un donativo a esta organización humanitaria.

Niños que apenas andaban y pequeños de todas las edades desfilaron por la mesa presidida por la Reina, que les ofreció globos y caramelos. Para los donantes mayores estaban los tradicionales pin de la Cruz Roja que Doña Sofía les colocaba en la solapa.

En torno a las 12.45 horas y conduciendo su propio vehículo llegó el Príncipe de Asturias. Tras dar dos besos en las mejillas a su madre y besarle en la mano, Felipe de Borbón desanduvo sus pasos hacia su coche, que dirigió por la calle del Prado para acercarse a las mesas donde se encontraban su hermana la infanta Elena (en la madrileña Puerta del Sol) y su esposa, la princesa Letizia (Plaza de Santa Cruz).

Ataviado con un ligero traje gris, el Príncipe de Asturias se trasladó a bordo de su vehículo hasta las cercanías de la madrileña Puerta del Sol, donde se produjo una importante aglomeración frente a la Casa del Reloj, donde se situaba la mesa petitoria presidida por Doña Elena.

El príncipe Felipe estrechó manos y saludó a los viandantes que se le acercaron e hizo un donativo en la mesa a la que también acudió el secretario de las Infantas, Carlos García Revenga. Después caminó por la plaza de Pontejos y la calle de la Paz en dirección a la Plaza de Santa Cruz. En el trayecto algunos viandantes asombrados se acercaron y don Felipe accedió a fotografiarse con quién se lo pidió.

Ante la fachada del Ministerio de Asuntos Exteriores, el heredero de la Corona fue recibido por el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo. A continuación saludó con dos besos a su mujer, doña Letizia, con la que intercambio algunas frases y un apretón de manos cómplice. En esta mesa también hizo su donativo el jefe de la Casa de su Majestad el Rey, Rafael Espotorno.

Don Felipe esperó a su esposa en el interior del palacio de Santa Cruz, sede del Ministerio de Asuntos Exteriores. Pasadas las 13.30 horas, ambos se despidieron de todos los que les habían acompañado. Unos tímidos aplausos de los presentes y una persona gritando “¡fuera!, ¡fuera!” les acompañaron cuando se marchaban a bordo del coche que conducía el Príncipe de Asturias.



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