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Sociedad

(REPORTAJE) Todo listo para erradicar la segunda enfermedad humana

Agencias
@DiarioSigloXXI
domingo, 15 de mayo de 2016, 11:27 h (CET)
- El pian podría desaparecer en 2020 gracias a un joven español

MADRID, 15 (SERVIMEDIA)



El pian no mata, pero causa mucho dolor. Desconocida en el mundo desarrollado, esta enfermedad deforma los huesos, borra el rostro de sus víctimas y se ceba especialmente con los niños. Es altamente contagiosa y afecta a 13 países de África, el sudeste asiático y el Pacífico occidental. Pero pronto podría dejar de hacerlo, gracias a Oriol Mitjà, un joven médico español, y a la azitromicina, un antibiótico que el Primer Mundo utiliza contra la bronquitis y que es la herramienta necesaria para erradicarlo.

“Una enfermedad desatendida de nombre casi olvidado”. Así define la Organización Mundial de la Salud (OMS) al pian, patología que también se conoce como 'framboesia', por la similitud de este fruto con las úlceras que provoca.

Afecta a la piel, los huesos y los cartílagos y está causada por el 'T. pallidum subespecie pertenue', una bacteria emparentada con la de la sífilis y contra la que no existe vacuna alguna.

Se transmite por contacto directo, de persona a persona, a partir del exudado de las lesiones de alguien infectado. Como un niño que se hiere jugando, por ejemplo.

Según la OMS, ataca a sus víctimas en dos fases. Durante la primera, la “temprana”, se forma un papiloma –una especie de tumor– en el lugar de entrada de la bacteria. Puede persistir entre tres y seis meses, ir acompañado de dolores y lesiones óseas y curarse espontáneamente.

Pero lo peor llega cinco años después, durante la etapa “tardía”. Es entonces cuando los labios y la nariz se desdibujan (en ocasiones, llegan a desaparecer); los huesos se deforman y se engrosa la piel de las palmas de las manos y las plantas de los pies. Si no se trata, las lesiones pueden ser permanentes.

El pian se ensaña con los países con altos niveles de pobreza y falta de medidas higiénicas y sanitarias, y, especialmente, con los niños: según la Organización Mundial de la Salud, tres de cada cuatro afectados son menores de 15 años.

La buena noticia (y así lo ha demostrado un médico español) es que se puede erradicar. La 'framboesia' tiene los días contados.

UNA ENFERMEDAD “TRISTE”

Ese médico se llama Oriol Mitjà. Es investigador del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y, a sus 34 años, lucha contra el pian en primera línea de batalla. En 2010 –cuando aún no había cumplido los 30– se trasladó a la isla de Lihir, en Papúa Nueva Guinea, uno de los 13 países del mundo donde la enfermedad sigue siendo endémica.

El pian no tardó en aparecer por su consulta. Entonces, Oriol “tuvo el convencimiento inmediato de que era necesario hacer algo”. “Siempre tuve interés por las enfermedades de la pobreza, aquellas que afectan a poblaciones pobres que no tienen a nadie que luche por ellos”, asegura este joven médico en una entrevista con Servimedia.

Esta enfermedad “triste” ya causaba estragos hace 1,6 millones de años. Antes de 1950 “había más de 150 millones de casos de pian en más de 90 países”, por lo que, en 1952, “la OMS puso en marcha un programa mundial para controlarla” (fue, de hecho, una de las primeras patologías que llamó la atención de esta agencia de las Naciones Unidas, creada en 1948). “Pero no logró erradicarla y ha vuelto a resurgir en los últimos años”, lamenta Mitjà.

Hoy, unos 300.000 niños lo sufren y hay unos 40 millones de personas en riesgo de contagio.

LA AZITROMICINA, UN ARMA INFALIBLE

Contra el pian no existe vacuna. Históricamente, se ha combatido con inyecciones de penicilina, pero los pinchazos requieren de equipamiento y personal médico entrenado, “escasos en las áreas rurales y remotas” en las que es endémico.

Incapaz de quedarse cruzado de brazos, Mitjà decidió aplicar un tratamiento basado en la azitromicina, un antibiótico oral al que los países desarrollados acuden en casos de bronquitis, neumonía, otitis y sinusitis, entre otras infecciones. Su administración, en forma de pastillas, “permitía superar los obstáculos de las inyecciones y realizar intervenciones más rápidas y a gran escala”.

Los resultados no se hicieron esperar (las úlceras, por ejemplo, desaparecen en un plazo de entre siete y diez días tras la ingesta del fármaco), lo que empujó a la OMS a retomar su lucha. Rápidamente, se planteó la administración de una dosis de azitromicina a toda la población para interrumpir la trasmisión de la infección y se fijó un nuevo objetivo para su erradicación: el año 2020.

UN ÚNICO PRECEDENTE: LA VIRUELA

De conseguirlo, el pian se convertiría en la segunda enfermedad humana que se borra de la faz de la Tierra. La primera (y única) fue la viruela, una dolencia causada por uno de los virus más contagiosos y agresivos de la historia, que llegó a matar hasta al 35 por ciento de sus afectados. Las campañas de vacunación masiva, la vigilancia y las medidas de prevención emprendidas para contener los focos epidémicos permitieron declararla oficialmente erradicada en 1980. El último caso, Ali Maow Maalin, un somalí de 23 años, superó la enfermedad en 1977.

Otra candidata a la extinción es la poliomielitis, una enfermedad paralizante y muy contagiosa causada por un virus que invade el sistema nervioso y que, en cuestión de horas, puede provocar la muerte. Los casos de polio se han reducido en más de un 99 por ciento desde el año 1988 y la OMS ha puesto en marcha una estrategia para acabar con ella en 2018.

Lamentablemente, y pese a la existencia de condiciones favorables para su erradicación, la vacunación contra la polio se ha detenido por cuestiones políticas o religiosas en algunas zonas de los tres únicos países en los que sigue siendo endémica: Afganistán, Nigeria y Pakistán.

RESULTADOS PROMETEDORES

Todo apunta a que la Organización Mundial de la Salud ganará el pulso al pian: el pasado mes de febrero, 'The New England Journal of Medicine' publicó los resultados de la primera prueba piloto que avala la estrategia mundial contra esta enfermedad.

La investigación se desarrolló entre los meses de abril de 2013 y mayo de 2014. Durante ese periodo de tiempo, se suministró una única dosis de azitromicina oral a todas las personas mayores de dos meses de las 28 aldeas que existen en la isla de Lihir. “Demostramos que, tras la administración de una ronda de tratamiento masivo con una toma única de azitromicina, el número de casos se reduce en un 90 por ciento”, afirma el doctor Mitjà.

¿Llegaremos a tiempo para cumplir con la meta fijada para 2020? Mitjà es optimista: “Es un objetivo factible, porque tenemos las herramientas necesarias: una pastilla que cura la infección y un test diagnóstico que proporciona resultados con una sola gota de sangre”.

Pero, aunque el coste de la azitromicina ronda los 10 céntimos de euro por pastilla, de acuerdo con Mitjà, “hace falta una donación masiva de este medicamento y un compromiso financiero para distribuirlo en todas las regiones donde es necesario” para lograr ese objetivo.

Su principal productor es la farmacéutica estadounidense Pfizer –a la que la OMS ha solicitado una donación de 40 millones de dosis–, “pero también existen genéricos, que producen algunos laboratorios españoles, y también en India y China”, puntualiza el doctor.

REQUISITOS PARA DAR POR ERRADICADO EL PIAN

La estrategia para acabar con el pian que redactó la OMS en Morges (Suiza) en marzo de 2012, establece dos condiciones para dar por extinguida esta enfermedad: la ausencia de nuevos casos durante tres años consecutivos y la confirmación, mediante test diagnósticos, de la eliminación de la bacteria en los menores de 5 años (esto último ha de comprobarse periódicamente durante, al menos, tres años). Para cumplir con el objetivo de 2020, la última víctima de la framboesia debería curarse, por lo tanto, en 2017.

¿A qué responde esta exigencia? Lo explica José Antonio Pérez Molina, médico adjunto a la Unidad de Medicina Tropical del Hospital Ramón y Cajal de Madrid: “Por lo general, se concede un margen de tiempo prolongado antes de declarar oficialmente erradicada una enfermedad. Así, la OMS se asegura de que el patógeno ha dejado de transmitirse y de que no hay casos subclínicos asintomáticos”.

En el caso del pian, que afecta a “zonas rurales y remotas de países desfavorecidos”, se carece, además, de un sistema de notificación eficaz, por lo que “el hecho de que no se informe de la aparición de nuevos casos no quiere decir que no los haya”. Conceder un margen “largo” de tiempo antes de darlo por extinguido ayudará así a subsanar “esa infranotificación” de la que habla Pérez Molina.

Si se cumple con lo establecido, ¿se despedirá el mundo del pian dentro de cinco años? “Garantías al cien por cien no tendremos nunca, pero, si el reservorio es el ser humano y ya no hay casos en seres humanos, lo lógico es que no reaparezca nunca más”. Toquemos madera.

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