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Sociedad

(ENTREVISTA)“Hay que transversalizar las políticas sociales que son básicas”

Agencias
@DiarioSigloXXI
sábado, 29 de noviembre de 2014, 11:46 h (CET)
- Víctor Bayarri, experto y consultor social

MADRID, 29 (SERVIMEDIA)



Su oficio es consultor social, y aunque hace seis días que le han hecho abuelo, su energía vital es de la generosidad de un joven y la dirige a su compromiso social tanto en el plano profesional como en el personal. Director de Creixer, una asociación de cooperación entre entidades sociales, también es patrón de varias fundaciones y ha colaborado en el diseño de nuevas políticas sociales. Admite que de voluntario social se lo pasa aún mejor. Hoy nos habla del espacio sociosanitario y si algo tiene claro es que deberíamos definir objetivos en relación a la salud de las personas, a la calidad de vida de las personas, no objetivos en relación al sistema sanitario.

¿Sigue como fecha de aprobación definitiva del espacio sociosanitario el primer trimestre de 2015?

Así lo anunciaron los responsables del Ministerio cuando asistieron a unas jornadas organizadas por el Cermi hace ahora algo más de un año. Pero no tengo la información o la seguridad de que se vayan cumplir esos plazos. Estuvieron invitados varios responsables del Ministerio y, entre ellos, el director general del Imserso. En su hoja de ruta o en su planteamiento de trabajo nos comunicaron que, efectivamente, su pretensión era tener este acuerdo cerrado antes del final de la legislatura.



¿A cuándo se remonta la reforma del espacio sociosanitario?

Podríamos remontarnos a 1991 e incluso, por remontarnos, hasta la prehistoria (sonríe), a 1986. Las primeras iniciativas se realizaron en los años 80, pero el primer trabajo que hace el Gobierno de España para poder sacar adelante un espacio sociosanitario se hizo a principios de los 90.



Y si no ha podido surgir, ¿cuál ha sido el motivo?

En el Pacto de Toledo en el año 94 se dijo que se tenía que realizar este espacio. La Ley de Dependencia pasó por encima de ese trabajo, pero se volvió a establecer en la propia Ley con una disposición adicional del año 2006 en la que se dijo que se tenía que hacer. En realidad, estamos hablando de algo de lo que existe un excelente informe histórico del año 91. Pero estamos en 2014 y aún estamos en ello, más de 20 años después de haber empezado este camino.



¿Qué frena entonces que aún no se realice el espacio sociosanitario?

Un diseño global deficiente de lo que es salud y servicios sociales. Tenía que haberse diseñado este espacio sociosanitario a la vez que se pensaban los servicios sanitarios que surgían. El fallo es casi de matriz porque otros países tienen este debate, ya que está perfectamente integrado.

Repasando un poco, hay que recordar que estamos muy flojos en rehabilitación, en tratamientos ortoprotésicos, en accesibilidad universal, en el sistema de salud, en servicios sociales, etc. Es decir, en un conjunto de temas que nos convierten en uno de los países más deficitarios de Europa.



En este sentido, ¿de cuáles países podríamos tomar ejemplo?

Suecia, Francia, Reino Unidos... son países, entre otros, que tienen mucho más desarrollado lo que podríamos llamar espacio sociosanitario. Pero también es cierto que tienen prácticas distintas. En Alemania, por ejemplo, todo lo que es la atención sanitaria está incluida en el sistema sanitario. Y el propio sistema sanitario ha absorbido todos los temas de rehabilitación y toda la atención sanitaria que pueda haber en cualquier centro residencial, lo hace de manera ordinaria el sistema de salud alemán. No tienes que dotar específicamente profesionales. Si hay que hacer una rehabilitación la hacen, de manera generosa. Es que la asume el propio sistema de salud.



¿Qué estamos intentando lograr con esto del sistema sociosanitario?

Se trata de cubrir un conjunto de déficits que tiene, sobre todo, el sistema de salud y, en parte, el sistema de servicios sociales. De hecho, hablar de espacio sociosanitario es hablar de respuestas reales y efectivas que se traduzcan en nuevas y mejores prestaciones sanitarias y sociales.



¿Cuáles son estas deficiencias?

Una fundamental es todo lo que significa convalecencias y rehabilitación: los temas relacionados con rehabilitación, fisioterapia, tratamientos que permiten la mejor funcionalidad de las personas en todo lo que es el mundo de la discapacidad. Aquí tenemos grandes déficits y no se queda cubierto el catálogo actual a los niveles que la mayoría de países europeos lo hacen. Esto es un aspecto clave.

Los tratamientos ortoprotésicos es otro de los campos deficitarios. Se han hecho mejoras, pero todavía no tenemos el catálogo que teníamos que tener.

Otra dimensión espectacular, que tiene que ver con la discapacidad, son los productos de apoyo que afectan a la funcionalidad y la salud de las personas. Tampoco hay un catálogo estatal con reconocimiento de derecho. Existe otra disposición adicional de la Ley de Autonomía Personal y Atención a la Dependencia y no se ha desarrollado. Este es otro gran déficit.

También hay tres temas que son claves y que requerirían de una baja inversión si se compara el rendimiento que se conseguiría. Por un lado, las condiciones de accesibilidad tanto en servicios sanitarios como sociales, que no están en donde tenían que estar. Ni en accesos, ni en comprensión... etc. Hay un conjunto de elementos mejorables y que entran dentro de una dimensión social y sanitaria. Necesitamos conseguir la accesibilidad universal en todo dispositivo del servicio de salud y de los servicios sociales. Y aún queda la última por comentar y que es la formación de los profesionales. No hay una oferta consistente, potente para que los profesionales de ambos sistemas puedan trabajar juntos. Los dispositivos de coordinación serían un clásico del espacio sociosanitario, el cómo se coordinan unos profesionales y otros.

Finalmente, está la historia clínica social unificada, otro gran reto pendiente. Se tiene que poder compartir con todos los requisitos y se puede hacer perfectamente. Tiene que estar disponible y a la vez protegidos los datos. Un ejemplo es la persona que necesita un tratamiento determinado. Si todo eso está disponible de forma inmediata en una urgencia esta persona tendrá una atención mucho mejor.



¿Cómo se pueden conseguir estos tres puntos claves?

La accesibilidad universal con una ley clara que establezca las condiciones que han de cumplir cualquier centro de salud o social. E insisto en el adjetivo universal porque las barreras físicas se han superado en su mayoría, aunque queda, pero hay unas carencias enormes en barreras de comunicación, de expresión o actitudinales desde el punto de vista de la escasa preparación. Aquí entraríamos ya en temas de formación. Los profesionales que atienden tienen que tener una mejor preparación para poder entender la diversidad de las discapacidades y saber cómo va a contextuar o cómo va a tener que tratar a esa persona. De este modo, se dejaría de discriminar.



¿Cómo sería el espacio sociosanitario ideal?

Sería el trabajo conjunto de los profesionales, los responsables políticos y de los campos de la salud, y los servicios sociales en la construcción, de una manera armónica, para ofrecer una oferta de mucha más calidad en sus respectivos servicios y consiguiendo una transversalización, una integración plena en todas las líneas. Resumiendo mucho, dotaríamos a los servicios que ahora no tenemos con calidad. Partiríamos de esa idea de que son dos los componentes políticos, profesiones e institucionales que han de trabajar mucho juntos. Posiblemente, en un futuro, nos haría falta un catálogo unificado.



Más datos, por favor.

Tendría que ser accesible, disponible para cualquier persona y que solvente las situaciones más difíciles que te puedas imaginar. Pero lo realmente necesario son acciones mínimas básicas. ¡Por favor, pónganse de acuerdo! Y demos las prestaciones y los servicios que son necesarias y publiquemos con garantías de derecho o bien en el sistema de salud o bien en el sistema de servicios sociales o en el de dependencia porque es que hay vacíos que son una afrenta a la inteligencia y que lo único que producen son costes mayores para las personas y también para los sistemas. No hacer una rehabilitación significa que una persona estará entrando secuencialmente en agudos o en crisis que comportará peor vida para ella.

El reflexionar desde el punto de vista sociosanitario tiene aspectos que son más técnicos y otros que, sencillamente, consiste en decir dónde están los déficits.



¿Cuál sería la clave para crear este espacio sociosanitario?

Diseñar de manera clara elementos nuevos en el catálogo de salud y decidir dónde cae cada una de estas prestaciones porque, en la actualidad, cada una de las partes evita dar porque les crea un coste.



¿Por qué no se ha creado este espacio todavía? ¿Por qué no sale ya?

En el diseño de las políticas sociales, en general, los compartimentos están bastante cerrados y existe poca transversalidad, como también hay poca transversalidad en el Gobierno, sea del color que sea y ya sea autonómico o estatal. Siguen funcionando mucho los departamentos, los ministerios. La forma de gobernar en lo que se refiere a políticas sociales tenía que ser mucho más transversal. Teníamos que poder definir objetivos en relación a la salud de las personas, a la calidad de vida de las personas, no objetivos en relación al sistema sanitario. Esto es complicado, pero tendríamos que estar reflexionando sobre el tema porque mejoraríamos mucho el funcionamiento, ya que se pueden diseñar de manera distinta las políticas sociales para que sean más eficaces, con un mayor rendimiento y calidad.

Teníamos que tener la política de salud, la política de igualdad y calidad de vida y luego ver que pueden hacer cada uno de los ministerios o departamentos, de ese modo, sería más comprensible para el ciudadano porque esto es una maraña. Hay que transversalizar las políticas sociales que son básicas. Esta es una dimensión y, luego, la otra es la de los profesionales porque hay que procurarles un tipo de cultura de cercanía al paciente. Debería haber más integración funcional de profesionales sanitarios y sociales. Normalmente, cuando hay un sanitario dentro de un servicio social hace sus funciones y se va. Muchas veces no se integra en el equipo. Aquí hay un trabajo importante que hacer y quizás de los más importantes.

En el diseño curricular de nuevas profesiones también se podría trabajar. Por ejemplo, en Luxemburgo hay una profesión concreta que es una profesión combinada de trabajador o trabajadora social con enfermero o enfermera. Tienes la doble formación. Es un ejemplo muy concreto.



¿Cómo deberían de ser las profesiones circunscritas al espacio sociosanitario?

Profesiones que permitan un tratamiento más global, holístico. Pero tenemos todavía otro déficit intelectual importante que, en España, es notorio. En este país no se está trabajando con el marco de la CIF, la Clasificación Internacional del Funcionamiento de la Discapacidad y la Salud. La CIF, junto con la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE), son los dos principales instrumentos científicos y profesionales que se tienen en el ámbito de la salud, con la diferencia de que la CIF también es muy importante en los apoyos sociales para la calidad de vida y el funcionamiento de las personas en otros ámbitos que no son estrictamente el de la salud.

Pero lo curioso es que cuando se están diseñando cosas, todavía hoy en día en, por ejemplo, la valoración de la discapacidad, en lugar de hacerse con la CIF, se realiza con la anterior clasificación, la del año 80. La valoración de la dependencia también se realiza con la anterior clasificación. Esto empieza a ser un poco vergonzoso. Tenemos un avance científico, un paradigma más avanzado que nos podría estar ayudando a muchas cosas, pero...



...pero, ¿por qué no se hace?

A veces por pereza, desidia, por falta de profesionalidad no nos ponemos a aplicarlo. La solución, lo lógico sería que tanto en el mundo universitario como de los responsables políticos comiencen a remangarse en serio y trabajen más a fondo todo lo que significa la incorporación del conocimiento científico. Igual se pierde mucho tiempo en debates estériles de despacho cuando lo que se tenía que hacer es aplicar el conocimiento. El resultado positivo de ponerse a trabajar es, por ejemplo, la Convención de las Personas con Discapacidad. En 14 años después la labor ha sido muy intensa. Hay carencias aún, es evidente, pero España se ha comprometido mucho más, hay normas, protocolos firmados, etc.

Sin embargo, en el tema de la aplicación de la dimensión científica que, sin duda es un instrumento que serviría para estar trabajando mejor, prácticamente ha pasado de rositas. Esto sería muy importante para la valoración de la discapacidad, para una historia unificada, para tener un lenguaje común entre el sistema sanitario y el de los servicios sociales y para muchísimas más cosas como el diseño del servicios, apoyos, prestaciones... Hay muchas cosas que hacer y es llamativo que no haya un esfuerzo notorio por parte de la universidad, los gobiernos y los institutos de investigación para entrar a fondo. Y sí que es cierto que podría haber un liderazgo político que diga que sí, que vamos a trabajar a fondo y vamos a introducir este nuevo diccionario, este nuevo lenguaje y esta nueva manera de entender y trabajar en relación a la salud desde el punto de vista de la funcionalidad de la discapacidad.



¿Y sólo se lo achacamos a la desidia? Tiene que ver algo más.

Defendí este argumento incluso en una conferencia europea en Luxemburgo que me invitaron como experto. Lo defendí a fondo. Y, obviamente, no hubo una buena recepción por no decir que fue fatal por parte de los responsables políticos del ministerio porque quizás incomoda y porque estamos hechos al camino ya trazado. Si te metes a fondo tienes que cambiar bastantes cosas. Es muy cómodo seguir valorando las actividades básicas de la vida diaria que me sirven. Sí, sirven, de hecho, han servido durante 40 años, pero hemos avanzado en conocimiento, ¿por qué no lo empezamos a aplicar? Podríamos hacer más cosas y aumentar la calidad de vida y la funcionalidad de las personas.



Para terminar, ¿qué debe reivindicar el movimiento de la discapacidad para que se realice este espacio sociosanitario inclusivo?

Progresar en el mundo de la investigación, el conocimiento y el de la ciencia y ahí importante el tema de la CIF, que es clave. Conseguir un servicio sociosanitario que unifique aquello que sea vital para una atención más personalizada como, por ejemplo, el historial clínico. Tercera cosa: actualizar y mejorar las prestaciones, tanto en un campo como en otro, para cubrir los vacíos que existen actualmente. Y, por último, aunque hay más, pero tenemos tarea para rato, trabajar en la accesibilidad universal.

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